Salí sola a bailar bachata y terminé en un trío
Hacía meses que no salía. Me puse el vestido negro, fui al evento sola y no imaginé que esa noche iba a terminar entre dos hombres.
Historias reales contadas en primera persona
Hacía meses que no salía. Me puse el vestido negro, fui al evento sola y no imaginé que esa noche iba a terminar entre dos hombres.
Veinte años de uniforme almidonado y nunca había temblado en un pasillo. Esa noche, con la cubeta de hielo en las manos, supe que iba a romperme.
Preparamos la cena juntos entre besos furtivos. Ninguno imaginó cómo terminaría esa noche de películas en el sofá cuando descubrió mi costumbre secreta.
Cerró con llave, se sentó en el escritorio y me miró con unos ojos verdes que no juzgaban nada. Yo todavía tenía la respiración agitada.
Mateo tenía veinticinco años y una mirada que no pedía permiso. Cuando Andrés lo invitó a casa, los dos sabíamos que esa noche no iba a terminar pronto.
Apenas salimos del estacionamiento, ella ya tenía la mano bajo la ropa. «Busca un camino donde podamos parar», me dijo con los ojos cerrados.
Cuando apagué el motor en aquel camino sin salida, ella ya se había bajado el cinturón y abierto el botón del pantalón. Y no habíamos cruzado una sola palabra.
Apoyé la frente contra la puerta para no hacer ruido. Los niños dormían al otro lado y yo me deshacía bajo las manos de mi marido, mordiéndome el labio.