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Relatos Ardientes

El paquete que esperé dos días para abrir sola

Hace unos años, mi vida entera giraba alrededor del trabajo. Salía de casa cuando todavía estaba oscuro y volvía cuando ya lo estaba de nuevo. No me quejaba, porque me gustaba lo que hacía, pero esa rutina me dejaba poco margen para conocer gente. A veces abría alguna aplicación, intercambiaba un par de mensajes con desconocidos y luego cerraba todo sin ganas. Había noches en que, sencillamente, no quería a nadie cerca.

El tema apareció una tarde, entre risas y copas de vino, en casa de Marisol. Éramos cuatro amigas y la conversación derivó, como siempre, hacia el sexo. Fue Daniela la que lo soltó sin pudor: usaba un vibrador casi todas las noches. Las otras dos asintieron como si fuera lo más natural del mundo. Yo me quedé callada, sosteniendo mi copa, porque nunca había usado uno. Siempre me había bastado con mis propias manos.

Pero la forma en que lo describían se me quedó pegada. No hablaban de un aparato cualquiera, sino de algo que las hacía perder el control, que les arrancaba orgasmos distintos a los que yo conocía. Esa noche volví a casa con la curiosidad encendida, como una brasa que no terminaba de apagarse.

Durante días empujé la idea hacia un rincón de mi cabeza. Tenía demasiado trabajo, demasiadas excusas. Hasta que llegó una tarde de viernes en la que me encontré especialmente inquieta, con el cuerpo despierto y las ganas a flor de piel. Abrí la aplicación, dispuesta a buscar a alguien que viniera a apagar ese fuego.

Y entonces me acordé de Daniela.

Cerré la aplicación. ¿Y si me lo regalo yo a mí misma?

En lugar de escribirle a un desconocido, me metí en una tienda de juguetes para adultos. Nunca había navegado por una con tanta atención. Vibradores, succionadores, consoladores de todos los tamaños, con descripciones que prometían cosas que yo ni había imaginado. Iba leyendo cada ficha con el corazón un poco acelerado, sintiéndome traviesa, como si alguien pudiera estar mirándome por encima del hombro.

Estuve un buen rato perdida entre opciones hasta que lo vi. El clásico vibrador conejito, con su cuerpo giratorio y esas dos orejitas pensadas para el clítoris. Las reseñas eran un coro de mujeres satisfechas. No lo pensé más. Lo añadí al carrito y confirmé la compra antes de arrepentirme.

Lo único que no calculé fue la espera. No quise pagar el envío urgente, así que el paquete tardaría cuarenta y ocho horas. Dos días. En ese momento me pareció una tontería. No tenía idea de lo que me esperaba.

***

Esas cuarenta y ocho horas fueron una tortura deliciosa.

Desde que confirmé la compra, mi cuerpo pareció entender que algo se acercaba y se puso en alerta. Cada roce de la ropa contra mi piel se volvía un estímulo. La costura del sujetador rozándome, la tela de la blusa pasando sobre mis pezones, y ya los sentía endurecerse bajo la camisa. Iba al baño en mitad de la jornada y descubría las bragas ligeramente húmedas, sin haber hecho nada para provocarlo.

Trabajo de cara al público, y esos dos días fueron una prueba. Atendía a un cliente y, sin proponérmelo, mi mirada bajaba un instante hacia su entrepierna. Me sorprendía a mí misma imaginando cosas que no venían al caso, deseando tener algo entre las manos, apretar, sentir. Tenía que respirar hondo y volver a la conversación como si nada, con las mejillas calientes.

Por la noche era peor. Me metía en la cama y mi mano viajaba sola, pero me obligaba a detenerme. No. Espera. Que llegue primero. Quería estrenar ese juguete con todas las ganas acumuladas, no gastarlas antes de tiempo. Así que me quedaba despierta, dando vueltas, con un calor sordo entre las piernas que no me dejaba dormir.

El segundo día se me hizo eterno. Miraba el móvil cada media hora esperando la notificación del envío. «En reparto», decía por fin a media mañana. A partir de ahí no fui capaz de concentrarme en nada.

***

El paquete llegó al caer la tarde, cuando ya casi había perdido la esperanza de tenerlo ese día. Firmé con un garabato torpe y cerré la puerta. Lo dejé sobre la mesa y me quedé mirándolo unos segundos, como si fuera a morder.

Rompí el cartón con las manos temblorosas. Dentro, una caja discreta, elegante incluso. La abrí y lo saqué. Al sentir su peso en la palma, un escalofrío me recorrió de la nuca a la base de la espalda. Era suave al tacto, más pesado de lo que imaginaba. Lo encendí solo para comprobarlo y la vibración me hizo cosquillas en los dedos. Lo apagué enseguida, casi asustada de mi propia anticipación.

Me aseguré de que estuviera bien cargado y me fui a la habitación. Por suerte tenía la casa para mí: Tomás, mi compañero de piso, trabajaba turno de noche y no volvería hasta el amanecer. Cerré la puerta de todos modos, por costumbre, y me planté frente al espejo de cuerpo entero.

Empecé a desvestirme despacio, sin prisa, mirándome. No solía detenerme a observarme así. La blusa cayó primero, luego la falda. Me quedé en ropa interior un momento, recorriéndome con la vista, y por una vez no busqué defectos. Me gusté. Solté el broche del sujetador y dejé que mis pechos quedaran libres; el aire fresco bastó para que los pezones se irguieran. Bajé las bragas por las piernas y las aparté con el pie.

Desnuda frente al cristal, con el vibrador en la mano, me sentí poderosa.

***

Lo paseé primero por mi cuello, todavía apagado, sintiendo el contraste del material liso contra mi piel caliente. Bajé por la clavícula, por el centro del pecho, rodeando cada seno sin tocar todavía el pezón, alargando la espera a propósito. Cuando por fin lo deslicé sobre uno de ellos, lo encendí en el programa más suave.

La vibración me arrancó un suspiro. El conejito giraba despacio mientras el cuerpo vibraba apenas, y yo lo movía de un pecho al otro, dejando que ese temblor se extendiera por todo el torso. Cerré los ojos un segundo, los volví a abrir para mirarme en el espejo. La mujer del reflejo tenía la boca entreabierta y la respiración agitada.

Fui bajando. Por el vientre, por el ombligo, trazando un camino lento hacia donde de verdad lo necesitaba. Cuanto más cerca llegaba, más fuerte me latía el corazón. Rocé la cara interna de los muslos primero, jugando, retrasando el momento, hasta que ya no pude más.

Llevé el vibrador a mi sexo y lo deslicé por encima, sin penetrar todavía. Estaba empapada. La punta resbalaba entre mis labios con facilidad, y el sonido húmedo que hacía me puso aún más. Gemí bajito, sola en la habitación, escuchándome por primera vez sin contenerme.

Tiré un par de cojines al suelo, frente al espejo, y me senté sobre ellos. Abrí las piernas de par en par, dejándome completamente expuesta ante mi propio reflejo. Verme así, abierta y mojada, me resultó más excitante que cualquier imagen que hubiera buscado nunca en una pantalla.

Por curiosidad, llevé el vibrador a mi boca y probé mi propio sabor en la punta, sintiendo la vibración contra los labios. Fue un impulso que ni yo esperaba. Luego volví a bajarlo.

***

Acerqué la punta a mi entrada y empujé apenas, dejando que entrara solo unos centímetros. El cuerpo giratorio empezó a moverse dentro de mí mientras buscaba el ángulo justo para que las orejitas alcanzaran mi clítoris. Cuando lo encontré, todo cambió.

Fue un golpe de placer distinto a cualquier cosa que mis dedos me hubieran dado jamás. La vibración interna y la externa al mismo tiempo, en dos puntos a la vez, me hicieron arquear la espalda. Solté un gemido largo que rebotó contra las paredes vacías de la casa.

Mi muñeca empezó a tomar ritmo casi sola, empujando el juguete cada vez más adentro, cada vez más rápido. Con la mano libre me acariciaba los pechos, alternando entre uno y otro, apretándolos, tirando de los pezones, pellizcándolos hasta que el pequeño dolor se mezclaba con el placer. Si hubiera podido alcanzarlos con la boca, los habría chupado sin pudor.

No dejaba de mirarme al espejo. Ver mi propio cuerpo moviéndose, mis caderas buscando el juguete, mi cara descompuesta de gusto, me llevaba más alto todavía. Siempre me había gustado tocarme frente al cristal, pero esa noche era otra cosa. Era más hondo, más intenso, más mío.

Pasaron apenas unos minutos hasta que sentí la primera oleada subir desde el centro de mi vientre. Mis piernas se cerraron alrededor de mi propia mano, atrapando el vibrador que seguía latiendo dentro. De mi garganta escapó un sonido roto, casi un grito, que no reconocí como mío.

El orgasmo me partió en dos. Y cuando creía que empezaba a bajar, las orejitas siguieron trabajando sobre mi clítoris y, segundos después, un segundo espasmo me arrasó sin darme tregua. Me temblaban los muslos, los dedos de los pies se curvaban solos, y yo seguía mirándome, incapaz de creer lo que sentía.

***

Cuando por fin apagué el vibrador y lo aparté, me quedé tendida sobre los cojines, jadeando. Estaban empapados debajo de mí. Me reí sola, sin aliento, mirando al techo, con el cuerpo todavía vibrando por dentro aunque el juguete ya estuviera quieto a mi lado.

Me incorporé despacio para volver a mirarme. Tenía el pelo revuelto, las mejillas rojas, el pecho subiendo y bajando. Pasé los dedos por mi cuello, por mis pechos, por el vientre, reconociéndome relajada y satisfecha de una manera nueva. No me quedó ninguna duda: había sido el orgasmo más intenso de toda mi vida. Y no me lo había dado nadie. Me lo había dado yo.

Durante el resto de esa semana volví a la habitación cada noche, explorando programas, velocidades y rincones de mí misma que ni sabía que existían. Descubrí que el placer no dependía de que apareciera nadie en la pantalla, ni de esperar a que un desconocido tuviera ganas. Estaba en mis manos. Literalmente.

A veces todavía pienso en esos dos días de espera, en la tortura deliciosa de saber que el paquete venía en camino. Y sonrío. Fue la mejor cosa que me regalé en mucho tiempo. La primera de muchas.

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Comentarios (6)

LucianaNoc

Que bien narrada la espera! Es increible como transmitis tanta tension sin que resulte burdo. Me gusto muchisimo

Solange_lectora

me hice identificar tanto con esto... hay algo en la anticipacion que siempre es mas intenso que el momento mismo :)

GabiMDQ

Se hizo cortisimo, quiero mas! Por favor seguila

Noctambul_X

la espera de esos dos dias narrada asi da una tension unica, se siente en el cuerpo jaja. Excelente relato

Fantasiosa_78

increible!!! de lo mejor que lei en mucho tiempo, gracias

SergioBsAs

Y despues que paso? Da para mucho mas este arranque, espero la continuacion

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