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Relatos Ardientes

Lo que vi en el baño encendió una fantasía prohibida

Hace tiempo que no me sentaba a contar nada. La universidad me come las horas y, cuando llego a casa, lo único que quiero es desplomarme en la cama. Pero hay un recuerdo que vuelve cada cierto tiempo, sin avisar, y me deja con el cuerpo encendido. Hoy decidí escribirlo de una vez, aunque me dé un poco de vergüenza.

Me llamo Daniela. Tengo veintidós años y trabajo medio turno en un gimnasio desde hace un par de temporadas, así que ya se imaginan cómo entreno mis piernas y lo demás. Soy de caderas anchas, cintura marcada y piel canela. Lo digo no por presumir, sino porque esa noche, frente al espejo, me vi como nunca antes me había mirado.

La historia es un poco turbia, lo admito. El título quizá engaña, pero les pido que la lean con la mente abierta. Lo que pasó nunca pasó de verdad con nadie más que conmigo. Y aun así, fue de lo más intenso que he vivido.

***

Esa tarde tenía la casa casi para mí. Estaba en mi cuarto, tirada con la laptop sobre las piernas, viendo una serie que no me enganchaba. Llevaba todo el día con trabajos pendientes y ya no daba más. Me levanté con la idea de tomar agua en la cocina y aprovechar para pasar al baño.

Vaya error, o vaya suerte, según cómo lo mire ahora.

No toqué. La puerta estaba entornada y empujé sin pensar. Mi tío Adrián, el hermano menor de mi madre, que se quedaba con nosotros esos meses, estaba ahí dentro. Acababa de salir de la ducha. Tenía una toalla a medio caer en la cadera y, como todavía entraba luz por la ventana, no había prendido el foco.

Lo que vi me clavó al piso. Tenía su miembro entre las manos, completamente erecto, y lo frotaba despacio. No supe si se estaba tocando o solo se untaba crema después del baño. Mi cerebro no alcanzó a procesar nada, solo registró el tamaño y el movimiento lento de sus dedos.

—Perdón, tío —solté con la voz quebrada—. No pensé que estuvieras aquí.

Él se sobresaltó y se cubrió como pudo.

—No pasa nada, hija —dijo apurado—. Solo sal, tranquila.

Salí casi corriendo, con el corazón a mil. Me encerré en mi cuarto y me senté en el borde de la cama con la respiración acelerada. ¿Qué estaba haciendo? Dios, su verga era enorme. ¿Pensaba en mi tía? ¿En alguien más? ¿Le gustará mi cuerpo? Las preguntas no dejaban de girarme en la cabeza, una detrás de otra, sin freno.

***

Intenté volver a la tarea, juro que lo intenté. Pero cada vez que fijaba la vista en la pantalla, la imagen regresaba: su mano, el movimiento, la penumbra del baño. Terminé lo que pude a medias y, para despejarme, decidí darme una ducha larga.

El agua caliente me cayó por los hombros y bajó por la espalda. Cerré los ojos y, sin proponérmelo, ahí estaba él otra vez, sosteniéndose con esa calma que me había dejado sin aire. Sentí cómo el calor se me concentraba abajo del vientre, distinto al del agua.

Mi mano se movió sola. Bajó despacio, casi con miedo, hasta llegar a mi sexo. Empecé a acariciarme con suavidad, recorriendo mis labios con la yema de los dedos, frotando apenas, sin prisa. La calentura subía igual que el vapor. Me apoyé en los azulejos y dejé escapar un gemido bajo.

El sonido de mi propia voz me asustó. Pensé que alguien podía oírme del otro lado de la pared. Cerré la llave de golpe, me envolví en la toalla y volví a mi habitación con el cuerpo todavía vibrando.

***

En mi cuarto tengo un espejo grande, de cuerpo entero, apoyado en la pared frente a la cama. Solté la toalla y me quedé desnuda delante de él. No sé qué me pasó. Me miré como si fuera otra: el pecho subiendo y bajando, los pezones duros, la piel todavía húmeda brillando con la luz que entraba.

Cerré los ojos un segundo y volví a llamarlo a mi mente. Mi tío, su mano, su tamaño. Empecé a jugar con mis pechos, tomándolos con las manos, apretándolos. Llevé uno hacia mi boca y pasé la lengua alrededor del pezón, lo mordí apenas. Me gustaba verme hacer eso, sentirme dueña de mi propio placer.

Me acerqué al espejo y, en un impulso, me di la vuelta. Me puse en cuatro, de espaldas al cristal, y eché las caderas hacia atrás hasta sentir el frío del espejo contra mis nalgas. Empecé a golpearme suave contra él, hacia atrás y hacia adelante, imaginando que era él quien me embestía por detrás.

Restregaba el trasero contra la superficie y, con las manos, me abría para verme entera reflejada. Apoyé la mejilla en el suelo para que en el espejo se viera todo, sin censura. Me metí dos dedos en la boca, los mojé con saliva y los pasé por mi sexo, despacio, una y otra vez. Estaba cada vez más mojada.

***

No tenía juguetes en ese entonces, así que improvisé. Sobre la cómoda estaba mi cepillo de pelo, de mango largo y liso. Lo tomé sin pensarlo dos veces. Me lo llevé a la boca y empecé a chuparlo, imaginando que se lo hacía a él, que era su miembro el que entraba y salía de mis labios.

Sabía que el mango era mucho más pequeño que lo que había visto, pero servía para calmar las ganas. Con una mano me lo metía en la boca y con la otra jugaba con mi clítoris en círculos lentos. El cepillo ahogaba un poco mis gemidos, que ya no podía contener.

Cambié de posición. Quería verme disfrutar de frente, mirarme a los ojos mientras me hacía esto sola. Me senté en el suelo con las piernas bien abiertas, encarando el espejo. Volví a chupar el mango, despacio, disfrutando de lo caliente que estaba. Me encantaba sentirme así, tan encendida por un recuerdo que ni siquiera había sido mío del todo.

Después de un rato, llevé el cepillo abajo y lo froté contra mi sexo como si fuera real. Pasé el mango por mis labios, por el clítoris, presionando un poco más cada vez. La necesidad de tenerlo dentro se volvió insoportable.

***

Empecé a introducirlo poco a poco. Despacio, sintiendo cada centímetro, mientras con la otra mano seguía frotándome arriba. El mete y saca arrancó lento, pero a medida que mis gemidos crecían, también lo hacía la velocidad de mi muñeca. Era hipnótico mirarme en el reflejo: mi cara descompuesta de placer, mis propias manos haciéndome sentir todo eso.

Me volví a poner en cuatro, esta vez de frente al espejo, sin perderme de vista. Me penetraba con el cepillo y me miraba a los ojos al mismo tiempo. Qué delicia, qué manera de sentir. Ya no me importaba si alguien me escuchaba en toda la casa. Gemía sin pudor, perdida.

Una mano no dejaba de frotar mi clítoris mientras la otra empujaba el mango dentro de mí. En un momento tomé una decisión que me hizo arder todavía más: saqué el cepillo y lo llevé despacio hacia atrás, hacia mi otra entrada. Lo deslicé con cuidado, sintiendo cómo entraba y salía, mientras seguía masturbándome por delante.

No sé cuánto tiempo pasé así, encerrada en mi propio juego, repartida entre el reflejo y mis manos. Pero mi cuerpo sabía exactamente lo que quería. La tensión se acumuló abajo del vientre, en las piernas, en cada músculo, hasta que reventó.

El orgasmo me sacudió entera. Me derrumbé sobre el piso de la habitación, temblando, con la respiración rota y la piel cubierta de sudor. Caí exhausta, pero más satisfecha de lo que jamás había estado conmigo misma.

***

Me quedé ahí tirada, desnuda, sin fuerzas para levantarme. Sin darme cuenta me dormí un par de horas sobre la alfombra, abrazada a mi toalla. Y soñé con él, con esa imagen que había encendido todo, como si el sueño quisiera terminar lo que yo había empezado despierta.

Cuando desperté, ya era de noche. La casa estaba en silencio. Me metí a la cama todavía con el eco del placer en el cuerpo y una mezcla rara de culpa y satisfacción. Nunca le dije nada a mi tío. Él nunca volvió a mencionar aquella tarde. Pero los dos sabíamos que algo había quedado flotando en el aire de esa casa.

A veces, cuando me cruzo con ese espejo a la hora justa en que entra la luz, vuelvo a sentir el cosquilleo. Y entiendo que la fantasía más intensa no siempre es la que se cumple, sino la que una se permite imaginar a solas, sin pedirle permiso a nadie.

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Comentarios (5)

CuriosaRed

Que bueno!!! me encanto, seguí escribiendo por favor

LauraB91

Ese final me dejo con ganas de mas. Se hace corto, queremos mas!!

martu_rio

jajaja me recordó algo similar que me pasó y nunca le conté a nadie. Muy bueno el relato

ElenaM_76

Excelente!!

ClaraM_Lecto

Se siente muy real, como si de verdad lo hubieras vivido. Me encanto como lo narraste, sin hacerlo burdo. Sigue así

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