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Relatos Ardientes

La aventura que le pedí a mi esposa con mi mejor amigo

Sofía siempre fue de esas mujeres que generan reacciones sin proponérselo. Lo noto cada vez que entramos a un bar, a una playa, a cualquier lugar con gente. Las conversaciones se pausan una fracción de segundo. Los hombres recalibran su postura. Las mujeres la escanean de arriba abajo con esa mezcla de admiración y cautela que reconozco desde hace diez años, cuando la conocí. Ella lo sabe, lo acepta y sigue caminando sin darle más importancia de la que merece.

Tiene treinta y ocho años y un cuerpo que desafía cualquier lógica. El pelo castaño le cae liso hasta los hombros, la piel siempre tostada porque practica el nudismo desde que nos conocimos, y una forma de caminar que solo puedo describir como sinuosa. Sus pechos son firmes y redondos, con unos pezones rosados que se marcan fácilmente bajo cualquier tejido ligero. Pero lo que de verdad detiene a la gente es su parte trasera: unas nalgas redondas y carnosas, con esa curvatura pronunciada hacia atrás que hace que cualquier prenda ordinaria se convierta en algo difícil de ignorar.

Nunca me generó inseguridad. Confío en ella, y ella lo sabe. Cuando salimos y algún hombre intenta bailar con ella o le dice algo al oído, me lo cuenta después sin dramatismo, con la misma naturalidad con que contaría el precio de la fruta. Dice que los halagos la excitan, pero que nunca haría nada porque me quiere a mí. Lo dice con esa seguridad tranquila de quien tiene las cosas claras.

Yo le creí siempre. Sigo creyéndole. Pero algo cambió en mí hace unos meses, sin aviso y sin motivo aparente: empecé a darme cuenta de que la idea de que otro hombre la tocara no me producía celos, sino algo completamente distinto. Un calor extraño en el pecho. Tardé unos días en identificarlo.

Era excitación.

Empecé a pensar en escenarios concretos, en cómo podría ser, en quién elegiría si pudiera. La fantasía era extraña y lo sabía, pero cuanto más intentaba deshacerme de ella, más espacio ocupaba. Eventualmente dejé de luchar y simplemente la dejé estar.

La primera vez que lo noté con claridad fue una noche cualquiera. Sofía llegó del trabajo y, mientras se desmaquillaba frente al espejo del baño, me contó que un compañero suyo le había dicho ese día que tenía el cuerpo más perfecto que había visto en su vida. Lo contó riéndose, como quien narra una anécdota sin importancia. Yo asentí, dije algo genérico, y esa noche en la ducha la imagen volvió sola. Me quedé un rato largo con ese pensamiento antes de que el agua se enfriara.

Después empecé a fantasear con alguien concreto. Con alguien que ya conocía.

Con Marcos.

***

Marcos es mi mejor amigo desde que teníamos veinte años. Alto, con los hombros anchos de quien entrena con constancia, y esa facilidad innata para caerle bien a todo el mundo que siempre me generó una mezcla de admiración y algo parecido a la envidia. Ha estado con muchas mujeres a lo largo de los años. Demasiadas, diría él mismo entre carcajadas. Nunca le ha costado nada en ese terreno.

Desde el primer día que le presenté a Sofía lo vi hacer esa pausa. No fue descaro, fue contención, y yo la reconocí porque lo conozco bien. Los años siguientes encontraba siempre la manera de sentarse cerca de ella en las cenas. En las fiestas se quedaba a su lado más tiempo del necesario, buscando la excusa para tocarle el brazo o hacerla reír. Y Sofía lo notaba. Me lo decía de pasada, sin darle importancia: «Marcos me estuvo mirando toda la noche». Yo lo archivaba y cambiaba de tema.

Pero en mi cabeza, esa noche, era la imagen que más veces regresaba.

***

La tarde de agosto en la playa de Cala Roja fue diferente a todas las anteriores.

Éramos unas veinte personas. Barbacoa en la arena, música desde un altavoz portátil, neveras llenas de cerveza y la tarde entera por delante. Sofía llegó con su biquini habitual: la parte de abajo un tanga que dejaba sus nalgas completamente al descubierto y la parte de arriba un triángulo que cubría lo justo. Bebió su primera cerveza de pie, charlando con dos amigas. A la segunda se quitó la parte de arriba. Dijo que le marcaba.

Las conversaciones se reorganizaron sin que nadie lo admitiera. Vi cómo ciertos grupos se reorientaban hacia donde ella estaba, cómo algunas miradas tardaban más de la cuenta en despegarse. Marcos llevaba un rato sin aparecer por donde yo estaba sentado, a la sombra de una sombrilla, y cuando lo busqué con la mirada lo encontré bailando con ella al ritmo de una canción que sonaba desde el altavoz.

Bailaron durante varios temas seguidos. En algún momento Marcos puso la mano en su cadera y la deslizó unos centímetros hacia abajo, hasta quedarse justo en el límite entre la espalda y las nalgas. Sofía siguió bailando. No lo apartó. Se reían de algo y sus torsos se acercaban más de lo que la música requería. Vi cómo él la miraba de arriba abajo cuando ella giró en un paso, sin ningún disimulo.

Cuando vinieron a sentarse a mi lado, Sofía me besó, se inclinó para coger una cerveza de la nevera y sus pechos quedaron colgando a la altura de nuestras caras durante un segundo antes de que se incorporara y caminara hacia el mar. Marcos y yo nos quedamos mirándola en silencio hasta que el agua la engulló.

Fue él quien habló primero.

—Necesito decirte algo y espero que no te siente mal.

—Dilo.

—Tu mujer... —soltó el aire lentamente—. Es la persona más increíble que he visto en mi vida. No es solo el físico, aunque el físico ya sería motivo suficiente. Es que pienso en ella más de lo que debería. Y hoy, bailando con ella, lo tuve muy cerca. Me costó una barbaridad no bajar las manos más.

Tomé un sorbo largo de cerveza y miré el horizonte. Sofía nadaba de espaldas, ajena a todo.

—No me sienta mal —dije—. Al contrario. Voy a contarte algo que no le he contado a nadie.

Marcos esperó sin decir nada.

—Llevo meses fantaseando con veros juntos. No sé de dónde vino, simplemente está ahí y no se va. Y si tuviera que elegir a alguien para algo así, serías tú. Sin ninguna duda.

Hubo un silencio largo. Marcos miraba la arena.

—¿Y ella? ¿Sofía lo sabe?

—No. Pero esta noche voy a tantear el terreno. Tú ve al agua ahora. Habla con ella, acércate despacio y sin forzar nada.

Se levantó antes de que yo terminara la frase.

***

Los observé desde la orilla durante más de veinte minutos. El agua les llegaba al cuello y solo veía sus cabezas, que a veces se acercaban hasta casi tocarse. En un momento Sofía soltó una carcajada y él la sujetó del brazo para que no se hundiera. No los solté de vista en ningún momento.

Cuando salieron del agua, ella traía los ojos brillantes y una sonrisa concentrada, de alguien que acaba de tomar una decisión. Marcos se secó la cara con la camiseta sin mirarme directamente. Se sentó a mi lado y abrió una cerveza fría. Ninguno de los dos dijo nada.

***

Volvimos a casa antes de que cayera la noche. Cena ligera, ducha, la rutina de siempre. Pero Sofía estaba diferente: más callada que de costumbre, con algo rumiando detrás de los ojos.

Cuando apagamos la televisión me senté a su lado y empecé despacio:

—Estabas preciosa hoy. Todo el mundo te miraba.

—Exageras.

—Marcos no podía quitarte los ojos de encima. Me confesó cosas sobre ti.

Sofía giró la cabeza hacia mí lentamente.

—¿Qué cosas?

—Que eres la mujer más increíble que ha conocido. Que piensa en ti más de lo que debería. Que cuando bailabais hoy tuvo que contenerse para no ir más lejos.

Sofía se mordió el labio inferior y se quedó mirando hacia adelante.

—La verdad es que sí lo noté —dijo—. Cuando bailábamos lo sentía muy pegado a mí. Y en el agua fue bastante más directo.

Me incorporé ligeramente.

—¿Qué pasó en el agua?

Tardó unos segundos antes de responder. Cuando lo hizo, miraba sus propias manos.

—Empezó tocándome la espalda mientras hablábamos de cualquier cosa. Luego bajó las manos y me agarró las nalgas. Le dije que podía vernos alguien. Me respondió que desde donde estábamos no nos veía nadie, que el agua estaba turbia. Tenía razón. —Hizo una pausa—. Metió una mano dentro de mi bañador y empezó a tocarme. Metió los dedos. Yo estaba muy húmeda y él lo notó perfectamente. Así estuvimos un rato, hasta que yo estaba a punto de llegar. Entonces paró. Guardó la mano y me dijo que prefería guardar fuerzas para la próxima vez. Desde que salí del agua no he podido pensar en otra cosa.

Hubo un silencio entre los dos.

—¿Y tú qué querías que pasara? —pregunté.

—Que siguiera —respondió sin rodeos—. No me pongas en este brete, que con solo contártelo me vuelves a poner.

Me acerqué a ella. La besé despacio y puse una mano en su rodilla, que subí lentamente mientras le hablaba al oído con la voz baja:

—Tengo una confesión que hacerte. Desde hace meses fantaseo con verte con otro hombre. Con verlos juntos. No sé explicarlo, simplemente está ahí. Y si hay una persona en quien confío para eso, es Marcos. Se atraen, eso es evidente. Creo que sería algo que los dos disfrutaríamos mucho.

Sofía se apartó para mirarme a la cara. Me estudió un buen rato con los ojos entornados.

—¿Lo dices en serio?

—Completamente.

No añadió nada más. Se subió encima de mí, me quitó la camiseta y buscó el borde de mi pantalón con la mano. Cuando me encontró se detuvo un momento y me miró fijamente, con los ojos oscuros y la respiración lenta.

—Entonces llama a Marcos mañana —dijo—. Y concreta algo pronto. Porque después de lo de hoy no creo que pueda esperar mucho más.

Esa noche la escuché llegar con una intensidad que hacía semanas que no recordaba. Pero lo que tenía yo en la cabeza mientras la besaba no era la habitación donde estábamos. Era la imagen de lo que aún estaba por pasar.

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Comentarios (6)

RomeoLector

que tension desde el principio!! se siente que algo va a pasar y no podes dejar de leer

Fede1985

Por favor que haya segunda parte, quede muy enganchado con la historia de Sofia

PabloGR

Me recordo a unas vacaciones con unos amigos, aunque en mi caso nunca paso nada jajaja. Muy bueno el relato, realista y sin exagerar

LuciaMar91

Me encanto como esta contado, se siente autentico. Sigue escribiendo asi de bien!

Gonzalo_NQN

¿esto es autobiografico? tiene mucho detalle como para ser completamente inventado. En todo caso, muy buen relato

MarceloCba

excelente!!!

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