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Relatos Ardientes

Esa noche Valeria me trató exactamente como quería

Llevábamos tres episodios seguidos de la serie cuando apareció esa escena.

Era un jueves por la noche. Valeria estaba recostada a mi lado en el sofá, con la cabeza apoyada contra mi hombro y una manta de polar azul tapándonos las piernas. Había terminado el vino que le quedaba en la copa y la tenía vacía entre los dedos, sin darse cuenta. Yo llevaba un rato sin seguir bien el hilo de la trama. Pensaba en otras cosas. En ella, sobre todo.

Llevábamos juntas casi dos años y había cosas que todavía no le había pedido. Cosas que imaginaba sola mientras me duchaba, o justo antes de quedarme dormida, o en momentos exactamente como ese: quieta a su lado, en la oscuridad tibia del salón. Cosas que se me quedaban atascadas en algún lugar entre la garganta y la lengua y nunca terminaban de salir.

Entonces apareció la escena.

El personaje masculino agarraba a la profesora por la nuca, sin aviso, con una mano firme y directa. La acercaba hacia él y luego, con una fuerza que se notaba contenida, le aplastaba la mejilla contra la pared. La cámara se quedaba en el rostro de ella: los ojos cerrados, la boca entreabierta, la respiración cortada. No de miedo. De otra cosa completamente.

Sentí que mi propio cuerpo reaccionaba antes de que mi cabeza procesara nada. El estómago se me apretó. Empecé a imaginar los dedos de Valeria en mi nuca, su palma contra mi cabello, su fuerza decidida empujándome donde ella quisiera. Yo contra la pared. Yo sin poder moverme.

Llevo meses pensando en pedirle que lo haga y nunca encuentro las palabras.

Mi respiración cambió sin que yo lo decidiera. Se volvió más superficial, más rápida, como si el cuerpo quisiera delatar lo que la cabeza callaba. Cuando intenté disimularlo y mirar la pantalla como si nada, ya era demasiado tarde.

La mano de Valeria se posó en mi muslo.

No era la primera vez esa noche que me tocaba así. Pero esta vez la presión era diferente. Más deliberada, más lenta, como si estuviera midiendo algo. Dejé su mano quieta, luego la apretó despacio hacia adentro, y yo supe que ella ya lo había entendido todo sin que yo dijera nada.

Giré la cabeza para mirarla.

Valeria me estaba mirando a mí, no a la pantalla. Tenía esa expresión que yo reconocía bien: calma total, atención plena, algo que en ella siempre precedía a algo importante. Antes de que yo pudiera abrir la boca, metió la lengua en la mía.

No fue un beso suave. Fue uno de esos besos que no piden permiso, que simplemente toman. Su mano en mi muslo subió sin prisa pero sin pausa, y cuando llegó a la tela de mi ropa interior, sentí el calor de sus dedos apenas un segundo antes de que corriera la tela a un lado.

Estaba empapada. Las dos lo sabíamos.

Metió un dedo despacio, tanteando, y la sensación me recorrió de la cadera al cuello. Empecé a gemir contra su boca. Ella añadió otro dedo y comenzó a moverse con una cadencia lenta, casi cruel en su precisión. Yo empujaba las caderas hacia su mano sin darme cuenta, buscando más profundidad, más presión.

—Quieta —dijo en voz baja, sin retirar los dedos.

Me quedé inmóvil. El esfuerzo de no moverme mientras ella seguía era casi insoportable. La tensión subía en oleadas desde el centro del cuerpo hacia afuera. Valeria me miraba de cerca mientras lo hacía, sin apartar los ojos, como si quisiera ver exactamente lo que me estaba ocurriendo. Cuando sentí que estaba a punto de venirme, que ya no había vuelta atrás, que el cuerpo se me iba a doblar solo, ella sacó los dedos de golpe.

Abrí los ojos de golpe.

Valeria sonreía. No una sonrisa tierna: otra cosa. Me llevó los dedos a los labios, me los puso en la boca sin preguntar.

—Chúpalos.

Los chupé. Primero con cuidado, luego con más ganas de lo que había esperado sentir, saboreando todo lo que era mío. Ella no lo dejó en eso: me metió los dos dedos hasta el fondo de la garganta, hasta que los músculos respondieron solos y yo hice una arcada involuntaria. Los sostuvo ahí un momento. Los retiró despacio, con calma.

Me ardía la garganta. Me temblaban las piernas.

Esto es exactamente lo que quería.

***

Valeria se puso encima de mí. Me quitó la camiseta de un tirón y tiró los cojines del sofá al suelo para tener espacio. Sus rodillas me enmarcaban las caderas. La serie seguía sonando de fondo, el volumen bajo, pero ya ninguna de las dos la estaba mirando.

Me escupió en la cara.

No lo esperaba, aunque una parte de mí lo había imaginado más de una vez. La saliva cayó en mi mejilla y se quedó ahí. No me limpié. No quería hacerlo. Valeria me miraba desde arriba como si fuera a devorarme, y esa mirada me calentaba más que cualquier caricia que me hubiera dado en la vida.

—¿Quieres que pare? —preguntó.

—No —respondí, y la palabra me salió ronca, casi irreconocible.

Metió los dedos de nuevo, esta vez sin ceremonia. Más hondo, más rápido, con una intención que no admitía negociación. Con la otra mano me agarró el cabello desde la raíz y lo estiró hacia atrás, arqueándome el cuello hacia arriba. La mezcla de presión y placer me hizo gritar. Me llevé la mano a la boca por instinto y ella me la apartó de un manotazo suave.

—No. Quiero escucharte.

Los sonidos salieron solos entonces. No había forma de contenerlos. Ella seguía moviéndose sin descanso, sin pausas, sin concesiones, y yo sentía cómo todo se acumulaba hacia un punto que ya era demasiado intenso para procesarlo bien. Cuando me mordió el pezón con fuerza, el dolor me atravesó justo donde hacía falta y me vine.

El orgasmo duró más de lo que esperaba. Tardé varios segundos en volver a respirar de forma normal. Valeria me sostuvo mientras yo temblaba, con los dedos todavía dentro, quietos, sintiendo las contracciones. Cuando por fin los retiró, me besó en la frente. Ese gesto tan suyo que siempre llegaba después.

Nos desnudamos del todo. Yo le quité la ropa con manos todavía torpes y ella se dejó hacer, paciente. Su cuerpo me seguía gustando igual que la primera vez que lo vi. Cada curva, cada centímetro. No me cansaba.

Le metí los dedos mientras ella seguía metiéndomelos a mí. Fue un momento de equilibrio raro y perfecto: los dos cuerpos moviéndose al mismo ritmo, dándose exactamente lo mismo que pedían. Ella cerró los ojos. Un gemido bajo se le escapó entre los labios entreabiertos.

—Así —dijo, en un susurro.

Seguí el ritmo que me marcaba. Cada vez más rápido, igualándola. Sentí que volvía a construirse algo dentro de mí aunque acababa de correrme hacía minutos. Valeria me mordió el hombro cuando llegó, y el dolor breve de sus dientes me bastó para seguirla casi al mismo tiempo.

Nos reímos las dos al mismo tiempo, sin saber muy bien por qué. A veces pasa eso.

***

Pensé que habíamos terminado. Me equivoqué.

Valeria me puso en cuatro con una mano en la cadera y la otra empujando suavemente mi espalda hacia abajo. Yo obedecí sin preguntar. Tenía la frente apoyada en el respaldo del sofá y las rodillas bien separadas, y el cuerpo en esa posición de entrega que no requiere explicación.

Sentí su aliento primero. Luego su lengua, trazando un camino lento desde mi vagina hacia arriba. Se detuvo donde yo no esperaba que se detuviera.

Empezó a lamerme el culo con una concentración que me dejó sin palabras. La lengua caliente, el ritmo pausado, la sensación particular de rendirse a algo que no controlas del todo. Cerré los ojos. Apoyé más el peso en los codos y me dejé ir, sin pensar en nada más.

Lo hizo durante un buen rato, sin prisa, sin aparente intención de terminar pronto. Cuando acabó, bajó y se comió todo lo que había estado escurriendo desde hacía rato. No perdió una gota. Yo seguía temblando de los restos del orgasmo anterior y de la tensión que nunca terminaba de vaciarse del todo, y sentir su boca ahí, bebiendo todo eso, me ponía de una manera que no tenía nombre preciso.

Cuando me giré, ella se tumbó en el sofá con las piernas abiertas y me miró sin decir nada.

No hizo falta que dijera nada.

Me puse entre sus piernas. Me gustaba estar ahí: el olor de ella, el calor que salía de su piel, la forma en que se arqueaba apenas sentía mi aliento cerca. Empecé despacio, con la lengua plana, recorriéndola entera antes de concentrarme. Cuando llegué a su clítoris y empecé a succionarlo, ella soltó un sonido que me fue directo al estómago.

Valeria tiene el clítoris grande y muy sensible, lo suficiente como para succionar con ganas sin tener que adivinar dónde estoy. Eso siempre me había gustado de ella. No hay que buscar nada: está ahí, evidente, respondiendo a cada movimiento con honestidad.

Fui acelerando sin que ella me lo pidiera. Me lo pedía con el cuerpo, con la manera en que levantaba las caderas hacia mi boca y me apretaba la cabeza con los muslos sin darse cuenta. Cuando metí dos dedos curvados hacia arriba y mantuve la lengua al mismo tiempo, el gemido que soltó llenó toda la habitación.

—No pares —susurró—. Por favor, no pares.

No paré. Mantuve el ritmo aunque me ardieran la mandíbula y la lengua, aunque el cuello empezara a dolerme. Cuando llegó, me agarró el pelo con las dos manos y me enterró la cara en ella. Me lo tragué todo, hasta la última gota, hasta que dejó de temblar y sus manos me soltaron despacio, con suavidad, como disculpándose por el apretón.

Subí a tumbarme a su lado.

Las dos mirábamos el techo. La serie había terminado y la pantalla mostraba el menú de inicio con su música de fondo, ese loop eterno que ponen cuando nadie da al botón. Ninguna se movió para apagarlo. Fuera había empezado a llover, un ruido suave contra la ventana del salón que hacía la habitación todavía más cerrada, todavía más nuestra.

—Te noto distinta desde hace semanas —dijo Valeria al cabo de un momento, con la voz todavía un poco ronca—. ¿Hay algo que quisieras pedirme y no supiste cómo?

Me reí. Tenía la cara todavía húmeda de ella y el cuerpo agotado de la mejor manera posible.

—Creo que ya lo descubriste sola —respondí.

Se giró para mirarme. Sonrió de esa forma que tiene, esa sonrisa tranquila que dice que sabe más de lo que yo creo.

—Solo quería asegurarme de que te gustó —dijo.

Me gustó. Más que nada en mucho tiempo. Y lo que más me gustó fue que ella lo supo antes que yo.

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Comentarios (6)

elena_curiosa

me encanto!!! que relato tan bonito y sensitivo, se siente muy real

Meli95

Por favor seguí con esto, quedé con ganas de saber que paso despues. No puede quedar asi!!

PoetaLector33

Lo que mas me gusto es como describe ese momento de tension antes de que pase algo. Esa parte del muslo... increible como con tan poco dice tanto.

Daniela_BsAs

De estas historias necesito leer mas seguido. Muy bien contado, sin vueltas ni relleno innecesario.

VivianaT

Tremendo!!! Una de las mejores que lei aca en mucho tiempo

LauraVdT

Me recordó a una noche con una amiga hace años... esas cosas no se olvidan jaja. Muy lindo relato

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