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Relatos Ardientes

El desconocido que mi marido eligió para los dos

Habían pasado casi seis semanas desde aquella noche en el club privado. No lo había olvidado. Algunos momentos no se quedan en la memoria; se quedan en el cuerpo, en la forma en que la piel recuerda el contacto mucho después de que la razón lo ha archivado y lo ha dado por resuelto.

Era sábado por la tarde cuando Diego entró al cuarto de baño donde yo me estaba arreglando.

—Esta noche salimos a cenar —dijo, apoyado en el marco de la puerta—. Nos han invitado.

No explicó quién. No preguntó si me parecía bien. Ese tono ya lo conocía yo, y lo que significaba también.

Me duché con calma, dejando que el agua caliente me preparara para lo que fuera a venir. Elegí un conjunto de encaje color crema, un vestido de tirantes con escote en V y unos tacones de aguja negros que me alargaban las piernas considerablemente. Antes de que pudiera terminar de pintarme los labios, Diego apareció en la puerta con algo doblado en la mano.

—Ponte este —dijo, dejándolo sobre la cama.

Era el vestido negro del club. El más corto, el que no perdona nada y tampoco pretende hacerlo.

Me lo puse en silencio. Cambié también el tanga por uno de hilo negro que a duras penas existía como prenda. Cuando me giré ante el espejo para ver el resultado, Diego estaba en el umbral observándome con esa expresión suya que no necesita palabras para decir todo lo que piensa.

—Perfecta —dijo.

Me puse una blazer de cuero encima. Por discreción, más que por frío.

***

El Hotel Castellana quedaba a veinte minutos en coche. Aparcamos en el garaje subterráneo y tomamos el ascensor hasta la planta principal. La cafetería era amplia, con luz tamizada, paredes de madera oscura y una música de fondo lo suficientemente suave como para que la conversación fluyera sin esfuerzo.

Diego saludó a alguien con la mano desde la entrada.

Me volví hacia donde miraba.

En una mesa junto a los ventanales estaba él. Malik se levantó cuando nos acercamos, y de pie era difícil ignorar su presencia: alto, de hombros anchos, con la piel oscura y unos ojos que te miden en silencio antes de que digas nada. Era más atractivo de lo que recordaba, o quizá es que aquella noche en el club no había tenido ocasión de verlo bien del todo.

Me tendió la mano primero. Luego, cuando vio que yo iba a darle los dos besos, adaptó el gesto con una naturalidad que me gustó.

Diego me ayudó a quitarme la blazer antes de sentarme, con ese gesto casual que no tiene nada de casual. Malik no disimuló: sus ojos bajaron directamente al escote, donde mis pezones marcaban la tela del vestido, y luego subió la mirada hacia mi cara con una sonrisa que no pretendía ser inocente.

—Me alegra mucho que hayas venido —dijo. Tenía la voz grave y un acento que no supe identificar del todo.

—Y a mí —contesté.

Era verdad.

***

La cena fue larga y tranquila. Pedimos vino blanco, una tabla de embutidos y quesos, algo de carne al final. La conversación fue fluyendo sin esfuerzo, pasando del trabajo a los viajes y de vuelta, y en algún momento Malik mencionó la noche del club.

Contó su versión: había entrado casi por accidente, convencido a última hora por un conocido, y nos había visto desde el otro lado sin poder apartar los ojos de nosotros en ningún momento de la noche.

—¿Y qué fue lo que te convenció de participar? —le pregunté, sosteniéndole la mirada por encima de la copa.

Sonrió antes de contestar, tomándose su tiempo.

—La prueba ya la conoces —dijo.

Me reí. Era la respuesta correcta.

Cuando terminamos el postre, Diego pidió la cuenta. Malik ya tenía la llave de la habitación en el bolsillo interior de su chaqueta. Lo vi guardársela de nuevo sin hacer ningún comentario.

***

La suite era grande, con una cama enorme y unos ventanales que daban a la ciudad iluminada de noche. Malik preparó tres gin-tonics desde el minibar, con esa concentración tranquila de alguien que no tiene prisa por nada y sabe exactamente adónde va a llegar.

Me senté en el borde de la cama. Diego se sentó a mi izquierda. Malik trajo las copas y se acomodó a mi derecha.

Bebimos despacio. Diego empezó a besarme en el cuello mientras me posaba una mano en el muslo. Malik dejó su copa en la mesita y apoyó la palma en mi rodilla, deslizándola hacia arriba sin brusquedad. Sentí el calor de las dos manos simultáneamente: una avanzando por mi pierna, la otra llegando hasta el borde del tanga.

Busqué los bultos de los dos por encima de los pantalones. Los acaricié un momento, calibrando, antes de desabrocharlos uno a uno.

Los tomé con ambas manos, sintiendo el peso y la temperatura de cada uno. Luego me incliné y empecé a pasarlos por la boca, de uno al otro, sin prisa, lamiéndolos en la base, envolviéndolos con la lengua por la punta, llevándolos hasta el fondo de la garganta todo lo que podía. Ninguno de los dos forzó nada: me ponían la mano en la nuca sin apretar, dejando que yo marcara el ritmo y el turno.

En un momento los puse juntos, uno a cada lado de la boca. Malik me dio unos golpecitos suaves en los labios con el suyo y cerré los ojos.

***

Me quitaron el vestido entre los dos. Luego se desnudaron ellos también.

Me tumbé en la cama y Malik se colocó entre mis piernas. Encontró el clítoris con la lengua de inmediato, sin titubeos, y empezó a trabajarlo con una atención que me tensó los muslos desde el primer segundo. Diego se arrodilló junto a mi cabeza y yo lo recibí en la boca, moviéndome al compás de lo que Malik me estaba haciendo más abajo.

Un dedo. Luego dos. La lengua sin interrupción.

No iba a durar mucho.

Llegué al primer orgasmo con la boca ocupada y los pies apuntando al techo. Tardé unos segundos en volver a saber dónde estaba.

***

Me puse en cuatro. Malik se colocó frente a mí en la cama para que yo pudiera seguir con la boca mientras Diego tomaba posición detrás. Lo sentí entrar poco a poco, con calma, y cada embestida me empujaba hacia delante, haciendo que me tragara más profundo a Malik sin pretenderlo.

Diego fue cogiendo ritmo. Me aferró la cadera con ambas manos y empezó a azotarme el culo con la palma abierta: una vez, dos veces, tres. El ardor y el placer se mezclaban en algo que no tiene nombre exacto, algo que está entre el quejido y la risa.

Malik me acariciaba los pechos desde abajo, pasándome los pezones entre los dedos con una presión justa. Cuando Diego estaba a punto de correrse, redujo las embestidas hasta detenerse del todo.

***

Malik se tumbó boca arriba y me hizo un gesto.

Me coloqué sobre él controlando la profundidad yo. Era considerable, y me tomé mi tiempo, deslizándome lentamente hasta tenerlo entero dentro. Entonces comencé a moverme.

Me miraba los pechos con fijeza mientras cabeceaban con cada movimiento. Los atrapó con las manos, los apretó con firmeza, me los palmoteó un par de veces. La mezcla de todo eso junto me aceleró sin que yo lo decidiera.

Diego apareció detrás de mí. Cogió algo de la mesita de noche, un bote pequeño que había dejado allí antes sin que yo me diera cuenta. Me incliné hacia delante, apoyando las palmas en el pecho de Malik.

Sentí el frío del lubricante primero. Luego un dedo. Luego dos, con paciencia, sin apresurarse.

Después Diego apoyó la punta en la entrada de mi ano y comenzó a entrar despacio, sin forzar, esperando a que yo me abriera en cada milímetro. Cuando lo tuve a él dentro también, ambos se quedaron quietos un momento.

Respiré hondo. Dos veces.

Empezaron a moverse. Uno entraba cuando el otro salía, encontrando un ritmo que tardó poco en asentarse y que no me dejó pensar en nada más. Las lamidas de Malik en mis pezones, las manos de Diego en mis caderas, las dos presencias dentro de mí al mismo tiempo, complementándose.

Grité. La segunda vez no me importó que pudieran oírme.

Se corrieron los dos casi a la vez, primero Diego, luego Malik, con ese calor que se siente desde dentro y que es difícil describir si no lo has experimentado.

Nos quedamos los tres tumbados en la cama, exhaustos y en silencio.

***

Diego se fue a ducharse.

Yo me quedé de pie junto a los ventanales, mirando la ciudad. Las luces de los edificios, los coches pequeños en la calle de abajo, el silencio relativo del hotel a esa hora. Me había enrollado una sábana alrededor pero la había dejado caer en algún momento sin darme cuenta.

Noté a alguien acercarse por detrás.

Malik se puso a mi espalda sin hacer ruido. Me apartó el pelo hacia un lado y me besó en la nuca, después en el hombro, después siguió bajando hasta la base del cuello. Sus manos recorrieron mis costados despacio y se posaron en mis caderas.

—Quiero follarte el culo —me dijo al oído, con voz baja y directa.

Eché la mano atrás. Estaba completamente duro otra vez.

—Si lo quieres, es tuyo —contesté.

Me colocó de cara a la ventana, con las manos apoyadas en el cristal frío. Entró despacio, aprovechando que Diego ya me había preparado antes. Fue más fácil que la primera vez. Empezó suave, buscando el ángulo, y cuando lo encontró comenzó a aumentar la profundidad poco a poco, con cada embestida un poco más adentro, un poco más rápido.

Metí la mano entre mis piernas y me toqué mientras él seguía. Afuera, la ciudad continuaba indiferente y brillante. Aquí arriba solo existían sus embestidas, cada vez más largas y más fuertes, y la presión de mis dedos contra el clítoris hinchado.

Me aferré al marco de la ventana con la otra mano.

El orgasmo llegó antes de que él terminara. Cuando lo hizo, me sujetó de la cadera con fuerza y se vació dentro de mí con un sonido grave que se me quedó grabado en algún lugar del pecho.

Nos quedamos así un rato largo, él dentro de mí, yo apoyada en el cristal, sin decir nada. Fuera, la ciudad.

La voz de Diego llegó desde el baño preguntando algo que no entendí del todo.

Fuimos los dos a limpiarnos. Después nos metimos en la cama los tres, sin negociar quién iba dónde ni en qué orden.

Dormí mejor que en mucho tiempo.

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Comentarios (5)

CamilaCba

que relatazo!!! me dejo sin palabras

Rober_74

Muy bien escrito, se nota que hay feeling en la historia. Espero la segunda parte!

valentina_lp

me encanto la dinamica entre los tres, se siente muy real. sigue publicando por favor

SantiMdP

tremendo... la tension desde el principio hasta el final es increible

Pao_lectora

Justo lo que necesitaba leer hoy jaja. Gracias por compartirlo, ojalá haya mas historias asi

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