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Relatos Ardientes

El partido que terminó en un trío inesperado

4.5 (4)

Era la noche de la final de la Copa Libertadores, de esas que se sienten largas y cargadas aunque afuera lloviera sin parar. Sebastián y Valeria estaban tirados en el living del departamento, él con un jogging gris y remera ajustada, ella con leggins negros de lycra que se pegaban como una segunda piel y un top blanco sin breteles que dejaba ver el borde inferior de sus pechos. El cabello suelto sobre los hombros, los ojos pintados con rímel apenas, y esa sonrisa que ella misma sabía que anunciaba problemas.

El marcador iba 1-0 cuando Sebastián tomó el celular.

—Rodrigo… ¿cómo andás? —contestó con esa voz tranquila que usaba cuando tenía un plan en mente.

Del otro lado, Rodrigo —socio principal de la firma, cincuenta y dos años, canas en las sienes, ese tipo de presencia serena que imponía sin necesidad de alzar la voz— le propuso juntarse en algún bar del microcentro a ver el segundo tiempo. Sebastián miró a Valeria. Ella levantó una ceja y asintió despacito, mordiéndose el labio inferior.

—No te compliques, Rodrigo. Vení a casa. Tenemos lugar, tenemos bebida y estamos mucho más cómodos que en cualquier bar. Te mando la dirección ahora mismo.

Colgó y le guiñó el ojo a Valeria.

—Plan en marcha, mi amor.

Valeria se levantó, fue al baño, se miró en el espejo del pasillo. Subió un poco los leggins para que el elástico le marcara mejor las nalgas. Se acomodó el top. Sonrió coqueta.

—Voy a ser tímida al principio —dijo—. Después ya sabés cómo me pongo.

—Dejame a mí llevarlo de a poco —contestó Sebastián, abrazándola por detrás y apretándole las caderas—. Que él solo se vaya animando.

Veinte minutos después sonó el portero eléctrico. Rodrigo subió con una botella de whisky de doce años y esa sonrisa de hombre que se siente bienvenido en cualquier lugar. Jeans oscuros, camisa azul arremangada hasta el codo. Sebastián lo recibió con un abrazo fuerte. Valeria lo saludó desde atrás con voz suave y un beso en la mejilla que duró un segundo más de lo que correspondía. Rodrigo sintió el perfume de ella y cómo los pezones de Valeria rozaban apenas su pecho a través del top fino.

Se sentaron en el sillón en L. Sebastián a un extremo, Valeria en el medio, Rodrigo al otro lado. El partido seguía en la pantalla, pero la tensión en ese living era otra. Valeria cruzaba y descruzaba las piernas. Cada vez que reía por una jugada se inclinaba levemente hacia Rodrigo, rozándole el brazo con el pecho. Sebastián, con esa calma estratégica que lo caracterizaba, fue soltando el hilo despacio:

—Qué bueno que viniste, Rodrigo. Acá en casa nos gusta estar relajados, sin protocolos. Valeria y yo somos muy abiertos. ¿Me entendés?

Ella solo sonrió y bajó la vista, fingiendo timidez. Pero sus ojos decían algo completamente distinto.

En el entretiempo Sebastián llenó los vasos otra vez.

—Nosotros no somos de los que se quedan mirando el partido nomás —dijo con una sonrisa—. Somos de los que compartimos todo. Y nos encanta que la gente se sienta bien acá.

Rodrigo tragó saliva. Llevaba rato siguiendo con la mirada el contorno del cuerpo de Valeria cada vez que ella se movía. Los leggins negros brillaban bajo la luz tenue del living.

Esto no puede estar pasando.

Pero estaba pasando.

En un silencio del entretiempo Rodrigo no aguantó más. Le pasó el brazo por la cintura a Valeria y la miró directamente a los ojos.

—¿Está bien? —preguntó con la voz ya un poco ronca.

Sebastián sonrió despacio.

—Más que bien, Rodrigo. Pero la última palabra siempre la tiene ella.

Valeria levantó la cara, lo miró dos segundos, y le dio un beso suave en los labios que se volvió profundo de inmediato. Sus lenguas se encontraron. Rodrigo la apretó contra su cuerpo. Sus manos bajaron directo a las nalgas de Valeria y las apretaron fuerte por encima del lycra.

—Qué rica estás —murmuró contra su boca.

—Apretale el culo así, Rodrigo —dijo Sebastián desde el sofá, con la voz calmada pero cargada—. Le encanta que le agarren fuerte. Mirala cómo se derrite.

Valeria jadeó y siguió besándolo. Sus manos bajaron por el pecho de Rodrigo. Sebastián se recostó mejor en el sillón, sin tocarse todavía, solo mirando y dirigiendo con esa precisión que le salía natural.

***

Rodrigo deslizó una mano por debajo del top y subió hasta agarrarle un pecho completo. Le pellizcó el pezón con cuidado.

—Son perfectos —susurró.

—Sacale el top, Rodrigo —dijo Sebastián con voz ronca—. Ella quiere que la veas entera.

Rodrigo le sacó el top por la cabeza. Los pechos de Valeria quedaron libres, el pezón ya oscuro y duro. Él bajó la cabeza y se metió uno a la boca, chupando con fuerza mientras ella gemía y le acariciaba el cabello.

—Chupale los pezones así —dijo Sebastián—. Ella se moja rápido cuando le hacen eso.

Las manos de Rodrigo bajaron al borde de los leggins. Valeria levantó las caderas para ayudarlo. Muy despacio, él le bajó el lycra negro hasta los tobillos. No llevaba nada debajo. Rodrigo le pasó dos dedos por los labios y los separó con cuidado.

—Estás empapada, Valeria.

—Porque te quiero adentro —dijo ella, ya sin el mínimo rastro de timidez. La voz, coqueta y caliente.

Sebastián soltó un sonido de aprobación.

—Dale, Rodrigo. Metela despacio. Que sienta cada centímetro.

Rodrigo se bajó los jeans. Frotó la cabeza de su verga contra la entrada de Valeria. Ella abrió más las piernas, mirándolo con los ojos oscuros de deseo.

—Vení —susurró.

Y mientras en el televisor el segundo tiempo empezaba sin que nadie lo notara, Rodrigo entró en ella de una sola embestida lenta y profunda. Valeria soltó un gemido largo y sensual. Le clavó las uñas en los hombros. Sebastián, a menos de un metro, los miraba con esa expresión tranquila y encendida que Valeria conocía de memoria.

—Follala bien, Rodrigo. Esta tarde es tuya. Y yo acá, disfrutando el espectáculo.

***

El partido terminó en algún momento. Nadie prestó atención. Rodrigo tenía a Valeria clavada en el sofá, moviéndose con embestidas profundas y cadenciosas, mientras ella gemía con la cara enterrada en su cuello. Sebastián daba instrucciones con esa voz grave que los hacía enloquecer a los dos:

—Más duro. Mírala cómo aprieta. Valeria, apretalo con todo. Así.

Ella se vino con un grito ahogado, las uñas fondo en la espalda de Rodrigo. Él no tardó mucho más: soltó un gruñido ronco y se vació dentro de ella, temblando. Los tres quedaron jadeando, sudorosos, con la televisión de fondo anunciando el resultado de un partido que nadie había visto.

Rodrigo se dejó caer hacia atrás en el sillón y soltó una risa baja.

—Llevo meses pensando en esto. Y ahora que estoy divorciado… no tengo ninguna prisa por irme a ningún lado.

Valeria sonrió, todavía sentada sobre él, y le dio un beso breve en los labios.

—Me alegra que no tengas que irte, Rodrigo.

Se levantó despacio, fue al baño, volvió con el cabello mojado y olor a jabón. Se recostó entre los dos hombres en el sofá grande, una pierna sobre cada uno, y suspiró larga y satisfecha.

—¿Alguien tiene hambre? —preguntó con voz dulce y pícara.

Rodrigo la miró con doble intención.

—Yo tengo mucha hambre. Pero no precisamente de comida.

Sebastián rió bajito y se levantó a buscar el menú del delivery.

—Yo pido la cena. Ustedes van calentando el ambiente.

***

El jueves siguiente, Rodrigo y Sebastián quedaron en un bar discreto del barrio de Palermo. Mesa al fondo, luces bajas, dos vasos de whisky sobre la madera.

Rodrigo iba por el segundo vaso cuando soltó:

—Sebastián… no dejo de pensar en ella.

—Decilo sin filtro —dijo Sebastián, recostándose en la silla—. Me excita escucharlo.

Rodrigo miró alrededor y empezó a hablar sin freno:

—Qué mujer. Esa carita tímida que se vuelve otra cosa cuando la tocás. El cuerpo que tiene. Y vos tan tranquilo mirando, dirigiendo, sin ningún apuro. Había leído sobre este tipo de dinámicas, había fantasiado… pero no imaginé que se sentiría tan intenso. Verla gozar, saber que vos estabas ahí disfrutándolo… me tiene loco todavía. En las reuniones de trabajo ya no me concentro igual.

Sebastián levantó su vaso y chocó con el de Rodrigo.

—Hay una cuarta persona en la ecuación —dijo—. ¿Conocés a Sofía?

Rodrigo levantó las cejas.

—¿La compañera de Valeria? ¿La de los ojos claros?

—La misma. Lleva semanas preguntando qué pasó el viernes que viniste. Valeria le contó algo. Solo algo.

Rodrigo sonrió despacio.

—¿Y quiere jugar?

—Quiere jugar.

***

El viernes siguiente a las ocho de la noche los cuatro estaban en el living. Rodrigo llegó con jeans y camisa oscura. Sofía, compañera de trabajo de Valeria, llegó con una falda corta gris y una blusa blanca semitransparente que dejaba adivinar el corpiño de encaje negro. Valeria traía un vestidito negro corto, sin brasier, los pezones apenas marcándose contra la tela.

Sofía se sentó al lado de Rodrigo y cruzó las piernas para que la falda se le subiera un poco más.

—Valeria me contó todo —dijo con voz dulce y mirada directa—. Dice que sos un amante muy bueno. Y yo tengo mucha curiosidad. ¿Podemos jugar solo un poquito?

Rodrigo miró a Sebastián, que asintió con la sonrisa de siempre.

—Jugá, Rodrigo. Nosotros disfrutamos mirando.

Valeria se acercó por el otro lado, se sentó en el brazo del sillón y le pasó los dedos despacio por el cuello a Rodrigo.

—Dejala explorar. Yo te cuido.

Sofía se levantó y se puso frente a él. Empezó a moverse despacio, solo el ritmo que marcaba su propio cuerpo. Se dio la vuelta un momento, levantó la falda lo justo para mostrar las nalgas redondas cubiertas apenas por una tanga de encaje negro.

—¿Te gusta lo que ves?

—Mucho. Vení acá.

Sofía se sentó a horcajadas sobre Rodrigo sin quitarse la ropa interior, solo rozándose. Empezó a moverse en círculos lentos, frotando su calor húmedo contra la erección de él a través de la tela. Rodrigo le puso las manos en la cintura, subiéndolas hasta agarrarle los pechos por encima de la blusa.

—Qué rica estás, Sofía —murmuró.

Valeria, desde el lado, se inclinó y besó a Rodrigo en la boca, profundo, metiéndole la lengua, mientras Sofía seguía moviéndose encima. La mano de Valeria bajó y acarició el bulto a través del pantalón, guiando el movimiento de Sofía con suavidad.

Sofía se abrió un botón de la blusa.

—Solo roces, ¿eh? Nada más. Por ahora —dijo. Pero su voz ya era completamente otra.

Rodrigo le bajó la blusa por los hombros y le besó el cuello, bajando hasta el borde del corpiño. Sofía arqueó la espalda y soltó un suspiro largo.

—Ay, sí… solo besitos y roces.

Valeria se arrodilló al lado de ellos. Le desabrochó el pantalón a Rodrigo, sacó su verga y empezó a acariciarla despacio mientras Sofía seguía moviéndose encima, la tanga empapada frotándose contra el tronco. Valeria le dio besitos suaves en la punta, rozando apenas con los labios.

—¿Sentís cómo palpita? —le susurró a Sofía.

Sofía se mordió el labio y se frotó con más fuerza.

Rodrigo tenía una mano en el culo de Sofía, apretando, y la otra en el cabello de Valeria mientras ella seguía besando y lamiendo suave. Los tres se movían en un ritmo lento y cargado que no necesitaba prisa para ir a ningún lado.

Duraron así casi veinte minutos: roces, besos, manos por todos lados, sin penetración. Solo juego caliente y controlado. Sofía se vino primero, temblando encima de Rodrigo, mordiéndose el labio para no gritar. Rodrigo soltó un gruñido y se vació en la mano de Valeria, que luego se lamió los dedos mirando a los dos con ojos brillantes.

Sofía bajó despacio y le dio un beso rápido en los labios a Rodrigo.

—Qué rico jueguito, Rodrigo.

Valeria se acercó a Sofía y le dio un beso largo en la boca, sin apuro, compartiendo el sabor.

—Cuando quieras jugar más, ya sabés dónde estamos —le susurró.

Rodrigo se recostó en el sillón con una sonrisa de hombre que no tiene de qué quejarse en la vida.

—Esto recién empieza, ¿verdad?

Sebastián levantó su vaso desde el sillón.

—Quien come en silencio… come más.

Los cuatro se rieron. El aire del living estaba cargado de algo que no tenía nombre pero que todos sentían con claridad. Afuera seguía lloviendo sobre Buenos Aires, y adentro la noche apenas comenzaba a calentarse de verdad.

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4.5 (4)

Comentarios (8)

ElPlayero

jajaja nunca mas voy a ver un partido de futbol de la misma manera. tremendo!!!

PatriciaM

Por favor seguí con esto, quedé con ganas de saber como siguio todo. Tiene para mucho mas!

MaterosBA

Me recordo a una salida con amigos que termino bastante parecido jaja, sin whisky pero con vino tinto. Que tiempos...

FutboleroCBA

Esto esta basado en algo real?? porque suena bastante veridico jajaja

NocheBCN

El detalle de los leggins al principio... sabia yo que el partido iba a durar poco. Muy bien llevado el relato

FEDEGUER

Excelente!!! Corto, directo y muy caliente. Justo lo que queria leer esta tarde

GustoDeLeer

Lo que mas me gusto es el ritmo, como va subiendo la tension sin apuro. Arranque pensando que iba a ser algo comun y me lleve una grata sorpresa. Felicitaciones

Avocado33

Rodrigo es el amigo que todos queriamos tener en el grupo jajaja

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