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Relatos Ardientes

Mi amiga repitió el trío y me lo contó todo

4.5 (6)

Conocía esa mirada desde hacía años. Valentina tenía una forma particular de aparecer cuando algo importante había pasado: llamaba apenas dos veces al timbre, subía las escaleras más despacio de lo normal y cuando entraba, cerraba la puerta con mucho más cuidado del necesario. Siempre lo mismo. Siempre con esa cara.

Esa noche de jueves no fue diferente.

Se sentó en mi cama, cruzó las piernas y dejó el bolso en el suelo. Traía el pelo oscuro recogido en un rodete rápido, una remera gris ajustada y esa mirada que mezclaba vergüenza con excitación, una combinación que yo ya le conocía de memoria. Apenas cerró la puerta, dejó escapar el suspiro que yo ya esperaba.

—Nati… pasó otra vez —dijo.

Me quedé con el vaso de agua a mitad de camino.

—¿Otra vez qué, Val?

—Otro trío. Con Marco. Y con Rodrigo.

Solté el vaso sobre la mesita de noche, me acomodé con las piernas cruzadas frente a ella y le puse mi mejor cara de «contame todo, ahora mismo».

—Arrancá desde el principio —le dije—. Sin saltarte nada.

Valentina se mordió el labio inferior y empezó a hablar.

***

Era una noche normal en el departamento de Marco. Estábamos los dos solos, tirados en la cama después de acostarnos, todavía desnudos y algo sudados. Él me acariciaba el pelo mientras yo tenía la cabeza apoyada en su pecho, mirando el techo sin pensar en nada. De repente, sin ningún aviso, me tiró la pregunta:

—¿Querés repetir con Rodrigo?

Me quedé paralizada. Levanté la cara y lo miré con los ojos muy abiertos.

—¿En serio? —susurré—. Pensé que había sido algo de una sola vez.

Él me sonrió con esa media sonrisa que siempre usaba cuando quería convencerme de algo.

—Fue increíble, Val. Estabas preciosa entre los dos. Y vi cómo te gustaba. ¿No querés volver a sentir eso?

Lo dudé mucho. Me quedé en silencio casi un minuto, mirando hacia abajo. En mi cabeza daban vueltas mil cosas: que no estaba del todo convencida la primera vez, que lo había hecho más por él que por mí, que después me había sentido rara durante días. Pero también recordaba lo excitada que me había puesto cuando me tenían en cuatro, chupando a uno mientras el otro me cogía fuerte por detrás.

—No sé, amor —le respondí, con la voz baja—. Me da vergüenza. Y también miedo. La primera vez fue muy intenso.

Marco me abrazó más fuerte, me besó en la frente y empezó a hablarme bajito, con esa voz que siempre terminaba por convencerme:

—Si no querés, no pasa nada. Pero yo vi tu cara esa noche. Sé lo que sentiste. Si decís que sí, lo organizamos bien, sin apuro. Solo una vez más. Y si en cualquier momento querés parar, paramos.

Me quedé callada otro rato largo. Sentía el estómago revuelto de nervios y, al mismo tiempo, esa calentura traicionera que siempre me aparecía cuando él me hacía este tipo de propuestas. No era solo él el que quería repetir, ese era el problema. Eso era lo que más me costaba admitir.

—Está bien —le dije al final—. Pero solo una vez más.

Sonrió grande, me besó profundo y esa misma noche agarró el teléfono.

***

Entre ellos arreglaron todo por mensaje. Rodrigo respondió enseguida, entusiasmado. Quedaron para el sábado siguiente a la noche, en el departamento de él en Belgrano. El plan era el mismo que la primera vez: tomar algo primero, charlar un rato para bajar la tensión y recién después pasar al cuarto. Sin doble penetración, eso yo ya lo había dejado claro desde el principio. Pero sí todo lo demás.

Llegó el sábado. Me preparé con calma, como si fuera a una cita normal, sabiendo perfectamente que no lo era. Elegí una remera negra ajustada y debajo lencería de encaje oscuro, el pelo suelto y liso, labial nude. Frente al espejo, mientras me terminaba de arreglar, traté de convencerme de que era solo una noche más. No funcionó demasiado. Ya en el ascensor del edificio de Rodrigo, con Marco al lado, sentía esa mezcla exacta de miedo y excitación que me mojaba antes incluso de llegar.

—Esta noche vas a estar increíble —me dijo Marco al oído, antes de que abrieran la puerta.

Rodrigo nos recibió con una sonrisa amplia, como si fuéramos amigos de toda la vida. Ninguna tensión de entrada, ninguna mirada cargada de insinuación. Abrió la puerta en jeans y una camisa oscura, nos hizo pasar al living y señaló la mesa:

—Pedí comida para picar algo. Tengo cerveza fría y gaseosas también. No hay ningún apuro.

Respiré aliviada. Era exactamente lo que necesitaba.

Nos sentamos los tres en el sillón como si fuera una reunión de amigos cualquiera. Marco y Rodrigo hablaban de cualquier cosa, yo picoteaba y tomaba sin decir mucho, dejando que el nudo del estómago se fuera aflojando solo. Rodrigo era tranquilo, simpático, no me miraba con morbo ni con esa expectativa hambrienta que yo temía encontrar. Eso me fue serenando de a poco. Terminamos de comer, limpiamos un poco la mesa y recién ahí el ambiente cambió.

—¿Pasamos al cuarto? —dijo Rodrigo. La voz era más grave, más segura que antes.

Sentí que el corazón me daba un vuelco. Marco me tomó la mano y los tres caminamos hacia el dormitorio.

***

La habitación estaba en penumbra. La cama grande y prolija, todo en orden, todo preparado. Apenas cerramos la puerta, Rodrigo tomó el control con una decisión que la primera vez no había tenido. Se paró frente a mí, me miró fijo y señaló el piso con un gesto seco de cabeza.

—Arrodillate. Empezá por los dos.

Me puse colorada al instante, pero obedecí sin decir una palabra. Me arrodillé en la alfombra. Marco y Rodrigo quedaron de pie frente a mí. Empecé a pasar de uno al otro: primero Marco, despacio, con la boca caliente, después Rodrigo, que tenía una verga más grande que todavía me sorprendía cada vez. Iba y venía entre los dos, babeándolos, usando la lengua como sabía. Los dos me miraban desde arriba respirando más fuerte. Rodrigo me puso una mano firme en la cabeza y guió el ritmo.

—Así. Chupanos a los dos.

Después de un rato, Rodrigo dijo con voz firme:

—Sacate la ropa. Quiero verte en ropa interior mientras seguís.

Me levanté, me saqué la remera y el pantalón. Quedé en el corpiño y la bombacha de encaje oscuros, las manos a los costados, sin saber bien a dónde mirar. Me arrodillé de nuevo y seguí, ahora casi desnuda, con las dos miradas encima de mí.

Los dos hombres se sacaron el resto. Rodrigo señaló la cama.

—Subí al medio.

Me acosté en el centro, de espaldas contra las almohadas. Marco a la derecha, Rodrigo a la izquierda. Empezaron a besarme al mismo tiempo, primero suave, después más profundo. Me besaban la boca, el cuello, mientras me sacaban el corpiño y la bombacha. Mis pechos quedaron libres y ellos los repartieron: uno chupaba un pezón, el otro el otro. Cerré los ojos y dejé de pensar en lo que hacía.

Después se pusieron los preservativos. Primero me penetró Marco, despacio, mientras Rodrigo me besaba y me tocaba. Después cambiaron: Rodrigo me penetró mientras Marco me chupaba los pezones y me besaba en el cuello. Iban alternando, lento pero profundo, sin ningún apuro. Yo estaba en el medio, jadeando, con el pelo desparramado en la almohada, sintiéndome completamente entregada y al mismo tiempo completamente protegida entre los dos.

***

Después de un buen rato, los dos se miraron con esa complicidad que ya conocía de la primera vez.

—¿Probamos la doble? —preguntó Marco, con voz ronca.

Sentí un nudo en la garganta. Asentí despacito. Ya había dejado claro que solo Marco podía hacerme anal, así que nos preparamos de esa manera. Marco se acostó boca arriba en el centro de la cama, ya con el forro puesto. Yo me subí encima de espaldas, apoyé las manos en sus rodillas y bajé muy despacio hasta tenerlo adentro. Empecé a moverme suave, subiendo y bajando. Rodrigo se acercó desde adelante.

Apenas sentí la presión de Rodrigo buscando entrar desde el frente, el cuerpo entero se me tensó. Las piernas me temblaron. Sin querer, me levanté de golpe.

—No… no puedo —murmuré, colorada hasta las orejas—. Me da miedo. Es demasiado.

—Tranquila, Val. No pasa nada —dijo Rodrigo, en voz más baja. Todo su tono había cambiado—. No lo intentamos más.

Respiré hondo y asentí.

Pasamos a otra cosa. Me puse en cuatro en el borde de la cama. Marco se arrodilló detrás y empezó a penetrarme fuerte, agarrándome de las caderas. Al mismo tiempo, Rodrigo se paró adelante y me puso la verga en la boca. Estaba en el medio, recibiendo por atrás y chupando adelante, gimiendo alrededor de Rodrigo, con las manos apoyadas en el colchón para no perder el equilibrio. Después intercambiaron: Rodrigo cogió desde atrás mientras Marco se la hacía chupar. Estaba completamente entregada, babeándome, sin poder controlar los sonidos que salían de mi garganta.

Al final de esa vuelta, los dos se pusieron de pie frente a mí, arrodillada en la alfombra otra vez. Se masturbaron apuntando a mis pechos. Primero Marco, después Rodrigo, más fuerte, cubriéndome. Me quedé quieta mirando hacia abajo, los pechos marcados, todavía jadeando.

***

Descansamos. Tomé agua, me limpié un poco y nos tiramos en la cama sin hablar mucho. Estaba exhausta pero todavía caliente por dentro. La mente se me había apagado del todo, solo quedaba el cuerpo. A los quince minutos los dos volvieron a endurecerse. Me penetraron intercalados otra vez: primero Marco, después Rodrigo, profundo y sin apuro. Hasta que tuve un orgasmo que me dobló entera. El cuerpo se me sacudió, grité y temblé contra las manos que me sostenían. Los dos me sujetaron hasta que me calmé.

Cuando recuperé la respiración, los dos estaban cerca del límite.

—Quiero acabar en tu boca —dijo Rodrigo, con esa voz dominante que había usado toda la noche.

Me arrodillé de nuevo. Rodrigo se corrió en mi boca. No lo tragué, me quedé quieta con todo ahí, mirándolo.

Ahí fue el momento más raro de toda la noche.

Marco se acercó rápido, me agarró la cara con las dos manos y me plantó un beso profundo. Metió la lengua adentro y chupó parte de lo que Rodrigo había dejado directamente de mi boca. El beso fue largo, baboso, con todo mezclado entre nuestras lenguas. Sentí cómo Marco tragaba un poco y seguía besándome, saboreando algo que no era solo mío. Rodrigo miraba desde al lado con una sonrisa satisfecha, sin decir nada.

Cuando Marco se separó, con restos brillantes en los labios, me dijo bajito:

—Abrí la boca otra vez.

Se masturbó los últimos segundos apuntando a mi cara. Chorros que me cayeron en la mejilla, en la nariz, en los labios y un poco en el pelo. Me quedé con la cara marcada, brillante, y la boca todavía con el sabor de todo lo que había pasado en esas horas.

***

Valentina se quedó en silencio cuando terminó de contarme esa parte. Yo la miraba sin decir nada, todavía procesando todo lo que me había dicho.

—Fue raro, Nati —dijo al final, con la voz más tranquila—. Me sentí completamente usada. Pero al mismo tiempo fue la noche más caliente de mi vida. Lo más extraño fue ese beso. No sé bien qué me generó. No sé si me gustó o si me dio cosa. Las dos cosas, creo.

Asentí despacio.

—¿Y cómo quedaron vos y Marco?

Ella miró hacia el costado y se encogió de hombros.

—Esa noche, bien. Después… algo cambió. No sé explicarte qué. Algo.

No me dio más detalles y yo tampoco se los pedí. A veces no hacen falta las palabras para entender lo que pasó entre dos personas.

Unos meses después, casi sin mencionarlo, Valentina me dijo que se habían separado. Nunca me contó las razones, y yo no pregunté. Hay noches que dejan una marca adentro que no siempre se puede nombrar, y mucho menos borrar.

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4.5 (6)

Comentarios (11)

Sergio_BA

Tremendo arranque, me engancho desde la primera linea. Muy bueno!!!

CarlaM77

Y? hay segunda parte o nos quedamos con las ganas jeje. Excelente relato.

LauraM22

Me recordo mucho a una amiga mia que tambien me contaba sus aventuras con todos los detalles jaja. Ese tipo de confianza no tiene precio. Muy bien narrado.

NocteMx

Increible como con tan poco te imaginas todo. Eso es lo que mas me gusto, te deja volar la imaginacion.

PilarGDL

segui escribiendo porfavor!!! me quede con ganas de saber mas

Javier

Uno de los mejores que lei en mucho tiempo. Muchas gracias por compartirlo.

Julieta

La narracion en primera persona le da un realismo que te atrapa. Se siente que te lo estan contando a vos. 10 puntos!

Rokdr

jajaja esa parte donde dice que sabia de que le hablaban... que picardía. muy bueno

Fernanda_sur

Muy realista e intenso. Esperando el proximo!!!

Tomas_MDP

corto pero potente, justo como tiene que ser :)

viciosin

El gancho del principio es tremendo. Ya desde la primera linea uno no puede parar de leer.

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