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Relatos Ardientes

Cuando mi esposo invitó a un extraño a tocarme

Habían pasado varias semanas desde la última vez que vi a Damián. Mi esposo Rodrigo estaba más animado que nunca en ese tiempo, con más energía, mejor humor, y yo pensé que aquella historia que habíamos vivido juntos era suficiente para él. Que la fantasía ya estaba cumplida. Qué equivocada estaba.

Esa noche estábamos en la cama, a punto de dormir, cuando Rodrigo se volvió hacia mí con esa expresión que ya reconocía demasiado bien.

—Oye, hace un tiempo que no sabes nada de Damián. ¿Ya no piensas volver a verlo?

—¿Por qué lo preguntas? —le respondí, aunque en el fondo yo también había pensado en Damián más de lo que me convenía admitir—. Creí que con las dos veces que pasó ya habías cumplido tu fantasía.

—Es que me parece excitante que lo sigas viendo. Que puedas disfrutar con él y después conmigo.

Me quedé en silencio un momento. Era tarde, estaba cansada, pero algo en su voz me despertó por completo.

—Puedo mandarle un mensaje y ver qué dice —respondí al final.

Rodrigo asintió, pero antes de que yo apagara la luz añadió:

—Espera, tengo una idea mejor. ¿Qué tal si le dices que quiero conocerlo? Organizamos algo como una reunión de amigos. Y tú le dices que puede tocarte cuando quiera, como si yo no me enterara. Un secreto entre ustedes dos, mientras yo estoy en la misma habitación.

Lo miré fijamente. La propuesta me sorprendió, pero más me sorprendí yo misma cuando sentí que mis pezones se endurecían bajo la tela del camisón. Rodrigo lo notó al instante. Claro que lo notó.

—Al parecer la idea te ha gustado —dijo con una sonrisa lenta—. ¿Te pone que otro hombre te toque mientras tu esposo no se da cuenta?

—Cállate —le respondí, dándome la vuelta—. Solo me quieres provocar.

—Claro que sí. Pero tú ya has dado una respuesta.

***

Al día siguiente le mandé un mensaje a Damián antes de salir a trabajar. Estuve ocupada toda la mañana y no pude revisar el teléfono hasta que llegué a casa por la tarde. Su respuesta era corta: «Este fin de semana tengo compromiso, pero el siguiente con mucho gusto puedo ir a verte.»

Me decepcionó tener que esperar, pero supe que el tiempo pasaría rápido si seguía pensando en lo que se venía. Le contesté explicándole la situación: que Rodrigo quería conocerlo, que podría tocarme durante la reunión sin que mi esposo «se enterara», y que si lo lograba al final del día me quedaría a solas con él.

Pensé que tardaría en responder. Apagué la pantalla del teléfono y lo dejé sobre la mesa de la cocina, donde mi suegro estaba preparando la cena.

El mensaje llegó casi al instante.

«¿En serio? ¿No hay ninguna regla más que tu esposo no se dé cuenta? ¿Él sabe lo que hay entre nosotros?»

Le aclaré que sí, que Rodrigo estaba al tanto, que no tenía nada que temer. Le prometí que si todo salía bien sería lo que él quisiera.

Y entonces Damián mandó algo más. No un mensaje de texto. Una imagen. Sin ninguna advertencia.

La abrí y la vi. Dura, directa, impresionante. Pasé la lengua por los labios antes de darme cuenta de lo que estaba haciendo. El corazón se me aceleró. Mis pezones se marcaron bajo la blusa de tirantes que llevaba puesta, y lo peor era que no estaba sola.

Mi suegro seguía ahí, de espaldas a mí, removiendo algo en los fogones, ajeno por completo a lo que su nuera acababa de recibir en el teléfono. Guardé el móvil en el bolsillo, pero algo dentro de mí ya había despertado. Ese calor que sube desde el estómago y que no desaparece así nomás.

Miré su espalda un momento. Luego, casi sin pensarlo, me bajé la blusa un poco. Solo lo suficiente para que el escote quedara al límite, mis areolas grandes rozando el borde de la tela.

—¿Le puedo ayudar en algo? —le pregunté, acercándome.

Se giró, y tardó un segundo demasiado largo en mirarme a los ojos.

—Puedes hacer la ensalada mientras termino con el asado —dijo, con la voz ligeramente tensa.

—Claro. ¿Y cómo está la salsa? Espero que esté bien cremosa y llena de sabor. —Lo dije con tono inocente, aunque las palabras eran cualquier cosa menos eso.

Se aclaró la garganta y señaló las verduras ya lavadas sobre la tabla. Me acerqué para tomar el cuchillo, pasando frente a él más cerca de lo necesario, casi rozándolo. Su cara se puso roja, como si fuera un adolescente sin experiencia con las mujeres. Sonreí para mis adentros y decidí parar ahí. Corté las verduras en silencio, la conversación volvió a ser normal, y cuando llegó mi cuñado el momento se disolvió sin dejar rastro.

***

Esa noche, cuando Rodrigo llegó del trabajo, le conté lo de Damián pero no lo de su padre. Él se puso un poco serio al escuchar que tendríamos que esperar otro fin de semana.

—No te preocupes —le dije—. Siempre podemos encontrar otras formas de entretenernos mientras tanto.

Me miró sorprendido. Era la primera vez que yo tomaba la iniciativa de proponer algo.

—¿Qué sugieres? —preguntó.

—No voy a acostarme con nadie. Pero sí puedo seducir. —Rodrigo tiene una imaginación excelente, y al escuchar eso ya tenía un plan formándose en la cabeza.

—Perfecto. Mañana te llevo a comprarte ropa. Algo atrevido, solo para nosotros. Y le pedimos la opinión al encargado. —Se le veía una luz en los ojos que no había visto en mucho tiempo.

—Creo que exageras —dije, aunque contenía la emoción de ser observada por un desconocido.

—¿Exagero? Tus pezones dicen otra cosa.

No le contesté. Me di la vuelta y apagué la luz, pero tardé bastante en dormir.

***

El sábado me vestí con una falda vaquera que me llegaba a tres cuartos de muslo, una blusa azul con un escote que llamaba la atención sin resultar vulgar, y algo de maquillaje ligero. Rodrigo estaba emocionado desde temprano, como si hubiera llegado Navidad.

Fuimos a una ciudad cercana, lo suficientemente lejos del barrio para que nadie nos conociera. Recorrimos un centro comercial largo rato sin encontrar nada lo bastante atrevido, y cuando ya íbamos a rendirnos, Rodrigo señaló un local pequeño, medio escondido entre dos tiendas más grandes.

Empujé la puerta con el corazón acelerado.

El hombre que nos atendió era de mediana edad, con gesto amable y voz tranquila. No supe cómo se llamaba, así que en este relato lo llamaré Lorenzo.

—Buenas, pasen, aquí tenemos de todo. Y si no lo tenemos, lo encontramos. —Ya saben cómo son de amables los dueños de los locales pequeños.

—Mi esposa busca algo especial —dijo Rodrigo, recorriendo las perchas con los ojos.

—¿Qué tipo de ropa buscan? Tenemos deporte, casual, vestidos, faldas, jumpsuits...

—No. Algo para la intimidad. Ya sabe. —Me sorprendí escuchando a Rodrigo hablar de eso como si pidiera el pan de cada día. Lorenzo se quedó un momento desconcertado, pero se recuperó rápido.

—Claro, también tenemos para esas ocasiones. —Fue hacia la parte trasera y volvió con un buen montón de prendas—. Tenemos colegiala, enfermera, princesa atrevida, policía... y si no les convence nada de eso, también hay piezas de encaje de una sola pieza.

Los observé a detalle. Mi corazón se había calmado un poco, pero la excitación seguía creciendo.

—Me gustan estos —dije—. Quiero probarlos.

Había elegido una minifalda de tablas en color frambuesa y un top que cubría apenas lo necesario, casi transparente con la luz directa.

—No siempre los clientes se los quieren probar, pero allá al fondo están los probadores.

Los dos probadores eran improvisados, con cortinas gruesas. Rodrigo me siguió pero se quedó fuera del mío, apoyado contra la pared. Mientras me cambiaba escuché que ya estaba hablando con Lorenzo.

La minifalda me quedaba a mitad de las nalgas. El top se tensó sobre mi pecho más de lo que esperaba, dejando los pezones perfectamente marcados a través de la tela. Me puse las medias blancas que venían incluidas, que llegaban justo hasta la mitad del muslo.

—¿Ya estás lista, amor? —preguntó Rodrigo desde afuera.

Era la señal.

Salí del probador.

Lorenzo abrió la boca. Fue un segundo, no más, pero lo vi. La temperatura del local pareció subir varios grados. Mis pezones respondieron al contacto con el aire.

—Wow, estás increíble —dijo Rodrigo—. Date una vuelta.

Me giré despacio. Las nalgas quedaron expuestas. El local estaba en silencio total.

—¿Estás divina verdad, Lorenzo? ¿Qué te parece?

—Está muy linda. Le queda perfecto. —Mi esposo me tomó de la mano, me acercó a él y me rodeó por la cintura, de modo que mis nalgas quedaron orientadas hacia donde estaba Lorenzo. Entonces sentí la palmada.

—Perdona, amor, había un mosquito. —Dijo con una sonrisa maliciosa mientras yo soltaba un pequeño sonido.

—Me dolió —dije siguiendo el juego.

—Es que era grande. —Hizo una pausa calculada—. Lorenzo, parece que en la otra nalga también hay uno. ¿Puedes matarlo tú?

El silencio duró tres segundos. Lorenzo nos miró a los dos. Rodrigo sostuvo la mirada sin pestañear. Yo me quedé quieta, con la respiración contenida, esperando.

Y entonces sentí la palmada.

—Sí, por esta zona abundan mucho —dijo Lorenzo, con la voz un poco más ronca que antes.

—¿Pero qué culpa tienen mis nalgas? —dije.

—Tienes razón, amor. Cada vez que matemos uno hay que frotar para que no duela tanto. —Rodrigo empezó a acariciarme la nalga derecha, despacio, con la palma completa—. ¿Qué pasa, Lorenzo? ¿No serás un caballero y sobas donde heriste a mi esposa?

Lorenzo puso la mano sobre la nalga izquierda. Los dos me estaban acariciando al mismo tiempo, moviendo los dedos en círculos lentos, apretando con cuidado. Mi respiración se volvió irregular. Cerré los ojos un momento.

Siguieron alternando palmadas y caricias, subiendo el ritmo poco a poco. Cada golpe era un poco más firme, cada caricia duraba un poco más. Yo empezaba a soltar pequeños sonidos que no podía controlar del todo, y mi calentura era ya bastante difícil de disimular.

Rodrigo se detuvo. Dio un paso atrás y miró a Lorenzo.

—Oye, ¿qué te parecen las tetas de mi mujer?

Antes de que yo pudiera reaccionar, Rodrigo me bajó el top. Quedé expuesta de cintura para arriba, frente a los dos hombres, bajo la luz del local.

—Están... están muy bien. Tienes una mujer muy hermosa —dijo Lorenzo, con los ojos abiertos.

—Pues también necesitan algo de atención —dijo Rodrigo, invitándolo sin más.

No tardaron mucho. Rodrigo tomó uno de mis pechos, Lorenzo el otro. Me jalaban los pezones con cuidado al principio, luego con más confianza, como si hubieran llegado a un acuerdo silencioso. Yo ya no pensaba con claridad. El calor entre mis piernas era insoportable, la ropa interior completamente mojada, y aun así me mantenía consciente de que no quería que aquello llegara más lejos.

—Rodrigo —dije al final, entre jadeos—. Tenemos que irnos. Esto me está gustando demasiado.

—¿Estás segura? Estamos disfrutando mucho de ti. —Siguieron tocándome mientras él hablaba, pasando las manos de mis pechos a mis nalgas.

—Justo por eso, amor. Hay que irse ya.

Lorenzo me dio una palmada más, como protesta silenciosa.

—Es una lástima —dijo Rodrigo—. A menos que lo convenzas tú. —Le guiñó el ojo a Lorenzo.

—Oye, pero si lo estamos pasando muy bien los tres —intentó Lorenzo—. Tu marido también quiere quedarse.

Sus palabras me quitaron un poco de calentura y me dejaron la mente más clara.

—No —dije, alejándome hacia el probador—. Ya es suficiente por hoy.

—Lástima, amigo. No la has convencido —dijo Rodrigo con un tono que tenía más admiración que tristeza.

Me cambié en el probador con las manos ligeramente temblorosas. Cuando salí vestida, Lorenzo nos regaló el conjunto completo como señal de agradecimiento. Rodrigo le dio la mano y salimos a la calle.

Yo caminaba con las piernas tensas, la cabeza todavía dando vueltas, consciente de cada centímetro de ropa interior húmeda contra mi piel.

Rodrigo me pasó el brazo por los hombros.

—¿Lo has pasado bien? —preguntó.

Dejé que camináramos media cuadra en silencio antes de responder.

—El fin de semana que viene Damián viene a casa —dije—. Y quiero que todo salga exactamente según tu plan.

Rodrigo sonrió de oreja a oreja, apretó mi hombro, y no dijo nada más. No hacía falta.

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Comentarios (5)

CueroYNoche

Tremendo relato, de los mejores que leí en esta categoría. Gracias!

ValeriaBaires

Por favor que haya una segunda parte, quede con ganas de saber como siguió todo después...

parejaBsAs

Mi pareja y yo lo leimos juntos y nos encantó. Nos recordó a una situación parecida que vivimos hace unos años. Muy bien contado todo, se siente real.

Marcos_76

increible!!!

Bailarina88

Me gustó mucho como describis la dinámica entre los dos, se nota que hay mucha confianza. Buen relato!

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