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Relatos Ardientes

Lo que callé durante catorce meses con él

Me ha costado semanas escribir estas líneas. No sé cómo te llamas y dudo que tú sepas quién soy, pero después de darle mil vueltas decidí mandarte este mensaje. Tengo que advertirte. No sé si me vas a creer, pero la conciencia no me deja dormir y no quiero que pases por lo mismo que yo durante más de catorce meses. Me dejó destrozada, sin autoestima y sin saber para qué me levanto cada mañana.

Hasta hace unas semanas, Adrián —tu novio ahora— era el mío. No sé si llego tarde y ya empezó a usarte, o si todavía no lo ha hecho, pero ten la certeza absoluta de que pronto lo hará. No hablo solo de manipulación: te va a convertir en un juguete y te atrapará en su red de deseo y humillación, igual que hizo conmigo.

Al principio todo era romántico. Me llenaba de atenciones, se desvivía por hacerme feliz. Todavía no nos habíamos acostado, ni siquiera me había tocado, cuando me propuso reservar un fin de semana en un hotelito perdido en la montaña. Le dije que sí. Me preparé para entregarme por primera vez arropada entre sus caricias.

Pero las cosas no fueron como yo imaginaba. Después de una cena a la luz de las velas, subimos a la habitación. Me puse la lencería que había comprado para la ocasión y una bata transparente. Nos besamos frente al ventanal, con la nieve cubriendo el bosque. Mientras él se quitaba la camiseta, dejé caer la bata y le mostré mi cuerpo como nunca lo había hecho con nadie. Me abrazó, me besó despacio, y enseguida sentí cómo sus manos presionaban mis hombros hacia abajo, exigiéndome algo que yo no esperaba.

Intenté resistirme. Busqué sus labios, lo miré desconcertada, pero él insistía empujando con más fuerza. Estaba claro lo que quería. Nunca lo había hecho. Temblaba, estaba confundida, y acabé arrodillándome. No era la noche que tenía en la cabeza, pero lo quería y no tenía experiencia. Tal vez baste con un par de besos, pensé. Se bajó el pantalón y su sexo se alzó frente a mi cara. Solo dijo una frase.

—Pon las manos en la espalda, no dejes de mirarme y abre la boca. Tienes unos labios increíbles. Úsalos.

Estaba paralizada. No podía creer lo que me pasaba. Tendría que haberme levantado, haberle dado una bofetada y haberlo dejado allí plantado. Lo he pensado miles de veces, lo he imaginado una y otra vez, pero lo cierto es que obedecí. Me sujetó la nuca, enredó los dedos en mi melena rubia y marcó el ritmo él mismo. Si apartaba la mirada o movía las manos de la espalda, empujaba más hondo. No le importaban las arcadas ni la tos. Las babas escapaban de mis labios y los sonidos húmedos llenaban la habitación. Yo intentaba mover la lengua, torpe, en un intento desesperado de que aquello terminara cuanto antes.

Noté cómo empezaba a palpitar. Estaba a punto de terminar. No aguanté más y lo empujé con todas mis fuerzas, me repugnaba la idea, pero no conseguí apartarlo. Creo que eso lo excitó todavía más. Se hundió hasta el fondo y se vació en mi boca. No pude evitar tragar mientras lloraba de impotencia, sintiendo cada descarga bajar por mi garganta. Cuando por fin se retiró, fui consciente de mi estado: por la nariz se me escapaba una mezcla de saliva y semen que goteaba sobre mi pecho, manchando el sujetador.

—No ha estado mal para ser la primera vez —dijo, tan tranquilo—. Ve al baño y arréglate. No pretenderás que te haga el amor así. Ah, y limpia esto antes de volver.

En el baño vomité. Eché hasta la cena. Me sentía sucia, usada, y lo peor de todo: estaba excitada. Mi cuerpo me había traicionado. Volví a la habitación y él estaba de pie frente a la ventana, mirando la nieve, con la silueta recortada contra el blanco.

—Sé que estás caliente —dijo sin girarse—. Túmbate y tócate. Cuando te oiga gemir como una buena chica, a lo mejor te hago caso.

Y lo hice. Deslicé la mano entre mis piernas y empecé. Ni siquiera se dignaba a mirarme, y eso, por absurdo que suene, me encendía más. Intentaba reprimir los gemidos mordiéndome el dedo mientras él seguía impasible frente al cristal. Aguanté esperando que se diera la vuelta, pero no pude retener el deseo y me corrí. Cerré los ojos y mi cuerpo se estremeció.

Estaba todavía perdida en el orgasmo cuando, sin tiempo a reaccionar, me giró sobre la cama, me separó las nalgas y me penetró por detrás. Un grito brutal salió de mi garganta. El dolor era insoportable. Me agité, luché por apartarlo, pero me sujetó con fuerza y en un par de embestidas se hundió del todo. Aullaba, jadeaba, le rogaba que parara con los ojos llenos de lágrimas. Me agarró del pelo y me obligó a ponerme a cuatro patas.

Empezó a moverse despacio, arrancándome lamentos. Yo intentaba acoplarme a su ritmo para soportar aquella agonía. Tiraba de mi melena obligándome a arquear la espalda. Y entonces ocurrió lo que más odio: la humillación y el dolor se mezclaron con un placer que no entendía. Sus dedos buscaron mi sexo mientras me embestía, y noté otra ola crecer dentro de mí. Los gemidos de tormento se confundieron con suspiros que no controlaba. Eso lo enloqueció. Me corrí de nuevo, temblando, consumida por algo que no quería sentir, justo cuando él se vació por fin.

***

Esa fue mi primera noche con Adrián. Yo seguía siendo virgen en cierto sentido, porque no me había penetrado de frente, ni lo hizo aquel fin de semana, aunque me destrozó de todas las demás maneras posibles. He querido ser muy gráfica porque necesito que entiendas cómo, poco a poco, me convirtió en una adicta a algo que al principio me daba asco. Hizo conmigo todo lo que quiso, sin importarle si me gustaba o no. Buscaba mi placer solo como medio de alcanzar el suyo. Y cada vez se volvía más oscuro.

Con cada cosa que aceptaba sentía que perdía un pedazo más de mí, hasta que llegó el día en que lo ansiaba. Vivía al filo de una excitación permanente, donde el dolor y la sumisión llevaban al placer y el placer al dolor, sin que existiera ya uno sin el otro. Había noches en las que mi cuerpo decía basta, casi me desmayaba, y él me hacía volver en mí para seguir. Me ataba, me tapaba los ojos, me llenaba de juguetes y me miraba correrme en mitad de un martirio que él controlaba con un mando a distancia.

Escribir esto me duele tanto como entonces, pero también me excita, y eso es lo que más detesto de todo. Fueron tantas las barbaridades que dejé que me hiciera que ya no era yo misma. Una cena fuera, una obra de teatro, un simple paseo: cualquier salida podía convertirse en la excusa para usarme. Siempre había un baño, un rincón oscuro, un vestidor. Aprendí a tragar sin babear y casi sin arcadas para que mi ropa no quedara manchada. Dejé de llevar ropa interior, dispuesta siempre a lo que él decidiera. Pero nunca tenía suficiente.

No supe cortar a tiempo y acabé mudándome a su casa. Dejé de buscar trabajo. Me convertí, sin darme cuenta, en su esclava. Hace unos meses empezó a compartirme con sus amigos. La primera vez yo estaba sobre él, montándolo, cuando tiró de la cadena que sujetaba las pinzas de mis pezones y me obligó a recostarme contra su pecho mientras un orgasmo me recorría. Entonces alguien a quien no veía me penetró por detrás. Intenté incorporarme, pero las pinzas me lo impedían, y solo pude resoplar mientras los dos se movían dentro de mí a la vez.

—Te dije que mi chica era especial —le oí decir a Adrián—. ¿Has visto cómo le gusta?

El desconocido llevaba una máscara. Cuando terminó, Adrián me sujetó la cabeza y me obligó a limpiarlo con la boca. Comprobé que su sabor era distinto, igual de amargo, pero distinto. Aquella noche la orgía siguió durante horas. Me penetraron de pie, a cuatro patas, mientras uno me llenaba la boca el otro se movía detrás. Reconozco que me corrí varias veces, pero solo cuando ellos querían, lo que parecía excitarlos todavía más. Yo era apenas el instrumento de su placer.

Pronto venían tres o cuatro a la vez, y yo tenía que satisfacerlos a todos. Me inundaban, y mi paladar aprendió a distinguirlos: era casi la única manera que tenía de identificarlos, porque a ellos las máscaras les resultaban incómodas y terminaron poniéndomela a mí, cubriéndome la cara entera, con una sola abertura.

Había tocado fondo. Cuando salía a la calle y notaba que un hombre me miraba, pensaba que tal vez me había usado, que tal vez su sabor estaba archivado en algún rincón de mi memoria. Ya no era solo su esclava: era alguien a quien él prestaba a quien quería, a veces sin estar siquiera presente. Hasta que algo se rompió por fin dentro de mí y me marché.

Sé que tiene grabados muchos de aquellos abusos. Lo sé porque a la mujer que estuvo antes que yo, Lucía, la vi en algunos de los vídeos que me ponía «para enseñarme». Seguro que en alguno de los que a ti te muestre estaré yo. Sé también que hay material de Lucía circulando por internet. Es una chica morena, de ojos verdes enormes, muy guapa. Y sé que, por despecho, lo mío acabará también en la red. Yo seré la rubia de ojos claros. No podré evitarlo. No le hice caso a Lucía cuando me advirtió, y no sabes cómo me arrepiento. He tenido que cambiar de país, de aspecto, de trabajo. Ni siquiera me llamo igual. Creía haber borrado de mi mente esos catorce meses, pero al verte en sus fotos la conciencia no me dejó dormir.

He abierto una puerta que pensaba cerrada y los recuerdos han vuelto sin control. Te he abierto el alma y no he podido evitar plasmar aquí lo que viví. Sonidos, sabores, imágenes, sensaciones que no sabía que seguían dentro de mí han guiado mis dedos sobre el teclado mientras las lágrimas mojaban la mesa. No he cambiado tanto como creía: las heridas del pasado todavía clavan sus uñas en mis entrañas. Tengo que volver a encerrar a mis demonios antes de que me devoren. No volveré a escribirte, no podría soportarlo.

Solo te pido una cosa: huye mientras todavía seas tú misma. Buena suerte.

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Comentarios (5)

Oscuro_lector

Increible como te metio en la historia desde las primeras lineas. Tremendo relato.

NadiaVR

Por favor necesito la segunda parte, no me puedo quedar asi!!!

Viajero_del_sur

El titulo me llamo la atencion y la historia no decepciono para nada. Muy bien contado, se siente real.

SabrinaLec

Me dejo pensando un rato largo despues de terminarlo. Eso no pasa seguido con los relatos de aca.

Emilio_BA

excelente!!!

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