El desconocido que escribía sobre mí en el café
Llevaba meses viéndolo escribir en la misma mesa, mirándome de reojo. Hasta que olvidó una hoja y descubrí, palabra por palabra, lo que imaginaba conmigo.
Llevaba meses viéndolo escribir en la misma mesa, mirándome de reojo. Hasta que olvidó una hoja y descubrí, palabra por palabra, lo que imaginaba conmigo.
Le habían hablado de un negocio con un catálogo enorme, donde podías elegir a la persona exacta que querías poseer. Adriano cruzó la puerta sin un solo nervio.
Me ataron desnuda sobre una mesa y me retaron a una prueba de tiro imposible. No sabía que mi salvación llegaría de la mano de la cazadora más fría del campamento.
Sabía que iban a hacerme lo mismo que a ellos. Lo que no sabían era que mi rendición era la última pieza que el ritual necesitaba para despertar.
Lo toqué solo un instante y la suavidad del encaje despertó algo dormido. Esa noche soñé que me lo ponía, y supe que tarde o temprano volvería a por él.