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Relatos Ardientes

El chico que conocí por la app no vivía solo

Por aquel entonces yo vivía en una ciudad portuaria del Golfo, una de esas urbes donde el calor pega como una mano abierta y los barrios de obreros se llenan de hombres que dejaron su país buscando trabajo. Llevaba meses solo, sin nadie con quien compartir más que el silencio del aire acondicionado, y las noches se me hacían largas.

Una tarde, casi por aburrimiento, abrí una de esas aplicaciones donde uno encuentra lo que busca sin demasiadas vueltas. Entre decenas de perfiles apareció el suyo: se hacía llamar Karim, decía tener veintitrés años, y en la foto se le veía delgado, con el pelo largo recogido y unos ojos oscuros que parecían sonreír por su cuenta.

Empezamos a escribirnos esa misma noche. Primero frases sueltas, luego fotos, después la pregunta inevitable.

—¿Dónde podemos vernos? —escribió.

Quería venir a mi apartamento, pero en mi edificio había un guardia en la entrada que anotaba a cualquier visitante, y un chico como él no habría pasado del vestíbulo. Se lo expliqué. Él tampoco lo tenía fácil: compartía piso con varios compañeros, hombres que entraban y salían a horas imposibles.

Estuvimos negociando casi una semana hasta que una mañana me escribió temprano.

—Hoy es el día. Solo queda uno en casa, los demás están en la obra. Ven ahora.

No me lo pensé demasiado. Pedí un taxi, le mandé que esperara mi mensaje y me dejé llevar hasta la dirección que me había pasado. Era una zona de calles estrechas y edificios bajos, ropa tendida en cada ventana, olor a especias y a polvo. Karim me esperaba en la esquina, con una camiseta vieja y unas chanclas, más bajito de lo que imaginaba pero igual de guapo que en las fotos.

—Ven, rápido —dijo, y me guió entre los portales sin soltarme la mirada.

Subimos a un segundo piso por una escalera sin barandilla. La puerta daba directamente a una habitación grande, casi vacía, con doce colchonetas tiradas en el suelo, cada una con su manta doblada a los pies. Olía a ropa limpia y a algo más humano, a cuerpos que dormían amontonados cada noche.

En una de las colchonetas estaba tumbado otro hombre, sin camiseta, con una barba de dos días y el torso brillante por el calor. Tendría unos veintiséis. Me miró de arriba abajo sin disimulo y le preguntó algo a Karim en su idioma. Karim contestó en voz baja. El otro se incorporó despacio, se puso una camiseta, me dedicó media sonrisa y salió del piso sin decir palabra.

Karim cerró la puerta de la casa con llave, volvió a la habitación y echó también el pestillo de aquel cuarto. Nos quedamos solos, el ruido de la calle filtrándose por una ventana entreabierta.

—Por fin —murmuró, y se acercó.

Me besó sin prisa, abrazándome tan fuerte contra su cuerpo que noté enseguida cómo se le endurecía bajo el pantalón. Le pasé la mano por el cuello, después por la espalda, y empecé a besarle la garganta mientras su respiración se entrecortaba. Tenía la piel caliente, casi febril.

Me quitó la camiseta de un tirón y bajó la boca a mis pezones. Los lamía despacio, mirándome de reojo para comprobar si me gustaba. Le agarré la cabeza y lo apreté contra el pecho; entendió el gesto y mordió un poco más fuerte, justo como yo quería.

Le saqué la camiseta a él también. Se desató el pantalón de chándal y se lo bajó de golpe: no llevaba nada debajo. Era delgado pero fibroso, con un torso de vello fino que se interrumpía de pronto, depilado del ombligo hacia abajo. La tenía circuncidada, no muy grande, dura como una piedra. La sujeté con la mano mientras seguíamos besándonos, y él aprovechó para abrirme las nalgas y tantear con un dedo.

Acabé quitándome yo también el pantalón y nos dejamos caer sobre una de las colchonetas, enredados, sin dejar de buscarnos la boca.

Fui bajando despacio por su cuerpo. Le besé el cuello, le mordí los bíceps, le pasé la lengua por las axilas también depiladas, que olían apenas a sudor fresco, sin rastro de desodorante. Me detuve un instante en su ombligo y seguí hasta el pubis liso.

Su polla pedía atención, con un hilo brillante asomando, pero me entretuve primero en sus testículos. Al pasar la lengua soltó un suspiro largo. Los ensalivé bien, masajeándolos con la mano, y solo entonces empecé a recorrerlo de abajo arriba. Su respiración iba subiendo de tono con cada lametón.

Limpié con la lengua lo que se le escapaba y me lo metí en la boca, despacio. Gemía tanto que temí que terminara enseguida, así que volví a subir hasta su cara para besarlo y darle un respiro. Le ofrecí mi pezón, y mientras me lo lamía me acariciaba el otro con una mano y el culo con la otra.

Me di la vuelta, le senté la cara entre mis nalgas y volví a su polla. Era evidente que no tenía mucha práctica comiendo culo; no lo hacía mal, pero le faltaba seguridad. No me importó. Me incorporé, lo besé otra vez y me senté a horcajadas sobre él, dejando su erección encajada entre mis nalgas. Se movía despacio, disfrutando del roce, y yo empujaba hacia atrás para que la punta golpeara justo en la entrada.

—Espera —dije, y me ensalivé los dedos.

Lubriqué bien la entrada con saliva, él me ayudó haciendo lo mismo, y le mojé también la polla antes de empezar a dejarme caer poco a poco. Entró centímetro a centímetro mientras yo subía y bajaba, dibujando círculos con la cadera. Su cara era de placer puro.

—Voy a acabar —jadeó al cabo de un rato.

La saqué a tiempo. Me estaba gustando demasiado como para dejar que terminara tan pronto. Me tumbé a su lado, me pasó el brazo por encima del hombro y seguimos besándonos un buen rato, su erección todavía firme rozándome la cadera.

—Date la vuelta —susurró.

Me puse boca abajo. Se sentó sobre mi espalda, me besó la nuca, me amasó los hombros y fue descendiendo con la boca por la columna. Esta vez, cuando me abrió las nalgas y se hundió a comerme, lo hizo mejor; yo lo guiaba con los gemidos para que supiera dónde insistir.

Escupió un par de veces, se escupió en la polla y comenzó a entrar de nuevo, ahora con más decisión. Yo le agarraba las caderas para que se hundiera hasta el fondo. Empezó a embestir más fuerte y, a los pocos minutos, lo oí jadear pegado a mi oreja antes de desplomarse sobre mi espalda, todavía dentro de mí. Apreté las piernas para retenerlo hasta que la polla se le fue ablandando y salió acompañada de un chorro tibio.

Nos levantamos. Me pasó una toalla, se limpió, y empezó a vestirse. Yo hice lo mismo. Me miró desconcertado mientras me abrochaba el pantalón.

—¿Por qué te vistes?

—Ya terminamos —respondí.

—Mi amigo también quiere pasarlo bien. Por eso se fue, para dejarnos solos.

Me quedé un segundo callado, recordando la sonrisa de aquel hombre de la barba.

—Vale —dije—. Dile que venga.

***

Karim abrió la puerta de la casa y su compañero estaba sentado en el rellano, paciente, esperando. Le dio la llave para que cerrásemos por dentro y entró. Volvimos a la habitación, echamos el pestillo y, antes de que pudiera decir nada, se lanzó a abrazarme. Me besó en la mejilla; yo le devolví el beso en los labios.

Karim había sido guapo, pero este lo era todavía más. Nos tumbamos en su colchoneta, enredados. Me acariciaba la cara mientras yo le metía la mano bajo la camiseta y le recorría el pecho cubierto de vello. La tenía dura desde antes, seguramente de imaginar lo que iba a hacer durante toda la espera.

Me quitó la camiseta y vio las marcas que su amigo me había dejado en los pezones. Pasó la lengua por ellas y yo le sujeté la cabeza; me los lamía despacio, mordiéndolos de vez en cuando hasta hacerme gemir. Nos pusimos de pie solo para terminar de desnudarnos sin dejar de besarnos.

Se bajó el pantalón y tampoco llevaba nada debajo. La tenía algo más larga que Karim, y bastante más gruesa. Su cuerpo era igual de peludo que el de su amigo, pero también depilado del ombligo a medio muslo. Las axilas rasuradas, con un olor a sudor un poco más intenso después de media hora esperando bajo el sol.

Volvimos a la colchoneta. Le levanté el brazo por encima de la cabeza y hundí la nariz en su axila; su olor me encendía de un modo que no podía explicar. Le pasé la lengua hasta dejársela limpia, y él, encantado, se puso la otra mano tras la nuca para ofrecerme el otro lado. Solo con eso estaba a punto de correrme.

Bajé directo a su polla. No quise demorarme: me la metí entera en la boca hasta que la barbilla chocó con sus testículos. El gemido que soltó debió de oírse en la calle. Se la trabajé con calma, hundiéndola de vez en cuando hasta el fondo de la garganta. A él le gustaba, pero a mí me gustaba todavía más.

No quería que terminara en mi boca. La tenía bien lubricada con mi saliva, así que mojé un dedo y preparé de nuevo mi culo, todavía abierto y húmedo de lo anterior. Me senté sobre él. Costó un poco al principio, por el grosor, pero entró. Apoyé las manos en su pecho mientras él me acariciaba los pezones con una mano y, con la otra, me sujetaba contra su cuerpo.

La excitación me dominaba. Quería verle la cara cuando se dejara ir. Empecé a moverme cada vez más rápido, apretando para exprimirlo. Su respiración se cortaba a saltos, y su gesto de placer me hacía cabalgar más fuerte.

—Si sigues así no aguanto —murmuró.

Era justo lo que yo quería. Se acompasó a mi ritmo y, al poco, soltó un bufido seguido de un gemido largo. Intentó incorporarse para besarme y me acerqué a darle ese beso con su polla todavía dentro.

Me tumbé a su lado. Me acariciaba el culo mientras me ayudaba con la mano, y yo, demasiado caliente después de las dos folladas, no aguanté mucho. Me corrí sobre su abdomen peludo. Él esparció mi semen por su piel y se lamió los dedos sin apartar la mirada.

Nos vestimos en silencio, todavía con la respiración agitada, y nos despedimos con un último beso.

Al salir, Karim seguía sentado en la puerta, esperando su turno otra vez. Quería repetir, pero yo ya estaba vacío y, en el fondo, sabía que con su amigo lo había pasado mucho mejor. Me despedí de los dos con una sonrisa y bajé las escaleras hacia la calle ardiente.

Aquella fue la primera vez que quedé con uno de ellos, pero no la última. Poco a poco iría conociendo a los demás compañeros de aquel piso, y cada uno me dejaría una historia distinta marcada en la piel.

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Comentarios (4)

Toni_rdz

que relato!!! me dejaste con la boca abierta jajaja

GaboMza_lect

Esperaba el twist del final pero igual me sorprendio. Saludos y seguí escribiendo

Lector_Rk

la descripcion del cuarto al entrar... genial como generaste la tension antes de que pase todo. muy bueno

HectorRosario

Dios mio que mañana la del protagonista jajaja. Me encanto como lo narraste, muy natural todo. Pide segunda parte si o si

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