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Relatos Ardientes

La trans de la fiesta me llevó hasta su cama

La conocí en el cumpleaños de Rodrigo, un compañero de la agencia. La fiesta era en un bar reservado para el grupo, con luces bajas y música que obligaba a hablar muy cerca del oído. Apenas crucé la puerta la vi, y ya no pude mirar a nadie más.

Se llamaba Daniela. Era alta, delgada, con el pelo negro tan largo que le caía hasta la mitad de la espalda y hacía que su piel pareciera todavía más blanca. Llevaba una falda corta que dejaba a la vista unas piernas interminables, y cuando se giró para saludar a alguien noté el trasero pequeño y respingón que terminaba esas piernas. Tragué saliva.

Llevaba meses encerrado en mi departamento masturbándome con videos de chicas trans. Era lo único que se me venía a la cabeza últimamente, y nunca me había atrevido a buscar a una de verdad. Y de pronto la tenía a tres metros, riéndose de algo que le decía Rodrigo, con una copa en la mano y los ojos buscando los míos cada tanto.

Me acerqué con cualquier excusa. Bastó eso. Estuvimos bebiendo y conversando casi toda la noche, y desde la primera frase hubo algo entre los dos, una corriente que ninguno de los dos nombraba pero que estaba ahí, calentándose copa a copa.

—¿Y tú a qué te dedicas? —me preguntó, jugando con la pajita.

—Diseño. Cosas aburridas en una pantalla todo el día.

—No pareces aburrido —dijo, y se mordió el labio mirándome.

Cuando la fiesta empezaba a vaciarse, Rodrigo se me acercó con cara de favor pendiente. Me pidió si podía dejar a un par de personas en sus casas, que me quedaban de camino. Entre esas personas estaba Daniela. Asentí intentando parecer indiferente, pero por dentro estaba a mil: nervioso, ansioso, caliente, y con la sospecha cada vez más fuerte de que ella sentía exactamente lo mismo.

Dejamos al último de los pasajeros y nos quedamos solos en el auto. El silencio duró apenas unos segundos.

—Al fin —dijo ella, estirándose en el asiento.

—¿Al fin qué? —pregunté, con el corazón en la garganta.

—Al fin puedo fumar —respondió, sacando un cigarrillo y sonriendo de costado.

—Por supuesto —dije, demasiado rápido—. Tú dime por dónde voy.

Bajó la ventanilla y encendió el cigarrillo. A los pocos metros se acercó a mi cuello y empezó a pasarme la lengua por el borde de la oreja, despacio, mientras con la mano me acariciaba por encima del pantalón. Apreté el volante.

—Me di cuenta de cómo me mirabas toda la noche —me susurró—. Aquí, a la derecha.

Me iba dando indicaciones entre besos en el cuello, sin dejar de tocarme. Yo manejaba como podía, con la respiración entrecortada y la entrepierna a punto de reventar.

—Esta es mi casa, amor. ¿Quieres subir?

Por toda respuesta frené, me giré y la besé con todas las ganas que llevaba acumuladas. Ella me devolvió el beso clavándome las uñas en la nuca.

***

Subimos a su departamento riéndonos, tropezando, con el alcohol haciendo lo suyo. Nos besábamos contra la pared del pasillo, contra la puerta del ascensor, contra el marco de su puerta mientras ella buscaba las llaves a tientas. Yo le tomaba los pechos pequeños por encima de la blusa y ella no soltaba mi bragueta.

Apenas entramos, el beso se volvió otra cosa. Le metí las dos manos por debajo de la falda y le agarré las nalgas. Siempre me han vuelto loco los traseros, y el de Daniela era perfecto, firme y tibio bajo mis palmas. Ella, sin perder un segundo, me desabrochó el pantalón. Cuando me bajó la ropa interior, mi verga salió disparada hacia arriba.

Se separó un poco para mirarla. Me miró a mí, a los ojos, y volvió a la verga, y me regaló una sonrisa lenta antes de empezar a masturbarme. Era uno de los momentos más calientes que había vivido. Me sacó la camisa, los zapatos, todo, hasta dejarme completamente desnudo en medio de su living mientras ella seguía vestida, masturbándome sin prisa.

Entonces me tomó de la verga como si fuera una correa y me guió hasta la sala. Yo la seguí dócil, muerto de risa y de excitación. Me dejó caer en un sillón, fue hasta el refrigerador y volvió con dos cervezas. Me pasó una. Yo me senté con la confianza de quien ya sabe cómo va a terminar la noche y bebí un trago largo.

—Quédate ahí —me dijo.

Puso música, algo lento, y empezó a desnudarse para mí. Era la fantasía exacta que había imaginado tantas veces frente a la pantalla, solo que respiraba y me miraba. Se quitó primero la blusa, dejándome ver sus pechos pequeños y los pezones duros, parados. Yo me masturbaba despacio, sin dejar de mirarla, dándole sorbos a la cerveza.

Después tomó la falda con sus dedos delgados y la bajó junto con la ropa interior de un solo movimiento. Frente a mí quedó un culo pequeño y blanco y, colgando entre esas piernas larguísimas, una verga larga y gruesa. Se me cortó la respiración.

Se movía al ritmo de la música, tocándose, bebiendo de su cerveza, mirándome con una seguridad que solo da la experiencia. Sabía perfectamente lo que estaba haciendo y el efecto que provocaba. Se fue acercando lentamente hasta quedar de pie entre mis rodillas. Estiré una mano y le tomé la verga; con la otra seguía con la mía.

—¿Te gusta? —preguntó.

—Me encanta —dije—. ¿Te la puedo chupar?

—Es toda tuya.

Me incliné y me la metí en la boca. Era la primera vez en mi vida que tenía un pene entre los labios. Reconozco que los primeros segundos fueron extraños, una mezcla de nervios y de no saber bien qué hacer. Pero a los pocos minutos algo se acomodó dentro de mí y se volvió tremendamente placentero, sobre todo cuando la verga de Daniela se fue endureciendo del todo dentro de mi boca.

Verla ahí parada, completamente desnuda, bebiendo cerveza y gimiendo bajito mientras yo se la mamaba, me tenía al borde. La saliva me corría por la barbilla y no me importaba nada.

De pronto sacó la verga de mi boca y se puso en cuatro patas sobre la alfombra. No hizo falta que dijera nada. Me arrodillé detrás de ella y le pasé la lengua por las nalgas pequeñas, subiendo y bajando, desde abajo hasta el culito, mientras le sujetaba esos cachetes blancos con las dos manos. Le di unas palmadas suaves y le metí un dedo despacio. Daniela gemía sin control y me pedía, entre jadeos, que se la metiera de una vez.

***

La hice girar, la tomé del pelo y le metí la verga en la boca. Todavía recuerdo cómo me miraba desde abajo, con el maquillaje corrido y los ojos brillantes, tragándomela entera. Era una experta y disfrutaba siéndolo. Cuando ya no aguanté más, la giré de nuevo, me coloqué detrás y empecé a frotar mi verga entre sus nalgas, dándole palmadas, restregándome contra su entrada.

—Métemela, por favor —pidió, arqueando la espalda.

No me lo hizo repetir. Le di una buena lamida para dejarla bien húmeda y empecé a entrar de a poco. Fue una de las mejores sensaciones de toda mi vida sexual. El culito apretado, las piernas largas, esa verga colgando: para mí, en ese momento, era la mujer perfecta. Sentí cómo me iba abrazando a medida que entraba, y cuando llegué hasta el fondo soltó un gemido pequeño, de pura satisfacción.

Me hundí completo y empecé a moverme despacio, hasta acostarme casi por entero sobre su espalda. Con una mano le sujetaba la cintura y con la otra le tomé la verga, masturbándola al mismo ritmo en que entraba y salía de ella. Daniela gemía y movía las caderas hacia atrás, buscándome, descontrolada.

La tomé de la cintura, la giré otra vez y la acosté boca arriba en el sillón. Sus piernas largas y blancas apuntaban al techo. Antes de seguir, me agaché y se la mamé de nuevo, con ganas, para luego abrirle bien las piernas y entrar de una sola vez. Esa imagen no se me va a borrar nunca: Daniela con las piernas abiertas al máximo, una mano masturbándose y la otra apretándose un pecho, mirándome mientras yo la embestía.

Le daba fuerte, sacándola casi entera para volver a hundirla de golpe. Su entrada ya estaba completamente abierta para mí, y yo lo agradecía porque podía moverme a gusto, profundo, sin resistencia. En un momento se la saqué y me senté a un costado, agitado. Ella reaccionó al instante: se inclinó y se puso a mamármela otra vez, lamiéndome de arriba abajo, jugando con todo, mientras me miraba para asegurarse de que yo no le quitaba los ojos de encima.

Después de un rato así, subió por mi cuerpo a besos y me besó en la boca. Nuestras vergas se rozaban; ella las tomó las dos con una mano y las masturbó juntas, despacio, sin dejar de besarme. Sentir su lengua y su verga contra la mía al mismo tiempo me tenía completamente ido.

Entonces apoyó los dos pies en el sillón, se acomodó sobre mí y se sentó en mi verga. Todavía me masturbo pensando en ese sube y baja. Saltaba sobre mí como desesperada, masturbándose, y de pronto se la hundía toda y empezaba a hacer círculos con las caderas, con toda mi verga adentro. Me metió dos dedos en la boca para que se los chupara mientras con la otra mano se daba placer. Subió el ritmo, gimió mucho más fuerte que antes y me lanzó un chorro caliente sobre el pecho y el vientre.

Se dejó caer a un lado, temblando, pero yo no la dejé descansar. La tomé de la cintura, la giré boca abajo sobre el sillón y volví a entrar con un mete y saca firme, cada vez más rápido. Ella gemía pidiéndome que acabara dentro de ella. Le clavé las manos en la cintura y le di con todo hasta que exploté en lo más profundo de su culito. Se la dejé enterrada, sin moverme, para que no se escapara ni una gota, hasta que ya no di más y me derrumbé a su lado, exhausto.

***

Nos quedamos un buen rato así, desnudos en el sillón, pasándonos lo que quedaba de cerveza tibia y riéndonos de la nada, con la respiración todavía agitada. Ella me acariciaba el pecho con esos dedos delgados, y yo le seguía mirando las piernas como si no me cansara nunca.

Daniela fue la primera chica trans con la que estuve, pero no la última. De ahí en adelante hubo varias más, encuentros de todo tipo, algunos incluso con más de una a la vez. Pero ella, de un modo u otro, siempre terminaba apareciendo en mi cabeza. Esas piernas largas y blancas marcaron un antes y un después, y todavía hoy, cuando cierro los ojos, vuelvo a esa noche y a su departamento.

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Comentarios (6)

Santi_MX

que relato!!! me atrapó desde la primera linea. Muy bien contado.

lectornocturna22

Por favor una segunda parte, quedé con tantas ganas de saber mas. Me dejaste con el corazón acelerado jajaja

TomásNoc

me recordo a una noche similar que tuve hace tiempo. Esas miradas que lo dicen todo sin palabras... increible como lo capturaste

RuizLector

¿esto es basado en algo real? se siente muy autentico, muy bien escrito

MarianaG_77

Ufff tremendo!!! Sigue asi

DiegoSR92

Lo que mas me gusto fue como construiste la tension desde el principio. Se hace corto, queremos mas :)

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