Saltar al contenido
Relatos Ardientes

Me arreglé entera y esperé a mi hombre en tacones

Hola, soy Camila, y esta es la primera vez que me animo a contar algo tan mío. Quiero que sepan cómo es estar con mi hombre, con Damián, cuando la casa se queda en silencio y la noche es solo nuestra. Cómo terminé con él es otra historia, una que prometo contarles pronto. Esta empieza más tarde, frente al espejo, cuando ya no podía pensar en otra cosa que no fuera él.

Llevaba toda la tarde inquieta. El cuerpo me pedía cosas que ninguna palabra alcanza a decir. Tenía la boca caliente, las ganas trepándome por la piel, una urgencia que me hacía cerrar los ojos cada vez que imaginaba el peso de él contra mí. No era solo deseo. Era una especie de hambre que solo Damián sabía calmar.

Me preparé despacio, como me gusta, alargando cada gesto para que la espera también fuera placer. Elegí unas bragas negras de encaje, de las que él dice que le vuelven loco. Me puse unas medias blancas de red que me apretaban los muslos, un vestido corto y blanco que apenas me cubría, y unas zapatillas rojas de tacón altísimo. Cuando me las calcé y me miré, supe que esa noche iba a ser distinta.

Perfumé cada rincón de mi cuerpo con cuidado, sin apuro. Me retoqué el maquillaje frente al espejo del baño, repasé el labial rojo hasta que mis labios quedaron carnosos y brillantes, exactamente como yo quería que él los viera. Me observé de cuerpo entero, giré despacio, y por un instante me gustó lo que vi. Estaba lista. Lista para mi hombre.

Salí del baño con paso firme. Los tacones resonaban contra el piso del departamento, un golpe seco y rítmico que anunciaba mi llegada. Damián estaba en el living, y en cuanto levantó la vista me devoró con los ojos. No dijo nada. No hacía falta. Esa mirada me recorrió entera y me dejó temblando.

Corrí hacia él y lo rodeé con los brazos. Nos fundimos en un beso largo, profundo, de esos que te roban el aire. Su lengua buscaba la mía mientras sus manos bajaban hasta mis nalgas y me apretaban con fuerza, pegándome contra su cuerpo. Sentí su bulto endurecido contra mi vientre, y solo eso bastó para que un escalofrío me recorriera la espalda.

—Te extrañé —me susurró contra el cuello.

—Demostrámelo —le respondí, mordiéndome el labio.

Me subió el vestido sin dejar de besarme. Su mano se coló por debajo de las bragas y volvió a apretar, esta vez más fuerte, más posesivo. Yo respondía con la misma intensidad, clavándole las uñas en la espalda. De pronto el beso se suavizó. Empezó a pasear la lengua tiernamente por mis labios, casi con dulzura, mientras su dedo índice bajaba lento y buscaba el centro de mi cuerpo. Cuando lo encontró y empezó a masajearlo con suavidad, una descarga de placer me dobló las rodillas.

No iba a aguantar mucho así.

Con ansias llevé mi mano a su entrepierna. Lo sentí completo por encima del pantalón, duro, palpitando contra la tela. Le solté el cinturón con dedos torpes, le bajé el cierre y metí la mano. Cuando sentí cada vena bajo la palma, mi cabeza dejó de funcionar. Solo podía pensar en una cosa: tenerlo entero dentro de mi boca.

Me fui bajando poco a poco. Le besé el cuello, el pecho, le di una pequeña mordida en el pezón que lo hizo gemir, y seguí descendiendo hasta quedar de rodillas frente a él. Lo tenía ahí, justo enfrente, esperándome.

Lo acaricié con cariño, embelesada, saboreando la espera tanto como el momento. Acerqué la boca despacio y empecé con besos pequeños: en la punta, en el medio, más abajo, sin prisa, disfrutando cada centímetro. Cuando ya no pude más, me lo metí entero. Levanté la vista y la clavé en sus ojos, con esa mirada que él sabe leer perfecto, la de una mujer que no piensa parar.

Damián colocó la mano detrás de mi nuca. Me empujó con firmeza, llevándome hasta el fondo, embistiendo una y otra vez. Sentía que me faltaba el aire, pero estaba gozando como pocas veces. Cuando paró y dejó que lo sacara, largos hilos de saliva me caían por la barbilla. Me los limpié con el dorso de la mano y volví a empezar, esta vez más calmada, lamiendo despacio, tragándome cada gota de su sabor.

—Así, mi amor, justo así —murmuraba él, con la voz quebrada.

Estuve unos minutos más, perdida en eso, hasta que de golpe me tomó de los brazos y me levantó. Soy menudita, así que me cargó sin esfuerzo, como si no pesara nada. Me llevó al dormitorio y, sin delicadeza, me tiró sobre la cama. Me acomodó en cuatro, boca abajo, con las caderas en alto.

Se acercó por detrás. Empezó a pasarme la verga por las nalgas, rozándome, presionando apenas, jugando con mi paciencia hasta que sentí que me derretía. Yo le supliqué. Necesitaba sentirlo dentro, ya no aguantaba la espera.

—Por favor —gemí—, ya no juegues conmigo.

—Ahora te voy a reventar, preciosa —me respondió, abriéndome con las manos.

Empezó a entrar despacio, centímetro a centímetro. El placer y el ardor se mezclaban en una misma punzada que me robaba la voz.

—Ay, despacio, mi amor, que me duele —jadeé, agarrando las sábanas.

—Tranquila, así, dejame entrar —dijo, sin apuro.

—Sí, así, entrá despacio —le pedí, ya entregada del todo.

Y de pronto embistió con todo. Vi estrellas, una mezcla brutal de dolor y placer que me arrancó un grito. Empezó a sacarla y meterla, marcando un ritmo cada vez más firme. Yo apretaba las sábanas con todas mis fuerzas para resistir cada embestida, gimiendo sin parar, sintiendo su cuerpo chocar contra el mío una y otra vez. Era exactamente lo que había imaginado horas antes, frente al espejo.

—No pares —le supliqué—, así, Damián, ¡así!

Me siguió tomando en distintas posiciones. Primero con las piernas sobre sus hombros, mirándome a los ojos mientras se hundía en mí. Después yo encima, marcando el ritmo, sintiéndome dueña de cada movimiento. Después de costado, con su pecho pegado a mi espalda y su mano cerrada en mi cintura. Mi cuerpo ya se había acostumbrado a él, lo dejaba entrar sin resistencia, abriéndose a cada estocada.

Cuando ya estábamos los dos al límite, me llevó contra la pared. Me sostuvo en el aire, con las piernas alrededor de su cintura, y me penetró con todas sus fuerzas. Sentía cada movimiento hasta el fondo, profundo, completo. El sudor nos resbalaba por la piel y nuestros gemidos llenaban el cuarto.

—No voy a aguantar —me avisó, con la respiración entrecortada.

—Acabá en mí —le rogué—, quiero sentirlo todo.

Damián se salió en el último segundo. El primer chorro me cayó en el pecho, caliente, espeso. Me incorporé de inmediato, con la boca abierta y los ojos clavados en él, lista para recibir el resto. Los siguientes me llegaron directo a la cara y a la boca, y yo no cerré los labios ni un instante.

—Tomalo todo —gritó él, temblando.

Sentí su semen resbalándome por la cara, por la barbilla, por el cuello. No dejé escapar ni una gota. Lo recogí todo con los dedos, me lo llevé a la boca y me lo tragué entero. Estaba espeso, intenso, delicioso. Me quedé saboreándolo, mirándolo, mientras él recuperaba el aliento.

Damián se dejó caer en la cama, agotado, con una sonrisa de satisfacción. Yo me acurruqué a su lado, dichosa, todavía temblando. Con una mano le acaricié la verga, suave, sin intención de pararme. Con la otra me toqué a mí misma, buscando mi propio final junto a mi hombre. No tardé. El clímax me llegó fuerte, mordiéndome el labio, con la cara apoyada en su pecho y su olor llenándome los pulmones.

Nos quedamos así, enredados, en silencio. Poco a poco el sueño nos fue ganando. Me dormí con una sonrisa de oreja a oreja, sintiéndome amada, deseada, completa. Y con todo su sabor todavía en el paladar, como un recuerdo que no quería que se borrara nunca.

Esa fue la primera noche que me animé a contar. No será la última. Con Damián, cada vez que la casa se queda en silencio, descubro algo nuevo de mí misma. Y créanme: todavía me queda mucho por contarles.

Ver todos los relatos de Trans

Valora este relato

Comentarios (5)

LunaElena23

Hermoso relato, me llego al corazon. Sigue asi!

Facundo_P

que morbo leer esto de noche jaja, tremendo

RosaritoMX

Me encanto la tension del principio, cuando ella espera... se siente muy real

NicoRdl

Por favor que haya segunda parte!! quede con ganas de mas

MarisolNqn

Muy bien narrado, se nota que conoces el sentimiento. Saludos desde el sur

Deja un comentario

Iniciar sesión o crear cuenta

Elegí cómo querés continuar.