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Relatos Ardientes

La subasta privada que mi esposa pidió de cumpleaños

Todo empezó una noche de viernes, dos semanas antes del cumpleaños de Lucía. Estábamos en la cama, después de una sesión larga, y yo le acariciaba la espalda mientras ella respiraba todavía entrecortada contra mi pecho. Tenía las piernas todavía abiertas, el coño hinchado y brillante de mi corrida, y una gota espesa le bajaba despacio por la cara interna del muslo. Se la limpié con dos dedos y volví a metérselos en la boca. Ella me chupó los dedos sin abrir los ojos, sonriendo.

—Amor… ¿y si este año lo hacemos distinto? —le dije en voz baja—. Nada de cena con familia. Algo solo para nosotros, con gente que ya sabe cómo somos.

Lucía se giró sobre un codo. Las tetas le colgaron un poco, los pezones todavía duros. Tenía esa sonrisa que me encendía siempre, la que ponía cuando algo le cruzaba por la cabeza y sabía que me iba a gustar.

—¿Cómo de distinto?

—Un fin de semana largo. Todos elegantes, como una noche de casino privada. Pero en lugar de fichas, se apuestan favores. Las mujeres se van poniendo en juego, poco a poco. Y tú eres el cierre. El premio mayor.

Se mordió el labio. La vi pensar. La vi decidir antes de hablar. Bajó la mano y se acarició sola el coño mientras me miraba, muy despacio, como si el solo hecho de imaginarlo la mojara otra vez.

—¿Quiénes?

—Los de confianza. Gonzalo, que lleva años mirándote sin disimulo. Valeria y Tomás. Esteban. Y Mateo, mi sobrino, si te parece.

—Tu sobrino —repitió, con un deje divertido, sin sacar los dedos de entre sus labios—. Suena peligroso.

—Ese es el punto.

Me besó largo, despacio, y cuando se apartó tenía la respiración otra vez acelerada. Me agarró la polla, que ya estaba volviendo a endurecerse, y se la metió en la boca sin dejar de mirarme a los ojos. Me la chupó entera hasta atragantarse un poco, con la mano en la base y la lengua trabajándome el frenillo, y cuando la soltó tenía la barbilla llena de saliva.

—Hazlo —susurró, con la voz ronca—. Arma el grupo. Pero avísales que la cumpleañera decide hasta dónde se llega cada ronda.

Se subió encima y se ensartó ella misma, empalándose despacio hasta el fondo. Me follo así, sentada, cabalgándome mientras me contaba al oído todo lo que estaba imaginando: la boca de Mateo en sus pezones, la verga de Gonzalo en su coño, la de Esteban en el culo. Se corrió apretándomela con espasmos, y yo me vacié dentro de ella por segunda vez esa noche, con las manos clavadas en sus nalgas.

***

Al día siguiente creé el chat. Lo llamé «Festejo de Lucía» sin más, para no ser demasiado obvio. Uno a uno les escribí primero por privado, les conté la idea, esperé que confirmaran. Todos dijeron que sí. Nadie dudó más de un minuto.

Valeria fue la primera en contestar en el grupo, con una risa que se leía incluso en el texto. Tomás confirmó que iba a mirar y disfrutar, como siempre. Gonzalo ofreció su casa de campo: alberca, jardín, habitaciones de sobra y privacidad total. Esteban escribió que hacía tiempo que no veía a Lucía «en acción» y que esperaba una clase particular de regalo. Mateo, mi sobrino, puso un emoji de corazón y un «por supuesto, tía».

Cuando agregué a Lucía al chat, los saludó a todos con un tono de falsa inocencia y dejó una sola condición.

—Nada de flojos. Si van a apostar, apuesten en serio.

***

Llegamos a la casa de Gonzalo un viernes de marzo, cerca del atardecer. El lugar era mejor de lo que recordaba: una construcción baja rodeada de árboles, con la alberca iluminada desde abajo y una sala amplia donde ya había preparado una mesa de ruleta casera y dos de cartas. Había contratado a alguien para servir bebidas las primeras horas, y después el servicio desaparecía y quedábamos solos.

Lucía bajó del coche con un vestido rojo cruzado en la espalda y una abertura alta en el muslo. No llevaba nada debajo, me lo había dicho en el camino, riéndose. Valeria llegó media hora después, de negro, con la espalda descubierta hasta el inicio de la cadera. Nos saludamos con copas de champán en el jardín, como si fuera una cena más. Pero los ojos ya no mentían.

Gonzalo dio la bienvenida con la autoridad tranquila que le conocía de siempre.

—Reglas simples —dijo—. Jugamos tres rondas: blackjack, ruleta, póker. El ganador de cada ronda elige a una de las anfitrionas, Lucía o Valeria, para un favor. El favor empieza suave: un beso, una caricia, una prenda. Y se va intensificando si ellas quieren. Al final de la noche, subasta por la cumpleañera. Ella decide hasta dónde.

Todos asintieron. Yo me senté al lado de mi esposa y le tomé la mano por debajo de la mesa.

—¿Segura?

—Más que segura —me contestó, sin bajar la voz.

***

Mateo ganó la primera mano de blackjack. Miró a Lucía con una media sonrisa que no supo disimular.

—Tía… un beso largo. Y que te sientes en mis piernas mientras lo das.

Lucía se levantó despacio. Cruzó la sala con los tacones marcando cada paso. Se sentó a horcajadas sobre su sobrino y lo besó como si no hubiera nadie más en la habitación. Le metió la lengua hasta el fondo, con la boca abierta, y él le respondió agarrándole las nalgas por debajo del vestido. Ahí descubrió que no llevaba nada. Se le escapó un gemido contra la boca de ella. Mateo le sostuvo las caderas y le deslizó los dedos por la raja del culo, jugando en la entrada de su coño sin llegar a meterlos. Ella se restregó contra su bulto, despacio, y le mordió el labio inferior. El beso duró más de lo necesario. Cuando Lucía se apartó, le había dejado la marca del labial en la comisura y el bulto de la polla del sobrino se marcaba durísimo bajo el pantalón.

Valeria soltó una risa baja desde el otro extremo.

—Esto empieza fuerte.

La segunda ronda la ganó Esteban, en la ruleta. Pidió que Valeria se bajara el vestido con calma. Ella se puso de pie, buscó una canción suave en el altavoz y se quitó la tela despacio, mirando a Tomás todo el tiempo. Cuando quedó en lencería negra, su marido levantó la copa desde el sillón sin decir nada, con los ojos brillantes. Esteban se acercó y le pidió que se agachara para recoger el vestido del suelo. Valeria obedeció, doblándose por la cintura, sin doblar las rodillas, con el culo apuntando directo a la sala. Esteban le pasó la palma por las nalgas, apretó, y le corrió a un lado la tanga con dos dedos. Nadie dijo nada. Ella tampoco. Se quedó así, agachada, mientras él le acariciaba el coño con el pulgar, muy despacio, hasta que le brilló entero. Cuando se enderezó tenía las mejillas rojas y los pezones marcados en el encaje.

Gonzalo ganó el póker. Le pidió a Lucía un baile y que terminara de rodillas delante de él. Lucía cumplió sin prisa, con las manos recorriéndole el pecho y los muslos antes de arrodillarse. Le abrió el cierre con los dientes. Le sacó la polla, que ya estaba dura, y se la sostuvo un segundo en la mano, midiéndola, sonriendo. Después se la metió entera en la boca, hasta la garganta, y volvió a sacarla despacio, chupándole el glande con los labios cerrados. Gonzalo la sostuvo del pelo un segundo, sin empujar, dejándola llevar el ritmo. Lucía le mamó la verga con la boca abierta, dejando caer un hilo de saliva que le resbaló por los huevos, y él respiraba fuerte por la nariz, sin apartar la vista de mí. Ella le dedicó una mirada larga, sin sacársela, y cuando se levantó tenía la respiración agitada, la barbilla brillante, y una sonrisa que decía que estaba disfrutando cada minuto.

***

Las rondas siguieron. Los favores subieron de tono a un ritmo natural, sin forzar nada. Caricias, prendas que caían, besos que ya no terminaban donde debían. Valeria terminó con las tetas al aire, con Esteban chupándole los pezones mientras Tomás la sostenía de la nuca desde atrás. Lucía se dejó comer el coño encima de la mesa de póker por Mateo, con las piernas colgando de los hombros del sobrino, gimiendo con una mano en su propia teta y la otra sujetándolo de la cabeza para que no parara. Valeria y Lucía se descubrieron besándose también, al principio por un reto y después porque sí, y de un beso pasaron a tocarse las tetas la una a la otra, y de las tetas a meterse las manos por debajo de la ropa que quedaba, mientras Tomás miraba desde su sillón sin moverse, como una estatua excitada, con la polla afuera del pantalón y el puño trabajándosela despacio.

Cerca de la medianoche, Gonzalo sacó una caja y anunció la subasta final.

—Todos ponen las fichas que acumularon. Quien tenga más, se lleva a Lucía a la habitación principal durante media hora.

Se contaron. Empate triple: Mateo, Esteban y Gonzalo. Yo sonreí.

—Como marido y anfitrión paralelo —dije—, propongo que los tres compartan el premio. Yo entro al final.

Lucía me buscó con la mirada. No la aparté.

—Quiero eso —dijo ella, clara—. Los tres. Y después tú.

***

Subieron. La habitación principal tenía una cama enorme y una ventana que daba al jardín iluminado. Lucía se quitó el vestido en el pasillo, antes de entrar, y quedó completamente desnuda frente a los tres. Los tres hombres cerraron la puerta detrás de ellos. Yo me quedé un segundo afuera, escuchando. Primero fue una risa de mi mujer, después el crujido de la cama, después el primer gemido largo, ronco, ese que yo le conocía cuando la penetraban a fondo por primera vez. Escuché a Gonzalo diciéndole «así, tía linda, abre bien», y a Mateo pidiéndole que le mamara mientras el otro se la follaba. Escuché el chapoteo del coño de Lucía cuando alguien empezó a bombeársela rápido. Escuché a Esteban gruñendo que se iba a correr en sus tetas. Y bajé a tomar una copa con Valeria y Tomás, con la polla dolorida dentro del pantalón.

Valeria estaba sentada en el regazo de su marido, besándolo lento. Ya sin ropa. Cuando me vio entrar, extendió una mano.

—Siéntate con nosotros. Tomás te lo pidió toda la noche con los ojos.

Tomás asintió, sin despegar los labios de los de ella. Lo entendí al instante. Me acerqué, Valeria se giró hacia mí y me besó con la lengua entera, y Tomás la sostuvo por detrás, mirando sin tocar. Yo la fui desnudando del todo, aunque casi no quedaba nada, y le chupé las tetas mientras ella me abría el pantalón y me sacaba la polla. Me la agarró con las dos manos y me la corrió despacio, mirando a su marido por encima del hombro, como pidiéndole permiso. Tomás le tocó el pelo. Ella se agachó y me la mamó, con la mejilla apoyada en mi muslo, con esa boca de puta educada que solo se le veía en momentos así. Después se sentó encima de mí a horcajadas, se guio la verga con la mano y se la clavó de una sola bajada, gimiendo largo. Fue él quien le guió las caderas desde atrás para marcar el ritmo, hundiéndole los dedos en la cintura, susurrándole que la follara, que se la follara bien delante de él.

Se la follé sentado en el sillón, con Valeria rebotando encima, las tetas dándole en la cara, y Tomás detrás, chupándole el cuello y jugándole el clítoris con la mano mientras yo la bombeaba por dentro. La cambiamos de postura. Se puso a cuatro en la alfombra. Yo me metí por detrás y ella le mamó a él la polla al mismo tiempo, con los dos dándole por los dos lados. Tomás se corrió primero, en su boca, y ella tragó todo sin soltarme, arqueando la espalda cuando la sentí apretarse. Terminamos los tres juntos, ella entre los dos, con mi corrida chorreándole por el coño y la de él bajándole por la comisura, Tomás murmurándole al oído lo hermosa que estaba siendo deseada delante de él. Valeria se rió en mi hombro después, agotada, con las piernas todavía temblándole.

—Nunca pensé que mi fantasía fuera esta.

***

Subí a buscar a Lucía cerca de las dos de la mañana. La puerta estaba entreabierta. La encontré boca arriba, entre los tres, con los ojos cerrados y una sonrisa que no le había visto antes. Tenía el pecho, el cuello y el vientre pintados de semen. Le brillaba el coño, hinchado y abierto, y una corrida espesa le bajaba por el muslo hasta la sábana. Esteban se apartó cuando me vio, todavía con la polla dura y la mano encima. Gonzalo me hizo un gesto con la cabeza, sentado al borde, respirando fuerte. Mateo me sostuvo la mirada un segundo antes de quitarse del medio, con la marca de las uñas de mi mujer en la espalda.

Lucía estiró la mano hacia mí sin abrir los ojos.

—Ven. Ciérrala tú.

Me subí a la cama. Los otros tres se quedaron cerca, sin participar ya, solo mirando. Le limpié el vientre con la sábana, le besé las tetas una por una, y me acomodé entre sus piernas. Estaba tan mojada, tan abierta, tan follada, que me deslicé dentro sin resistencia. Y aun así ella gimió al sentirme, distinto, más hondo. La follé despacio, mirándola a los ojos, distinto a todo lo anterior, como si quisiera recordarle quién era ella para mí después de todo lo que había pasado en la noche. Le agarré las manos por encima de la cabeza. Le besé la boca todavía con gusto a otros. Le fui subiendo el ritmo hasta que la sentí temblar, y cuando se corrió apretándomela, ella me clavó las uñas en los hombros y me besó largo mientras yo me vaciaba adentro suyo, encima de todo lo demás.

—Gracias —me susurró al oído—. Por entender.

***

El sábado amanecimos tarde. Gonzalo había dejado café y fruta en la terraza. Valeria bajó con una camiseta mía que alguien le había prestado, sin nada debajo. Lucía apareció con una bata corta, el pelo aún revuelto, y se sentó en mis piernas como si nada. Mateo sirvió café. Esteban leyó el periódico. Tomás miraba a su mujer con la misma expresión de la noche anterior, solo que más suave, como quien ya no teme perder nada.

Pasamos el día sin planes. Hubo un rato en la alberca, donde los juegos fueron tontos al principio y más directos después. Lucía se dejó tocar por todos bajo el agua, riéndose entre besos. Terminó apoyada contra el borde, con Gonzalo detrás metiéndosela despacio mientras Mateo le comía la boca desde afuera y Esteban le jugaba una teta. Valeria me pidió que le pusiera crema solar en la espalda mientras Tomás la observaba desde una hamaca, y la crema se volvió caricias, y las caricias terminaron con ella sentada en mis piernas al borde de la alberca, con mi polla adentro, moviéndose lento, mientras Lucía se acercó, todavía chorreando agua, y la besaba en la boca y le chupaba los pezones erectos por el frío.

Por la tarde, después de comer, Lucía me pidió que subiéramos solos. Dejamos al resto en la terraza, con una botella abierta y una conversación que ya no nos incluía. En la habitación, con la luz entrando por la ventana, le hice el amor otra vez, lento, sin público esta vez. Le comí el coño largo rato, hasta que se corrió dos veces contra mi boca, con las manos en mi pelo. Después me subí y se la metí despacio, muy despacio, sintiendo cada milímetro. La follé de lado, abrazándola por detrás, sin apuro, hasta que se corrió una vez más, callada, mordiéndose el labio, y yo me vacié adentro sin sacarla. Ella lloró un poco al final. De placer, me aclaró riéndose. De todo lo que había sido.

***

El domingo nos fuimos temprano. Lucía dejó a Valeria con la promesa de un café la semana siguiente, le dio un abrazo largo a Gonzalo, un beso breve a Esteban y un gesto cómplice a Mateo desde la ventana del coche. Nadie prometió repetir. Nadie dijo que no lo haríamos.

En el camino de vuelta, ella miraba por la ventana con la cabeza apoyada en mi hombro.

—¿Te arrepientes de algo? —me preguntó, sin mirarme.

—De nada —le contesté—. ¿Y tú?

Se giró hacia mí. Tenía esa sonrisa otra vez, la misma que le había visto en la cama dos semanas antes, cuando le propuse todo esto y ella aceptó sin dudar.

—Yo tampoco —dijo—. Pero quiero que sepas una cosa.

—Dime.

—Que el próximo cumpleaños lo decides tú. Y yo te voy a dejar pedir cualquier cosa.

Apreté el volante. Faltaban trescientos sesenta y cinco días. Los iba a contar.

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Comentarios(8)

kimera

excelente!!!

NachoBsAs

Por favor una segunda parte, quede con ganas de saber como termino todo!

Valeria_77

Me recordó a una charla que tuve con mi pareja hace tiempo sobre fantasias... al final nunca nos animamos. Ustedes tienen mucho valor jaja

TorrentMDZ

Esta basado en algo real? Pregunto en serio porque se siente muy autentico, demasiado detallado para ser pura fantasia

Damian77

Que pareja tan abierta. Para animarse a algo asi necesitas confianza y mucha comunicacion. Respeto total

RubiaPicara

Jajaja me imagino la cara de los amigos cuando recibieron la invitacion ese dia. Que sorprezon!

MaximoLector

Muy bien escrito, se nota que le pusiste ganas. Me engancho desde el primer parrafo y no pude parar hasta el final

SandraGba

Buenisimo!! Esperando el proximo relato con ansias :)

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