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Relatos Ardientes

La subasta privada que mi esposa pidió de cumpleaños

Todo empezó una noche de viernes, dos semanas antes del cumpleaños de Lucía. Estábamos en la cama, después de una sesión larga, y yo le acariciaba la espalda mientras ella respiraba todavía entrecortada contra mi pecho.

—Amor… ¿y si este año lo hacemos distinto? —le dije en voz baja—. Nada de cena con familia. Algo solo para nosotros, con gente que ya sabe cómo somos.

Lucía se giró sobre un codo. Tenía esa sonrisa que me encendía siempre, la que ponía cuando algo le cruzaba por la cabeza y sabía que me iba a gustar.

—¿Cómo de distinto?

—Un fin de semana largo. Todos elegantes, como una noche de casino privada. Pero en lugar de fichas, se apuestan favores. Las mujeres se van poniendo en juego, poco a poco. Y tú eres el cierre. El premio mayor.

Se mordió el labio. La vi pensar. La vi decidir antes de hablar.

—¿Quiénes?

—Los de confianza. Gonzalo, que lleva años mirándote sin disimulo. Valeria y Tomás. Esteban. Y Mateo, mi sobrino, si te parece.

—Tu sobrino —repitió, con un deje divertido—. Suena peligroso.

—Ese es el punto.

Me besó largo, despacio, y cuando se apartó tenía la respiración otra vez acelerada.

—Hazlo —susurró—. Arma el grupo. Pero avísales que la cumpleañera decide hasta dónde se llega cada ronda.

***

Al día siguiente creé el chat. Lo llamé «Festejo de Lucía» sin más, para no ser demasiado obvio. Uno a uno les escribí primero por privado, les conté la idea, esperé que confirmaran. Todos dijeron que sí. Nadie dudó más de un minuto.

Valeria fue la primera en contestar en el grupo, con una risa que se leía incluso en el texto. Tomás confirmó que iba a mirar y disfrutar, como siempre. Gonzalo ofreció su casa de campo: alberca, jardín, habitaciones de sobra y privacidad total. Esteban escribió que hacía tiempo que no veía a Lucía «en acción» y que esperaba una clase particular de regalo. Mateo, mi sobrino, puso un emoji de corazón y un «por supuesto, tía».

Cuando agregué a Lucía al chat, los saludó a todos con un tono de falsa inocencia y dejó una sola condición.

—Nada de flojos. Si van a apostar, apuesten en serio.

***

Llegamos a la casa de Gonzalo un viernes de marzo, cerca del atardecer. El lugar era mejor de lo que recordaba: una construcción baja rodeada de árboles, con la alberca iluminada desde abajo y una sala amplia donde ya había preparado una mesa de ruleta casera y dos de cartas. Había contratado a alguien para servir bebidas las primeras horas, y después el servicio desaparecía y quedábamos solos.

Lucía bajó del coche con un vestido rojo cruzado en la espalda y una abertura alta en el muslo. Valeria llegó media hora después, de negro, con la espalda descubierta hasta el inicio de la cadera. Nos saludamos con copas de champán en el jardín, como si fuera una cena más. Pero los ojos ya no mentían.

Gonzalo dio la bienvenida con la autoridad tranquila que le conocía de siempre.

—Reglas simples —dijo—. Jugamos tres rondas: blackjack, ruleta, póker. El ganador de cada ronda elige a una de las anfitrionas, Lucía o Valeria, para un favor. El favor empieza suave: un beso, una caricia, una prenda. Y se va intensificando si ellas quieren. Al final de la noche, subasta por la cumpleañera. Ella decide hasta dónde.

Todos asintieron. Yo me senté al lado de mi esposa y le tomé la mano por debajo de la mesa.

—¿Segura?

—Más que segura —me contestó, sin bajar la voz.

***

Mateo ganó la primera mano de blackjack. Miró a Lucía con una media sonrisa que no supo disimular.

—Tía… un beso largo. Y que te sientes en mis piernas mientras lo das.

Lucía se levantó despacio. Cruzó la sala con los tacones marcando cada paso. Se sentó a horcajadas sobre su sobrino y lo besó como si no hubiera nadie más en la habitación. Mateo le sostuvo las caderas y le deslizó los dedos por la abertura del vestido, sin pasar del borde de la ropa interior. El beso duró más de lo necesario. Cuando Lucía se apartó, le había dejado la marca del labial en la comisura.

Valeria soltó una risa baja desde el otro extremo.

—Esto empieza fuerte.

La segunda ronda la ganó Esteban, en la ruleta. Pidió que Valeria se bajara el vestido con calma. Ella se puso de pie, buscó una canción suave en el altavoz y se quitó la tela despacio, mirando a Tomás todo el tiempo. Cuando quedó en lencería negra, su marido levantó la copa desde el sillón sin decir nada, con los ojos brillantes.

Gonzalo ganó el póker. Le pidió a Lucía un baile y que terminara de rodillas delante de él. Lucía cumplió sin prisa, con las manos recorriéndole el pecho y los muslos antes de arrodillarse. No hizo falta mucho más. Gonzalo la sostuvo del pelo un segundo, ella le dedicó una mirada larga, y cuando se levantó tenía la respiración agitada y una sonrisa que decía que estaba disfrutando cada minuto.

***

Las rondas siguieron. Los favores subieron de tono a un ritmo natural, sin forzar nada. Caricias, prendas que caían, besos que ya no terminaban donde debían. Valeria y Lucía se descubrieron besándose también, al principio por un reto y después porque sí, mientras Tomás miraba desde su sillón sin moverse, como una estatua excitada.

Cerca de la medianoche, Gonzalo sacó una caja y anunció la subasta final.

—Todos ponen las fichas que acumularon. Quien tenga más, se lleva a Lucía a la habitación principal durante media hora.

Se contaron. Empate triple: Mateo, Esteban y Gonzalo. Yo sonreí.

—Como marido y anfitrión paralelo —dije—, propongo que los tres compartan el premio. Yo entro al final.

Lucía me buscó con la mirada. No la aparté.

—Quiero eso —dijo ella, clara—. Los tres. Y después tú.

***

Subimos. La habitación principal tenía una cama enorme y una ventana que daba al jardín iluminado. Lucía se quitó el vestido en el pasillo, antes de entrar. Los tres hombres cerraron la puerta detrás de ellos. Yo me quedé un segundo afuera, escuchando las primeras risas y el primer gemido de mi esposa, y luego bajé a tomar una copa con Valeria y Tomás.

Valeria estaba sentada en el regazo de su marido, besándolo lento. Cuando me vio entrar, extendió una mano.

—Siéntate con nosotros. Tomás te lo pidió toda la noche con los ojos.

Tomás asintió, sin despegar los labios de los de ella. Lo entendí al instante. Me acerqué, Valeria se giró hacia mí y me besó, y Tomás la sostuvo por detrás, mirando sin tocar. Yo la fui desnudando despacio, y cuando se sentó encima de mí fue él quien le guió las caderas desde atrás para marcar el ritmo.

Terminamos los tres juntos, ella entre los dos, Tomás murmurándole al oído lo hermosa que estaba siendo deseada delante de él. Valeria se rió en mi hombro después, agotada.

—Nunca pensé que mi fantasía fuera esta.

***

Subí a buscar a Lucía cerca de las dos de la mañana. La puerta estaba entreabierta. La encontré boca arriba, entre los tres, con los ojos cerrados y una sonrisa que no le había visto antes. Esteban se apartó cuando me vio, Gonzalo me hizo un gesto con la cabeza y Mateo me sostuvo la mirada un segundo antes de quitarse del medio.

Lucía estiró la mano hacia mí sin abrir los ojos.

—Ven. Ciérrala tú.

Me subí a la cama. Los otros tres se quedaron cerca, sin participar ya, solo mirando. Le hice el amor despacio, distinto a todo lo anterior, como si quisiera recordarle quién era ella para mí después de todo lo que había pasado en la noche. Ella me clavó las uñas en los hombros y me besó largo cuando terminó.

—Gracias —me susurró al oído—. Por entender.

***

El sábado amanecimos tarde. Gonzalo había dejado café y fruta en la terraza. Valeria bajó con una camiseta mía que alguien le había prestado, sin nada debajo. Lucía apareció con una bata corta, el pelo aún revuelto, y se sentó en mis piernas como si nada. Mateo sirvió café. Esteban leyó el periódico. Tomás miraba a su mujer con la misma expresión de la noche anterior, solo que más suave, como quien ya no teme perder nada.

Pasamos el día sin planes. Hubo un rato en la alberca, donde los juegos fueron tontos al principio y más directos después. Lucía se dejó tocar por todos bajo el agua, riéndose entre besos. Valeria me pidió que le pusiera crema solar en la espalda mientras Tomás la observaba desde una hamaca, y la crema se volvió caricias, y las caricias terminaron con ella sentada en mis piernas al borde de la alberca mientras Lucía la besaba en la boca.

Por la tarde, después de comer, Lucía me pidió que subiéramos solos. Dejamos al resto en la terraza, con una botella abierta y una conversación que ya no nos incluía. En la habitación, con la luz entrando por la ventana, le hice el amor otra vez, lento, sin público esta vez. Ella lloró un poco al final. De placer, me aclaró riéndose. De todo lo que había sido.

***

El domingo nos fuimos temprano. Lucía dejó a Valeria con la promesa de un café la semana siguiente, le dio un abrazo largo a Gonzalo, un beso breve a Esteban y un gesto cómplice a Mateo desde la ventana del coche. Nadie prometió repetir. Nadie dijo que no lo haríamos.

En el camino de vuelta, ella miraba por la ventana con la cabeza apoyada en mi hombro.

—¿Te arrepientes de algo? —me preguntó, sin mirarme.

—De nada —le contesté—. ¿Y tú?

Se giró hacia mí. Tenía esa sonrisa otra vez, la misma que le había visto en la cama dos semanas antes, cuando le propuse todo esto y ella aceptó sin dudar.

—Yo tampoco —dijo—. Pero quiero que sepas una cosa.

—Dime.

—Que el próximo cumpleaños lo decides tú. Y yo te voy a dejar pedir cualquier cosa.

Apreté el volante. Faltaban trescientos sesenta y cinco días. Los iba a contar.

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Comentarios (8)

kimera

excelente!!!

NachoBsAs

Por favor una segunda parte, quede con ganas de saber como termino todo!

Valeria_77

Me recordó a una charla que tuve con mi pareja hace tiempo sobre fantasias... al final nunca nos animamos. Ustedes tienen mucho valor jaja

TorrentMDZ

Esta basado en algo real? Pregunto en serio porque se siente muy autentico, demasiado detallado para ser pura fantasia

Damian77

Que pareja tan abierta. Para animarse a algo asi necesitas confianza y mucha comunicacion. Respeto total

RubiaPicara

Jajaja me imagino la cara de los amigos cuando recibieron la invitacion ese dia. Que sorprezon!

MaximoLector

Muy bien escrito, se nota que le pusiste ganas. Me engancho desde el primer parrafo y no pude parar hasta el final

SandraGba

Buenisimo!! Esperando el proximo relato con ansias :)

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