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Relatos Ardientes

Mi primer intercambio de parejas frente a mi marido

Quiero contaros mi primer intercambio de parejas, porque todavía me cuesta creer hasta dónde llegamos aquella noche. Pasó el otoño pasado, aunque la idea llevaba meses rondándonos. Marcos y yo ya habíamos tenido alguna aventura por separado: lo nuestro era una relación abierta, sin secretos, con una confianza que a mucha gente le costaría entender. Nos lo contábamos todo, y precisamente esa sinceridad fue la que nos empujó a dar el paso.

A Diego y a Lorena los conocimos en unas vacaciones en Cádiz. Allí me solté como nunca. Fue Marcos quien me animó, primero a quitarme la parte de arriba del bikini en una cala apartada, después a algo más. Él disfrutaba viéndome perder la vergüenza, y desde hacía tiempo fantaseaba en voz alta con verme follar con otro hombre delante de él.

Diego y Lorena tenían una vida sexual completamente liberal. Para ellos el sexo fuera de la pareja era lo más normal del mundo, lo hablaban sin tabúes, como quien comenta una comida o una película. Diego había sido, de hecho, el primer hombre con el que me acosté estando casada con Marcos. Aquella primera vez no fue algo buscado, simplemente surgió, y ya os la conté en otro relato.

Llevaba semanas viendo vídeos y foros sobre intercambios de parejas. Una noche, en la cama, me decidí a proponérselo a mi marido. Como él sabía lo que había pasado con Diego —se lo había contado todo—, su respuesta me dejó sin palabras.

—¿Te gustaría volver a acostarte con Diego, Carla? —me preguntó con una sonrisa.

No podía negar que la idea me encendía. Ya conocía el cuerpo de Diego, sabía que me llevaba al límite del placer, y solo me preocupaba que la presencia de Marcos me cohibiera. Por otro lado, no se me escapaba que a mi marido le atraía Lorena. Siempre decía que tenía un cuerpo de diez.

—A mí me parece bien —le dije—, siempre que tú quieras.

Marcos habló con Diego y quedaron para vernos un fin de semana. Iríamos a Valencia, que es donde viven ellos. Yo no sabía qué habían acordado exactamente los dos. Quedamos en su casa, pero ignoraba si el encuentro sería allí mismo o en otro sitio. Mi marido solo me pidió una cosa.

—Déjate llevar, cariño. Sé atrevida. Quiero verte disfrutar.

Lo veo ilusionado. Ojalá la realidad no nos decepcione.

Somos una pareja estable y muy enamorada. En estas aventuras no nos mueve más que el placer, así que ni siquiera habíamos hablado de poner límites concretos. Yo sabía que Diego era un amante incansable, de los que les gusta hacerlo todo, y me preocupaba un poco que a Marcos le impresionara verme gozar de verdad. Él me conoce: cuando me excito soy muy expresiva, ruidosa, y rara vez digo que no a nada.

Lo único que acordamos fue una palabra de seguridad. Si alguno de los dos quería parar, diríamos «marea». Nada de juguetes, nada de planes. Con Diego no hacían falta, él solo bastaba para volver loca a una mujer.

***

Llegamos a su casa un sábado por la tarde. Lorena ya estaba allí, y por un momento pensé que iríamos a un hotel. En vez de eso nos ofrecieron una copa y nos sentamos los cuatro en el salón. Diego se acomodó a mi lado, me pasó un brazo por encima del hombro y me besó en la mejilla. La situación me resultaba incómoda, no sabía dónde poner las manos. Él lo notó enseguida y se lo dijo a Lorena, que se había sentado junto a Marcos.

—Me parece que Carla está un poco cohibida.

Entonces Lorena se puso de pie, sin decir nada, y dejó caer su vestido al suelo. Se quedó completamente desnuda delante de nosotros. No llevaba ropa interior.

Marcos y yo nos miramos sorprendidos. Para ellos, en cambio, aquello no parecía nada nuevo. Con total tranquilidad, Diego me buscó los pechos por debajo de la blusa y empezó a acariciarlos mientras su boca recorría mi cuello. Mi marido no apartaba la vista, y su cara reflejaba cada vez más satisfacción. Vi cómo Lorena le abría el pantalón y le sacaba la polla. Ahí entendí que ella también iba a participar, y aquello, en lugar de inquietarme, me tranquilizó. Giré la cabeza y empecé a besar a Diego con ganas.

Cuando me soltó un momento, Diego miró a mi marido.

—¿Te ha contado tu mujer cómo gemía cuando me la follaba? —le dijo—. Espero que tú hagas lo mismo con la mía.

Yo ya estaba húmeda y decidí entregarme del todo. Me puse de pie y, como si fuera una actriz porno, me fui desnudando despacio. Los tres me miraban sonriendo.

—No te recordaba tan provocadora —dijo Lorena.

Ella había sacado ya la polla de Marcos y lo masturbaba con calma. A mi marido se le veía más contento a cada segundo.

—Ahora verás cómo la chupa Carla —presumió Diego ante su mujer—. Es una profesional.

Se bajó los pantalones del todo y me metió su enorme polla en la boca. Lorena hizo lo mismo con Marcos. Ya estábamos los cuatro desnudos, metidos de lleno en la aventura, sin marcha atrás.

***

Marcos fue el primero en correrse. Lo hizo en la boca de Lorena, que se lo tragó sin inmutarse y solo le soltó, divertida:

—Vaya, qué pronto has empezado. Ahora te toca a ti comerme el coño.

Antes de arrodillarse delante de ella, mi marido me buscó con la mirada y me lanzó un beso.

—Te quiero, mi amor. Disfrútalo.

Me senté sobre la polla de Diego y la sentí llenarme entera. Sus embestidas me llevaron al orgasmo enseguida. Qué vergüenza, nosotros corriéndonos a la primera y ellos todavía nada. Pero a Diego no le importaba lo más mínimo. Siguió follándome con fuerza, sus manos apretándome los pechos, mientras yo miraba de reojo a Marcos comiéndole el coño a Lorena con una entrega que no le conocía.

Lorena no tardó en gritar de placer, igual que yo un momento antes. Mi marido había cumplido como un hombre, y yo respiré aliviada. Me hizo gracia pensar en lo distintas que somos las mujeres cuando nos corremos: ellos apenas aceleran la respiración, nosotras lo gritamos al mundo. Será que tenemos menos reparos en mostrar lo que sentimos. Ellos siempre tienen que demostrar algo.

Estaba distraída en esos pensamientos cuando noté la respiración de Diego volverse entrecortada. Un instante después sentí el coño inundado por su corrida. Los cuatro habíamos tenido ya un orgasmo, y yo me quedé expectante, sin saber si aquello era el final o solo el principio.

Lorena lo aclaró enseguida.

—¿Os pongo otra copa mientras nos recuperamos?

La idea de continuar me alegró. Miré a mi marido y dije, sin pensarlo:

—Nosotros hemos venido a follar.

No sé qué me empujó a ser tan descarada. Supongo que la ilusión de esa nueva forma de vivir el sexo que Marcos llevaba tanto tiempo proponiéndome. Seguíamos los cuatro desnudos, y reconozco que la vista se me iba una y otra vez hacia la polla de Diego. Marcos se dio cuenta y, lejos de molestarse, le añadió morbo a la situación.

—Aquí mi mujercita —dijo—. No hay viaje en el que no termine follando con alguien.

Lejos de incomodarme, que lo contara me animó todavía más. Me acerqué a él y lo besé.

—¿Estás disfrutando, mi amor?

No hizo falta que respondiera. Su cara lo decía todo.

***

No tardé en volver a por Diego. Me senté sobre sus muslos. Su polla todavía descansaba, así que no me penetró; empezó a acariciarme los pechos mientras yo le devoraba la boca. A mi espalda oí a Lorena.

—Ahora quiero que me des por el culo.

Mi marido debía de estar empalmado otra vez. Yo también empezaba a humedecerme, así que me arrodillé y fui a por la polla de Diego, lamiéndola despacio hasta que volvió a endurecerse. Entonces él me colocó de espaldas y me penetró el culo. Solté un pequeño grito de dolor. Marcos, que lo tenía todo delante, se preocupó.

—¿Estás bien, mi amor?

Le dije que sí con la cabeza.

Poco a poco mi culo se fue adaptando a aquella polla enorme. Mis nalgas subían y bajaban al ritmo que marcaba Diego, y tener a mi marido enfrente, mirándolo todo, me excitaba de una manera que no había sentido nunca. El nuevo orgasmo no tardó en llegar, y mis gritos debieron de contagiar a Lorena y a Marcos, porque ellos también se corrieron casi a la vez.

Diego seguía empalmado. Me arrodillé otra vez y volví a chupársela, mientras mi marido me animaba desde el sofá.

—Vamos, cariño. Demuestra lo viciosa que eres.

Ese lenguaje me pone a cien. Se la chupé con ansia hasta que Diego se corrió en mi boca. Intenté tragármelo todo, pero era tanto que parte se me escapó por la comisura de los labios.

***

De pronto noté unas manos atacándome por detrás. Empezaron a acariciarme los pechos y el coño. Giré la cabeza: era Lorena la que me estaba tocando. Tuve un primer momento de duda, porque una aventura con otra mujer no entraba en mis planes. Pero, de un modo que todavía no sé explicar, el placer volvió a apoderarse de mí.

Tenía sus labios a un palmo de los míos. Empecé a besarla sin saber muy bien lo que hacía. Ella abrió la boca y yo le metí la lengua. Ya no hubo marcha atrás. Nos enredamos las dos como auténticas amantes, tocándonos sin pudor, y por primera vez en la noche llegué a un tercer orgasmo, esta vez junto a la mujer del hombre que acababa de follarme varias veces.

Quedé agotada, tirada boca arriba en el suelo. Marcos me miraba sorprendido por lo que acababa de ver, pero ni por asomo enfadado. Al contrario.

Nos ofrecieron una ducha. No nos quedamos a dormir. De camino al hotel, Marcos me cogió de la mano.

—¿Te lo has pasado bien? —me preguntó—. Yo he disfrutado más de lo que esperaba.

Acordamos que aquello pasaría a formar parte de nuestra vida sexual. Al día siguiente quedamos los cuatro para comer en un restaurante del puerto. No hubo sexo, solo charla, risas y planes para repetir. Los cuatro lo habíamos pasado en grande.

La verdad es que me sentí más cómoda de lo que imaginaba follando delante de mi marido. Estoy muy contenta con la experiencia, y la única pena es haber tardado tanto en probarlo. Tendremos que recuperar el tiempo perdido. Desde entonces empezamos a frecuentar algún club liberal, aunque también tenemos una pareja de amigos bastante abierta a la que quizá se lo propongamos.

Marcos ha cumplido uno de sus sueños. Ahora me toca a mí pensar cuál de mis fantasías será la próxima.

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Comentarios (5)

Maxi_3009

Increible relato!!! de los mejores que lei en mucho tiempo

ValentinaR33

Por favor que haya segunda parte, quede con ganas de saber como termino todo

Rodrigo_H

Que calor hace leyendo esto jaja. Muy bien escrito, se siente como si estuvieras ahi presente

Lectora_Porfi

Me encanto la narracion, es de esas historias que uno no puede dejar de leer hasta el final. Segui asi!!

PabloZapata

tremendo... sin palabras

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