Mi tía me descubrió aquel agosto en el pueblo
Aquella tarde de agosto se me olvidó cerrar el pestillo del baño. Cuando levanté la vista, mi tía Carmela estaba en el umbral, mirándome sin moverse.
Aquella tarde de agosto se me olvidó cerrar el pestillo del baño. Cuando levanté la vista, mi tía Carmela estaba en el umbral, mirándome sin moverse.
Aquella noche su mano me rozó la pierna debajo del mantel y siguió subiendo. Quise creer que era el vino, pero la siguiente reunión despejó toda duda.
Cuando subimos a su hermano a la cama, ya no se movía. Camila empezó a quitarle los zapatos, después el cinturón, después algo más.
Entró a la habitación de Diego con solo una tanguita negra bajo la bata. Él dormía. Ella se sentó en el borde de la cama y la mano se le fue sola.
Llevábamos cuatro meses viéndonos por cámara. Esa noche de diciembre, por fin estaba frente a mí en carne y hueso, dentro de una habitación que olía a lo que iba a pasar.
Entré a buscar ropa en su cajón y encontré más de lo que esperaba. Lo que pasó después nos cambió a los tres para siempre.
Cuando Valentina entró a la cocina esa mañana, él estaba apoyado en la isla con el café en la mano y una mirada que no tenía nada de fraternal.
Empujé la puerta esperando encontrarla dormida; la encontré con la tanga cerca de la boca y los ojos abiertos, esperándome sin pudor.