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Relatos Ardientes

Mi amigo se puso celoso y terminamos en el telo

Cuatro años y cuatro meses de hormonas habían transformado mi cuerpo de maneras que todavía me sorprendían cada vez que me miraba al espejo. Esa noche, mientras me ajustaba el vestido frente al espejo del baño, volví a quedarme quieta unos segundos, mirando lo que veía: cintura marcada, caderas anchas que la tela negra abrazaba con precisión, glúteos firmes que empujaban la falda hacia arriba con solo estar de pie. El escote dejaba ver la curva suave de mis pechos, pequeños pero reales a fuerza de tiempo y dedicación. Por debajo de la tela, nadie podía imaginar lo que había: mi polla chica, completamente depilada, atrapada en la tanga negra que se me hundía entre las nalgas y presionaba apenas contra mi agujero, que ya palpitaba solo de anticipación.

Mateo me esperaba abajo, apoyado en el capó del auto, con el nudo de la corbata torcido y cara de no saber dónde meterse.

—Gracias, Val —dijo cuando me vio bajar—. En serio. Si llego a esa fiesta sin pareja me van a comer vivo.

—No exageres —respondí, tomándole el brazo para que me ayudara a no romperme un tobillo con los tacos—. Una noche. Novia perfecta. Sonrío, me río de los chistes malos de tus jefes y listo.

Él sonrió de costado. Nos conocíamos desde que yo tenía seis años y él nueve, cuando mi mamá me dejaba en su casa todas las tardes porque llegaba tarde del trabajo. Mateo me enseñó a andar en bicicleta, me ayudó con las materias de la primaria y me defendió más de una vez en el barrio. El hecho de que ahora yo apareciera en su fiesta de empresa con vestido y tacos era solo el capítulo más reciente de una amistad que ya lo había visto todo.

—Quién iba a decir —murmuró mientras abría la puerta del auto—, que un día me ibas a salvar el culo vestida así.

—Siempre fui tu sombra —dije—. Solo que ahora tengo mejor figura que vos.

***

El salón del hotel era exactamente lo que me había imaginado: luces tenues, mesas con manteles blancos, champagne barato en copas caras y ese ruido de fondo de gente que tiene que parecer que la está pasando bien. Mateo me pasó el brazo por la cintura desde el primer segundo, con una naturalidad que me sorprendió. Me guió entre los grupos con la mano apoyada en mi cadera, firme, como si lo hubiera hecho mil veces.

Los primeros en acercarse fueron dos tipos de su área, uno alto con cara de vendedor y otro más bajo que llevaba la camisa desabrochada un botón de más.

—¿Esta es la famosa novia? —preguntó el alto, mirándome de arriba abajo con muy poco disimulo.

—Valeria —dije, ofreciéndole la mano con una sonrisa que había practicado suficiente.

—Qué lindo nombre. —Y bajó los ojos otra vez, esta vez a mis piernas.

Sentí cómo los dedos de Mateo se apretaban sobre mi cadera. No mucho. Solo lo suficiente.

La noche fue así durante dos horas. Cada vez que alguno de sus compañeros se acercaba demasiado, le ofrecía una copa, rozaba mi brazo «sin querer» o hacía un comentario que se quedaba flotando en el aire con doble sentido, la mano de Mateo respondía: más presión, más posesión, más cerca. En un momento, mientras el tipo de marketing me preguntaba si bailaba, Mateo me giró hacia él con suavidad pero con una determinación que no admitía discusión.

—Ella baila conmigo —dijo, y el «ella» salió de una forma que no esperaba, cargado, casi un gruñido.

Bailamos una canción lenta que ninguno de los dos conocía. Tenía la mano en mi espalda baja, demasiado abajo para ser solo amistad, y yo sentía su respiración contra mi sien.

—¿Te molesta que te miren así? —me preguntó en voz baja.

—No —respondí, con honestidad.

Él no dijo nada. Pero la mano bajó un centímetro más.

Por dentro, mi polla chica empezó a endurecerse contra el encaje de la tanga. Me concentré en mantener la cara tranquila.

***

Salimos pasada la medianoche. El aire de la calle era fresco y olía a lluvia próxima. Caminamos hasta el auto en silencio, y en ese silencio había algo que no había estado antes cuando subimos.

Mateo arrancó el motor. Condujo media cuadra. Frenó en el semáforo.

—¿Te gustó? —preguntó, sin mirarme.

—¿Qué cosa?

—Que te babearan todos.

—Era parte del papel —dije—. Para eso fui.

—El papel era «novia». No «la más buena de la fiesta».

—Mateo…

—Vi cómo movías las caderas cuando caminabas hacia la barra. —Su voz era baja, tensa—. Vi cómo ese pelotudo del marketing te miraba la boca mientras hablabas. Y vos sonreías.

—Soy educada.

—Sos una mentirosa.

El semáforo cambió. Él no arrancó. Giró el volante a la derecha y metió el auto en una calle lateral oscura. Se quedó con las manos en el volante, respirando despacio.

—Vamos a un telo —dijo.

No era una pregunta. Y yo no dije que no.

***

El albergue «El Rincón» estaba a cuatro cuadras, escondido detrás de una estación de servicio. Habitación ocho. La puerta apenas cerró y Mateo me empujó contra la pared con una fuerza que no le conocía.

El vestido subió hasta la cintura de un solo tirón. Su mano grande se deslizó entre mis nalgas, encontró el hilo de la tanga y lo corrió bruscamente a un lado.

—Mirá esto —gruñó, apretando mi pequeña erección con la palma—. Tu polla chica ya está dura dentro de esa tanguita. Y el culito…

Pasó el pulgar sobre mi esfínter, apenas rozándolo. Soltó un sonido grave.

—Ya estás húmeda, Val.

—Es el calor —jadeé.

—Mentira.

Escupió en la palma de su mano y untó la saliva caliente entre mis nalgas, frotando con el dedo medio mientras la tanga seguía torcida. El contacto fue directo, insistente, paciente. Yo apoyé las manos contra la pared y arqueé la espalda sin pensar.

—Más de cuatro años de hormonas —murmuró contra mi oreja— y seguís teniendo este culito tan apretado. Me vuelve loco. Y pensar que te cuidaba cuando tenías seis años y no llegabas al interruptor de la luz.

—Mateo…

—No digas nada. Solo abrí las piernas.

Obedecí. El vestido seguía subido, la tanga corrida a un lado, mi polla chica palpitando contra mi vientre. Oí el ruido del cierre de su pantalón. Sentí el calor de él contra mis nalgas antes de que me tocara.

La cabeza de su polla presionó contra mi esfínter con firmeza. El músculo se contrajo solo, por instinto. Él no retrocedió.

—Relajate —dijo, con una voz diferente, más baja—. Dejame entrar.

Un centímetro. Dos. La resistencia cedió de golpe y él se hundió hasta la mitad en un solo movimiento. El sonido que salió de mi garganta fue involuntario, gutural, ahogado contra mi propio brazo.

—Dios… está muy gruesa…

—Lo sé —gruñó—. Aguantá.

No aguardó mucho. Empezó a moverse con embestidas cortas y profundas, abriéndome de a poco, dilatándome. Cada vez que retrocedía, yo sentía el frío del aire sobre mi agujero abierto. Cada vez que volvía, el sonido era obsceno y carnoso y perfecto.

—¿Sentís eso? —murmuró contra mi oreja—. ¿Sentís cómo te estoy rompiendo el culo?

—Sí… —gemí—. Sí, lo siento.

—Después de tantos años cuidándote… mirá cómo terminamos.

Cambió el ángulo. Una embestida más lenta, más profunda. La cabeza de su polla rozó directo contra mi próstata y el mundo se partió en dos.

—¡Ah! —el sonido fue casi animal. Las piernas me temblaron. La espalda se arqueó sola. Un chorro de líquido transparente salió disparado de mi polla sin que nadie la tocara, salpicando la pared.

—Ahí está —gruñó él—. Ahí te tengo. Mirá cómo te chorrea la próstata.

Empezó a golpear exactamente ahí, una y otra vez, sin prisa y sin piedad. Cada embestida era electricidad que me subía por la columna. Yo me contraía alrededor de él, lo apretaba, lo jalaba hacia adentro sin querer. La próstata pulsaba, se hinchaba, se volvía loca con cada roce.

—Más fuerte —supliqué, con voz rota—. Por favor, más fuerte.

—¿Querés que te destroce?

—Sí. Sí, Mateo. Cogeme como si fuera tu novia de verdad. Usame.

Me levantó casi en vilo, me giró y me tiró boca abajo sobre la cama. Me abrió las piernas con las rodillas y se hundió de nuevo hasta el fondo en un solo golpe. El ritmo se volvió frenético. La cama crujía contra la pared. Mis gemidos eran cada vez más altos, más desesperados, más honestos.

—Estoy… estoy por correrme… —jadée.

—Correte sin tocarte —ordenó—. Quiero verte.

Tres embestidas más, brutales, profundas. Grité. Mi polla chica palpitó y soltó chorros cortos y espesos sobre las sábanas, sin que ninguna mano la tocara. Me contraje tan fuerte alrededor de él que rugió y se corrió también, hundiéndose hasta el fondo y vaciándose dentro de mí con sacudidas largas y pesadas.

Nos quedamos así, jadeando, sudados, pegados. El vestido arrugado en la cintura. La tanga todavía torcida. Mi agujero abierto, palpitante, chorreando su semen que bajaba despacio por mis muslos.

***

Mateo me mordió suavemente la nuca. Todavía estaba dentro de mí, y se movía apenas, con embestidas lentas y posesivas que no eran sexo sino otra cosa.

—Esta noche no terminamos —dijo contra mi piel—. Y ya no sos más mi novia falsa, Val.

Sentí un escalofrío que no era solo placer. Mi agujero se contrajo involuntariamente alrededor de él.

—¿Qué querés decir?

—Querés decir que pasás a ser mi novia oficial. De verdad. Mía.

Las caderas se movieron hacia adelante, lento, enterrándose más profundo mientras hablaba. Yo cerré los ojos.

—Oficial —repitió—. Ya no hay juego. Este culito apretado, esta pollita chica que chorrea sola cuando te rozo la próstata… todo eso es mío ahora. Y yo soy tuyo. Después de cuidarte desde que eras una pendeja que no llegaba al interruptor de la luz, ahora te voy a cuidar de otra manera. Todas las noches que quieras.

No supe qué responder. Solo arqueé la espalda y me ofrecí más profundo.

—Entonces cogeme otra vez, novio —susurré—. Hacé que tu novia oficial se corra de nuevo.

Sonrió contra mi cuello. Me dio la vuelta sobre la cama y se hundió otra vez hasta el fondo en un solo golpe, listo para la segunda ronda.

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Comentarios (6)

Anto_BA

que relato!!! me dejo sin palabras

LecturaNocturna88

Ay, necesito la segunda parte ya. Quede colgada queriendo saber que paso despues en el telo jajaja

Celeste_MZA

Me encanto como lo contaste, se siente tan real. La tension antes de que todo pasara fue lo mejor del relato.

GatoNocturno77

Tremendo, lo lei de un tiron. Sigue escribiendo por favor!

RominaGV

Los celos como detonante... que clasico y que efectivo jajaja. Muy bueno

NachoB

excelente!!!

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