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Relatos Ardientes

El cliente que me invitó a un club en Róterdam

Ilustración del relato erótico: El cliente que me invitó a un club en Róterdam

Se llamaba Niklas, tenía treinta y seis años y vivía en Róterdam. Llevaba semanas comprándome contenido casi a diario; en menos de un mes había gastado más de mil euros, y un día, entre mensaje y mensaje, me propuso que fuera a verlo. Al principio no supe qué responder. Había quedado con clientes alguna vez, pero siempre en mi propia ciudad, nunca a miles de kilómetros de casa, en un país donde ni siquiera entendía el idioma.

Lo pensé varios días. Él insistía sin presionar, con esa calma de quien está acostumbrado a conseguir lo que quiere. Me ofreció pagarme el vuelo, el alojamiento y cualquier gasto que tuviera, además de una propina muy generosa a cambio de pasar el fin de semana con él y de dejarme llevar por lo que me pidiera. Al final dije que sí. Esto fue hace cosa de año y medio, aunque lo recuerdo como si hubiese sido la semana pasada.

Cuando lo vi en el aeropuerto me pareció más guapo todavía que en las fotos que me había enseñado por el chat. Alto, con barba corta y una sonrisa tranquila que desarmaba.

—¿Buen vuelo? —me preguntó en un español sorprendentemente bueno.

—Mejor de lo que esperaba —contesté, y era verdad.

Menos mal que habla mi idioma, porque con mi inglés esto sería un desastre.

Me llevó hasta su coche, un deportivo de color grafito del que no sabría decir la marca; solo sé que era bajo, ronco y olía a cuero nuevo. Dimos una vuelta por la ciudad, me enseñó los canales, los puentes, esa arquitectura rara y moderna que tiene Róterdam, y después condujo hasta su casa.

Era una casa de revista. Enorme, con chimenea, jardín y una piscina que se reflejaba en los ventanales del salón. Había una mujer que se encargaba de la limpieza y de cocinar, y que nos saludó con naturalidad, como si estuviera acostumbrada a ver llegar invitadas. Niklas nunca me dijo a qué se dedicaba, y yo aprendí pronto a no preguntar.

***

Estuvimos un rato hablando en el sofá. Me contó cosas de su vida, de sus viajes, de la casa, pero jamás de su trabajo. Cuando la mujer terminó y se marchó, nos quedamos solos, y el aire entre nosotros cambió de golpe.

Se acercó despacio y me besó. No fue un beso tímido: me sujetó la nuca con una mano y me besó con ganas, como si llevara semanas esperando ese momento. Yo le seguí el ritmo. Llevaba un vestido negro de látex, ajustado, uno que me encanta porque cuando me tocan por encima la sensación se multiplica, y él enseguida empezó a recorrerme los pechos con las palmas abiertas.

Bajé la mano hasta su pantalón de vestir y lo noté duro antes incluso de tocarlo del todo. Me sorprendió lo rápido que se había puesto así; ese hombre era más fogoso que yo, y eso, créeme, no es fácil de conseguir. Cuando lo liberé descubrí que no era especialmente grande, unos doce o trece centímetros, pero ya aprendería esa noche que el tamaño me dio igual.

—Ponte de rodillas —me pidió en voz baja.

Le hice caso. Le solté el cinturón, le bajé el pantalón y la ropa interior y me lo metí entero en la boca sin esfuerzo. Iba despacio, jugando con la lengua, mirándolo desde abajo.

—Nunca me lo habían hecho así —murmuró, con la voz quebrada.

No fue la primera vez que me lo decían, pero me gustó oírlo de él.

Apenas aguantó. Me pidió que me subiera encima porque no quería esperar, y obedecí. Lo cabalgué despacio primero y más rápido después, con las manos apoyadas en su pecho y los ojos clavados en los suyos. Se corrió enseguida, casi sin darme tiempo, y se disculpó entre risas.

—Es que me has puesto demasiado nervioso —dijo—. Mañana será distinto, te lo prometo.

No me dejó a medias. Me tumbó, me separó las piernas y bajó con la boca y los dedos hasta que terminé yo también, temblando contra las sábanas. Por ese lado, la primera noche estuvo más que bien.

***

Lo fuerte vino al día siguiente.

Por la tarde me dijo que quería llevarme a un sitio especial, un club parecido a los locales de intercambio que hay en España, donde las parejas se mezclan y nadie pregunta nombres. Me explicó cómo funcionaba mientras conducía, con la mano apoyada en mi muslo, y yo notaba que la curiosidad me ganaba al miedo.

—Si te incomoda algo, nos vamos —dijo—. Pero quiero que lo veas.

—Quiero verlo —respondí, y noté mi propia voz más ronca de lo normal.

El club estaba en las afueras, en una nave reformada con luces tenues y música de fondo. Lo primero que vi al entrar fue un pequeño escenario donde una pareja follaba sin ningún pudor delante de un montón de gente que miraba en silencio. Nos sentamos cerca un rato. Yo no podía apartar la vista, y mientras tanto le acariciaba a Niklas por encima del pantalón y lo notaba otra vez duro. Me estaba poniendo muy cachonda solo de mirar.

Al cabo de un rato me llevó a otra sala, una más privada y a la vez más caótica. Dentro había unas quince o dieciséis personas, hombres y mujeres, repartidos en grupos: unos follaban, otros se hacían sexo oral, algunas parejas solo se besaban en los rincones. El ambiente estaba cargado de gemidos y de calor, y yo me quedé un momento parada en la puerta, sin saber qué hacer con las manos.

—Si te gusta alguien, te acercas y lo tocas —me dijo Niklas al oído—. No hace falta hablar. Aquí funciona así.

Había un chico de pelo claro y ojos grandes que me llamó la atención desde el primer instante. Pero me daba vergüenza moverme con Niklas delante, y él lo notó.

—No te cortes —susurró—. Vamos los dos.

Le tendí la mano y nos acercamos juntos. Al chico rubio le estaba haciendo una felación una mujer arrodillada frente a él, igual que yo le había hecho a Niklas la noche anterior. Empecé acariciándole los muslos mientras él me observaba. La mujer me miró, no entendí lo que dijo, pero me hizo un gesto claro con la barbilla, una invitación a compartir.

Así que la acompañé. Cada una desde un lado, recorriéndolo con la lengua sin metérnoslo del todo, turnándonos, rozándonos los labios de vez en cuando. La de él sí era grande, mucho, unos veinte centímetros largos, y costaba abarcarlo entre las dos.

Niklas se desnudó a mi lado, sin prisa, y mientras yo seguía con la boca ocupada me acariciaba la espalda, las caderas, el culo. La otra mujer, al verlo, se giró hacia él y empezó a chupársela también, de modo que cada una quedó atendiendo a un hombre distinto, hombro con hombro. Supuse que ellos dos eran pareja.

***

El chico rubio dijo algo y Niklas me lo tradujo a media voz:

—Quiere que os pongáis a cuatro patas.

Obedecí, porque ese fin de semana entero había decidido obedecer. Me coloqué a cuatro patas sobre el colchón bajo, y la otra mujer hizo lo mismo a mi lado. Niklas se puso detrás de ella y empezó a follársela con fuerza, agarrándola del pelo, mientras el chico rubio se acomodaba detrás de mí.

—Slow, please —le pedí antes de que entrara, una de las pocas frases que me salían en inglés.

Me entendió. Me la fue metiendo muy despacio, sin llegar al fondo, y agradecí esa paciencia. Sentía cómo mi cuerpo se iba abriendo poco a poco para él, cómo cada centímetro me costaba un poco menos que el anterior.

Estaba en ese punto cuando se acercó otro hombre. Se sentó a poco más de un metro frente a mí, completamente desnudo, y empezó a masturbarse mirándome a los ojos sin disimulo. Era una situación que nunca había vivido: alguien observándome tan de cerca, tan directo, mientras otro me penetraba por detrás. Me puso a mil.

—Come on —le dije, y le hice la señal con la mano para que se acercara.

Lo entendió enseguida. Se colocó justo delante, con las rodillas a los lados de mis brazos, y acercó su sexo a mi cara mientras el rubio seguía moviéndose despacio dentro de mí. Me lo llevé a la boca, notando el grosor y la dureza, dejándome empujar con suavidad. La mezcla de sensaciones era demasiado: uno por delante, otro por detrás, y Niklas a mi lado follándose a la mujer sin descanso, todos respirando fuerte, todos perdidos en lo mismo.

El hombre de delante empezó a mover las caderas con un ritmo cada vez más profundo. Cada embestida me arrancaba un gemido ahogado que él parecía disfrutar. Niklas, al verme así, sonrió con satisfacción y se inclinó hacia mí sin dejar a la otra; alargó el brazo y empezó a acariciarme el clítoris con dos dedos mientras el rubio me seguía penetrando.

Fue demasiado. Sentí cómo todo el cuerpo se me tensaba, cómo el placer me subía desde el vientre hasta la nuca. Intenté aguantar, pero no pude. Me corrí con fuerza, apretándome alrededor del chico rubio, gimiendo con la boca todavía ocupada. Él aceleró al notarlo, dándome aún más, y Niklas me miraba con una expresión entre el orgullo y el deseo, como si todo aquello fuera regalo suyo.

***

Después de correrme noté que el hombre de delante estaba a punto. Seguí con ganas, mirándolo a los ojos, hasta que terminó con un gruñido grave. Cuando se apartó, el rubio salió de mí, se puso de pie y me pidió en silencio que me girara hacia él. Me arrodillé enfrente. Se acarició a sí mismo apenas unos segundos y se corrió también, esta vez sobre mi cara y mi cuello, y yo sonreí, disfrutando del momento más de lo que jamás habría imaginado.

A mi lado, Niklas terminaba con la otra mujer. Luego se acercó, me ayudó a levantarme y me besó con una intimidad rara para el lugar en el que estábamos, como si después de todo aquello quisiera recordarme que yo había ido por él.

Nos despedimos del resto sin nombres ni promesas y volvimos a su casa de madrugada. Estaba agotada, pero también extrañamente serena. Me acurruqué a su lado en aquella cama enorme, con el cuerpo todavía vibrando, sintiendo una gratitud difícil de explicar por haberme mostrado un mundo que no sabía que existía.

A la mañana siguiente volvimos a acostarnos, ya solos los dos, tranquilos, y estuvo muy bien. Pero no se parecía en nada a lo de aquella noche.

De todos mis encuentros con clientes, Niklas fue el mejor, y dudo que algo vuelva a igualar ese fin de semana en Róterdam.

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Comentarios (3)

NocheLectora_cl

Increible... me dejó con ganas de mas. Muy bien narrado!

Valeria_mdq

Por favor tiene que haber una segunda parte. El final me dejó colgada, quiero saber que pasó después esa noche.

Oscar_Mza

Me sorprendio la vuelta que le das al asunto. No es el tipico relato del genero, tiene algo diferente, mas cinematografico. Bravo

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