La noche en que Claudia perdió el control
Colgada de la barra con los brazos en alto y las piernas separadas, desnuda bajo la única luz de la habitación. Aún me miraba con desprecio. Por ahora.
Colgada de la barra con los brazos en alto y las piernas separadas, desnuda bajo la única luz de la habitación. Aún me miraba con desprecio. Por ahora.
Daniela me había dicho que lo que la excitaba era darle esas experiencias a quien nunca lo esperaría. Esa noche en el desierto, un camionero fue el elegido.
Ella estaba sola al borde del agua cuando llegó él. Ricardo los observó desde arriba sin poder apartar la mirada. Lo que pasó no era para nadie más.
Llevaba años imaginando ese momento. Cuando por fin llegó, sentado en ese sillón mientras Camila y Diego se miraban a los ojos, no podía ni respirar.
Llegamos a la reunión preparadas para escuchar reproches. Nadie nos había advertido que aquella tarde nosotras seríamos quienes daríamos las lecciones.
Valentina apareció con el vestido rojo y sonrió al ver las mesas de blackjack. Esa noche era la apuesta más alta del casino privado de su marido.
Lo habían planeado durante semanas. La sala oscura, las cuerdas, y Vera esperándolas con esa sonrisa que no prometía nada bueno ni nada fácil.
Apoyé el celular sobre la cómoda con la videollamada activa. Mi amante miraba en silencio mientras un desconocido me besaba el cuello. No quería perderse nada.
Rodrigo llegó con whisky y buenas intenciones. Valeria estaba en leggins y sin brasier. Antes de que terminara el primer tiempo, ya nadie pensaba en el fútbol.
Me senté encima de él y empecé a contarle mi fantasía más sucia. Con cada detalle que añadía, lo veía deshacerse un poco más.
Mi mujer me besó mientras un desconocido le retiraba el pelo de la nuca. En ese instante supe que el plan que yo había trazado había dejado de existir.
Cuando Marcos me describió cómo envolvía a sus amantes en film stretch, tuve que escaparme al baño. No por lo que creen.
El día que Clara entró en mi casa sin avisar, comprendí que el único espacio limpio que me quedaba ya no me pertenecía.
Cada mañana me despierto en mi jaula con los vibradores puestos, esperando que el amo baje por mí. Hoy será un día muy largo.
Llevaban años sin decirlo en voz alta. Esa noche alguien lo dijo, y las dos mujeres se levantaron de la mesa sin mirar atrás.
Rodrigo no la echó cuando se quedó la última. Sofía tampoco quiso pedírselo. Los tres lo sabían, sin decirlo, desde que se cerraron las puertas del salón.