Esa noche en la oficina supe que sería su amante
Bajé al evento solo por la banda, pero terminé sentada sobre las piernas del único hombre del salón al que llevaba semanas evitando con la mirada.
Bajé al evento solo por la banda, pero terminé sentada sobre las piernas del único hombre del salón al que llevaba semanas evitando con la mirada.
La reconocí en la cima del cerro. Siete años sin verla, y ella me miró como si supiese que ese sábado yo iba a estar ahí. Lo que vino después no debí dejar que pasara.
Apenas salimos del estacionamiento, ella ya tenía la mano bajo la ropa. «Busca un camino donde podamos parar», me dijo con los ojos cerrados.