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Relatos Ardientes

El intercambio que mi novia no quería aceptar

Aquella tarde no pasó nada más entre nosotros. Carla y yo estábamos satisfechos y, además, la propuesta nos había caído de sorpresa. Ella no terminaba de convencerse: con una mirada de extrañeza interrogaba a su hermana desde el otro lado del cuarto, como pidiéndole una explicación que nunca llegó.

—No, ¿cómo crees? Así estamos bien —dijo, y se acercó a mí apoyando la mano en mi cintura.

—Mejor vayan a vestirse, ya tenemos que irnos. Mi mamá no tarda en llegar —le advirtió a Renata. Después se volvió hacia Bruno—. ¿Me puedo bañar?

—Si quieres, claro. Usa el de mis papás, yo voy al otro —respondió él.

—No decías que se hacía tarde. Vístete y ya —reclamó Renata desde la puerta.

—Me tengo que bañar —zanjó Carla.

—Está bien, está bien, me visto. —Renata salió del cuarto moviéndose con una lentitud calculada, mirándonos por encima del hombro con una sonrisa que no tenía nada de inocente.

—Vaya con tu hermanita —le dije a Carla.

—Así es ella. —Bajó la vista hacia la sábana—. Veo que no te desagradó del todo, ¿verdad?

Yo solo sonreí. Me levanté con el cuerpo todavía encendido por todo lo que acababa de proponerse en esa habitación.

—Bueno, a bañarse.

—¡La ventana! —dijo ella de pronto.

Corrí la cortina.

—Nadie nos ve, estamos en un piso alto —la tranquilicé, y fui hacia el baño.

Renata se vestía en el cuarto de al lado. Al pasar me vio y se mordió el labio.

—Me gusta así —dijo, recorriéndome con los ojos.

Le devolví una media sonrisa y seguí mi camino. Al poco rato llegó Carla con su ropa y la mía dobladas sobre el brazo.

***

Nos metimos juntos bajo el agua. Empecé a enjabonarla, aunque más que limpiarla la acariciaba con la espuma resbalando entre mis dedos y su piel. Ella me tomó con una mano y empezó a moverla con torpeza, hasta que le enseñé el ritmo exacto para no hacerme daño. Aprendió rápido. Pronto me masturbaba con seguridad mientras con la otra mano apretaba mis testículos.

—Me sale tu cosa —dijo riéndose, palpando el líquido tibio que le había quedado en los dedos.

—¿Te gustaría probarlo?

—No, y menos de ahí —contestó, divertida.

—¿Y de aquí? ¿Te gustaría darle besos hasta que salga?

—¿Cómo crees? —Cambió de tema y se concentró en lo que hacía—. ¿Te gusta cómo lo hago? ¿Así está bien?

Por toda respuesta llevé mi mano entre sus piernas. Cuando intenté entrar con los dedos se quejó un poco, todavía irritada por la tarde, así que me concentré en su clítoris. Seguimos así, tocándonos bajo el chorro de agua caliente, hasta que terminé contra su muslo y el resto se perdió por el desagüe.

Nos secamos, nos vestimos y las hermanas se fueron a su casa. Bruno y yo nos quedamos hablando un buen rato. Me confesó que con Renata solo había sido una vez, y que esa única vez la había convencido de terminar dentro de su boca.

***

Los dos días siguientes solo hablamos por teléfono. Bruno insistía con Renata para volver a vernos y repetir lo del intercambio, pero Carla seguía oponiéndose. Yo, por mi parte, quería verla a solas, aprovechando que estaba en sus días para poder terminar dentro sin riesgos.

Pasó una semana entera antes de que pudiéramos coincidir. Siempre había alguien en su casa o en la de Bruno. Al fin nos encontramos para tomar un café y después subimos al departamento de él, que nos avisó que no contábamos con mucho tiempo: sus papás volvían cerca de las siete y eran casi las cuatro.

Desde el ascensor empezamos a acariciarlas y a besarlas, recordando aquella primera vez en que casi lo hacemos ahí mismo. Hicimos el amago de repetirlo, pero Renata dijo que le daba miedo que se abrieran las puertas. Así que entramos directo al departamento y, casi sin hablar, los cuatro terminamos en la habitación de Bruno.

Cada pareja en una cama. Los besos y las caricias subieron de intensidad mientras las íbamos desnudando. Carla al principio lo hacía con algo de pudor, mirando de reojo hacia el otro lado del cuarto, pero la excitación que flotaba en el aire era tanta que pronto se olvidó de que su hermana y Bruno estaban a un metro de distancia.

La desnudé del todo y bajé entre sus piernas. Renata nos espiaba de vez en cuando, sin dejar de besar a Bruno, que ya se había colocado encima de ella. Yo seguí atendiendo a Carla con la boca; ella gemía con los ojos cerrados, ajena a todo lo que no fuera su propio placer. Su cuerpo empezó a ondularse, las manos buscaron mi cabeza y la apretaron contra ella, y de pronto estalló en un orgasmo que no se molestó en disimular.

Me terminé de desnudar y le levanté las piernas, acercándola al borde de la cama. Bruno me imitó del otro lado con Renata, que al vernos exclamó, entre sorprendida y encantada:

—Mira cómo están los dos.

Entramos casi al mismo tiempo. El cuarto se llenó de sus gemidos cruzados.

Seguí embistiéndola con fuerza. Junté sus piernas para apretar más el roce y le acaricié los pechos. De reojo veía las nalgas de Renata vibrar en cada movimiento de Bruno, que la había puesto de lado. Carla gimió con todo el cuerpo y me empapó; aceleré, aguantando como podía las ganas de terminar. Me abrazó fuerte, después aflojó las piernas y estiró los brazos, agitada, levantando la cadera. Le di unas embestidas más y salí justo a tiempo para terminar sobre su vientre. Los primeros chorros le llegaron a los pechos, el resto al abdomen, y las últimas gotas cayeron sobre su vello.

Renata giró la cabeza justo en ese instante.

—¡Ay, te bañó toda! —dijo, sin dejar de cabalgar a Bruno, hasta que se desplomó sobre su pecho, exhausta.

Me acosté junto a Carla, tomé un pañuelo y empecé a limpiarla. La besé en los labios mientras le acariciaba la entrepierna, y ella me quitó el pañuelo de la mano para terminar de hacerlo sola.

***

Renata y Bruno hablaban en voz baja. Después ella se levantó, se acercó a mi cama y me tomó, todavía húmedo y rendido. Acarició mis testículos y, mirando a su hermana, soltó:

—¿Quieres probarlo?

Sin esperar respuesta se subió a la cama, se acomodó entre mis piernas y empezó a besarme despacio, recorriéndome con la lengua hasta la punta. Me metió en su boca con una calma que me hizo cerrar los ojos.

—Ven, prueba —le dijo a Carla, sacándome de entre sus labios—. Mira, ya le creció otra vez.

Carla me miró un segundo. Después se inclinó, dejando las nalgas a mi vista, y sentí su mano y luego su boca. Cerré los ojos y le acaricié el trasero, disfrutando de las dos a la vez: Renata atendiéndome con las manos, Carla con la boca. Se turnaban, alternaban, y yo apenas podía pensar. Bajé los dedos hasta Carla y empecé a tocarla; ella movió la cadera buscándome.

Bruno se acercó con el dedo en los labios, pidiéndome silencio. Mientras yo seguía tocando a Carla y ella me chupaba con más ganas, él se colocó detrás de ella. Carla giró por instinto al sentir el contacto, pero Renata la hizo volver con una caricia, para que siguieran las dos concentradas en mí.

Saqué los dedos y Bruno, con las manos firmes en sus caderas, entró de una sola vez. Carla emitió un sonido de sorpresa al sentirlo tan adentro. Y en ese mismo momento Renata se montó sobre mí.

—Uy, qué grueso —murmuró, bajando despacio, sentándose poco a poco hasta tenerme entero dentro.

Qué placer sentir su calor abrirse alrededor. Le puse las manos en las nalgas —más llenas que las de Carla— y, medio incorporándome, le besé los pechos uno a uno mientras ella se mecía con un ritmo lento y profundo.

Bruno embestía a Carla con fuerza. Le di una palmada suave a Renata y, con la mirada, le indiqué que pasáramos a la otra cama. Se bajó y nos cambiamos. La acosté boca arriba y entré despacio; ella gimió y levantó la cadera hasta sentirme en el fondo. Le besé el cuello sin moverme. Cuando giró apenas las caderas, empecé a moverme lento, dejando que disfrutara cada centímetro. La tuve así un buen rato, hasta que tembló en otro orgasmo. Después nos pusimos de lado y seguimos, besándonos, recorriéndonos con las manos.

Salí de ella, la puse en cuatro y volví a entrar. Le separé las nalgas para ver cómo desaparecía y reaparecía, la abracé tomándole los pechos y empecé a embestirla rápido, constante.

Del otro lado, Carla le decía a Bruno con la voz entrecortada:

—No termines dentro.

Yo los veía por el espejo. Bruno aceleró, salió a tiempo y derramó todo entre sus nalgas y la parte baja de su espalda.

—Tú no salgas —me ordenó Renata, levantando la vista.

Le clavé las manos en las caderas y le di con todas mis fuerzas. Los dos respirábamos hondo, y al fin terminé en el fondo, dejándome caer sobre su espalda con las manos cerradas sobre sus pechos.

***

Después de descansar un rato, comentando entre risas lo que acababa de pasar, nos fuimos a bañar. Carla y yo al baño del pasillo; ellos al de sus papás. Empecé a enjabonarla y ella a mí. Cuando me tomó otra vez, le pregunté:

—¿Te gustó la experiencia?

—Más o menos…

—¿Por?

—Esperaba estar solo contigo. —Hizo una pausa—. Pero me excitó muchísimo besarte y la forma en que me tocabas. Perdí el control.

—A mí me gustó. Y me sorprendió que quisieras hacerlo —le dije, apoyando la mano en su cabeza y empujándola apenas hacia abajo—. ¿Te gustaría volver a hacerlo?

Asintió y se dejó llevar hasta mí.

—No uses los dientes, solo la boca —le pedí.

Me besó la punta, abrió los labios y me fue metiendo en su boca. Crecí enseguida al sentir su lengua. Le puse las manos en la cabeza y marqué el ritmo. Ella me acariciaba mientras yo entraba y salía, su saliva escapándose por la comisura. Seguí hasta el final. Quiso retroceder, pero la tenía bien sujeta, y terminó tragando todo, mirándome con los ojos vidriosos. Después siguió sola hasta dejarme limpio.

Nos miramos cuando se incorporó.

—Saben raro —dijo.

—¿Te desagrada?

—No. Es un sabor especial, distinto a todo.

Terminamos de bañarnos, nos vestimos y nos sentamos los cuatro en la sala a tomar algo fresco. Un rato después, ellas se fueron, y Bruno y yo nos quedamos en silencio, sabiendo que aquello no iba a ser la última vez.

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Comentarios (6)

Luna_22

Que relato tan bueno! de los que te dejan pegado a la pantalla hasta el final. Felicitaciones

FabriR_

no me lo esperaba ese giro jaja muy bueno

MarcelaRos

Sigue escribiendo por favor, tenes un don para contar estas cosas de forma que se sienten reales

Caro_1991

Por favor una segunda parte!!! quede con muchas ganas de saber como termino todo

ElioNight

Me gusto mucho como describiste la tension interna del protagonista. Eso es lo que hace que un relato sea verdaderamente bueno

NadiaNK

de verdad paso algo asi? increible. Muy bien narrado la verdad

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