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Relatos Ardientes

La mañana que mi amiga me dio clases de sexo oral

Esa mañana nos despertamos cerca de las nueve. Mis viejos se habían llevado a mi hermana menor a lo de mi abuela para pasar el día, así que la casa quedaba entera para nosotras dos. Eso significaba dos cosas: muchísimo tiempo para hablar de cualquier estupidez, y que el almuerzo nos lo teníamos que cocinar solas.

Malena se había quedado a dormir, como tantas otras veces. Nos levantamos, pasamos por el baño a hacer la higiene de siempre y bajamos a desayunar en la mesita chica de la cocina. No tenía sentido ensuciar la mesa grande para dos tostadas.

Yo me preparé un yogur bebible de vainilla y agarré una banana. Malena necesitaba algo con más potencia para arrancar el día, así que se hizo un café bien cargado con tostadas y mermelada de durazno.

Mientras nos íbamos despabilando, empezamos a charlar.

—¿Cómo dormiste, Male? —pregunté dándole un sorbo al yogur.

—Espectacular. Vos no te movés nada, en serio. Dormí de un tirón, fresquita. ¿Y vos, Anto?

—También, lindísimo. Aunque sentía cómo me apretabas con esas tetas que tenés.

—Son re suavecitas, mirá —dijo, y se las apretó por encima de la remera mientras me hacía un gesto para que comprobara. Obviamente le apreté una, despacio, y nos reímos.

Seguimos comiendo un rato en silencio, todavía medio dormidas, hasta que empecé a pelar la banana.

—Cómo te gusta la banana, ¿eh? —soltó ella con una sonrisa pícara.

—Me encanta, mirá. —Me recogí el pelo con una mano, levanté la vista al techo, saqué la lengua y apoyé la punta sobre la fruta como si fuera otra cosa.

—Qué desubicada que sos, Anto.

—Señora desubicada, que soy de un solo hombre.

—Deberías dar un curso de eso.

—De eso no. De petes. Ese es mi rubro. Y vos tampoco te quedás atrás con lo que me contaste anoche.

—Escuela de sexo oral, Antonella y Malena. No suena nada mal.

—Me gusta. También podría ser «Taller de petes Anto y Male, las mejores de toda la zona».

—Me encanta —se cagaba de risa—. Dale, empezá vos. Tirame algún consejo.

—Para empezar tenés que amar la leche.

Entonces agarré el yogur bebible, lo levanté por encima de mi cabeza y dejé caer un chorro lento sobre mi lengua, como si tuviera una pija a punto de acabarme en la boca. El problema es que me lo tiré encima: me embadurné toda la cara, la remera, medio mantel.

—Sos una pelotuda —se mataba de risa.

—Petera y pelotuda —agregué, mientras me limpiaba con una servilleta y las dos llorábamos de la risa.

***

Más tarde subimos a mi cuarto a hacer nada un rato y después abrimos los apuntes para estudiar algo de la facultad. Duró poco. Yo tenía la cabeza en otra cosa.

—¿Viste cómo te mira el profe de Métodos? —pregunté con toda la inocencia falsa que pude.

—No. ¿Cómo?

—Se te queda mirando cada vez que hablás. Te clava los ojos en la boca.

—Debe querer que le dé un besito.

—Qué besito. Quiere que se la chupes como nunca en su vida.

—Sos una enferma, tenés la idea fija.

—Es que soy una experta —dije, encogiéndome de hombros.

—Ya, en serio.

—En serio. Soy experta. Hace bastante que practico.

—Bueno, entonces deberías darme clases de verdad.

—¿A vos te gusta hacerlo? —le pregunté.

—Más o menos. Me gusta que me lo pidan, sentir que lo hago para darle placer a mi novio. Pero no es algo que me salga solo. Si me lo piden, lo hago. Si no, no se me ocurre.

—Ahí está tu problema. Tenés que amar el pete. Tenés que amar la pija. ¿Querés a tu novio?

—Sí, obvio.

—Entonces amale la pija.

—¿Y cómo se hace eso?

—Eso no te lo puedo enseñar. Lo que sí te puedo pasar son técnicas. Mirá, a mí me gusta arrancar tranquila. Una tarde de película en el sillón, él sentado con las piernas abiertas y yo acostada a lo largo, con la cabeza apoyada en su regazo. Es una posición re cómoda, casi romántica. Y cuando en la peli aparece una escena subida de tono, empiezo a sentir cómo se le para contra mi nuca.

—¿Y se la chupás ahí?

—Hace unos días lo hice. Sentí la erección golpeándome la cabeza, me di vuelta sin decir una palabra, le bajé el short y le quedó la pija al aire. Y me la metí en la boca casi sin mover el cuello. Hago remolinos con la lengua, se la recorro entera, todo con él adentro de mi boca y casi sin moverme. Él me acaricia la cara mientras tanto. ¿Qué te parece?

—Es… no sé. ¿Romántico?

—Digamos que sí. Él me mima la cara, yo le mimo la pija. A veces le acaricio los huevos con la mano. No es una técnica complicada, pero es una forma que a mí me conecta con él.

—Suena lindo. ¿Y cuando acaba?

—Como más te guste. Yo le pedí que no me avise, que si tiene ganas de acabar lo haga y listo, salvo que quiera terminar en algún lado puntual. La última vez sentí que estaba por venirse y me llenó la boca. Es como cuando estás enferma en la cama y te ponen un jarabe con la jeringa: sentís el líquido, abrís la boca y lo mostrás. Después me la tragué y le sonreí. No me sentí una puta haciéndolo. Me sentí mimando a mi novio, nada más.

—Qué tierna. Los míos suelen ser más bruscos.

—A veces yo también hago cosas más fuertes. ¿Querés que te cuente una?

—Sí, dale. Después te cuento yo.

***

—Cuando él volvía del gimnasio todo transpirado, a veces se la chupaba ahí abajo, en el living. No era lo normal, porque casi siempre se iba derecho a su casa, pero cuando yo tenía la casa sola se quedaba acá. Una vez llegó y ni hola le dije. Me arrodillé y se la saqué sin preámbulo.

—Sos una bestia.

—La peor —me reí—. Le olfateaba la verga entera, desde la punta hasta las bolas. Le pasaba la lengua de abajo hacia arriba mientras le decía que me encantaba su olor, que me usara la boca. Y me la metía hasta el fondo, hasta que me daban arcadas.

—Qué locura.

—Te tiro un dato: cuando tenés arcadas te sale una baba espesa que sirve de lubricante natural. Después me gustaba que me frotara la pija contra la cara, que me diera unos golpecitos. Cuanto más olor tenía, más me prendía. Y se la chupaba con fuerza, haciendo ruido, pidiéndole la leche. Según las ganas, me acababa en la cara o en la boca. ¿Vos cómo preferís?

—En la cara. No soy fan del sabor.

—La de mi novio es muy rica.

—Convidá, entonces.

—¿Qué dijiste, atrevida? —la fulminé.

—Que convides —se reía—. Chiste, chiste.

—Más te vale, te cago a arañazos.

—¿Y siempre te la tragás?

—Casi siempre. Pero cuando la cosa viene más salvaje, me quedo arrodillada y saco la lengua. A los tipos les enloquece ver la leche. Saco la lengua para que vea bien cómo le salta, después se la muestro, me la trago y le muestro la lengua limpia. Eso los vuelve locos.

—¿Y la garganta profunda te sale?

—Casi nunca. Tengo que estar muy relajada y me cuesta, no la disfruto tanto. ¿A vos?

—Sí, pero me costó muchísimo que me saliera. ¿Te cuento?

—Obvio, linda.

***

—Práctica, Anto. Ese es el secreto, básicamente. Pero es muy mental también. Tu cuerpo lucha contra eso que te bloquea las vías, así que mientras practicás tenés que parar, pensar en relajar la garganta y concentrarte. Un consejo para el principio: hacelo con el estómago vacío, para no tener miedo de vomitar. Aunque, claro, en tu caso, como en el mío, un pete pasa cuando pinta, no lo preparás con agenda.

—Tal cuál. Yo le chupaba la pija todos los días cuando estábamos juntos, pero nunca le dije «a las siete te la chupo, prepárate». Salía cuando salía. Y me cuesta que me entre toda.

—Dejame pensar. Conseguite un consolador que no sea muy grueso. Podemos ir juntas a un sexshop si querés. Que tenga base de seguridad, para que no se te vaya entero para adentro. Practicá despacio: humedecelo con la boca, saboréalo, llevalo de a poco más al fondo, dejándolo descansar sobre la lengua. Después lo sacás y repetís. Varias veces al día, sin apurarte. Te puede llevar semanas.

—¿Y cuando ya estoy lista?

—Lo llevás más al fondo, siempre en contacto con la lengua, y lo mantenés ahí hasta que el reflejo de arcada pase. Y escuchame esto que es clave: en vez de empujarlo más adentro, usá la lengua para tragar, como si fuera una pastilla o un bocado de comida. El acto de tragar es lo que hace que no te dé arcada cada vez que comés. Usalo como ayuda. Con práctica vas a poder tragar bastante. Y el día que lo pruebes con la verga de tu novio, lo dejás sin palabras.

—Male, es una locura lo que me estás contando.

—Es práctica. Si tenés algo a mano, te muestro.

—¿Algo como qué?

—Algo que parezca una verga larga.

—Tengo un cepillo de dientes, o una banana.

—Las dos cosas son horribles, pero traé la banana.

Bajé a la cocina, elegí la banana más grande que encontré y la subí al cuarto. Lo que vi después me dejó con la boca abierta.

Malena la peló para no chupar la cáscara, la miró un segundo, la sostuvo firme con la mano derecha. Abrió la boca todo lo que pudo y se la metió hasta el fondo, controlándola con la mano para que no entrara del todo. Me miró, hizo el gesto de sonreír con la fruta adentro, me hizo señas de que todo bien y se la sacó.

—No me la dejé más tiempo porque al humedecerse se rompe fácil y es un asco. Pero viste, ni una arcada.

—No lo puedo creer. Los que te tienen a vos son unos afortunados.

—Así trabaja una buena sumisa, lista para complacer a su hombre.

Completamente desconcertada por lo que acababa de ver, me imaginé haciéndole una garganta profunda a mi novio. La cara que pondría. Toda la pija babeada con esa saliva espesa que sale cuando una se ahoga un poco. Después, que me diera vuelta y me usara con esa baba de lubricante, que me dejara sin aire, que se me ocurriera todo a la vez. Tendría que practicar más, pensé. En la fantasía me salía perfecto. En la vida real me cuesta, igual que el resto, pero algo de eso quería intentar.

—Male, sos increíble.

—Es práctica nomás. Ni siquiera soy tan fanática del pete, ¿eh?

—Si nos fusionáramos, seríamos la petera perfecta. Yo con el amor por la leche, vos con la garganta profunda.

—Total. Che, Anto, estamos al pedo. ¿Vamos a un sexshop?

—¡Dale!

Cerramos los apuntes que ni habíamos abierto del todo, nos cambiamos riéndonos como dos nenas y salimos a la calle con la excusa más rara del mundo. A veces pienso que esa mañana sin nadie en casa me enseñó más que un semestre entero de facultad. Y todavía me río sola cuando paso por la frutería.

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Comentarios (5)

GabyLectora

jajaja la escena de la banana me mato!! pero despues fue tomando un vuelo totalmente distinto. Muy buen relato

Leti_sf85

Por favor que haya una segunda parte, quede con ganas de saber mas sobre Malena jaja

PatriMontes

Me recordo a cuando era mas chica y tenia amigas de ese nivel de confianza... aunque las nuestras no terminaban asi jajaja. Muy bien contado

Roxana_88

Esperaba algo mas simplote y me sorprendio totalmente. Se siente autentico, como si fuera de verdad

NachoCba77

excelente!! me encanto como esta contado, sin perder el hilo en ningun momento

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