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Relatos Ardientes

La primera doble penetración de Lucía

Después de la noche que pasé con Nuria en Valencia, algo se me quedó dentro y no terminaba de irse. Hasta mi mujer notó que aquello había sido distinto. Eran mis últimos días libres antes de jubilarme, así que tuve tiempo de sobra para darle vueltas a lo ocurrido.

No volví a verla, pero hablamos por teléfono un par de veces. Las dos me llamó ella, siempre con la excusa de asuntos de trabajo a medio cerrar. La primera vez fue para decirme lo increíble que había sido esa noche, y al mismo tiempo lo culpable que se sentía por habérselo hecho a Lucía. De hecho, evitaba coincidir con mi mujer porque estaba convencida de que se le notaría todo en la cara.

La segunda llamada fue para preocuparse por mí. Había entendido, sin que yo se lo dijera, que estaba colgado de ella. Nuria se resistía a volver a quedar conmigo: por el riesgo de que nos pillaran en una ciudad tan pequeña y por no hacerle daño a Lucía. Mi mujer, en cambio, me animaba a insistir, a convencerla para repetir los tres.

Lo cierto es que Lucía tenía su propia historia con Silvia muy bien afianzada, y yo entraba en ella para completarla. A Silvia le encantaba correrse con mi polla, tanto por el coño como por el culo. Mi mujer se preparaba desde hacía tiempo para el sexo anal conmigo, pero todavía no nos habíamos atrevido. Al suegro de Silvia, en cambio, ya se lo había hecho una vez, y Lucía lo había disfrutado más de lo que esperaba.

Decidí darle tiempo a Nuria. No quería sumar sufrimiento a su vida: estaba a punto de iniciar la separación, entre abogados y conversaciones con su familia, todo a espaldas de su marido por el momento.

***

Sin trabajo que me ordenara el día, me organicé para no caer en la monotonía. Me apunté al gimnasio, recuperé aficiones que tenía abandonadas y me volqué en mi mujer y en Silvia. Lo del gimnasio fue todo un descubrimiento. A la hora que iba, por la mañana, estaba lleno de mujeres casadas de mediana edad que aprovechaban esas horas tranquilas para entrenar.

No buscaba nada, pero me divertía provocarlas con la ropa que elegía, haciendo que el bulto se marcara como el badajo de una campana bajo el pantalón. Muchas eran conocidas de Lucía, así que el morbo estaba garantizado. Ella se reía con los comentarios que le iban llegando y se dedicaba a ponerme retos con unas y otras. Retos de provocación, nada más.

Mientras tanto, Lucía seguía con los plugs anales. Estaba decidida a disfrutar del sexo anal, así que aumentaba el tamaño poco a poco. Una tarde lo intentamos en serio, pero con solo apoyarle el capullo el dolor se le volvía insoportable. Decidimos darle más tiempo y más entrenamiento.

Por eso volvimos a hablar con Silvia. Su suegro, como ya había demostrado una vez, tenía la medida perfecta para el culo de mi mujer. Su discreción estaba asegurada, y a Lucía no le incomodaba su físico, aunque hubiera pasado de largo los setenta. Quedamos con él una tarde en nuestra casa. No queríamos arriesgarnos a una visita inesperada de su hijo que nos pillara con las manos en la masa. Silvia se encargó de explicarle qué tenía que hacer y cuándo tomarse la pastilla para no fallarle a mi mujer.

***

Llegó puntual y pasamos directos a la habitación de invitados. Hacía poco que la habíamos acondicionado para nuestros encuentros con Silvia: una cama amplia, un sofá, un par de espejos enfrentados, lo justo de mobiliario y un baño completo. Lucía nos esperaba dentro, desnuda, con el plug puesto y dispuesta a todo.

Entramos los dos y nos quitamos la ropa. Él se había tomado la pastilla poco antes de llegar, así que su polla ya estaba casi a punto. Aun así, Lucía se arrodilló delante de nosotros y empezó a mamárnoslas para terminar de ponerlas duras. Cuando las notó listas, las comparó con una sonrisa traviesa: diecinueve por cinco contra diez por tres. El hombre tenía la mitad de material, pero iba a ser él quien le follara el culo.

Mi mujer quiso calentar el ambiente, que la cosa no fuera mecánica. Se sentó en el sofá y le ofreció las tetas para que se las chupara. Él obedeció al instante y se las comió con avidez, dejándole los pezones duros como piedras. Después ella abrió las piernas todo lo que pudo, apoyándolas en el asiento, y le pidió que le comiera el coño hasta correrse.

El hombre no perdió ni un segundo. Empezó a repartir lengüetazos desde el ano hasta el clítoris mientras Lucía jadeaba y me pedía polla. Se la metí en la boca y comenzó a mamar con ganas. Él le comía el coño y a la vez la abría con dos dedos; ella me la chupaba con fuerza sin dejar de gemir. Al final explotó en un orgasmo intenso que le dejó la cara y los dedos de él empapados.

***

Acto seguido se incorporó e hizo sentarse al suegro de Silvia en el sofá. Cogió el lubricante y repartió una buena cantidad sobre aquella polla pequeña pero dura. Le dio la espalda, se quitó el plug y se sentó encima mientras él la guiaba hacia su ano. Estaba lo bastante dilatada para que entrara sin demasiado problema, hasta el fondo.

Se acomodó y empezó a subir y bajar con calma, mientras él le sobaba las tetas y yo volvía a meterle la polla en la boca. Poco a poco regresaron los gemidos y el ritmo fue subiendo. Lo que comenzó con delicadeza se transformó en sentadas cada vez más salvajes. Él le sujetaba el culo con las dos manos y la ayudaba a moverse.

Yo le follaba la boca como podía. Entre el sube y baja y su respiración entrecortada, mantenerme dentro era casi imposible, así que la saqué y dejé que disfrutara mientras los miraba a los dos. El suegro de Silvia empezó a bufar y se corrió dentro del culo de mi mujer mientras ella le daba sentadas potentes. Lucía sonrió, gimió con fuerza y estalló en el primer orgasmo anal de su vida. No fue el más intenso, pero le bastó para quedarse satisfecha.

Se levantó y se tumbó boca abajo en la cama, con las piernas abiertas. Del culo le manaban hilos finos de semen. Me senté a su lado a acariciarle el pelo mientras ella me miraba con una lujuria que no le conocía. Él se fue al baño a lavarse; su polla seguía dura, así que empezamos la segunda parte.

***

Mi mujer se puso a cuatro patas al borde de la cama y me pidió que la follara. Estaba empapada y le metí la polla hasta el fondo sin contemplaciones. La embestí con fuerza, llevándola justo al borde del orgasmo, hasta que ella misma pidió el cambio. Le dijo al suegro que se lubricara y le diera por el culo. Él obedeció, la penetró entera y empezó a darle duro a petición de ella.

Así estuvimos un buen rato, alternando: uno por el coño, el otro por el culo, turnándonos sin prisa. Lucía gritaba de placer y nosotros gozábamos con la situación. Primero se corrió por el coño, después por el culo. Estaba desatada. Y al final, casi sin aire, nos pidió lo que llevaba semanas rondándole la cabeza: que la folláramos a la vez.

Me tumbé en el borde de la cama, con los pies colgando. Mi mujer se subió encima, se la metió hasta el fondo en el coño y me abrazó pegando su pecho al mío. Levantó el culo lo justo para que el suegro de Silvia se la volviera a meter, sincronizamos el movimiento y empezamos a gozar los tres a la vez.

Lucía vivía su primera doble penetración gimiéndome al oído. Su coño y su culo recibían un castigo severo, dos pollas marcando el mismo ritmo dentro de ella. Empezó a encadenar un orgasmo tras otro, sin saber muy bien de dónde le venía cada uno. Casi al unísono, los dos empezamos a llenarla de leche.

En ese instante llegó a un punto difícil de explicar: el cuerpo se le tensó y le tembló al mismo tiempo, y la habitación se llenó de gritos ensordecedores que salían de los tres a la vez.

***

Lucía quedó tumbada sobre mí, como muerta. El suegro de Silvia se dejó caer en el sofá, desfallecido. La moví con cuidado y la dejé sobre la cama, con los pies colgando. Por las piernas le chorreaba el semen de los dos agujeros hasta llegar al suelo. La habitación se quedó en silencio durante unos minutos largos.

Por fin se levantó. Con los dedos fue recogiendo el semen que tenía repartido por el cuerpo y se lo fue comiendo despacio, mirándome. Después me lamió la polla hasta dejármela bien limpia.

Nos aseamos, tomamos algo mientras a él se le terminaba de bajar la erección, y nos despedimos con la promesa de repetir el encuentro muy pronto.

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Comentarios (5)

MarielBA

Tremendo relato!!! me dejo sin palabras, gracias por animarte a contarlo

Luisito_MX

excelente!!! de los mejores que lei en mucho tiempo

AlexMdp27

Lo que mas me gusto es que se nota que fue algo real, no inventado. Muy bien contado, sigue asi!!

confesando_todo

Por favor una segunda parte, quede con ganas de saber como siguio todo despues de esa tarde

PabloSur88

La preparacion previa que describes le da mucha credibilidad al relato, no es lo tipico. Muy bueno

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