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Relatos Ardientes

La putita que escondo detrás de mi cara de inocente

Hola. Es la primera vez que me animo a escribir algo así y, siendo honesta, hacerlo me tiene temblando de calor. Llevaba meses queriéndolo, abriendo la página y cerrándola sin atreverme, no sé bien por qué. Pero hoy me decidí, en parte porque estoy mojada desde que me levanté y necesitaba canalizarlo en algún lado que no fuera el de siempre.

Mi nombre real no lo voy a decir. Aquí soy Sienna, que es como llamo a esa parte de mí que adora calentar a los hombres, que la miren, que la deseen, que la toquen con los ojos antes que con las manos. Todo lo que cuente es real, solo cambio los nombres por si alguno de mis amantes llega a leerme. Y la razón por la que me escondo es simple: me excita demasiado llevar una especie de doble vida.

En el mundo real, la mayoría sospecha que soy una zorrita por mi forma de ser y de vestir. Pero yo no confirmo nada. No me gusta hablar de mi vida privada con gente que no me importa, así que dejo que imaginen. Que me pongan etiquetas. Que me miren de reojo en el súper. Y mientras tanto, que alguien lea mis aventuras desde el anonimato me prende como ninguna otra cosa.

Aclarado esto, me presento. Sienna, o Sie si prefieres, aunque si me dices putita o zorrita me gusta todavía más. Soy mexicana y acabo de cumplir veintitrés. La gente me considera bonita; me lo hacen saber bastante seguido, no sé por qué razón. Tengo unos ojos grandes que vuelven mi mirada ridículamente tierna, y me encanta usarla justo cuando tengo a un hombre dentro de la boca. Mi nariz es pequeña y mis labios, sin ser gruesos, llaman la atención. Me lo han dicho mil veces.

Ya sé que lo que de verdad quieren que describa es mi cuerpo. Lo que más destaca no son mis tetas: son chicas, aunque tengo unos pezones color café claro que a los hombres les encanta mamar. Lo que de verdad llama la atención es mi culo. Caderas anchas, muslos gruesos con los que podría ahorcarte sin esfuerzo. Soy lo que llaman chubby, gordita pero bien proporcionada, con mi cinturita marcada. Hubo una época en la que no me gustaba mi cuerpo, y sin embargo siempre me gustó exhibirlo.

Me visto con faldas cortas que dejan ver la curva de mis nalgas cuando me agacho, blusas escotadas sin sujetador para que se marquen mis pezones. Soy una gótica culona, así me defino, aunque a veces me pongo ropa clara para dar una vibra de inocente que contradice todo lo demás. Esa contradicción es justo lo que me gusta provocar.

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Mi vida sexual de verdad arrancó ya de adulta, aunque para entonces yo llevaba años conociéndome sola. Desde joven recuerdo unas cosquillas raras entre las piernas que no sabía nombrar. La primera vez que me masturbé fue por culpa de unos relatos parecidos a este: empecé a sentir rico, metí la mano dentro de la ropa interior, encontré mi clítoris sin saber siquiera cómo se llamaba, y al frotarlo llegó algo tan intenso que pensé que me había orinado de lo mojada que quedé. Desde ese día no paré.

Mi primera vez con alguien fue tarde para lo que cuentan mis amigas, y la verdad es que tampoco la disfruté. No me sentía cómoda, no había confianza, y quedé con la sensación de que aquello no era para mí. Estuve mucho tiempo sin volver a intentarlo. En ese inter llegó la pandemia, el encierro, las pantallas, y descubrí algo que me cambió: me fascinaba mandar fotos desnuda a quien me interesaba, y todavía más me fascinaba que me dijeran que se masturbaban mirándolas.

Una de mis primeras experiencias fuertes fue con un chico con el que platicaba en esa época. Él tenía veinticinco, yo veintidós, y aunque terminó rompiéndome el corazón porque yo era una ingenua, la pasábamos increíble hablando. Me mandaba fotos de su verga, que en ese entonces se me hacía enorme porque casi no había visto otras. Me mandaba videos jalándosela, terminando sobre la pantalla con mis fotos abiertas. Yo le devolvía la jugada: primero en ropa interior, después desnuda, en todas las posiciones, hasta videos metiéndome los dedos despacio mientras le pedía que me dijera lo que me haría.

Después de él tuve un novio con el que viví cosas muy ricas. Al principio los dos éramos inexpertos y como pareja no me terminaba de gustar, pero en la cama nos entendíamos perfecto. Hicimos de todo menos anal, y eso sigue pendiente: hasta con lubricante me duele demasiado y nunca me he atrevido del todo. Con él aprendí a pedir lo que quería en voz alta, y eso me abrió un mundo.

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Luego entré a la universidad y conocí a varios chicos. Para ese punto ya había cortado con mi novio, y lo admito: corté porque le fui infiel. Me excita demasiado poner el cuerno, tanto que una de mis fantasías recurrentes es tener una pareja que me deje serle infiel, que se sienta humillado y aun así me perdone. No estoy orgullosa, pero tampoco lo voy a negar aquí, donde nadie sabe quién soy.

En esa época todavía me veía con mi ex, así que con los demás chicos no sentía la necesidad de llegar hasta el final. Me daban unas manoseadas riquísimas y yo se las chupaba, pero hasta ahí. Eso cambió el día que uno de los que más me gustaba me rompió el corazón. Ahí empezó lo que yo llamo mi adicción a los hombres. Empecé a coger con más, y sobre todo con desconocidos. Era la típica que en la primera cita ya estaba dando las nalgas, aunque eso sí, antes de verlos siempre les pedía una foto para saber si me convencía.

Me di cuenta de que lo que de verdad me vuelve loca es sentirme deseada. Hasta el día de hoy no aguanto mucho tiempo sin un buen macho que me dé mis buenas cogidas. Como dije, la gente ya anda diciendo que soy una zorrita; me llegaron rumores de que algunos creen que cobro. Yo lo niego todo, porque la verdad no cobro. Me gusta que me cojan y no lo hago por dinero, aunque me da curiosidad probarlo alguna vez con alguien que de verdad me atraiga. A veces me hago la inocente con los hombres con los que estoy, y casi nadie me la compra.

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En cuanto a mis preferencias, me encantan los hombres y sus vergas, pero también me atraen los cuerpos de las mujeres. Me gustan las tetonas de pezones grandes. Nunca he estado con una, pero si llegara a pasar me encantaría que fuera con una mujer que me dominara, que me hiciera sentir pequeña por una vez.

Con los hombres tengo una debilidad rara: siempre me dicen que me gustan los más feos, y puede que sea cierto, pero son los que la tienen más rica y los que más ganas le ponen. Últimamente también me prenden mucho los negros. Tampoco he estado con uno, y solo de pensar que uno me reviente despacio me dejo empapada.

Algo que quiero confesar es que casi siempre me gusta ser sumisa en la cama. Me prende el sexo rudo, que me ahorquen, que me cacheteen, que me fuercen un poco dentro del juego. Depende del chico: con algunos saco mi lado dominante, pero la mayoría de las veces lo que quiero es que sean bruscos, que me insulten diciéndome lo puta que soy, que me griten cuánto los caliento. Que me escupan, que me graben. Casi siempre termino con moretones en las rodillas, chupetones en las tetas y las nalgas rojas, y al día siguiente me toco recordándolo.

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Mis fantasías más fuertes de este momento son varias, y las suelto aquí porque me da morbo dejarlas por escrito. Coger con un señor maduro que me trate como a una niña malcriada. Un trío con dos hombres, específicamente dos de mis ex amantes que ni se conocen entre ellos. Otro trío, pero con una pareja de desconocidos que me usen los dos a la vez. Que me cojan amarrada, sin poder moverme, hasta que les ruegue.

Hay más, y las más sucias me dan vértigo. Que mi pareja me preste a otro hombre y me mire mientras tanto. Vender mi cuerpo una sola vez, no por necesidad sino por el morbo de hacerlo. Ser actriz porno en secreto, o vender fotos desnuda sin que nadie de mi entorno lo sepa. Que me preñen y luego me sigan cogiendo embarazada. Operarme las tetas y ponérmelas tan grandes que parezcan melones, solo para presumirlas. Son las que se me vienen a la mente ahora mismo, mientras me dedeo bien rico y me meto mi consolador más grande pensando en quién me estará leyendo.

Hasta aquí lo dejo por hoy. Más adelante les iré contando mis aventuras, una por una, y espero que las disfruten tanto como yo disfruté viviéndolas. Si eres hombre, besitos en esa verga que me encantaría sentir terminar en mi cara o sobre mis nalgas. Si eres mujer, besos en esas tetas que me gustaría ver rebotar de cerca. Se despide su gótica culona de confianza, la putita que nadie sabe que existe.

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