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Relatos Ardientes

Te distraje mientras jugabas y nadie se enteró

Estoy acostada en nuestra cama, desnuda, con la luz del velador encendida y el teléfono en silencio. Afuera pasa un auto lejos, se escucha apenas el motor subiendo por la avenida. Adentro solo está mi respiración y una idea que me tiene la mano entre las piernas desde hace rato.

Pienso en aquella madrugada de marzo. La noche que te distraje mientras jugabas, esa que todavía me moja con solo recordarla.

Estabas sentado frente a la computadora, desnudo, con los auriculares puestos. Un juego de disparos, no me acuerdo cuál. Lo único que importaba era que llevabas horas encerrado ahí, puteando por lo bajo cada vez que un enemigo te emboscaba. Desde el sillón yo te escuchaba negociar estrategias con un par de amigos por el micrófono. Tu voz, tu concentración, tu espalda tensa iluminada por la luz azul del monitor.

Las ganas de interrumpirte me ganaron.

Me levanté en silencio y fui dejando la ropa por el camino, despacio, como si alguien pudiera verme. La remera, el short, el corpiño. Me quedé solo con la tanga negra, esa que me regalaste el año pasado. Me acerqué a tu espalda con los pies descalzos sobre la madera. No me escuchaste llegar.

Apoyé los pechos contra tus omóplatos y te rodeé el cuello con los brazos. Tu cuerpo se tensó un segundo y después se aflojó bajo el mío. Empecé a besarte detrás de la oreja, a morderte el lóbulo con cuidado, mientras vos intentabas no mover la cabeza y no hacer ningún ruido. El micrófono seguía abierto.

—Aguantame un toque —le dijiste a alguien del otro lado, con la voz más ronca que de costumbre.

—No me aguantes nada —te susurré contra la oreja, bajito, para que solo vos me escucharas.

Me reí en silencio contra tu cuello cuando soltaste el aire despacio, tratando de que no se escuchara en la partida. Te besé el hombro, la clavícula, la línea del cuello donde se te marca la vena cuando te concentrás demasiado. Bajé por el costado del cuerpo, dándole una vuelta lenta a la silla, pasándome al otro lado. Tu mano derecha seguía en el mouse. La izquierda, en el teclado. Las dos temblando apenas.

No te voy a dejar terminar la partida —pensé, y me mordí el labio para no decirlo en voz alta.

Me agaché a besarte la cintura, esa franja de piel donde empieza la cadera. Pasé por debajo de tu brazo derecho, el que sostenía el mouse, y me colé entre tus piernas y la mesa. Vos corriste la silla unos centímetros hacia atrás, solo lo justo para dejarme espacio, sin despegar los ojos de la pantalla ni soltar el arma virtual.

Me arrodillé frente a la silla. Te mordí la panza, suavecito primero, más fuerte después, buscando que se te escapara un gemido que delatara en el micrófono lo que estaba pasando. No lo conseguí. De tu boca salió nada más que una puteada contra algún enemigo, una que se podía confundir con la bronca normal de cualquier partida.

Bajé más, hasta sentarme en el piso entre tus piernas, con la boca justo a la altura de tu pija. Ya estaba medio dura. Me reí por dentro. La tenías así desde que me apoyé contra tu espalda, aunque fueras un campeón disimulando.

Te la metí entera en la boca de un solo movimiento.

Un escalofrío te recorrió todo el cuerpo. Las manos se te quedaron quietas un segundo sobre el teclado. Escuché el click apurado del botón que silencia el micrófono justo antes de que se te escapara un gemido grave, largo, de esos que te salen cuando ya no podés fingir. Sentí cómo se ensanchaba, cómo se alargaba dentro de mi boca, cómo llegaba al fondo de mi garganta.

Subí y bajé despacio, sin apurarme. Quería que durara. Quería sentir cada milímetro contra mi lengua. Soltaste un suspiro largo y volviste a prender el micrófono apenas recuperaste la voz. Al otro lado, tu amigo te pedía cobertura. El personaje del tipo estaba a punto de morir. Vos te reacomodaste en la silla, volviste a agarrar el mouse, apuntaste con la otra mano, le contestaste algo que no entendí.

Yo estaba concentrada en otra cosa.

Empecé a alternar. Estocadas profundas que me hacían babear hasta la pera, con la cabeza tuya empujando contra el fondo de mi garganta. Después, lento, solo la punta, chupando fuerte, jugando con la lengua alrededor del glande. Cada vez que cambiaba el ritmo, sentía cómo te tensabas, cómo tus muslos se endurecían bajo mis manos, cómo se te escapaba el aire por la nariz.

Y yo empecé a mojarme.

Primero fue una punzada tibia, de esas que avisan. Después, un calor que se me concentró entre las piernas y que no pude ignorar. Bajé una mano y me metí debajo de la tanga. Los dedos resbalaban solos. Estaba empapada. Encontré el clítoris y empecé a hacer pequeños círculos, con la presión justa, mientras con la otra mano te agarraba la base de la pija y la movía al ritmo de mi boca.

Gemí con vos adentro.

La vibración te subió por todo el cuerpo. Vi cómo tu mano apretaba el mouse con más fuerza de la necesaria. Tu pierna izquierda empezó a moverse sola, nerviosa, golpeando despacito contra la pata de la silla. Vos seguías hablando por el micrófono, pero cada vez menos, cada vez más cortado, con la voz más grave.

—Estoy… —empezaste, y no terminaste la frase. Silenciaste el micrófono otra vez.

Yo aumenté el ritmo. Chupaba más fuerte, más rápido, sintiendo cómo se hacía más gruesa dentro de mi boca, cómo latía contra mi lengua. Mis dedos iban intercalando: adentro, afuera, círculos sobre el clítoris, otra vez adentro. Tenía la otra mano apoyada en tu muslo, sintiendo los tendones tensarse cada vez que te pasaba la lengua por la cabeza.

Se me llenaron los ojos de lágrimas. Ese tipo de lágrimas que no son de tristeza, las que te salen cuando algo te entra hasta el fondo de la garganta y no podés contenerlo. Sentí el hilo de baba que me resbalaba por la barbilla y me caía entre los pechos. Me gustó. Me gustó verte así, a medias entre la pantalla y yo, con la mandíbula apretada y la respiración entrecortada.

Acabé primero.

Se me escapó un gemido que no pude tragar, con la boca todavía llena, y las piernas empezaron a temblarme solas sobre la madera. Mojé la tanga entera. Sentí el latido entre las piernas, ese que después queda un rato largo, y apreté los muslos alrededor de mi mano para estirar el temblor. Las lágrimas se me mezclaron con la baba. Una gota cayó sobre tu panza.

Me separé un segundo para respirar. Dejé un hilo de saliva tendido entre tus labios y los míos, o mejor dicho, entre vos y yo. Tomé aire. Te miré desde abajo.

Vos me estabas mirando.

Habías dejado de jugar.

Ya está —pensé—, ya no hay partida que te importe.

Volví a acercarme. Esta vez succionando fuerte desde el principio, apretando la cabeza contra el paladar, usando la lengua con más firmeza. Te agarré la pija con las dos manos, una arriba de la otra, y empecé a moverlas en vaivén mientras mi boca bajaba y subía sobre la punta. Cada chupada era un ruego. Cada apretón de lengua, una orden.

Ya no podías más.

Le murmuraste algo al amigo del otro lado, una excusa cualquiera, que te llamaban, que ya volvías. Apagaste el micrófono, te sacaste los auriculares de un tirón y los dejaste caer contra el escritorio.

Las manos se te fueron a mi cabeza.

No me agarraste con violencia, pero tampoco con ternura. Con necesidad. Empezaste a marcarme el ritmo, cada vez más profundo, cada vez más rápido. Yo me dejé hacer. Abrí la boca, aflojé la garganta, te entregué la cabeza para que hicieras lo que quisieras. Mis dos manos volvieron al piso para sostenerme. La que tenía entre las piernas se quedó ahí, atrapada entre mis muslos.

No podías contener los gruñidos. Salían cortados, roncos, mezclados con mi nombre dicho entre dientes. El mío de verdad, no el que me decís cuando hay otros cerca. Ese que solo usás cuando no hay nadie más.

Acabaste con un grito gutural que seguro escuchó algún vecino.

Sentí el líquido caliente llenarme la boca, tanto y tan rápido que parte se me escapó por la comisura y bajó por el mentón, por el cuello, entre los pechos. Tragué lo que pude. Lo demás me lo limpié con los dedos y me los pasé por los pezones, mojándolos, apretándolos, alargando el placer.

Te lamí hasta dejarte limpio. Lengüetazos lentos, de abajo hacia arriba, mientras vos me mirabas desde la silla con la respiración entrecortada y los ojos medio cerrados. Tu pija seguía latiendo contra mi lengua, sensible, pero no te apartaste. Te quedaste ahí, dejándome hacer, como si yo fuera la que mandaba y no al revés.

Me senté en el piso frente a la silla. Todavía con los dedos entre las piernas. Vos, sin decir una palabra, volviste a agarrar el mouse con una mano y a mirarme con la otra. Te reconectaste al audio. Le dijiste al amigo que seguías, que ya estabas listo, que había sido una llamada del portero.

Y mientras vos volvías a jugar, yo me corrí otra vez frente a tu silla, sin parar de mirarte, con la mano entre los muslos y la otra apretando un pezón manchado con lo que me habías dejado.

***

Ahora estoy sola en esta cama, y el recuerdo me sacude como si estuviera pasando otra vez. Mis dedos repiten exactamente el mismo movimiento de esa noche. Círculos suaves, presión justa, dos dedos adentro cuando ya no aguanto más. Los gemidos se me escapan solos. Nadie los escucha. O nadie, todavía.

El orgasmo me parte por la mitad. Las piernas se me mueven sin que pueda controlarlas, los talones clavándose contra el colchón, la cabeza echada para atrás. Siento que vuelo un segundo, que me voy a otro lado, que mi cuerpo no es mío. La sensibilidad se me queda durante minutos, vibrando en cada poro.

Cuando vuelvo, miro la sábana.

Hay un charco a mi alrededor. No exagero: un charco. Una mancha grande, oscura, que va a tardar en secarse. Una sonrisa traviesa se me dibuja en la cara.

Lo vas a ver cuando llegues.

Lo vas a ver y vas a saber lo que estuve haciendo mientras no estabas. Vas a dejar las llaves sobre la mesa sin hacer ruido. Vas a entrar al cuarto en silencio. Vas a mirarme desde la puerta, con esa cara que a veces ponés cuando encontrás algo que no esperabas.

Y quizás, si tengo suerte, decidas castigarme.

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Comentarios (9)

NicoFromBsAs

jajaja lo imagino aguantandose con cara de nada mientras el team le grita... tremendo relato

Marianela_ok

Me encantó!!! por favor que haya segunda parte, quede con ganas de mas

lector_nocturno

Muy bien narrado, se nota que no hace falta exagerar para que sea bueno. Lo deja fluir y funciona perfecto

FrancoTK

excelente, de lo mejor que lei aca en mucho tiempo

Santi_cba

siempre quise que me pasara algo asi jajaja. Muy bueno!!

PaulaV91

Me hizo acordar a algo que nos paso una vez en una noche de juego larga... digamos que tambien tuvimos nuestra distraccion inesperada jaja. Muy bueno

RodrigoMdz

El detalle del monitor y los auriculares le da mucho ambiente. Seguí escribiendo así!

RomeoLector88

buenisimo!! me lo relei dos veces y la segunda fue mejor

Charo_Mdq

Que habilosa jajaja, el final me saco una carcajada. Gracias por compartirlo

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