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Relatos Ardientes

Me volví una viciosa de tocarme a cualquier hora

Esto empezó hace un par de semanas y todavía no sé bien cómo frenarlo. Tampoco estoy segura de querer hacerlo. Una noche cualquiera estaba acostada, tonteando con el teléfono, pasando publicaciones sin prestarles demasiada atención. Y entonces, entre dos videos tontos, me saltó una publicidad de lencería.

La modelo era una morocha con un cuerpo que daba rabia de lo perfecto. Pechos redondos, parados, apenas contenidos por un encaje negro que no tapaba nada importante. Me quedé mirándola más de lo que cualquier publicidad merece. Sin pensarlo entré al perfil de la tienda y me puse a deslizar foto tras foto, una mujer detrás de otra modelando ropa interior que estaba diseñada para que te la imaginaras en el piso.

No sé en qué momento empecé a sentir ese cosquilleo. Primero fue algo apenas perceptible, una tibieza en el bajo vientre que ignoré. Pero las fotos seguían, y el cosquilleo también, hasta que me di cuenta de algo bastante obvio: hacía un montón de tiempo que no me masturbaba. Semanas. Quizás más. Entre el trabajo, los entrenamientos y el cansancio, simplemente lo había dejado de lado, como quien se olvida de regar una planta.

Seguí pasando perfiles parecidos. Modelos con el abdomen plano, las caderas anchas, culos que daban ganas de morder. Y con cada imagen el calor se hacía más insistente, más difícil de fingir que no estaba ahí.

Al rato ya estaba más que excitada. No lo decidí, simplemente pasó: llevé la mano hacia abajo, corrí la tanga a un lado y me encontré empapada. Tan mojada que me sorprendió. Pasé los dedos despacio, de arriba abajo, sintiendo lo espesos que estaban mis fluidos, y eso solo me puso peor.

Empecé a jugar sin apuro. Un dedo, después dos, entrando y saliendo de a ratos, sin prisa por llegar a ningún lado. Hasta que me cansé de los rodeos y me dediqué de lleno al clítoris.

Al principio lo toqué con suavidad, en círculos lentos, y de a poco fui subiendo el ritmo. ¿Cómo pude estar tanto tiempo sin esto?, pensé, casi enojada conmigo misma. Se sentía demasiado bien como para haberlo abandonado.

Seguí apretando fuerte, como me gusta, sin soltar, hasta que el cuerpo entero se me tensó y llegué. Me quedé quieta unos minutos, respirando, todavía con la mano apoyada ahí. Después se me cerraron los ojos y me dormí casi en el acto.

***

Pensé que ahí terminaba. Que había sido un arrebato de una noche aburrida y nada más. Me equivoqué.

Al día siguiente, por la tarde, llegué de entrenar muerta. Había sido un día complicado en todos los sentidos y lo único que quería era meterme bajo la ducha y dejar de pensar. Fui directo al baño, abrí el agua caliente y me quedé un rato parada, dejando que la lluvia me cayera por la espalda y se llevara el cansancio.

Después de un rato empecé a enjabonarme, sin segundas intenciones, lo juro. Pero las manos tienen memoria. Casi sin darme cuenta, los dedos llenos de jabón terminaron entre mis labios, deslizándose con una facilidad que me hizo abrir los ojos.

Y claro, no podía quedarme solo con eso.

Seguí, y seguí, hasta que la respiración se me entrecortó. Me mordí el labio para no gemir y enseguida me di cuenta de que estaba sola en casa y podía gemir todo lo que quisiera. Así que lo hice. Metí los dedos y empecé el vaivén, sintiendo cómo el agua caliente lo volvía todo más resbaladizo, más intenso.

Estaba caliente, muy caliente, pero necesitaba más. Apoyé una pierna en el borde de la bañera para abrirme mejor. Y entonces miré el cepillo del pelo, ahí, sobre la repisa, y se me ocurrió una idea que dos semanas atrás me habría parecido una locura.

Lo enjaboné un poco, por el mango, y me lo metí sin pensarlo demasiado. Mi cuerpo lo recibió sin problema, como si lo estuviera esperando. Lo dejé adentro, quieto, mientras con la otra mano me frotaba el clítoris rápido, sin parar. La sensación de tener algo dentro mientras me tocaba arriba me volvió loca. No podía dejar de gemir, mi voz rebotaba contra los azulejos, y sentía que iba a explotar.

Cuando llegué tuve que apoyarme con una mano en la pared para no resbalar. Las piernas me temblaban.

Me saqué el cepillo, terminé de ducharme como si no hubiera pasado nada, me cambié y seguí con mi día. Pero algo dentro de mí ya había cambiado.

***

Al tercer día me desperté así. Cachonda. Húmeda antes de abrir los ojos. Y ahí entendí que esto se había vuelto otra cosa.

Lo curioso es que no quise tocarme apenas me levanté. Al contrario. Decidí, casi como un juego, aguantarme. Quería pasar el día entero con ese calor encima, esa tensión deliciosa, y darme el gusto recién cuando ya no soportara más, con lo primero que tuviera a mano. Quería desearlo todo el día.

Y vaya si lo deseé.

Pasé la mañana apretando los muslos por debajo del escritorio, cruzando y descruzando las piernas, distraída en cada reunión. Cada vez que me movía en la silla, la costura del pantalón me recordaba lo mojada que estaba. Una compañera, Lorena, me preguntó si me sentía bien porque estaba colorada. Le dije que era el calor de la oficina. No mentí del todo.

Por la tarde ya no daba más. Fui al baño del trabajo, me encerré en el último cubículo, me bajé el pantalón hasta las rodillas y me apoyé contra el borde del lavabo. Empecé a frotarme contra el filo, despacio, conteniendo la respiración. Era una sensación distinta, más prohibida, más mía. Y el hecho de no poder gemir, de tener que tragarme cada sonido para que nadie del otro lado de la puerta se enterara, lo hacía todavía mejor.

Esa tarde no llegué. No me dio el cuerpo ni el tiempo. Pero cada media hora encontraba una excusa para volver al baño, frotarme un rato contra el lavabo o contra mis propios dedos, y después regresar a mi escritorio como si nada, con las mejillas encendidas y el corazón a mil. Pasé toda la jornada al borde, sin caer nunca. Y juro que nunca trabajé tan concentrada para distraerme.

***

Llegué a casa esa noche convencida de que me iba a desquitar con ganas. Y lo hice. Pero ya no era lo mismo que la primera vez. Ahora sabía lo que me gustaba, hasta dónde podía aguantar, qué tan lejos quería llevarme antes de soltar. Había aprendido mi propio cuerpo en cuestión de días, como si lo estuviera estrenando.

Probé cosas nuevas. Frente al espejo, mirándome, algo que jamás había hecho. Con la luz prendida en vez de apagada. Tomándome todo el tiempo del mundo, llevándome al borde y deteniéndome justo antes, una y otra vez, hasta que el orgasmo, cuando por fin llegó, me sacudió de una manera que no conocía.

Descubrí que me encanta esa antesala. La espera. Saber que en algún momento del día voy a tener que parar todo y buscar un rincón donde nadie me vea. A veces lo logro, a veces no, y cuando no lo logro me quedo con las ganas hasta el día siguiente, lo cual solo me deja más prendida fuego desde temprano.

***

Así llevo diez días. Diez días en los que me levanto cachonda sin excepción. Despierto y lo primero que cruza por mi cabeza no es el café ni la lista de pendientes, sino el momento del día en que voy a poder meterme mano. Lo planeo. Lo anticipo. Lo saboreo de antemano.

No siempre llego al orgasmo, y eso, lejos de frustrarme, me gusta. Me mantiene en ese estado de deseo permanente, con la piel sensible y la mente puesta en una sola cosa. Andar así todo el día, encendida por dentro mientras por fuera sonrío en una reunión o respondo correos, se volvió mi pequeño secreto. Mi vicio.

Me di cuenta de que disfruto más esto que el desahogo en sí. La fantasía constante, el cosquilleo que no se apaga, la sensación de estar siempre a punto. Es como llevar una corriente eléctrica debajo de la ropa que solo yo conozco.

Así que sí, probablemente siga con mi vicio unos días más. O unas semanas. O quién sabe cuánto. La verdad es que no tengo ninguna intención de frenarlo.

Y si quieren que les cuente más sobre mis manías diarias, sobre los lugares donde me animé a tocarme y los que todavía me faltan, háganmelo saber. Tengo la sensación de que esto recién empieza.

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Comentarios (5)

CarlaDeNoche

me identifiqué demasiado con esto jaja, muy bueno!!

Sergio_Mdq

Que bien narrado, se siente autentico sin volverse burdo. Seguí escribiendo

MelinaV_conf

Me hizo acordar a una etapa que yo viví parecida jaja, uno empieza y despues no puede parar. Gracias por compartirlo

LauraCba2020

Por favor mas relatos asi, estuvo genial. Esperando el proximo :)

NicoMdq_lee

cuanto tiempo tardaste en escribirlo? se nota que lo sentiste de verdad

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