La luchadora lesbica que me salvó del infierno
Fui a verla pelear y terminé besándola en un callejón, con la sangre aún fresca en su boca y unas ganas salvajes de hacerla mía.
Fui a verla pelear y terminé besándola en un callejón, con la sangre aún fresca en su boca y unas ganas salvajes de hacerla mía.
Empapados, a oscuras y demasiado cerca, entendí que pedirle que se quedara era dejar de fingir lo que llevaba meses imaginando.