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Relatos Ardientes

La pareja que conocimos por internet vino a cenar

Lo que había entre Martín y yo fue creciendo despacio, casi sin darnos cuenta. Primero eran comentarios al oído cuando salíamos, después fantasías que nos contábamos en la cama, y al final el morbo se nos había vuelto una costumbre que ninguno de los dos quería frenar. Cuanto más jugábamos, más necesitábamos.

Un día me dijo que había encontrado de casualidad una página donde las parejas y las mujeres solas se mostraban. Yo sabía perfectamente que de casualidad no había sido nada, pero le seguí el juego. Abrió un hilo con fotos nuestras, sobre todo mías, y la gente escribía cómo le gustaría vernos, cómo le gustaría verme. A él le encantaba leer esos mensajes en voz alta mientras me hacía nuevas fotos para subirlas.

Me gusta más de lo que debería, pensaba cada vez que veía cómo se llenaba de respuestas.

Entre toda esa gente apareció una pareja que nos llamó la atención de inmediato. Se hacían llamar Carla y Daniel. Empezamos a escribirnos por privado, primero mensajes, luego fotos, luego algún vídeo. Había química incluso a través de la pantalla, esa clase de tensión que se nota en cómo alguien elige las palabras. Después de varias semanas decidimos que queríamos conocernos en persona. Ellos se ofrecieron a venir a la ciudad.

Quedamos en un restaurante que nos encanta, a las afueras, con vistas y reservado discreto. La idea era cenar tranquilos, vernos las caras, y si todo fluía, terminar la noche en nuestra casa. Sin presiones, habíamos dicho. Sin presiones, repetí yo, aunque por dentro llevaba días pensando en otra cosa.

Esa tarde me preparé con calma. Me di una ducha larga, me unté crema por todo el cuerpo y esperé a estar bien seca, a que la piel la absorbiera del todo. Me maquillé sin recargarme: los labios de un rojo bonito, una raya fina en los ojos, un poco de color en las mejillas. Me ondulé el pelo en ondas sueltas, de esas que caen como sin esfuerzo. Elegí un tanga negro y un vestido de fiesta también negro, con la falda justo por encima de la rodilla y un escote en uve que enseñaba lo justo para que quisieras ver más. Me miré al espejo y me gustó lo que vi.

—Estás peligrosa —me dijo Martín desde la puerta del baño.

Él se había puesto algo informal pero arreglado, y estaba guapísimo. Salimos con esa mezcla de nervios y excitación que solo conoces cuando vas hacia algo nuevo.

***

Llegamos al restaurante y allí estaban ellos. Si yo me había visto sexy en el espejo, Carla lo estaba todavía más. Daniel vestía un traje de chaqueta que le sentaba como un guante. Ella llevaba un vestido floral de minifalda, anudado al cuello, con la espalda completamente al descubierto y un escote que le bajaba casi hasta el ombligo, ajustado a un cuerpo que llamaba la atención. Unos tacones blancos remataban el conjunto. Más de una cabeza se giró cuando nos acercamos a su mesa.

Nos saludamos con dos besos, esos primeros besos que duran un segundo de más, y nos sentamos a cenar. La conversación fue ligera y agradable, de esas que sirven para tantear sin que nadie diga lo que de verdad está pensando. Hablamos de viajes, de trabajo, de tonterías. Pero las miradas decían bastante más que las palabras, y los cuatro lo sabíamos.

Cuando terminamos de cenar, el camarero nos invitó a una copa en la pequeña discoteca que el restaurante tiene en la planta de arriba. Carla y yo subimos primero mientras Martín y Daniel se quedaban con la excusa de fumar un cigarro. En realidad querían vernos solas un rato, ver qué pasaba.

Apenas llegamos a la barra, un par de hombres ya entrados en años se acercaron a invitarnos a una copa. Carla me miró con una sonrisa pícara, como preguntándome si les seguíamos el juego. Estuvimos a punto de aceptar, solo por el morbo de que nos vieran desde lejos, pero entonces aparecieron ellos. Martín le dio a Carla un azote en el culo y un beso corto, y Daniel me agarró de la cintura y me dio un beso largo, profundo, delante de todo el mundo. Los hombres de la barra entendieron el mensaje y se retiraron.

—Así que esas tenemos —me susurró Daniel al oído.

—Tú no sabes nada todavía —le contesté.

***

Carla y yo salimos a bailar. Os podéis imaginar el tipo de baile: lo más sensual que pudimos, rozándonos, besándonos, dejando que nuestros cuerpos se buscaran al ritmo de la música. Ninguna de las dos llevaba sujetador, y el movimiento de nuestros pechos bajo la tela atraía todas las miradas de la pista. Estoy segura de que más de uno se fue a casa esa noche pensando en nosotras.

El ambiente estaba caldeado y los cuatro estábamos cada vez más excitados. No hizo falta decir nada. Una mirada bastó para que decidiéramos seguir la fiesta en otro sitio.

Fuimos hasta el garaje y cogimos el ascensor. En cuanto se cerraron las puertas, Daniel empezó a besarme y a meterme mano sin disimulo. Yo le respondí con caricias, sintiendo cómo se le marcaba el deseo contra mi cadera. Me levantó la falda por detrás para sobarme bien el culo, justo cuando el ascensor anunciaba la planta. Salimos los primeros; ellos se quedaron un paso atrás. Me di cuenta de que iba enseñando medio trasero al caminar, así que en lugar de bajarme el vestido, lo moví un poco más a propósito.

Entramos en casa y serví unas copas para todos. Martín se acercó y me pidió que lo acompañara un momento a la habitación. Una vez dentro, me dijo que me desnudara. De un cajón sacó un conjunto de lencería que yo no conocía: blanco, transparente, comprado a escondidas para esa noche. Me lo puse. Dejaba medio pecho a la vista y apenas cubría nada por delante.

Lo tenía todo pensado, me dije, y me gustó saberlo.

Salimos juntos al salón. Carla y Daniel estaban sentados en el sofá, copa en mano. Al verme aparecer así, silbaron y me dijeron lo guapa que estaba. Daniel se levantó y se colocó a mi lado.

—¿Puedo? —le preguntó a Martín.

—Adelante —respondió él, sin apartar los ojos de mí.

***

Daniel empezó a tocarme por encima de la lencería, despacio, bajo la mirada atenta de Carla y de mi propio marido. Me sacó un pecho del sostén mientras yo le acariciaba la entrepierna, sintiendo cómo crecía bajo mi mano. Se me endurecían los pezones y notaba el calor subiéndome desde abajo. Me giró para tocarme el culo y yo dejé escapar un gemido que ni intenté contener.

Al otro lado del salón, Carla había empezado a desnudar a Martín. Le quitó la camisa, le buscó con la mano por encima del pantalón mientras se besaban, y él deslizó los dedos entre sus piernas. Verlos a ellos dos mientras Daniel me tocaba a mí me ponía todavía más.

Un azote en el culo me hizo volver de golpe a mi escena. Daniel me quitó el sujetador del todo y jugó con mis pechos a su antojo, estrujándolos, tirando de ellos con una mezcla de brusquedad y cuidado que me volvía loca. Me indicó con la mirada lo que quería, y yo me agaché sin que tuviera que decirlo. Le saqué el miembro del pantalón y empecé a chupársela despacio, mirándolo hacia arriba.

A mi espalda, Martín y Carla hacían exactamente lo mismo. Estaba tan excitada que no podía parar de tocarme entre las piernas, completamente mojada.

Daniel le hizo una seña a Martín, que asintió con la cabeza. Me levantó, me quitó el tanga y me tumbó en el sofá. Me abrió las piernas y me penetró con una ternura que no me esperaba, despacio al principio, dejándome sentir cada centímetro. Mientras él entraba y salía, Carla me acariciaba los pechos y Martín me besaba, turnándose con ella en los besos y las caricias. Era una marea de manos y bocas que no sabía de dónde venían.

Daniel empezó a moverse con más fuerza, y a la vez bajó la mano para jugar con mi clítoris. Gemí sin contenerme, una y otra vez, hasta que un orgasmo me recorrió entera y me dejó temblando. Sin darme tregua, aumentó el ritmo de las embestidas hasta que se corrió dentro de mí con un gruñido ronco.

—Buah, qué bueno —se me escapó.

***

Cuando giré la cabeza hacia Martín, Carla se la estaba comiendo con un empeño que daba gusto ver. Él la apartó con suavidad y se sentó en el sofá. Carla terminó de desnudarse y se montó encima, dejando que entrara entero de una vez. Mientras subía y bajaba, Martín no dejaba de sobarle los pechos y de tirar de sus pezones.

Daniel se acercó a acariciarla también, y yo me sumé besándola. Nuestras lenguas se buscaban con ganas, con cariño, en una pelea suave dentro de su boca. Yo estaba hipnotizada con el movimiento de sus pechos al ritmo de las caderas, y al final no aguanté más: me lancé a lamerlos, a chupar sus pezones grandes y duros.

—Lámeme —me pidió ella entre jadeos—. Bájame.

Me coloqué frente a ellos y empecé a lamerle el clítoris, su sexo, y de vez en cuando subía a la polla de Martín cada vez que salía de dentro de Carla. Mientras yo trabajaba abajo, Daniel le chupaba un pezón por arriba. Martín empezó a gruñir, cada vez más rápido, hasta que se corrió dentro de ella. Carla llegó casi al mismo tiempo, supongo que al sentir el calor del semen, y se dejó caer hacia atrás con un gemido largo.

Después de que cada uno tuviera lo suyo, fui a por hielo a la cocina y serví otra ronda de copas. Nos quedamos un buen rato charlando, desnudos y relajados, como si nos conociéramos de toda la vida y no de unas horas. El morbo se había transformado en una complicidad rara y agradable.

Ya era tardísimo, esas horas en las que el cielo empieza a pensar en aclararse, cuando decidimos irnos a la cama. Daniel y yo a una habitación, Martín y Carla a otra. Y allí, lejos del salón, volvimos a empezar de cero. Por los gemidos que llegaban desde el otro cuarto, ellos también.

Lo que pasó al despertar os lo cuento otro día, que esto ya se me ha alargado bastante. Espero que os haya gustado tanto como a mí vivirlo.

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Comentarios (5)

NocheSolitaria

excelente!!! uno de los mejores que lei en mucho tiempo

SantiR22

Por favor una segunda parte, me quede con muchas ganas de saber como termino la noche jaja

Gonza_lector

Me encanto como construiste la tension desde antes de llegar al restaurant. Se siente real, tiene esos detalles que lo hacen creible. Sigue subiendo relatos!

CosasDeNoche_ok

en serio paso algo asi? porque tiene demasiados detalles autenticos para ser pura fantasia jajaja

Andres_baires

me recordo a una situacion parecida que tuvimos con mi pareja, aunque no llego tan lejos. muy bien narrado la verdad

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