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Relatos Ardientes

La tarde que Sandra se unió a nuestro trío

Cuando llegamos, Valeria estaba en la cocina y el ruido de la ducha llegaba desde el pasillo: Sandra se estaba bañando. Noemí le dio dos besos a Valeria nada más entrar y señaló hacia el techo.

—Abrid bien las ventanas de la habitación, que llega hasta aquí el olor —dijo Noemí con su sonrisa de siempre.

Valeria se echó a reír. En ese momento apareció Sandra en el umbral del pasillo con una toalla enrollada en el cuerpo y otra sujetando el pelo oscuro.

—Buenos días —dijo Noemí—. No te asustes. Estos dos no tienen secretos para mí.

—Cállate —contestó Valeria—. Y sí que habéis tardado.

—Es que con el embarazo tengo las hormonas revueltas —explicó Noemí—. Como Marcos no estaba, aproveché a tu marido. Más simpático él.

—No pierde una oportunidad, eso es verdad.

—Ahora resulta que la culpa es mía —me quejé—. ¿Ves, Sandra? Como siempre el malo soy yo.

—Malo no —dijo Valeria—. Pero reconoce que eres un poco facilón.

Mientras lo decía, pasó una mano por encima de mis pantalones. Yo ya estaba empezando a ponerme duro y ella lo notó enseguida.

—¿Ves? Una sola caricia y ya estás listo otra vez.

—A ver —intervino Noemí—. Pues es verdad. Mira, Sandra.

Sandra tardó un momento, pero acabó acercándose. Me agarró y soltó una carcajada.

—Madre mía, es verdad.

—Ahora me siento un objeto —protesté.

—¡Quéjate!

—No me quejo. Pero si no me soltáis, no desayunamos.

***

Nos sentamos en la mesa de la cocina con pan de Noemí y mermeladas que ella misma había preparado. Todo era excelente y Sandra no paraba de elogiarlo.

—Está buenísimo. ¡Qué pan más rico! Y la mermelada... increíble.

Tenía un poco de mermelada en la comisura de los labios. Valeria, sin pensarlo, le giró la cara y la lamió. Sandra se quedó paralizada un instante.

—Sí que está rica —confirmó Valeria, completamente seria.

—No te preocupes —dijo Noemí muerta de risa—. Estuve a punto de hacerlo yo también.

Sandra nos miró a todos y algo cambió en su expresión. Cogió el bote de mermelada, se untó la comisura de los labios y los ofreció a Noemí con una sonrisa pícara.

Noemí no se lo pensó dos veces. Se giró y pasó la lengua por la boca de Sandra recogiendo la mermelada despacio.

—Así está mucho mejor —sentenció.

Yo intenté imitarlas y me unté los labios de forma exagerada, ofreciéndolos a las tres. Las carcajadas fueron inmediatas, pero ninguna se acercó. Tuve que limpiarme solo.

—Si te pones un poco en los pezones, salto por encima de la mesa de cabeza —le dijo Noemí a Sandra.

***

Pasamos la mañana charlando junto a la chimenea. La casa estaba caldeada y al rato las tres se quedaron solo con pantalón corto y camiseta, sin sujetador ninguna. Los pechos grandes de Valeria se apretaban contra la tela, igual que los de Noemí, hinchados por el embarazo. Los de Sandra eran pequeños pero los pezones se marcaban perfectamente.

—Con lo que me han crecido los pechos, y los pezones se me han aplanado —se lamentó Noemí, sacando pecho y apretando la tela para que se marcaran.

—Los míos siguen igual de grandes —contestó Valeria—, aunque un poco más caídos.

—Yo ni hablo —dijo Sandra—. Si casi no tengo. Pezones sí, pero poco más.

—¿En serio? ¿Qué hice yo para merecer esto? —protesté.

—¿El qué?

—Las tres marcando pezón y yo aquí de espectador.

Se reían de mí y de vez en cuando una de ellas me pellizcaba un pezón o me acariciaba el muslo. Era un martirio muy agradable.

Cerca de mediodía oímos un coche en el camino: era Marcos. Entró vestido con ropa de trabajo, su metro noventa de músculo llenando el umbral. Noemí se levantó a besarle mientras yo le sacaba una cerveza fría.

—¿Os han dado mucha guerra? —preguntó.

—No lo sabes tú bien. Llevan horas comparando pezones.

—¿Y tú a mirar?

—Eso es. Pero ahora ya tienen otro al que martirizar.

—Después de ducharme, si no os importa.

—Estás tardando —le dijo Valeria.

Marcos se rio y desapareció en el baño. Noemí le llevó una toalla y ropa limpia, y antes de cerrar la puerta nos hizo una señal con la mano. Al poco sonó mi teléfono: una videollamada de Noemí.

Al descolgar, vi que había colocado el móvil apuntando hacia la ducha.

***

Marcos entró y empezó a ducharse. Se le veía de espaldas: ancho de hombros, espalda musculada, cintura estrecha. Hice señas a Valeria y a Sandra para que se acercaran.

Cuando Marcos se dio la vuelta, Sandra se quedó sin habla.

—Madre mía —susurró—. ¿Eso qué tamaño tiene?

Aunque relajada, su polla ya impresionaba. Grande, oscura, con el glande bien marcado. Mientras la agarraba con una mano empezó a crecer.

—¡Es enorme! —dijo Sandra con los ojos brillantes.

Noemí apareció en pantalla, se plantó delante de él y abrió la mampara de la ducha sin entrar del todo. Alargó una mano y agarró la polla de su marido. La masturbó despacio, subiendo y bajando, deteniéndose en el glande con el pulgar. Marcos se rio y la besó sin dejar de mirarnos.

Cuando Noemí se arrodilló ante él, la escena ya no tenía nada de inocente. Su boca recorrió la polla de abajo arriba, siguiendo una vena gruesa hasta los testículos, que chupó uno a uno. Después volvió al glande, lo rodeó con la lengua y lo metió en la boca.

Sandra tenía una mano entre los muslos. Los pezones empujaban la tela fina de la camiseta.

—¿Te gusta lo que ves? —le preguntó Valeria.

—Cómo no. Madre mía, vaya polla.

La llamada se cortó cuando Marcos terminó. Noemí apareció en la sala minutos después, limpiándose la comisura de los labios con el dorso de la mano.

—¿Te animarías a acompañarnos la próxima vez? —le preguntó a Sandra.

Sandra se puso roja, pero en los ojos le brillaba algo que no era vergüenza exactamente.

Marcos llegó con el pelo húmedo y una sonrisa enorme.

—¡Qué bien sienta una buena ducha!

—¿Solo la ducha? —dije.

Me miró. Miró a Noemí. Ella aguantaba la risa.

—¿Lo cuentas todo?

—Yo no conté nada —protestó ella—. Solo agarré tu polla y te la mamé hasta que te corriste. El resto lo vieron ellos solos. Se llama videollamada.

Levanté el móvil para confirmarlo.

***

Marcos se sentó en el sofá entre Sandra y Noemí, y casi sin que nadie lo decidiera, Noemí tomó la mano de Sandra y la llevó hasta la entrepierna de su marido.

Sandra no la retiró.

La movió despacio por encima de la tela, trazando la forma de lo que había debajo. Noemí le ayudó a meter la mano por dentro del pantalón. Sandra abrió los ojos al sentir la polla directamente en la palma.

Valeria se arrodilló entre las piernas de Marcos y tiró del pantalón hacia abajo. La polla quedó libre, agarrada por Sandra, con los dedos de Noemí acariciando los testículos. Los dedos de Sandra no llegaban ni de lejos a juntarse alrededor del tronco.

Valeria inclinó la cabeza y posó los labios en el glande. Lo rodeó con la lengua. Yo las miraba desde el otro sofá con la polla ya dura apretando contra los pantalones. Me los quité y empecé a acariciarme despacio.

Mientras Valeria abría la boca todo lo que podía para recibir la polla de Marcos, Noemí le lamía los pezones a él y Marcos besaba a Sandra. Sandra correspondía sin dudarlo.

Pronto Sandra se puso de rodillas en el sofá y llevó su boca hasta la polla de Marcos. Valeria la sacó de la suya, se giró y besó a Sandra antes de cederle el sitio. La lengua de Sandra rodeó el glande varias veces antes de atreverse a abrir la boca del todo.

Me levanté y me coloqué detrás de Sandra. Le bajé los pantalones y empecé a lamer su coño desde atrás. Dio un pequeño respingo. Acerqué la polla a su entrada y ella empujó hacia atrás.

La penetré despacio.

Sandra seguía chupando a Marcos mientras yo la follaba por detrás. Valeria le acariciaba el pecho. Noemí se había sentado en el sillón con las piernas abiertas y la mano entre ellas.

Bombeé dentro de Sandra hasta que sentí cómo su cuerpo se tensaba y empezaba a temblar. Se corrió sin soltar la polla de Marcos, sacudiéndose entera.

Me salí de ella y fui hasta Noemí. Sin decir nada, hundí la cara entre sus muslos.

Su coño brillaba con humedad propia. Moví la lengua despacio, buscando el clítoris, rodeándolo, succionándolo suavemente entre mis labios. Sentí una mano agarrando mi polla desde atrás: Valeria se había colocado detrás de mí y la llevó a su boca.

Estuvo así unos minutos hasta que se puso de pie, me hizo arrodillarme entre las piernas de Noemí y, con una mano, guió mi polla hasta su coño húmedo mientras ella se colocaba detrás de mí.

Empecé a penetrar a Noemí.

Valeria separó mis nalgas y empezó a lamer mi ano.

Noemí contuvo la respiración cuando me sintió dentro. Empecé a bombear. Valeria desapareció un momento y volvió con nuestro consolador doble: introdujo su parte en su propio coño y dirigió la otra extremidad hacia mí.

La sentí entrar despacio.

Los tres nos movimos juntos. El coño de Noemí se contraía sobre mi polla con cada empujón del consolador desde atrás. Noemí agarraba sus propios pechos con los ojos cerrados.

Al otro lado de la sala, Sandra había subido al sofá de rodillas y Marcos la penetraba desde atrás, agarrándola de las caderas. Sus manos grandes destacaban sobre la piel clara de ella.

—¡Sí! ¡Así! ¡No pares! —gritó Sandra.

Noemí se corrió con un gemido largo, aferrándose a los cojines con los nudillos blancos. Cuando terminaron los espasmos quedó desmadejada. Valeria se salió de mí y se sentó a su lado, tirando de mi brazo para que me pusiera encima de ella a horcajadas.

Me clavó el consolador en el ano mientras yo cabalgaba hacia adelante con la polla libre.

Marcos levantó a Sandra sin salirse de ella y la puso delante de mí. Sandra agarró mi polla con una mano y la metió en su boca sin pensarlo. Marcos seguía bombeando en ella desde atrás.

En menos de dos minutos me corrí.

Sandra no apartó la boca. Tragó todo lo que pudo y lo que se le escapaba le resbalaba por el mentón. Siguió lamiéndome hasta que se corrió ella misma, sacudida por el orgasmo, con la polla de Marcos aún dentro.

Marcos no había terminado. Sacó la polla de Sandra y se movió hacia Valeria, que esperaba tumbada con las piernas abiertas.

Yo no pude quedarme quieto.

Me arrodillé a su lado, agarré su polla con una mano y llevé la boca hasta ella. La recorrí de la base al glande siguiendo la vena más gruesa. Rodeé el glande con la lengua, lo metí en la boca y noté cómo palpitaba entre mis labios.

Lo introduje todo lo que pude. Marcos apoyó una mano en mi cabeza con suavidad. Casi sin aliento, lo mantuve dentro hasta que tuve que soltarlo.

Cuando salió de mi boca, Marcos lo dirigió al coño de Valeria de un solo empujón. Valeria soltó un gemido sonoro y le rodeó con las piernas, apretándolo contra sí.

—Sigue. Dios mío, cómo me llenas —dijo entre jadeos.

Se corrió con los ojos en blanco, sacudiéndose entera.

Marcos aguantó hasta el final. Se salió justo a tiempo, agarró su polla con una mano y se giró hacia Sandra y hacia mí. Los dos nos pusimos de rodillas delante de él y pasamos las lenguas por el glande hasta que el semen salió en oleadas, cubriéndonos la cara y los labios.

Sandra y yo nos lamíamos la polla de Marcos y nos besábamos entre nosotros, mezclando el sabor de todo, hasta dejarlo limpio del todo.

Cuando terminamos nos dejamos caer en la alfombra. Solo se oían el crepitar de la chimenea y nuestras respiraciones agitadas.

Sandra, tumbada a mi lado, me acariciaba el muslo con una sonrisa amplia en la cara.

—No puedo ni levantarme. Estoy agotada.

—Yo tampoco.

—Pues yo tengo hambre —anunció Noemí.

—¿Eso es novedad? —preguntó Marcos desde el otro sofá.

—Calla, que trajiste comida a escondidas y no me habías dicho nada.

—Dos pollos asados. Con patatas y ensalada. Muy previsor.

—Más que tu marido sí —confirmó Valeria mirándome.

***

Comimos en la mesa de la cocina. Los cinco más o menos vestidos, riéndonos de todo. Sandra chupaba los huesos con aquellos labios suyos y Marcos y yo no podíamos dejar de mirarla.

—¿Qué pasa? No lo hago adrede —protestó. Hizo una pausa—. Bueno. Ahora sí.

Cogió un hueso, le pasó la lengua de un extremo al otro antes de meterlo en la boca y nos miró sonriendo.

Noemí aplaudió. Valeria la imitó. Marcos y yo intercambiamos una mirada y los dos lo notamos al mismo tiempo.

Marcos se puso de pie y se colocó entre las dos. Ellas empezaron a acariciarle por encima del pantalón hasta que Valeria se lo bajó un poco y la polla apareció sola.

Las dos trabajaban al unísono: la lengua de Sandra por un lado, la de Valeria por el otro, encontrándose en el glande y besándose entre ellas antes de volver a separarse. Marcos les acariciaba el coño con las manos extendidas hacia atrás.

Noemí me miraba desde el otro lado de la mesa.

—A ti te toca la suerte de nuevo —dijo señalándose.

—El premio mayor.

Le acaricié la pierna hasta llegar a su coño por encima del tanga. Caliente y húmeda. La hice levantarse, me arrodillé ante ella y empecé a lamerla despacio. Después me puse de pie y ella me bajó el pantalón y tomó mi polla con la boca, lamiéndola de arriba abajo con ganas.

Al otro lado, Valeria y Sandra habían empujado a Marcos hasta el sofá y se habían puesto de rodillas a cada lado, afanándose en su polla mientras él extendía los brazos y les acariciaba por detrás.

Noemí me hizo levantarme. Se puso de rodillas en el sillón, dándome la espalda. Me arrodillé detrás de ella, separé sus nalgas y empecé a lamer su ano despacio, rodeándolo con la lengua, presionando la punta.

Cuando lo tuve bien preparado, guié mi polla hacia la entrada y empujé con suavidad.

Noemí gimió. Empezó a moverse ella sola, marcando el ritmo, con una mano entre sus piernas estimulando el clítoris. La penetraba desde atrás mientras oía cómo sus gemidos iban subiendo de tono.

Cambié de posición. La tumbé en el suelo sobre unos cojines, levanté sus caderas y volví a su ano. Fui a buscar el vibrador a la habitación y lo introduje en su coño mientras seguía penetrándola por detrás.

—¡Sí! ¡Así! ¡No pares! —gritó.

Cuando se corrió fue largo y sonoro, con todo el cuerpo en espasmos. Me salí. Noemí se puso de rodillas delante de mí, rodeó mi polla con sus pechos y los movió despacio hasta que me corrí sobre su cara y su cuello. Siguió lamiéndome el glande hasta que terminé de temblar.

—Ya estás limpito —dijo, y depositó un beso suave en el glande.

Nos duchamos juntos. Me enjabonó de arriba abajo con una minuciosidad que casi nos obligó a volver a empezar desde el principio.

***

Cuando salimos, los otros tres estaban en el sofá recuperándose. Marcos y Noemí se despidieron cuando empezó a oscurecer: madrugaban al día siguiente.

Valeria y Sandra decidieron ducharse juntas. Antes de levantarse, Valeria me señaló con el dedo.

—Tú te quedas aquí. No se te ocurra aparecer.

Las dos desnudas, agarradas de la mano, llegaron a la puerta del baño. Se detuvieron en el umbral y se fundieron en un beso largo. Vi cómo jugaban sus lenguas. Vi cómo Sandra agarraba las nalgas de mi mujer sin el menor pudor.

Me quedé sentado en el sofá.

Esperando.

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Comentarios (4)

Rodri_mdp

increible, me tuvo enganchado hasta el final. se hizo corto!!

ValentinaR

Dios mio que bueno!! Por favor una segunda parte, quede con ganas de saber como termino todo 😅

Carmenza77

Me encanto como lo contaste, se siente real sin ser burdo. Lo lei dos veces jaja. Sigue escribiendo asi!

NocheVerde

genial!!!

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