La noche que llevé a mi compañera de piso a la rave
Cuando mi compañera de piso me dijo «llévame contigo», supe que esa noche iba a perder algo más que la timidez. Lo que no imaginé fue que él aparecería.
Cuando mi compañera de piso me dijo «llévame contigo», supe que esa noche iba a perder algo más que la timidez. Lo que no imaginé fue que él aparecería.
Llevaba un mes soñando con volver a encontrarlo cuando mi compañera de piso me confesó que me tenía envidia. Esa misma noche la llevé conmigo a la rave.
Valentina siempre fue impulsiva. Pero cuando trajo a Camila a nuestra vida, ninguno de los dos sabía hasta dónde nos íbamos a meter.
Cuando Marcos me confesó que podía ayudarme con las dos cosas, entendí que esa noche de disco iba a terminar mucho mejor de lo esperado.
Bajó la copa, se me quedó mirando unos segundos largos y, sin decir una palabra, caminó hacia mi recámara. Yo ya sabía lo que ese silencio significaba.
Ella estaba de treinta y seis semanas y yo sola con ella toda la semana. Nadie sabía lo que cruzaba por mi cabeza cada vez que la ayudaba.
Fingí dormir mientras sus dedos me recorrían la piel. No sé en qué momento decidí que no quería que se detuviera, pero esa noche todo cambió entre nosotras.
Salimos a buscar un callejón y volvimos con un secreto. Algunos viernes te cambian sin pedirte permiso.
Sofía llevaba años imaginando cómo sería aquella noche. No imaginó que Camila estaría ahí, ni que Rodrigo tampoco querría que se fuera.
Esa tarde en casa, mientras probábamos ropa en la sala, entendí que la mirada que Valeria me lanzaba no tenía nada de inocente.
Lo organicé yo misma: una noche de jacuzzi con mi amiga y mi novio. Pero a las tres de la madrugada desperté con algo que nunca esperé ver.
Solo quería despejarme por una noche. No esperaba que esa despedida de soltera, ese bar y ese hombre iban a quedarse en mí tanto tiempo.
La noche en que Camila dijo que nunca había hecho nada de eso, todos sonreímos. Pocas horas después, era la que pedía más.
La regla era simple: nada de enamorarse. Pero cuando Rocío me mandó ese audio a medianoche, supe que esto iba a complicarse más de lo que quería.
Cuando Clara vio la cerradura oxidada del cuarto cuatro, no se asustó ni dudó. Suspiró, pidió la toalla de siempre y entró primero.
La primera noche que oyeron a Marcos y Lucía al otro lado de la pared, Sofía supo que ese viaje no iba a terminar como había empezado.
Rodrigo llevaba rato mirándolas desde su toalla cuando Clara le hizo la señal. La playa vacía y el cielo en violeta hicieron el resto.
Estábamos en su cuarto con vino cuando soltó la carcajada. «Nunca te conté todo lo de Búzios.» Supe que lo que venía iba a sacudirme.
La vela se apagó y en la oscuridad una mano subió por mi muslo. Tardé demasiado en darme cuenta de que esa mano no era la de Marco.
El piso lo compartían bien. Pero cuando Camila propuso compartir también a su novio, ninguna calculó hacia dónde las llevaría el experimento.