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Relatos Ardientes

El amo vino a domarnos el segundo fin de semana

Espero que disfruten esta entrega tanto como las anteriores, porque adoro recibir comentarios y, sobre todo, las fantasías que ustedes me cuentan. Esta es la continuación de aquel fin de semana en el que coincidí con otras dos travestis en la casa de una anfitriona riquísima, dispuestas a cumplir nuestros deseos más sucios sin pedir permiso a nadie.

El primer día lo dedicamos a realizar una fantasía de cada una. Para el segundo, esperábamos la visita de un amigo de Marina, la dueña de todo aquel lujo. La historia empieza conmigo en la ducha, desnuda y cubierta de espuma, dejando que el agua corriera por mi piel suave de tanta crema.

Me lavé despacio el culito y la verguita, sin prisa, disfrutando el calor. Cuando terminé y me sequé, tomé la ropa que Marina me había dejado sobre el banco. Me sorprendió su calidad: pantis y sostenes finos, y un enterizo deportivo rosado que parecía hecho a mi medida.

Me ajusté las tetas, la ropa interior y el traje. Era tan cómodo que casi no lo sentía, pero al mismo tiempo se apretaba a cada curva de mi cuerpo. Salí en chanclas hasta la sala, donde aún estaba mi maleta, y me calcé unos tenis femeninos que eran mis favoritos. Así, cómoda, empecé a recoger toda la ropa sucia que habíamos dejado tirada la noche anterior.

Marina apareció con un trajecito de tenista: falda corta, pantis blancos y una camisita de tiras. Me dijo que siguiera ordenando mientras ella preparaba algo de comer.

—Cuando termines en la sala, lava los juguetes. Yo te indico con qué jabón —dijo, y me señaló el baño donde debía hacerlo.

La obedecí sin chistar. Recorrí las habitaciones que habíamos usado: el cuarto de sumisión y el de fotografía. Junté todos los juguetes, los lavé con cuidado y los devolví a su sitio. Los míos y los de Daniela los llevé hasta la sala, junto a las maletas.

Daniela apareció todavía medio dormida y se sentó a tomar café mientras yo separaba pantis y Marina servía huevos con tocineta, pan tostado, jugo de naranja y más café. Aunque ya era casi mediodía, las tres comimos con un hambre voraz; el día anterior nos había dejado vacías.

Al terminar, Marina nos sirvió una segunda taza y nos explicó el plan que había acordado con Héctor. Sabíamos que las tres íbamos a estar sometidas a él, pero no los detalles ni las condiciones de cada una.

—Héctor es uno de mis mejores amigos —empezó—. Le encanta dominarme de vez en cuando, siempre respetando mis gustos. Él decidió qué le toca a cada una.

En mi caso, y para mi sorpresa, sería la sirvienta de la casa todo el tiempo, igual que Daniela. Marina empezaría también como sirvienta, pero después pasaría a ser la señora. Él nos iba a dominar, humillar, castigar y someter. Debíamos hacer lo que ordenara, follar entre nosotras si lo pedía, y dejarnos fotografiar.

—Compró ropa para cada una —añadió—. Por la hora, vayan cambiándose ya.

***

La seguimos hasta su habitación. Por el camino nos contó que Héctor había estudiado nuestros gustos y que la ropa de cada una era distinta. Sacó tres bolsas de tela con etiquetas y nos entregó la que llevaba nuestro nombre.

Cuando abrí la mía me puse feliz: un vestido de sirvienta de seda rosada, de falda corta, con sostén y pantis a juego, medias de liguero blancas, zapatos bajitos, guantes, diadema y un collar de cuero rosado con argolla. Miré a Daniela: su traje era negro. Marina, en cambio, sacaba prendas rojas.

Nos desnudamos juntas. Yo me cambié rápido las pantis y el sostén, me puse las medias, los guantes y el collar, y me deslicé el vestido sin esfuerzo. Los zapatos me quedaban un poco grandes, pero aguantaban. Cuando me coloqué la diadema, miré a mis amigas.

Marina ya estaba casi lista. Daniela apenas se ponía una faja de cuerpo completo, muy apretada, con levanta colas. Cuando terminó, tomó su vestido de sirvienta —ajustado, con cordones en la espalda— y me pidió ayuda.

—Apriétalo bien, como me gusta —dijo, conteniendo el aire.

Entre las dos logramos que quedara ceñido al máximo. Marina no necesitó ayuda y nos miraba con su vestido rojo de falda amplia hasta las rodillas.

Nos maquillamos y nos arreglamos. Yo fui al baño mientras ellas recogían los platos como buenas sirvientas. Al salir sonó el timbre.

***

Era Héctor. Tal como Marina nos había indicado, corrimos las tres a la puerta y nos paramos en fila a un lado. Apenas alcanzamos a colocarnos cuando entró con una maleta. Era un hombre alto y fornido, más joven que nosotras, con el pelo rapado como un militar, afeitado, vestido con ropa deportiva pero elegante.

Dejó la maleta a un lado, cerró la puerta y, después de saludar a Marina, le pidió que nos presentara.

—Esta es Daniela —dijo ella—. Una travesti sumisa y muy puta. Le encanta sentirse apretada en sus fajas y que se vengan en su carita.

—Y ella es Lía —siguió, señalándome—. Una sumisa afeminada y coqueta. Le gusta que la aten, que la usen, que la humillen y la castiguen.

Héctor sonrió. Nos dijo su nombre y nos ordenó llamarlo Señor o Amo.

—Lo primero será revisarles los culitos —dijo—. De espaldas, las tres, y levanten esas falditas.

***

Mientras me daba la vuelta lo vi sacar unos guantes de látex. Escuché cómo se los calzaba. Como mi falda era la más corta, fui la primera en quedar lista, y él lo notó.

—Empezaré de menor a mayor —dijo, y se colocó detrás de mí.

Oí el chasquido de una tapa. Sentí cómo me bajaba las pantis y untaba algo entre mis nalgas. Sus dedos recorrieron la raja, tocaron mi culito y entonces metió uno. Gemí. Se rio y metió otro mientras me decía lo caliente que estaba. Después me entregó un tubo de lubricante.

—Lo llevas siempre bien mojadito —ordenó.

Pasó a Daniela. Escuché el cierre de su faja, sus gemidos, y la voz de él diciéndole que se notaba lo mucho que le gustaba tragar como una puta sucia. Con Marina fue más delicado; en voz alta le dijo que era toda una dama, que tenía el culo duro, apretado y delicioso.

Luego nos hizo girar de frente, levantar las faldas y nos revisó las pantis una a una. Tomó la maleta y ordenó a Marina que nos llevara a la habitación sadomasoquista. Ella soltó la falda y echó a andar; nosotras detrás, él cerrando la marcha y advirtiéndonos que venía con muchas ganas de castigarnos.

***

Dejó la maleta sobre una mesa y pidió una cuerda. A Daniela y a mí nos llevó hasta un mueble que parecía un potro de gimnasia, forrado en cuero rojo, con argollas y apoyos para arrodillarse en las puntas. Era corto, así que, una vez atadas, nuestras bocas quedaron juntas en un beso obligado por las órdenes del Amo.

Marina se encargaba de filmar. Cuando él terminó de atarnos, ya no podíamos movernos. Sacó de la maleta una mordaza doble con una bola roja y nos la colocó. Después levantó mi falda, miró mi ropa interior, me tocó el culito y me dio unas palmadas deliciosas, dejándome con la falda en alto. Hizo lo mismo con Daniela.

—Tengo dos perras para castigar —dijo, y pidió una fusta.

Nos dio treinta azotes a cada una. Mientras lo hacía nos humillaba: putas, perras sumisas, travestidas sucias y calientes. Cuando iba por el azote número veinte me bajó las pantis y me hundió un plug vibrador en el culito; terminó de azotarme con él dentro y sin ropa interior. A Daniela le hizo igual, pero al final le subió las pantis y le apretó todavía más la faja.

***

Marina seguía grabando hasta que el Señor le ordenó fijar la cámara en un ángulo abierto y tomar un dildo. Era hora de abrirnos.

A mí me tocó primero con él. Retiró el plug y sentí cómo metía algo grande y grueso. Resoplaba de dolor y de placer al mismo tiempo, abierta y mojada por el lubricante que el Amo no dejaba de poner. Cuando lo tuvo bien adentro empezó a moverlo, despacio primero, luego más rápido.

—Tienes culo de hembra caliente, de perra sedienta —me decía.

Yo resoplaba y escuchaba a Daniela hacer lo mismo. Después él ordenó cambiar: que Marina nos abriera con los dildos vibradores mientras la guiaba. Conmigo fue lenta y precisa; con Daniela él se puso más bruto, la nalgueó y la trató como una puta mientras le metía el vibrador hasta el fondo. Daniela se babeaba como una hembra, y él la humilló por ser tan perra.

Entonces lo sentí penetrarla. Daniela gimió y empezó a moverse al ritmo de él. Mientras la montaba, le indicó a Marina que me sacara el vibrador, me pusiera unas pantimedias blancas sin pantis y unos tacones altos, y me soltara las piernas para que le ofreciera el culito a su verga.

Marina me liberó la cabeza, las manos y las piernas. Me quité las medias, me calcé las pantimedias y los zapatos lo más rápido que pude mientras veía al Amo cabalgar a Daniela. Saber que era la siguiente me tenía electrizada. Marina volvió a atarme las manos, esta vez extendidas, y me dejó las piernas abiertas y sujetas.

—Métele una cápsula de gel —ordenó él sin dejar de montar a Daniela.

Era grande. Mientras me la introducía, él me explicó que eran hormonas y lubricante, sustancias que me harían sentir muy femenina. Después mandó a Marina darme veinte azotes más, que yo debía contar y agradecer uno a uno. En el octavo volvió el plug vibrador, y para cuando terminé de contar, todos los juguetes habían pasado otra vez por mi culito en las manos hábiles de Marina.

***

—Ahora ruégame por mi verga —dijo el Señor.

Puse la voz más femenina que pude y le supliqué que me penetrara, que metiera su verga en mi culito caliente y mojado, que era una esclava suya, una sumisa muerta de ganas de sentirlo dentro. Él me contestaba humillándome, llamándome sucia, perra, esclava.

Sacó la verga de Daniela, mandó a Marina soltarla y se colocó detrás de mí. Me bajó las pantimedias y me la metió de un solo empujón. Gemí y doblé los brazos. Empezó a embestirme, entrando y saliendo de mi culito mojado mientras me decía que era una perra. Yo gemía, le rogaba más, le decía que era su hembra, su puta.

Cuando Marina terminó de soltar a Daniela, él le ordenó ponerme una cadena de perra y tener el plug listo: ya quería llenarme. Me enganchó el collar, tiró de la cadena para empinarme más y me siguió follando hasta que sentí su verga ponerse dura y gruesa. Estalló dentro de mí. Empujó lo más adentro que pudo y noté el culito inundado de semen.

—Daniela, ven a limpiarlo —dijo al sacarla.

***

Marina me puso un plug para que no se escapara la leche, me subió las pantimedias y le colocó una correa a Daniela, que terminaba de limpiar la verga del Amo. Siguiendo sus órdenes, la llevó de la cadena y la arrodilló contra mis nalgas, acomodando su boquita justo en mi culito —fácil, gracias a mis tacones altos—. La ató: primero la cabeza, luego las manos abrazando mi cadera, y al final las rodillas a mis tobillos, para que quedáramos bien pegadas.

Marina metió la mano por mi espalda, bajo las pantimedias, hasta sacar el plug. Me bajó la falda y le dijo a Daniela que era una linda perrita y que se tomara toda su lechita. Empecé a sentir la lengua de Daniela lamiendo la media, recogiendo el semen que escurría, excitada como una loba.

Cuando empezó a chupar directamente mi culito casi me derrito. El Amo me hizo ponerme en cuatro como una perra, de modo que la boca de Daniela bajara hasta mi pene, duro y caliente bajo las pantis. Ella también tuvo que ponerse en cuatro. Él le ordenó seguir lamiendo, y la escena, decía, solo necesitaba a Marina para estar completa.

—¿Mi boca o el culito de Daniela? —le preguntó.

—El culito —respondió Marina.

Le abrió la faja, le bajó las pantis y empezó a penetrarla mientras Daniela gemía entre besos y lengüetazos sobre mi verga. Yo sentía a Daniela montada, al Amo disparando fotos, el semen escurriendo aún sobre la carita de mi amiga. Daniela se mojó dentro de su ropa apretada como una mujercita caliente.

El Amo lo notó y, como Marina había pedido culo, le ordenó penetrarme a mí. Marina rompió un poco mis pantimedias y, montada sobre Daniela, logró meterme la verga. Yo ya estaba al límite, con la boca de Daniela pegada a mi pene y la verga dura de Marina taladrando mi culito. Quería aguantar, disfrutar más, sentirme mirada y fotografiada como una actriz porno que ama su trabajo.

—Pueden mojarse —dijo el Amo—. Se ganaron la recompensa.

Me dejé ir y me corrí dentro de las pantimedias. Daniela volvió a mover la lengua para tragar mi semen mientras Marina seguía clavándome cada vez más rápido, más duro, hasta que su verga se puso gruesa y estalló. Sentí su leche subiendo dentro de mí, llenándome. Se dejó caer un rato y luego se levantó.

***

El Señor mandó a Marina por algo de beber; quería seguir mirando cómo el semen salía de mi culito y mojaba la carita de Daniela hasta el final. Cuando Marina volvió con el vino, él pidió la cámara y nos fotografió así, humilladas. Después ordenó soltarnos despacio, posando para él, sucias y mojadas.

—Ahora vayan a bañarse juntas —dijo—. En la maleta hay una bolsa con el nombre de cada una. Esa es la ropa que usarán después.

Marina tomó la suya y dio las gracias, Amo, con la voz más coqueta que tenía. Daniela hizo lo mismo. Yo quedé de última; recibí mi bolsa, agaché la cabecita y salí detrás de mis amigas.

El baño era amplio, con una ducha de dos regaderas. Nos desnudamos ayudándonos y nos enjabonamos entre risas. El Señor entró, abrió la puerta de cristal y empezó a fotografiarnos, indicándonos cómo tocarnos, cómo ponernos bien puticas y femeninas. Cuando terminó, salimos limpias y él se marchó mientras nos vestíamos.

En mi bolsa había unas pantis de encaje con sostén a juego, unas tetas de silicona más grandes, medias de liguero con sus ligas, un vestido de señorita rosado de falda amplia hasta las rodillas y unos tacones a juego. Daniela recibió un traje de látex negro pegadísimo, con corsé, tacones y falda corta. Marina, un vestido elegante de falda negra, pantimedias oscuras y unos tacones preciosos.

Lo que vino después lo contaré en la próxima parte, porque ya me extendí bastante por hoy. Espero que esta nueva entrega les haya gustado tanto como a mí escribirla. Me encanta saber que alguien la lee y se excita imaginando ser una de nosotras, o el hombre que nos domina. Besos.

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Comentarios (5)

GabiM_2k

increible!!! 10 puntos

TeroRosario

Hay segunda parte? me quede con muchas ganas de saber como sigue

NocturnoBA

Me encantan los relatos bien construidos como este. Se siente autentico, muy bueno

SebastianMZ

Excelente narrativa, se nota el cuidado al escribir. Sigo pendiente de lo que publiques

Ludi_sf

jajaja me recordo a algo que me paso una vez, no exactamente igual pero por el estilo... buenisimo!

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