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Relatos Ardientes

La novia falsa que encendió sus celos de verdad

4.3 (18)

Camila se miró por última vez en el espejo antes de salir. Cuatro años y cuatro meses de tratamiento hormonal habían remodelado su cuerpo con una paciencia que ella misma a veces no podía creer: cintura marcada, caderas anchas que tensaban el vestido negro por los costados, glúteos firmes y altos que levantaban la tela con cada paso. El escote cruzado dejaba ver la curva suave de sus pechos, pequeños pero suyos. Debajo de la falda, el encaje negro de la tanga atrapaba lo que el mundo exterior todavía desconocía, suave, depilado, apretado contra la tela fina.

Se aplicó una última capa de brillo en los labios, se echó el bolso al hombro y bajó las escaleras.

Marcos la esperaba en la puerta del edificio con la corbata torcida y cara de no haber dormido bien en tres días. Llevaba el traje puesto desde las seis de la tarde, lo que significaba que había estado caminando de un lado al otro de su piso durante horas, esperando que se le pasara el nerviosismo.

—Dios mío, gracias —dijo en cuanto la vio—. De verdad. Si llego solo me preguntan por la novia todo el año.

—Tranquilo —respondió Camila, ajustándose el tirante del vestido—. Una noche. Ya está.

Se conocían desde que eran niños. La madre de Camila la dejaba cada tarde en casa de los Herrera cuando todavía se llamaba de otra manera, y Marcos, tres años mayor, la había adoptado con la paciencia callada de quien sabe que no tiene otra opción. Habían crecido así, pegados el uno al otro, sin que ninguno se tomara el trabajo de definir qué eran exactamente.

—Siempre fuiste mi sombra —dijo él, abriéndole la puerta del coche—. Quién iba a pensar que un día me ibas a salvar el pellejo vestida así.

—Nadie —respondió Camila, y se abrochó el cinturón.

***

La fiesta de fin de año de la empresa ocupaba el salón principal de un hotel del centro. Luces cálidas, música discreta a un volumen que permitía hablar sin gritar, bandejas de canapés circulando entre grupos de personas que se conocían de lunes a viernes pero no sabían muy bien qué decirse un viernes por la noche.

Marcos le pasó el brazo por la cintura en cuanto cruzaron la entrada. Camila ajustó el paso, dejando que sus caderas oscilaran con naturalidad. El vestido negro hacía su trabajo. Los ojos en la sala también hacían el suyo.

No tardaron en acercarse. El primero fue un tipo alto de marketing, Rodrigo, que le tendió la mano con demasiado entusiasmo y tardó varios segundos en levantar la vista del escote.

—Entonces tú eres la famosa novia —dijo con una sonrisa que intentaba ser encantadora.

—Camila —respondió ella, con la voz aprendida, suave pero firme.

—Qué nombre tan bonito —añadió otro, que se había acercado por la izquierda sin que nadie lo invitara, rozándole el codo como sin querer—. Y todo lo demás también.

Marcos apretó los dedos en su cadera. No con la fuerza nerviosa de alguien que interpreta un papel, sino con algo más primario, más instintivo.

—Es mía —dijo entre dientes, y el tono no dejó espacio para la ambigüedad.

Camila no dijo nada. Sostuvo su copa y sonrió con la boca cerrada.

Las siguientes dos horas fueron un ejercicio de tensión contenida. Cada vez que un compañero se acercaba, cada vez que alguien le ofrecía otra copa o encontraba un pretexto para rozarle el brazo, Marcos se ponía más rígido a su lado. Sus dedos no la soltaron en toda la noche. En un momento, inclinándose hacia su oreja con la excusa del volumen de la música, le susurró:

—No paran de mirarte. ¿Lo notas?

—Marcos, es una fiesta.

—Hay formas y formas de mirar a alguien en una fiesta.

Camila no respondió. Por dentro notó que algo se tensaba en su bajo vientre, algo que no debería estar tensándose dado que todo aquello era solo un papel.

Salieron pasada la medianoche. El aire de la calle era frío y cortante. Subieron al coche de Marcos en silencio. Él arrancó, condujo dos manzanas en dirección a casa y detuvo el coche en un lateral sin razón aparente. Los faros se apagaron. Ninguno de los dos habló durante un momento.

—¿Qué fue eso? —preguntó él, mirando al frente.

—Una fiesta de empresa —dijo Camila—. Lo que me pediste.

—Te estuvieron mirando toda la noche como si fueras un objeto.

—Y tú lo usaste mientras te convenía para el papel.

Marcos giró la cabeza. Tenía la mandíbula tensa y los nudillos blancos en el volante.

—Me molestó desde el primer minuto —dijo—. Todo el tiempo.

Camila lo miró. Había algo en su expresión que no reconocía, o que quizás sí reconocía pero había evitado nombrar desde hacía tiempo. Algo que no era de ahora.

—¿Y ahora qué? —preguntó.

Él arrancó de nuevo sin responder.

***

El motel estaba a diez minutos, al borde de una avenida de salida de la ciudad. Luces de neón anaranjadas, aparcamiento cubierto, recepción con ventanilla de vidrio. Marcos pagó sin que ninguno de los dos dijera nada. Habitación nueve. Cama grande con sábanas oscuras, olor a ambientador de pino y a cierta urgencia que ninguno de los dos había nombrado todavía.

Marcos cerró la puerta y antes de que el seguro terminara de girar ya tenía las manos en la cintura de Camila, subiéndole el vestido con un movimiento brusco y decidido. La tela quedó enrollada por encima de las caderas. La tanga negra apareció estirada sobre la curva de sus nalgas.

Él se detuvo un momento. Las manos quietas sobre su cintura, la respiración audible en el silencio de la habitación.

—Camila —dijo.

—Sí —respondió ella, sin que nadie hubiera preguntado nada todavía.

La mano de Marcos recorrió la curva de sus nalgas despacio, con una presión que no era torpe ni apresurada. Se detuvo en el hilo de encaje y lo corrió hacia un lado, dejando el espacio entre sus nalgas expuesto al aire frío de la habitación. Escupió en la palma de su mano y la usó para humedecerla, frotando con el dedo medio en círculos lentos sobre el esfínter de Camila. Ella apoyó las manos contra la pared y arqueó la espalda. La presión del dedo fue gradual, insistente, educada en su lentitud.

—¿Alguna vez? —preguntó Marcos, con la boca contra su nuca.

—No así —respondió Camila.

Un dedo entró despacio. Camila exhaló con fuerza y bajó la cabeza. La sensación era densa, extraña de la mejor manera posible. El músculo se resistió y luego aceptó, y la calidez que subió desde ese punto hasta la base de su columna fue algo para lo que no tenía nombre todavía. Marcos no se movió de inmediato; dejó que su cuerpo se acostumbrara, frotando con el pulgar el espacio exterior mientras el dedo permanecía quieto adentro.

—Más —dijo Camila, y no reconoció del todo su propia voz.

Marcos agregó un segundo dedo y empezó a moverlos con suavidad, abriéndola con paciencia, mientras le mordía el cuello por encima del tirante caído del vestido. Debajo de la tanga corrida, el sexo de Camila estaba completamente duro y palpitante sin que nadie lo tocara, presionando contra el encaje.

Se escuchó el sonido de una cremallera. Marcos apretó su cadera con la mano libre para estabilizarla y presionó la cabeza de su polla contra el esfínter todavía húmedo. El calor entre los dos cuerpos era denso, cargado de todo lo que llevaban años sin decirse.

—Relajate —dijo él—. Confía en mí.

Camila cerró los ojos. Respiró. Y dejó que entrara.

La resistencia inicial fue real: el músculo se contrajo con fuerza instintiva. Marcos no forzó. Presionó con constancia, esperó, y cuando el cuerpo de Camila cedió fue como si una puerta se abriera desde adentro. Él se hundió hasta la mitad en un movimiento largo y continuo, y el sonido que salió de la garganta de Camila fue algo que nunca había hecho antes. Las manos se cerraron en puños contra la pared.

—¿Bien? —preguntó él, inmóvil dentro de ella, esperando.

—Sí —dijo ella, todavía con la frente contra el dorso de su mano—. Seguí.

Marcos empezó a moverse. Embestidas cortas al principio, dejando que su cuerpo se adaptara, calibrando cada movimiento por la respuesta de ella. El vestido seguía enrollado en la cintura. La tanga corrida a un lado. Las caderas de Camila retrocedían levemente hacia él con cada empuje, como si el cuerpo supiera antes que la mente lo que quería.

El ritmo fue haciéndose más amplio, más profundo. Marcos cambió el ángulo, inclinándose, y la cabeza de su polla rozó contra algo que Camila no sabía que tenía hasta ese instante: un punto denso y caliente que respondió con una electricidad que le llegó hasta los dedos de los pies. Sus piernas temblaron. Sus manos arañaron la pared.

—Ahí —murmuró Marcos, con la boca pegada a su oreja—. Ahí te tengo.

Empezó a golpear exactamente ese punto con un ritmo calculado, sin prisa. Cada roce era una descarga que le nublaba el pensamiento a Camila. El encaje corrido de la tanga rozaba su sexo con cada embestida sin llegar a tocarlo del todo, y eso lo volvía todo más insoportable.

—Marcos… más fuerte…

—¿Estás segura?

—Por favor.

Le tomó las caderas con las dos manos y empujó con más fuerza. El sonido de los cuerpos al encontrarse llenó la habitación. Camila cerró los ojos y se dejó llevar, por cada sacudida, por la presión que se acumulaba desde adentro, por el calor del cuerpo de Marcos pegado al suyo.

La llevó hacia la cama sin salir de ella. La hizo apoyarse boca abajo sobre el colchón, abrió sus rodillas con las suyas y se hundió de nuevo hasta el fondo. El ritmo se volvió urgente. La cama respondía con un crujido sordo a cada embestida. Los gemidos de Camila eran cada vez más involuntarios, más desesperados, saliendo a pesar de ella misma.

—Más de cuatro años de hormonas y seguís tan apretada —gruñó Marcos contra su nuca—. Y yo sin haberlo sabido hasta hoy.

—Estoy cerca —dijo ella, con la voz rota.

—Correte así —dijo él—. Sin tocarte. Quiero sentirte.

No puede ser posible.

Tres embestidas más, profundas, precisas, golpeando exactamente donde el cuerpo de Camila llevaba minutos suplicando que las golpearan. Ella gritó contra la almohada. Su sexo palpitó y liberó sobre las sábanas sin que ninguna mano lo rozara. El esfínter se contrajo con fuerza alrededor de Marcos, que gruñó y se hundió hasta el fondo, vaciándose adentro de ella en oleadas lentas y calientes, bombeando hasta la última gota.

Se quedaron quietos. La respiración de los dos llenaba la habitación. Afuera, los coches seguían pasando por la avenida. Marcos no se retiró de inmediato; permaneció dentro de ella con el peso de su cuerpo apoyado sobre su espalda y la boca contra su nuca.

—Camila —dijo, después de un momento largo.

—¿Qué?

—Esto no fue solo por esta noche.

Ella esperó en silencio. Las luces de neón parpadeaban contra la cortina oscura de la habitación.

—Desde hace tiempo —continuó él, con la voz más baja—. No supe cómo decirlo. O no quise.

—¿Y ahora? —preguntó Camila.

—Ahora sí. Quiero que seas mi novia. De verdad. No para una fiesta de empresa.

Camila notó cómo su esfínter seguía contrayéndose involuntariamente alrededor de él, que todavía estaba semiduro dentro de ella. Giró la cabeza y lo miró por encima del hombro. Marcos tenía el pelo pegado a la frente de sudor y la corbata completamente deshecha. Los ojos fijos en ella sin ninguna ambigüedad.

—¿Oficial? —preguntó ella.

—Oficial —dijo él—. Mía. Y yo tuyo. Desde esta noche.

Camila se mordió el labio inferior. Luego sonrió, despacio, con esa sonrisa que guardaba para muy pocas personas.

—Entonces vuelve a entrar, novio —susurró, arqueando la espalda hacia él—. Y hazme tuya otra vez.

Marcos le tomó las caderas con las dos manos y, sin necesidad de nada más, comenzó de nuevo.

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4.3 (18)

Comentarios (10)

Chepe92

Increible, me dejó sin palabras. Tremendo relato!!!

LectoR_casual

Que final mas intenso, necesito una segunda parte por favor. No puedo quedarme con esto

ChelseaLectora

Me encantó como narraste la tension entre los dos. Se sintió muy real. Sigue así!

Valentina_86

buenisimo!!

epsilon22

Muy buen relato, me quede pensando si habrá continuación con estos personajes?

Turco_Sur

La parte de los celos me llegó, tremendo. Gracias por compartirlo

RositaMdQ

Me hizo conectar mucho con la historia, se nota que hay algo real detras de lo que se escribe. Muy bueno!

Sidilla59

relato genail, me gusto muchisimo!! esperando mas

guillermo2024

Hace tiempo que no leia algo que me enganchara tanto desde el principio. La descripcion de esa noche fue perfecta, sin ser exagerada. Esperando ansioso el proximo. Saludos

NocheVieja77

jajaja el titulo ya me habia enganchado y el relato no defraudo :)

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