La fiesta gay donde descubrí que mi novio me engañaba
Es sábado y hoy es la fiesta en casa de Iván y Nael. Me despierto en la cama con Marc encima de mí, repartiéndome besos en la nuca y restregándome el bulto contra el culo. Este tío no descansa nunca.
Pero no tengo ganas, y además se ha hecho tarde: la fiesta empieza al mediodía y hay que arreglarse. Aprieto las nalgas para cerrarle el paso. Si tiene ganas, que se la pele él solito.
—Venga, no seas malo —me susurra con esa voz de salido que últimamente es la única que le escucho.
Me mantengo firme, con el culo prieto, hasta que se rinde y se levanta de mala gana, con la cara torcida de siempre que le niego la entrada. El mundo no gira alrededor de tu polla, pienso, pero me callo para tener la fiesta en paz.
Después de la ducha nos vestimos, que tampoco hay mucho que poner: la fiesta es en bañador. Hay un código no escrito que todos respetan: los pasivos van en slip, los versátiles en short ajustado y los activos en bóxer holgado. Marc y yo nos vestimos en consecuencia, y en cuanto me meto en el slip vuelve a meterme mano.
—Buah, hoy no va a haber un tío en esa casa que no quiera follarte. Menos mal que estoy yo, que si no ni te dejaba salir.
—¿Qué pasa, que ahora te me has vuelto celoso? —respondo, juguetón.
—No es cuestión de celos. Es que tengo que defender lo que es mío —me dice plantándome las dos manos en el culo. En su culo, según él.
No sé si reírme, sentirme halagado o meterle un rodillazo en los huevos. No voy a negar que me gusta ponerlo cachondo, pero últimamente me siento como un culo con patas para él.
Cuando llegamos, la casa ya está llena, y según Iván y Nael todavía falta gente por venir; el sitio es enorme y el aforo no preocupa a nadie. No conozco a casi nadie, pero juro que no había visto tanto tío bueno junto en mi vida. Marc tampoco, porque lo pillo mirándole el paquete a varios. Será cerdo.
En un momento me meto en la cocina a hacerme un cubata e Iván me acompaña. No nos veíamos desde aquella vez que se restregó contra mí en otra fiesta, y debió de gustarle, porque en cuanto me agacho a sacar hielo del congelador me cuela la mano por dentro del slip sin pensárselo.
—Menudo culo tienes, Dani... debes de tener muy contento a Marc.
—Quita esa mano de ahí o Nael te corta los huevos —le digo, aunque sin demasiada convicción.
—Para nada... hoy es mi cumpleaños, y esta fiesta es especial. Hoy se nos permite ser un poco malos —contesta mientras me amasa las nalgas, y tengo que reconocer que me pone que lo haga.
En esto aparecen Nael y Marc, que también vienen a servirse algo. Para mi sorpresa, su llegada no hace que Iván saque la mano de mi bañador, y a ellos tampoco parece molestarles lo más mínimo.
—¿Qué cuchicheáis por aquí? —pregunta Marc.
—Nada, le decía a Dani la suerte que tienes —responde Iván, guiñándole un ojo.
—Pues anda que tú estás para quejarte —replica mi novio, y agarra del culo a Nael, que ni se inmuta, como si fuera lo más normal del mundo—. No es por presumir, pero los mejores culos de la fiesta son los nuestros.
—Y tanto —confirma Iván, subrayándolo con un buen pellizco en mi nalga derecha.
Nael me sonríe y pone los ojos en blanco, en plan «ya sabes cómo son». Vaya si lo sé. Te enamoras, y para ellos no eres más que un culo.
—¿Sabéis qué? —sigue Iván—. Dentro hay un salón pequeño, muy discreto, donde los cuatro estaríamos a gusto. Y ya que tenemos los mejores culos, podríamos intercambiarlos un rato.
Hablan como si Nael y yo no estuviésemos delante.
—Buah, tentador —dice Marc—, pero el culito de Dani es solo mío. No se lo presto a nadie. Eso sí, si quieres una buena mamada, en eso tiene mucha práctica.
—Eso igual lo decido yo —protesto, entre cabreado y excitado. Pero justo entonces noto el dedo de Iván abriéndose paso por detrás, y se me empina el rabo, cosa difícil de disimular en slip, lo que deja mi protesta en nada.
—Tu boca ahora no es para hablar —me suelta Iván en tono autoritario. Luego se gira hacia Marc—. Trato hecho. Pero si yo no cato culo, tú tampoco.
Marc asiente, y los cuatro nos metemos en la salita.
Nada más entrar, Iván y Marc se bajan el bañador y nos enseñan los pollones empalmados. Nael y yo nos arrodillamos a la vez y nos lanzamos sobre ellos: yo a la de Iván, él a la de Marc.
Me como el rabo de Iván con ansia. Aunque sea un capullo, me ha calentado, y además es la primera polla que pruebo que no es la de Marc; eso me da un morbo que no esperaba. Al principio lo agarro por la base y me lo voy metiendo a mi ritmo, pero enseguida es él quien me sujeta la cabeza y me folla la garganta. Yo le clavo las manos en el culo, me dejo hacer y levanto la vista para verle la cara llena de deseo.
Cuando está cerca de correrse, afloja y me la saca. Se va hacia un sillón, se repantiga y me indica con un gesto que me acerque a seguir. Voy hasta él a cuatro patas, obediente, muerto de ganas de seguir mamando. Marc nos ve y hace lo mismo: acabamos Nael y yo, uno al lado del otro, de rodillas, comiéndole la polla al novio del otro mientras ellos miran sentados, tan tranquilos.
—Buah, qué boquita tiene tu novio —dice Iván—. Se nota que lo tienes bien enseñado.
—Me pondría burrísimo que se liaran estos dos. ¿A ti no? —suelta Marc. Iván asiente.
Así que nos apartan de sus rabos, y Nael y yo, todavía de rodillas en el suelo, nos echamos el uno sobre el otro. Es la primera vez que nos besamos, que nos tocamos de verdad, y se me hace sorprendentemente morboso: por su cuerpo, sí, pero sobre todo por saber que nuestros novios nos miran y se la pelean con la escena. Seguimos así hasta que Iván me agarra de los pelos, me aparta de Nael y me pone la cara junto a su rabo justo a tiempo de correrse encima de mí. Al lado, Marc le descarga en la garganta a Nael mientras le folla la boca.
***
Los cuatro nos tomamos una pausa. Ellos, relajados después del orgasmo; Nael y yo, calientes y con la cara manchada. Mientras nuestros novios vuelven tan anchos a la fiesta, nosotros nos vamos a un baño a limpiarnos. No puedo evitar cierto resentimiento al verlos marcharse con el rabo satisfecho mientras yo me lavo sus restos de encima.
Cuando vuelvo, me acerco a Marc justo en el instante en que otro chico se acerca a saludarlo. Es un tío de mi edad más o menos, en slip negro, moreno, atlético, con un par de tatuajes en el brazo.
—¡Hey! ¿Qué tal? —saluda el desconocido.
—Hola, Bruno... todo bien, ¿y tú? —responde Marc, y noto el nervio en su voz al instante.
—Bien. No esperaba encontrarte aquí. Hace tiempo que quería hablar contigo, pero no me contestabas a los mensajes.
Marc está con los huevos de corbata porque sabe que estoy mirando, aunque disimule que no me ha visto. Y la escena no deja lugar a muchas dudas. Hijo de puta.
—Mejor lo hablamos en un sitio más tranquilo —dice agarrando a Bruno del brazo y llevándoselo lejos.
Me quedo clavado como una estaca, sin saber qué hacer ni qué decir, cuando Nael se me acerca.
—¿Tú crees que...? —empiezo.
—Sé reconocer a un tío que la está pegando cuando lo veo. No tengo ninguna duda.
—Pedazo de cabrón. Le voy a montar un pollo delante de su querido Bruno.
Pero mi amigo me frena antes de que dé un paso.
—Ni se te ocurra. ¿Qué quieres, quedar de novio loco delante de todo el mundo? Se la tienes que devolver, y estás en el sitio perfecto para hacerlo. Ojo por ojo. Luego en casa le cortas los huevos si quieres.
—¿Devolvérsela cómo?
Nael me agarra de la mandíbula y me gira la cara hacia la piscina. En las hamacas están Theo e Igor, los dos tíos que conocí el otro día en el gimnasio, los dos en bóxer holgado de activo. El camino está clarísimo.
—Hola, chicos, ¿qué tal? ¿Lo estáis pasando bien? —dice Nael al llegar a su altura.
Los dos sonríen al vernos.
—Os acordáis de mi amigo Dani, ¿verdad?
—Claro. Un chico como Dani no es fácil de olvidar —dice Theo, guiñándome un ojo.
Son un par de chulos, pero hay que reconocer que están buenísimos: llaman la atención hasta en una fiesta como esta. El contraste entre los dos —Theo, negro y enorme; Igor, rubio y con rasgos del este— les añade todavía más morbo. Respiran virilidad por cada poro.
Charlamos un rato, entre risas y copas. La tensión sexual se palpa, pero ni Theo ni Igor son descarados, y eso me los hace aún más atractivos. Es Nael quien decide subir la temperatura.
—Chicos, en el jardín de atrás hay un jacuzzi pequeño. ¿Os apetece que vayamos? Estaremos más cómodos.
A los dos se les dibuja una sonrisa de oreja a oreja, y al levantarse se les nota el principio de una erección bajo el bañador. Son básicos. Pero cuando llegamos, el jacuzzi está apagado.
—Mierda, no funciona. Esperad aquí, voy a mirar el cuadro eléctrico, que igual ha saltado. Portaos bien mientras no estoy —dice Nael, y nos guiña un ojo antes de dejarnos solos a los tres.
Tras un silencio corto, Theo toma la palabra.
—Bueno, Igor, ¿qué se te ocurre para entretenernos mientras se arregla esto? —y, dicho esto, me mete la mano en el slip y me agarra con ganas la nalga izquierda.
—No sé. Igual nuestro nuevo amigo nos entretiene un rato, como en las duchas del gimnasio —responde Igor, recordando el día que me exhibí delante de ellos, y me agarra la otra nalga.
Estoy cachondísimo de tenerlos a los dos encima, pero, aunque me muero por que me revienten a polla, me apetece hacerme el difícil.
—Vais un poco de listillos, ¿no? Más bien os toca a vosotros entretenerme a mí —digo con una sonrisa.
Entonces se lanzan los dos a comerme los pezones, cada uno de un lado, y estoy en el séptimo cielo cuando alguien nos interrumpe. Es Marc, que acaba de entrar al jardín y se nos acerca hecho una furia.
—¡Dani! Pero ¿qué cojones haces?
Theo e Igor se yerguen, aunque sin sacar las manos de mi culo. Marc me mira con los ojos como platos, rojo de rabia.
—¿A ti qué te parece que hago? Anda, pírate un rato, que aquí no pintas nada —y, mientras lo digo, llevo las manos a las entrepiernas de Theo e Igor y les noto los rabos como estacas por encima del bañador.
—No me jodas. Ven conmigo y déjate de chorradas —pero el tono le traiciona la impotencia que las palabras intentan tapar.
Igor se pone a comerme el cuello, ignorándolo, y Theo da la estocada final.
—¿No le has oído? Pírate ya, si no quieres problemas —le suelta, amenazante.
Marc está a punto de estallar y, curiosamente, empalmado con la escena. Sé que se liaría a hostias si pudiera, pero no tiene nada que hacer contra los dos a la vez, así que se traga el orgullo y se va con el rabo entre las piernas.
En cuanto desaparece, los dos se me echan encima como animales, y yo me dejo llevar sin saber ya quién me besa dónde ni quién me toca el qué.
—Vamos a buscar una habitación —dice Theo. Es una orden. Asiento y nos metemos en la casa, olvidados del jacuzzi y de todo lo demás.
—Te vamos a destrozar el culo —me susurra Igor al oído mientras buscamos puerta por puerta y los dos me sobetean.
Encontramos un dormitorio vacío, amplio, con una cama grande. Entramos y echamos el pestillo. Estoy cachondísimo, pero también un poco acojonado: es la primera vez que voy a hacer un trío y quiero estar a la altura.
Theo es el primero en agarrarme, apretándome contra su cuerpo y hundiéndome la cara en sus pectorales de acero. Por detrás, Igor empieza a darme azotes, cada vez más fuertes, y a tirarme del slip hasta que lo rompe y me deja en pelotas delante de ellos. Luego Theo me da la vuelta y me empuja hacia Igor, que me come la boca mientras el otro se saca el rabo y me lo restriega contra la raja. Tengo el culo dando palmas, con más ganas de polla que en mi vida.
De momento soy el único desnudo de los tres, pero enseguida se bajan el bañador y me enseñan los dos rabos durísimos. Me empujan de los hombros hacia abajo hasta dejarme de rodillas, con dos nabos para mí. Voy alternando entre uno y otro, les como también los huevos, mientras me tiran del pelo, me dan pollazos en la cara y me escupen. En un momento, mientras se la mamo a Igor, saca el móvil y empieza a hacerme fotos. Intento protestar, pero les da igual.
—Eres nuestra puta, y las putas obedecen —me suelta.
Theo se coloca detrás y entre los dos me llevan a la cama, donde me ponen a cuatro patas. Él se agacha a comerme el culo mientras Igor, por delante, me folla la boca hasta que se me saltan las lágrimas.
—Buah, no veas qué culo tiene este —dice Theo cuando saca la lengua y empieza a metérmela—. Te lo voy a dejar bien abierto.
Estoy tan caliente que, a pesar de que tiene un rabo considerable, entra bastante bien. Al principio me folla despacio, y yo sigo con la polla de Igor en la boca, pero a medida que acelera se va echando sobre mí, hasta que el otro me la saca y quedo tumbado boca abajo, con Theo encima reventándome. Cada embestida es más bestia, la respiración se le acelera, y no me sorprende cuando, poco después, noto cómo se vacía dentro de mí.
Cuando termina, me besa la espalda con una ternura que no esperaba, me gira la cara y me morrea. Me la saca con cuidado y sigue haciéndome mimos un rato, hasta que Igor se cansa y reclama su turno.
Estoy escocido de la primera follada, pero también dilatado, y la corrida de Theo hace de lubricante, así que cuando Igor se pone encima el placer supera de lejos al dolor. No se anda con tonterías: desde el primer momento me da duro.
Después de un rato me la saca, se tumba boca arriba y yo, agotado, me siento sobre su rabo, bien inclinado para que el agujero quede abierto del todo. Me sujeta y me aprieta contra él con esos brazos de gimnasio, de modo que, aunque esté yo arriba, sigo tan dominado e inmovilizado como antes, con la cara hundida en su cuello. Al cabo de un rato se corre dentro de mí.
Los tres caemos rendidos sobre la cama, yo en medio, ellos comiéndome a besos y caricias, repitiéndome lo bien que me he portado. No pienso en Marc ni en Bruno. Solo en lo que se está perdiendo. Y entonces noto la polla de Theo golpeándome otra vez la entrada, listo para una segunda ronda.
Continuará...