Lo que hice por papá cuando mamá nos dejó
Ya está, papá. Es la hora. Llevas tres días sentado en ese mismo sillón, con el mismo traje arrugado, mirando la pared como si ahí dentro estuviera la respuesta. Sé que te duele lo de mamá. A mí también. Pero alguien tiene que reaccionar, y como soy la única mujer que queda en esta casa, aunque sea tu hija, voy a tener que hacerme cargo de todo. Incluso de ti.
Vamos a ver. Levántate. Despacio, eso es. Dame el brazo. A la ducha, que hueles a tres días de pena y de derrota. No me mires con esa cara. Sí, a la ducha, te he dicho. Entra al baño. Camina.
Si no empiezas a desvestirte tú, lo haré yo.
Como quieras, entonces.
Fuera la chaqueta. Ahora la corbata. La camisa. La camiseta interior… así. Siempre me gustó esa barriguita tuya. No es muy grande, pero me hace gracia. Déjame pasarle la mano por encima. Sí, me río, ¿qué pasa? Me gusta tocarte.
Venga, el pantalón también. Y los calzoncillos. Eso es. Madre mía, papá… mamá tenía que estar la mar de contenta con esto.
Los calcetines y adentro. No me digas que tengo que regularte yo el agua. Es que esta apatía me da rabia, papá. La vida sigue, caramba. Está bien, me meto contigo y te ducho yo, si te vas a poner tan inútil. Siéntate en ese taburete de plástico. Quédate ahí.
No, no mires alrededor. Ya quité todo lo de mamá: el champú, la esponja, su toalla. No me mires así, te lo repito. La vida sigue.
Allá vamos. Sí, me estoy desvistiendo. Claro que voy a entrar desnuda, ¿qué te esperabas, que te enjabonara con la ropa puesta?
—¿Me estás mirando? —te pregunto, y me río—. Sí, lo llevo depilado. ¿Qué pasa? Me gusta más así.
Un poco de agua sobre el pelo, sobre esos hombros enormes. Levántate un momento. Te voy a enjabonar entero. El pelo otra vez, los hombros, esos brazos fuertes que tanto me gustaban de pequeña… ¡Has sonreído! Lo vi. Me apunto el logro. Y ahora el pecho, la barriguita… no puedo evitar darle un beso. Y esto… madre mía, papá… cuántas venas. Está caliente al tacto. No me apartas la mano, así que sigo. Te bajo un poco la piel y la lavo bien. Los huevos también. Pesan, qué barbaridad. Yo salí de ahí. Te mentiría si te dijera que esto no me está poniendo.
Bueno, va, dejemos eso. Date la vuelta, que falta la espalda. Qué mareo más tonto me ha dado. Eso es. Esta espalda ancha, y el culo… qué duro lo tienes, papá. Te paso la mano por todo el culo, te aviso, bien enjabonada. Así. ¿Te ha palpitado algo ahí abajo? Pero bueno… no, no. O sí. Ya veremos.
Ahora toca enjuagarte. Agua por aquí, agua por allá. Sí… te la voy a limpiar bien, que no se te quede jabón en la… en la verga, papá. Se te ha puesto dura del todo. Es la más grande que he visto y que he tenido en las manos. Dios, no me puedo creer lo caliente que estoy. Sí, te vi mirarme los pechos mientras el agua me corría por ellos. Con estos pezones anchos. ¿Te gustan, papi? Sé cómo me miras en la piscina. Seguro que también me mirabas el culo con el tanga, ¿verdad? No hace falta que lo digas. Tu polla habla por ti. No dejo de acariciarla, de apretarla más fuerte. Te late mucho. Si vas a detenerme, hazlo ya, antes de que me arrodille.
Demasiado tarde. La tengo delante de la cara. Mira, es tan larga como mi propia cara. Me gusta darme golpecitos con ella en las mejillas, ¿qué tiene de malo? Dios, qué rica. Me gusta tu olor, ahí, en la ingle, en los huevos. Hueles a hombre, papi. No aguanto más, te la voy a chupar. Siempre te miré el bulto del pantalón y envidiaba a mamá por lo que tenía.
Allá voy. Casi no me cabe en la boca. Qué bien sabes. Esa gota que sueltas es dulce, me encanta lamerla, despacio, justo ahí en el frenillo. Te salta la polla cuando lo hago. Y ahora… adentro, toda.
No sé cuántos minutos llevo chupando sin parar, golpeándome la cara con ella, oliéndote, tragando todo lo que me cabe en la boca. Sí, más. Eso, marca tú el ritmo. Úsame la boca. Para, para, no te corras todavía. Quiero lamerte los huevos, me vuelve loca hacer eso. Qué pesados en la mano. Una lamida, otra, toda la lengua, bien empapados de mi saliva. Casi no me caben. No dejo de masturbarte mientras los tengo lo más adentro que puedo. Sí, voy a seguir hasta que te corras. Quiero que te vacíes en mi boca. Sé que hace mucho que no follas.
Venga, papá. ¿No lo oyes? Es el ruido de mis dedos chapoteando en mi coño. No he dejado de tocarme mientras te la chupo.
Ya llega, lo noto, lo siento subir. Ahí va. Dámelo todo. ¡Sí, papi, dámelo!
Trago, trago. Qué rico sabe cada chorro, papá. Una parte en mi boca, otra en mi cara. Y todavía la tienes gorda. Y yo sigo tocándome. Siéntate ahí. Sí, en el borde de la bañera. No me hagas esperar. Eso es.
Ahora me froto sobre tu muslo. ¿Lo sientes? Es mi coño rasurado, rosado, limpio. Está hinchado de lo caliente que estoy. Tócame los pechos, los pechos de tu hija. Sí, chúpamelos mientras me restriego contra tu pierna. Más fuerte. Un mordisco. Me corro, papi, me corrooo…
***
Llevas un rato dormido en la cama. Agotado. Te quedaste confuso, sin saber qué pensar de lo que pasó. No te voy a dejar pensar. Solo paso a verte, me desnudo otra vez y… miro. Tú no sabes lo que quieres, pero tu polla sí. Así que allá voy de nuevo.
Creo que me he vuelto adicta a chupártela. ¿Puedo hacerlo todos los días? Sí, antes de que te vayas a trabajar y cuando vuelvas. No, mejor antes de la ducha. Sudada. Sucia. En mi boca. Me gusta ser sucia, me gusta que me uses, que me reclames. Joder, qué dura, papá. Cuántas venas se te marcan entre mis dedos. Toda adentro, afuera, adentro. Casi me atraganto, pero me encanta. Y apretarte los huevos mientras te la chupo. Pero no me voy a quedar solo en esto. Ni de coña.
Sí, lo estoy haciendo. Quiero que me la metas entera. Ten cuidado, que mi coño a lo mejor no acepta toda esa… aaah… ¡cómo entra! Dios, me encanta. Voy a montarte. Sí, más, más, así. Enredo las manos en tu vello, en tu barriguita. Mira mis pechos colgando sobre tu cara.
¡Ay! ¿Por qué se te ha puesto más gorda todavía? No, no, ni se te ocurra sacarla. Me duele, pero me encanta. Toda adentro, entera. En la habitación solo se oye el ruido de mi coño tragándote, de mi flujo cubriéndote entero. Esas manazas en mis caderas me vuelven loca. Joder, me corro… me corroo…
—¡Papá! ¿Tú también? —jadeo sobre tu cuello—. Eso es, córrete, vacíate dentro de mí, lléname.
Me desplomo sobre tu pecho, sin aire. Escucho cómo te late el corazón, salvaje. Estoy tan excitada que tiemblo. Descanso dos minutos. ¿Que a dónde voy? ¿Crees que voy a dejar que se pierda todo eso? No.
Mira. Me la saco de adentro. Pon la mano ahí. ¿Ves? Es tuyo. Y ahora me lamo la mano. Lamidas largas. Te chupo los dedos, la palma, la muñeca. Dios, qué bien sabe recién salido de mi coño. Voy a querer más, ¿lo sabes? Pienso ordeñarte.
Espera, deja que te limpie. La tienes floja ahora, pero sigue siendo enorme. Sabe a mí. Tengo mucha práctica lamiendo mis propios jugos de los juguetes que tengo escondidos en mi cuarto. Sí, asómbrate. Tu niña es una zorra. Pero soy TU zorra.
Sonríes. Te gusta. Te gusto. Y a mí me encanta.
***
Ha anochecido. Llevamos follando desde ayer. Sí, sigo prefiriendo dormir en mi habitación, pero me encanta que vengas a visitarme. Que me folles despacio, o que casi me fuerces, fuera de ti. No sé qué te pasa por la cabeza, pero sí sé lo que te pasa por la polla, y es deseo por mí.
Llevas diez minutos lamiéndome el ano. ¿De verdad me lo vas a destrozar con ese pollón? ¿Me vas a sodomizar a mí, a tu niña? Joder, me has puesto cachondísima al tirarme del pelo, viejo verde, salido.
—¡Plaf!
Tienes razón, me merezco la bofetada. Pero es que eres un salido, un…
—¡Plaf!
Sí. Soy tu niña deslenguada. El brazo retorcido contra la espalda, las piernas abiertas, de espaldas a ti. Noto la presión de tu capullo en el ano. Hostias, cómo se abre. Me duele, me duele, para, para… no, no pares. Joder, párteme en dos. Mierda… ¡estás dentro de mi culo! Solo lo había hecho con juguetes. Qué bien se siente, papá. Adentro y afuera, adentro y afuera. Otra palmada. Me vas a dejar el culo rojo. Sí, es el culo de tu zorra deslenguada. Perdón, te lo suplico, no lo hago más, pero no pares, por lo que más quieras. Haré lo que desees, todo, pero reviéntame el culo, te lo suplico.
Pierdo los papeles. Soy tu pedazo de carne, tu agujero. Sí, fóllame, destrózame. Solo valgo para esto, papi: para servirte, para calmarte, para complacerte. Dios, dios, me corro por el culo…
—¡Sí, por favor, córrete dentro de mí! —grito contra la almohada—. Soy tu saco de semen.
No puedo ni respirar. Estoy llena de ti. Adoro sentir cómo te late la polla dentro de mi culo, clavada hasta el fondo. Me siento tu objeto, papá. Por favor, hazlo siempre que quieras. No pidas permiso, no lo necesitas. Da igual lo que esté haciendo. Me enloquece. Me enloqueces. Si me meto el dedo en el culo, siento tu semen. Qué rico está. Sí, soy una degenerada, una sucia. Pero soy tuya, papá.
Y habrá más, claro que sí. Nos queda mucho por probar. Gracias. Yo también te quiero.
Ahora te dejo. Me voy a duchar y a dormir un rato. Te beso en los labios. Devoro tu lengua, te la chupo despacio.
Hasta luego, papá.