Los correos que me contaban lo que le hacían a mi mujer
El segundo correo no tardó en llegar. Lo abrí con el vaso de whisky temblando en la otra mano, y ya supe, antes de leer una sola línea, que iba a ser peor que el primero.
«Hemos estado bebiendo una copa mientras contemplábamos a tu mujer desnuda, relajada, atada a la cama, recuperándose. Ya no está tan ida. Empieza a entender dónde está y para qué la hemos traído.»
«Para tu tranquilidad: la llevamos al baño, la bañamos despacio, se dejó hacer. Después la dejamos sola, que hiciera lo que necesitara. Cuando salió, ella misma se había vuelto a poner el antifaz. ¿Por qué? No quiere ver quién se la folla. A ella también le va el morbo.»
Cerré los ojos. Mariela. Mi Mariela con un antifaz puesto por su propia mano. Me serví otro trago.
«La hemos atado otra vez. Mi amigo le ha repintado los labios de rojo. "Estás más guapa con pinta de puta", le ha dicho, y ella no ha contestado. Le he preguntado si estaba incómoda y ha negado apenas con la cabeza.»
«Para nosotros tiene un morbo inmenso: una mujer así de distinguida, de buena familia, casada, tan disponible. Mira la foto. Mira cómo ha permitido que la atemos de piernas abiertas. Mi amigo le ha dicho que ese coño es un fabuloso tragapollas, y a ella no parece molestarle.»
La foto llenó la pantalla. Las piernas abiertas, las muñecas amarradas, el antifaz negro. Podía ser ella. Podía ser cualquiera. Pero el lunar del muslo izquierdo lo conocía de memoria.
No puede ser. No puede ser real.
***
«Nos hemos tendido uno a cada lado. Acariciar ese cuerpo tan suave es una delicia. Le he dicho: bésame. Se ha girado hacia mí y nos hemos besado con lengua. Era evidente que le gustaba. Mi amigo la besaba mientras yo me ocupaba de sus pezones con la boca. Ella admitía las lenguas y las caricias gimiendo bajito.»
«Le hemos puesto las pollas en sus manos atadas y nos ha masturbado a los dos a la vez. "Te encanta tener dos pollas para ti", le ha dicho mi amigo. Te juro que ha sonreído.»
Me levanté. Di vueltas por el salón como un animal enjaulado, queriendo arrancarme esa imagen de la cabeza. Celos, rabia, dolor. Y, debajo de todo eso, algo que me daba vergüenza reconocer: la polla dura.
No puede ser que me excite imaginar cómo se la follan. No puede ser.
El siguiente correo se retrasó. Miré el reloj. ¿Todavía no habían terminado? Yo nunca aguantaba tanto. Esa idea me hizo más daño que ninguna de las fotos.
***
Al fin llegó.
«Mira la foto de cómo le he comido el coño. Tengo su clítoris en la boca y ella mueve el pubis contra mí. Tu mujercita de clase alta disfruta de que dos desconocidos la tomen como su puta. La hemos jodido mucho y todavía pide más.»
La pantalla se llenó otra vez. Los labios muy pintados, atada en cruz, un hombre con la cara hundida entre sus muslos. La boca de ella abierta, gimiendo. O eso quise creer.
«Le he puesto la polla en los labios y, sin dudarlo, ha abierto la boca y me la ha chupado. "¿Has visto lo que le gusta chupar?", decía mi amigo. Y es verdad: qué bien lo hace, qué lengua.»
Otra foto. Él de rodillas en la cabecera, la polla a medio meter en su boca. ¿Cómo era posible? A mí siempre me decía que no le gustaba hacerlo. A mí me lo negaba. Y ahí estaba, sin parar. El whisky me ayudaba a seguir mirando. La polla se me ponía dura de verla.
«Le he besado la boca y le he dicho que es la mujer más preciosa con la que he estado nunca. Balbucea algo. Me acerco y creo entender que dice: viólame ya.»
«No me hago de rogar. Le meto la polla de un golpe. Gime de placer, me aprieta dentro. Le digo que me gusta violarla y ella responde con un gemido largo, mueve el pubis contra mí. Debe de ser su fantasía: que la fuercen. Me pone mucho que una mujer así de excepcional se ponga tan cachonda conmigo.»
Dos fotos más. Un primer plano de él besándola con una suavidad que me dio más celos que cualquier brutalidad. Y otra entre sus muslos, ella con la cabeza echada hacia atrás, la boca muy abierta. A todas luces, dentro de ella. Y a todas luces, gustándole.
***
«He estado mucho rato. Como sé lo que le pone, le he repetido que la estaba violando. Igual te interesa saber que se ha vuelto a correr, de golpe, sin avisar. Ha dicho "hijo de puta, me violas", y ahí mismo le ha venido el orgasmo. Bestial. Qué manera de correrse.»
«Me he puesto a mil. Cuando ha terminado de temblar, se la he sacado y me he ido directo a su boca. "Traga, puta." Ha abierto y se la he echado entera. Iba muy cargado, llevaba mucho sin follar. Ha recibido chorro tras chorro con la boca abierta, se lo ha tragado todo y después me ha succionado hasta vaciarme. No ha caído ni una gota fuera.»
Miré las fotos. La boca de Mariela. El semen. Y a mí nunca, nunca había querido hacerme eso.
«No sabías lo activa que es tu mujer, ¿verdad? Te aseguro que ha sido el mejor polvo de mi vida. "Nunca había visto a una tía beberse la leche con tantas ganas", me ha dicho mi amigo. Y qué bien folla. Le he tenido que dar la razón. ¿Tú no?»
Llevaban casi dos horas. Repasé las fotos una por una. Por un momento volví a convencerme de que no podía ser ella. Mi Mariela no se tragaría sin más el semen de dos desconocidos. ¿O sí? Necesitaba más whisky.
***
«Te preguntarás por qué me molesto en contarte todo esto. Podríamos haberlo hecho sin que te enteraras. Pero es muy morboso decirte lo cornudo que te estamos haciendo. Los tres. Nosotros, sí. Pero tu mujer también.»
«Los tipos de buena cuna creéis que tenéis derecho a mujeres como ella y nosotros no. Os parece natural, pero no lo es. A las mujeres de bandera también las queremos los que tenemos menos. Tú no valoras lo que tienes en casa. Nosotros sí. Y a ella le está encantando que la tratemos como una puta. Es fina, pero lo necesita.»
«Mi amigo está burro otra vez. Le ha puesto el pollón en la boca, montado sobre sus tetas, y le ha dado unos golpecitos suaves en la cara. Ella ha sonreído, ha abierto la boca y se la ha mamado. Mira las fotos.»
Un hombre sentado sobre el pecho de mi mujer, las tetas comprimidas bajo su peso, la polla cruzándole la cara entera. Ella lamiendo. Otra foto con la polla dentro. Otra chupándole un huevo. Apuré el vaso.
«"¿Quieres que te folle con ella, golfa?", le ha preguntado. Esta vez lo he oído bien: "Sí. Viólame." Se la ha metido de un golpe. Ella ha gritado, todo dentro, y ha seguido gritando mientras él le daba duro. Las tetas le bailaban. Me he vuelto a empalmar.»
***
«Después de un rato, mi amigo le ha dicho: "A una puta como tú hay que dártela por el culo. ¿Te lo han hecho alguna vez?" Ella no ha contestado. La ha desatado, la ha puesto boca abajo, le ha vuelto a atar las manos, le ha levantado el culo y ha aplicado la polla. No parecía posible que entrara semejante cosa ahí. Mira la foto, fíjate en la desproporción.»
Una mujer boca abajo, el culo en alto, una polla forzando la entrada. ¿De mi mujer? Se veía el coño debajo. No supe reconocerlo. Qué idiota soy. Otra foto igual, ya con todo dentro.
«No veas lo que ha gritado. Pero ha terminado completamente enculada. "Igual esta pija sí que tenía el culito virgen", ha dicho mi amigo. "Qué morbo desvirgarla." ¿Tú sabes si lo era? En todo caso, ya no lo es. Escucha el audio que te adjunto.»
Lo puse. Una mujer gritando fuerte, rítmico, a cada embestida. Volví atrás, subí el volumen. «Hijo de puta, mi culo.» Dios santo. Duraba más de un minuto, y la voz se iba apagando: «Hijo de puta… hijo de puta… mi culo…»
Era su voz. Su timbre. O alguien que se le parecía demasiado.
***
«Le he pedido mi turno. Me daba un morbo enorme dar por el culo a una princesa tan delicada, por el contraste. Tan fina, tomada por detrás por una polla desconocida. "Levanta el culo", le ha dicho mi amigo, y ella lo ha hecho, flexionando las rodillas, ofreciéndose. Lo he encontrado estrechísimo. Le he dicho: ahora te violo por el culo, cariño. Gemía.»
«Nos hemos turnado varias veces. Ya no se quejaba, movía el culo cuando le metíamos la polla. "Eres una auténtica puta", le ha dicho mi amigo. "Dos desconocidos te follan el culo y te está gustando. Muévelo, dame placer." Y lo ha movido, gimiendo. "¡Qué buena puta eres!"»
«Nos hemos corrido otra vez en su boca. La ha puesto boca arriba: "Pídeme leche, puta." Y ella, increíblemente, ha dicho: "Dame tu leche, hijo de puta." Oír esa voz tan educada decir algo tan obsceno me ha puesto a mil. "¿Dónde te la echo?" Un silencio, y luego: "En la boca." Le ha vaciado todo dentro y ella se lo ha tragado. Después he ido yo. "Toma mi semen, cariño." Y ha dicho: "Dámela, tu leche me gusta." Me ha explotado la polla.»
Tenía la polla durísima y estaba medio borracho. ¿Por qué me excita tanto que mi mujer se trague el semen de dos desconocidos? ¿Qué me pasa?
***
«Posiblemente ya eras cornudo de antes. La forma en que folla, cómo mama, la naturalidad con que traga, no es de novata. Pero, en todo caso, hoy ya lo eres del todo. Ahora se está vistiendo y aseando. Te la devolvemos enseguida en un taxi. Sana y salva, aunque follada por todos lados y bien alimentada. No hace falta que des las gracias. Si os apetece repetir, poned un anuncio en el diario local: "Servicio total y completo". Y os ayudaremos.»
Sentí un alivio amargo. Al menos se acababa la tortura de los correos. Pero no podría darlo por terminado hasta verla entrar por la puerta. Y ni siquiera estaba seguro de que fuera ella. Quizá me había dejado sugestionar: primero indignado, luego desesperado, luego derrotado y, al final, excitado.
De pronto la oí entrar. Era tardísimo, casi de madrugada. El corazón me dio un vuelco. ¿No es esto otra prueba de que el de los correos decía la verdad? ¿O es pura coincidencia?
Salí a su encuentro. A primera vista, perfecta. Todo en orden. Me dio un beso suave.
—Uf, ¿despierto tan tarde, cariño? —dijo—. Vengo un poco achispada y sudada. Me ducho y a dormir. ¿El niño, bien?
—Bien. Como un angelito.
—Eres un buen padre.
No se me ocurrió qué responder. Ni siquiera notó que yo también estaba bebido. Mientras se duchaba, le cogí el teléfono del bolso. Nada. Ni fotos, ni correos, ni rastro en la papelera. ¿Lo han borrado todo, o nunca hubo nada y no era ella? Igual le hackearon la cuenta para engañarme.
***
Llegó desnuda a la cama. La miré. ¿Es este el cuerpo de las fotos? ¿El que se han follado por todos los rincones? Se me puso dura de solo pensarlo. Le busqué señales en las muñecas. No había luz suficiente para ver nada.
La acaricié.
—Ahora no, cariño, por dios —murmuró—. Es tardísimo, estoy molida y mañana el niño se despierta pronto, te toca a ti.
Esta era la Mariela que yo conocía. No la otra. Se durmió en medio minuto. Soy un cornudo. Y me excita. No puedo con esto. El agotamiento me venció.
***
La mañana fue infecta, con una resaca de las que matan. Me tragué dos paracetamoles y litros de café, saqué al niño al parque, y ella siguió durmiendo. La desperté a mediodía.
—Estoy hecha polvo, anoche bebimos demasiado.
—¿Solo bebisteis? —pregunté—. ¿O algo más?
—¿Pero qué dices? Por supuesto que solo eso. ¿Qué te imaginas?
—Nada. Pregunto.
—Estuvimos charlando, riendo, contándonos cosas. No sé qué insinúas, pero me molesta el tono.
Lo dejé ahí. Durante el día la observé sin descanso, interpretando cada gesto. Estuvo natural, tranquila. Si anoche se la follaron de aquella manera, algo tendría que notársele. O eso, o es tan disciplinada que ha hecho un esfuerzo sobrehumano por no mostrarlo. Y ella es así.
Una cosa sí noté: evitaba sentarse. Tiene que dolerle el culo. A ver si esa noche conseguía verle el coño, tendría que estar irritado. Curiosamente, imaginármela dilatada e irritada me ponía duro.
No me dejó. Cuando le acaricié las tetas y llegué a un pezón, me retiró la mano.
—Aún tengo resaca, cariño. Mañana.
¿Otra señal de que era ella? Los pezones doloridos. El culo. La negativa. No sabía qué pensar.
***
El domingo, mientras el niño dormía la siesta, fue ella la que salió desnuda de la habitación.
—¿Vienes, cariño?
Qué subidón. Follamos como hacía años que no follábamos. Cada parte de su cuerpo me recordaba una foto. Cada beso, esa boca llena de polla, rebosante de semen. Le entró fácil, y pensé que aún debía de tener el coño dilatado. La embestí fuerte, imaginando aquellos dos turnándose dentro de ella, mucho más adentro de lo que yo llegaba nunca.
—Uf, cariño, cómo estás hoy…
—Te deseo muchísimo, Mariela.
Le chupé las tetas y se quejó.
—No tan fuerte…
Junto a un pezón me pareció ver una marca, como un chupón. Me excitó todavía más. Mentalmente la insultaba: puta, comepollas, tragaleches. Si se lo hubiera dicho en voz alta, se habría escandalizado, va contra todos sus principios. Pero con los otros le había gustado. Me corrí dentro, muchísimo. Ella tuvo su orgasmo de siempre, ni de lejos el del audio.
—Estás fogoso hoy, qué buen polvo —dijo, satisfecha.
—Tenía muchas ganas. Ha sido intenso.
Pensar que era ella, y que ahora estaba aquí, conmigo, me había excitado más que nunca. Conservo las fotos. Algún día se las enseñaré, a ver qué cara pone.
De momento disfruto de este deseo nuevo. Pero la próxima vez que salga con sus amigas, lo tengo decidido: llamaré a la canguro, alquilaré una moto, me disfrazaré para que no me reconozca y la seguiré toda la noche. A ver qué hacen. A ver si mi mujer es adúltera o no. A ver si soy cornudo o no lo soy.