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Relatos Ardientes

Me visto de mujer para mi novio y un extraño lo sabe

Marcos estaba sentado en el sofá y yo sobre sus piernas. Nos besábamos despacio mientras sus manos recorrían mis muslos por debajo de la falda. Llevaba una blusa de satín negro, una minifalda rosa y zapatos de tacón. Sentía mi sexo endurecerse contra la tela, y me excitaba aún más saber cuánto me deseaba ese hombre.

—Camila —murmuró contra mi cuello—, eres preciosa.

—Mi amor…

Volvió a besarme, esta vez con la lengua, hundiéndola en mi boca como si quisiera quedarse dentro de mí para siempre.

—¿Te gustó mi falda? —pregunté, separándome apenas.

—Me vuelven loco tus piernas —respondió, apretándome los muslos con las dos manos.

Gemí bajito. No pude evitarlo.

—¿Me la chupas? —le pedí.

—Hazlo.

Me arrodillé en el suelo, entre sus piernas, mientras él se bajaba el pantalón. Tomé su miembro con la mano, lo acaricié un instante y después lo metí entero en mi boca. Marcos echó la cabeza hacia atrás y soltó un suspiro largo.

—Camila… —jadeó.

El corazón me latía descontrolado mientras lo mamaba. Estaba enamorada de ese hombre. No me importaba que me llevara casi treinta años, no me importaba nada más que el modo en que me miraba. Lo chupé hasta que no aguanté las ganas de besarlo y subí de nuevo a su boca.

—Marcos —le dije al oído—, llévame a la cama. Quiero que me penetres ya.

—Sí, nena.

***

En la habitación me hizo arquearme sobre el colchón. Me bajó la ropa interior con una lentitud que me hizo temblar y enseguida sentí su lengua recorriéndome de abajo hacia arriba. Mordí la almohada. Adoraba esa parte, la que él dedicaba solo a prepararme: lamía, besaba mis nalgas, mis muslos, mientras una de sus manos jugaba con mi sexo sin prisa.

Después escuché el clic del lubricante. Lo extendió por mis nalgas con los dedos, frío al principio, y apoyó la punta de su miembro en la entrada.

—Esa falda te hace ver como una mujer entregada del todo —susurró.

Empujó. Mi cuerpo cedió y él se abrió camino hasta el fondo. Apreté los dientes para no gritar.

—Soy toda tuya, mi amor —jadeé—. Tómame.

Sus caderas empezaron a chocar contra mí, una y otra vez, su miembro entrando y saliendo con un ritmo que me robaba el aliento. Era la gloria. Volvía a sentirme exactamente lo que siempre había querido ser.

***

Había anochecido. Llevábamos horas revolcándonos por la cama, probando cada postura posible, hasta que terminé tendida de espaldas con las piernas abiertas y Marcos sobre mí.

—Voy a terminar, Camila —me avisó.

—Lléname —le supliqué.

Se vació dentro de mí mientras yo llegaba a mi segundo orgasmo de la noche. Cuando acabó, se dejó caer a mi lado y yo me quedé así, abierta, dolorida por su trato brusco y, aun así, plena.

—Te quiero, Camila…

—Y yo a ti, Marcos —respondí, sin atreverme todavía a decirle que lo amaba.

Poco después lo escuché roncar. Descansa, mi amor, te lo ganaste, pensé. Me sentía feliz, completa. Recordé los años de angustia tratando de reprimir lo que era, y supe con certeza que empezar esta relación había sido la mejor decisión de mi vida. Entonces vibró mi teléfono en la mesilla.

***

Me levanté y desbloqueé la pantalla. Tenía varios mensajes de un número desconocido.

—19:10 — Hola, mi amor…

—19:11 — Necesito decirte algo: conozco tu secreto.

—19:11 — Sé que te gustan los hombres y que te acuestas con uno que te dobla la edad.

—19:12 — Sé que se llama Marcos y que tus padres no tienen idea de lo que eres.

—19:15 — Me gustas mucho, Camila.

—20:20 — ¿Estás con él?

—20:25 — ¿Están haciendo el amor?

—22:20 — ¿Cuánto tiempo pasan juntos en la cama?

—23:07 — Me gustas demasiado, y vas a ser mío…

—23:43 — Contéstame en cuanto puedas. Mañana paso por ti al salir del trabajo.

—23:43 — Te voy a llevar a un hotel y te vas a entregar a mí, o tus padres se enteran de todo.

—23:44 — Si no, les hago llegar cada conversación tuya con Marcos para que lean lo que se dicen y lo que haces con él.

—23:57 — Lamento que tenga que ser así. Te quiero.

Se me heló la sangre. Caí de rodillas sobre el frío del piso y volví a leer los mensajes una y otra vez, sin entender nada. ¿Quién es? ¿Cómo lo sabe? Desesperada, se me ocurrió una salida absurda.

—00:43 — Disculpa, creo que te equivocaste de número.

—Camila, ¿estás bien? —escuché a Marcos desde la cama.

—Sí, amor, solo voy al baño.

—No tardes —murmuró, y se dio la vuelta.

Salí de la habitación. Mientras caminaba por el pasillo, el teléfono volvió a sonar. Entré al baño, cerré con seguro, me senté y abrí los mensajes.

—00:44 — ¡Camila!, ¿estás bien?

—00:44 — Te equivocaste de número, no conozco a ninguna Camila.

—00:44 — Por favor, deja de hacerte la tonta.

Después llegó una foto. Al verla sentí que el semen de Marcos resbalaba dentro de mí. En la imagen aparecía yo, vestida de mujer, con las piernas abiertas, siendo penetrada por él.

—00:46 — Adrián, sé que te gusta ponerte faldas y acostarte con hombres…

Quise gritar. ¿Quién es esta persona? ¿Cómo sabe mi nombre real? ¿De dónde sacó esa foto?

—00:47 — ¿Quién eres?

—00:47 — Un hombre que te ama y que quiere lo mejor para ti. ¿Estás con Marcos?

—00:48 — ¿Quién eres? —repetí, temblando.

—00:49 — ¡Respóndeme, Camila!

Tenía tanto miedo que las lágrimas me empañaban la vista.

—00:50 — Sí, estoy con él.

—01:07 — ¿Estaban teniendo relaciones?

—01:08 — Sí…

Entonces empezaron a entrar más fotos. Una docena. En todas estábamos Marcos y yo, en plena intimidad.

—01:12 — A partir de ahora tienes prohibido acostarte con él. Mañana serás mía, o tus padres ven cada una de estas fotos.

—01:13 — No tengas miedo, Camila. Todo va a estar bien. Descansa, te quiero.

Lloré en silencio, sentada en el baño, abrazándome las rodillas.

—01:13 — Por favor, dime quién eres.

—01:14 — No importa quién soy. Mañana te voy a penetrar y vas a ser feliz conmigo.

***

Volví a la cama unos minutos después. Marcos me envolvió entre sus brazos, dormido, y yo me quedé mirando el techo. Apenas pude dormitar. ¿Cómo se enteró de mi secreto? ¿Por qué tiene las fotos íntimas que solo Marcos me toma? Por un instante terrible pensé que tal vez era él, que se las había pasado a alguien para ponerme a prueba, para ver si le sería infiel. Pero la idea no encajaba. Y si no era Marcos, ¿quién diablos podía ser?

Marcos despertó cuando los primeros rayos de sol se colaron entre las cortinas. Nos besamos y nos metimos juntos a la ducha. Después de enjabonarnos el uno al otro, me invitó a arrodillarme. Dudé un segundo —el extraño había dicho que no quería que me acostara con él—, pero igual lo tomé en mi boca.

Mientras lo mamaba bajo el agua, lo miré a los ojos y comprendí que él no podía ser el responsable de esa pesadilla. Marcos me acariciaba el rostro con una ternura que no se finge. Me quería de verdad. Él jamás me haría algo así. Pero entonces, ¿quién, y por qué?

Se descargó en mi boca y bebí cada gota. Me ayudó a incorporarme, me besó y los dos saboreamos su sabor en ese beso.

—¿Estás bien? —preguntó.

—Sí, solo que no dormí bien.

—¿Te lastimé anoche?

—Tú nunca podrías lastimarme —le dije, y lo besé otra vez para que dejara de preguntar.

***

En la cocina, Marcos se puso a preparar el desayuno.

—Me encantó tu falda —dijo mientras batía los huevos—. Te queda espectacular, nena. Vas a usarla mucho.

—Sabía que te gustaría —respondí, fingiendo una sonrisa.

—Me dejaste loco.

—Me di cuenta.

Después de comer, tomé mi mochila y nos preparamos para salir. Nos abrazamos en la puerta y nos dimos un último beso antes de enfrentarnos al mundo que ignoraba lo nuestro.

—Te quiero, Camila —me dijo.

Me colgué de su cuello y lo besé con todo lo que tenía dentro. Después le dije por fin lo que llevaba semanas callando.

—Yo no te quiero, Marcos. Te amo. Y soy muy feliz siendo tu mujer.

—Camila…

—No tienes que decir nada. Solo quería que lo supieras. Te amo.

Y volví a besarlo. Lo había decidido. Al salir de su casa esa mañana estaba segura de una sola cosa: amaba a ese hombre y no iba a dejarlo por nadie.

***

Caminé hacia el trabajo dándole vueltas a la única salida que se me ocurría. Tenía que contarles a mis padres que me acostaba con un hombre antes de que ese extraño lo hiciera. La idea me aterraba. Mamá quizá me apoyaría, pero no sabía cómo reaccionaría papá. ¿Qué pensarían al leer mis conversaciones con Marcos? ¿Qué dirían de las cosas que le pedía, de lo que él prometía hacerme en la cama? ¿Y al ver las fotos en las que un hombre que me dobla la edad me penetra vestida de mujer? Quise llorar en mitad de la calle.

A mitad de camino me detuve y llamé a la oficina para avisar que no iría. «No me siento bien, creo que tengo un resfriado», le dije a mi jefe. «Recupérate, Adrián, te esperamos mañana», respondió, y colgué. Me dirigí a casa de mis padres. Era el momento de revelarles el secreto más grande de mi vida.

—08:45 — ¿Cómo estás, Camila? —escribió el desconocido. No respondí.

—08:48 — ¿Cómo tomó Marcos la ruptura?

Eres un miserable, pensé.

—08:52 — Cómo deseo que te abras para mí y me ofrezcas todo como hacías con ese viejo.

Después me mandó la foto de un vestido.

—08:57 — Mira lo que vas a usar esta noche. Lo compré para ti.

Bajé del autobús y eché a correr. Tenía que terminar con esto cuanto antes.

—09:03 — ¿Por qué no has llegado a tu oficina, Camila?

¿Cómo puede saber eso? ¿Me está siguiendo?

—09:05 — ¡Camila, respóndeme!

—09:06 — ¿Me espías? —escribí, al borde de la histeria.

—09:06 — Sí, te espío. ¿Dónde estás?

Me faltaba el aire.

—09:07 — Voy a terminar con esto.

—09:07 — ¿De qué hablas?

—09:07 — Les voy a decir la verdad a mis padres. Y no me voy a acostar contigo.

—09:08 — No seas tonta… ¿cómo crees que lo van a tomar?

—09:08 — No me importa. No voy a ceder a tu chantaje.

—09:08 — ¿Y tus compañeros de trabajo?

Después me llegó un enlace a un sitio de almacenamiento en línea. Ahí estaban guardadas todas las pruebas de mi vida secreta.

—09:10 — Puedo enviarle este enlace a uno solo de tus compañeros, y para el mediodía todos sabrán lo que eres.

Llegué a casa de mis padres, pero no fui capaz de tocar el timbre. Me eché a llorar en la acera.

—09:12 — ¿Por qué me haces esto? —escribí, deshecha.

—09:12 — Camila, no quiero lastimarte. Te amo y necesito que seas mía.

Salí corriendo. No quería que mis padres me encontraran llorando frente a su puerta. Comprendí que no iba a ser capaz de cumplir mi plan.

—09:20 — Por favor, no hagas esto. Déjame en paz.

—09:20 — Lo siento, no puedo. Vas a ser mía… ¿dónde estás?

—09:21 — Te lo suplico, déjame tranquila.

—09:21 — ¿Dónde estás, Camila?

—09:22 — ¿Dónde estás, Camila?

—09:23 — ¿Dónde estás, Camila?

A las nueve y veinticinco le envié mi ubicación.

—09:26 — Voy por ti, espérame ahí —respondió.

Unos minutos después, cuando el coche se detuvo frente a mí y la ventanilla bajó, descubrí quién era el hombre que me chantajeaba. Era el hermano menor de mi padre. Era mi tío Hugo.

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Comentarios (3)

Carlitos_BA

Tremendo relato, no lo pude dejar de leer hasta el final. Increible!!

sofi_lee

Por favor una segunda parte, el final me dejó con demasiadas ganas de saber que pasa con ese numero...

LectorDeNoche

Lo leí de un tirón. La tensión que va construyendo se siente muy real, y ese giro al final es simplemente genial. Ojalá haya continuación, saludos desde Córdoba

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