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Relatos Ardientes

Mi novia disfruta exhibiéndome ante su vecina

Hace tiempo que no me sentaba a escribir nada, pero esto necesito contarlo. Es de esas cosas que uno cree que solo le pasan a otros, y de repente le toca a uno la lotería.

Estoy saliendo con una mujer a la que la idea de mostrarme delante de otras la enciende de una manera que todavía no termino de entender. No le basta con desearme: necesita que las demás me deseen también, y disfrutar de esa envidia como quien saborea un postre.

Valeria es alta, de espalda ancha y piernas firmes de quien entrena en serio. Tiene unas caderas rotundas y una melena pelirroja rizada que parece moverse sola. La conocí en uno de los gimnasios donde doy clases, y ya después de la primera noche juntos me pidió una foto del cuello para abajo.

—Es para que mis amigas vean lo que acabo de cazar —dijo, mordiéndose el labio.

A cualquier otro tal vez le habría espantado. A mí me puso tanto que se me volvió a poner dura ahí mismo.

***

Lo de exhibirme empezó como un juego y fue creciendo. Un día me pidió que le abriera la puerta a su vecina solo en ropa interior, supuestamente recién levantado, para ver qué cara ponía.

Desde entonces esa mujer encontraba cualquier excusa —que si le faltaba azúcar, que si se le había acabado el café— para tocar el timbre justo cuando sabía que yo estaba en casa. No siempre acertaba con el horario, pero la mayoría de las veces sí. Y a Valeria le encantaba verla quedarse sin palabras, comiéndome con los ojos en el umbral.

—Me pone más a mí que a ella —me confesaba después, todavía riéndose.

La cosa fue a más. Valeria empezó a fotografiarme mientras me duchaba en su casa y a mandar las imágenes a su grupo de amigas, a sus compañeras de trabajo, incluso a su jefa. Todo su círculo terminó sabiendo cómo era mi cuerpo, y los comentarios que le devolvían la tenían fascinada.

Pongo lo de «espiarme» entre comillas porque yo sabía perfectamente que lo hacía. Cuando me enjabonaba, miraba de reojo hacia la puerta entreabierta y la veía asomada con el móvil enfocándome. Esa imagen me funcionaba mejor que cualquier otra cosa: bastaba con verla ahí, agazapada, para que se me pusiera dura al instante.

—Hoy te he ofrecido entre las chicas —bromeaba de vez en cuando—. He puesto precio y todo.

Era una broma recurrente, pero a mí me calentaba de una forma absurda imaginar que una de sus amigas pagara por una noche conmigo. Una fantasía tonta que ninguno de los dos pensaba cumplir, aunque jugar con ella nos divertía a los dos.

***

Una mañana, recién despierto, Valeria me pidió que me tumbara con los ojos cerrados.

—Quiero una foto para el grupo del trabajo. Se vuelven locas cuando les llega algo tuyo.

Me dejé hacer. Oí el clic del móvil y enseguida la pantalla empezó a vibrar con las respuestas.

—Buf, vaya cuerpo, guapo —leyó en voz alta, imitando a una de ellas—. Estas fotos les van a encantar.

—A este paso me abro una cuenta y cobro —dije, medio en broma.

—Pues Bea pagaría, eh. Está obsesionada. Y Cristina, mi jefa, ni te cuento. Ya me ha pedido vídeos.

—¿Vídeos? —Me reí—. Bueno, pero sácale algo a cambio. Un mejor horario, un aumento.

—No es mala idea. —Tenía el móvil en una mano y con la otra ya había empezado a acariciarme despacio—. ¿Sabes lo que me dijo la muy descarada? Que si la dejo mirar la próxima vez.

—Estás fatal —murmuré, aunque la sangre ya me había bajado entera.

—Pues si me deja mirar… no le voy a decir que no.

Me había tocado la lotería, de verdad. Empezó a masturbarme con calma mientras le enviaba un audio a su jefa, riéndose entre frase y frase. Aguanté lo que pude.

—No puedo más —dije, con la garganta seca—. Ven aquí.

Dejó el teléfono y se inclinó sin dejar de mirarme a los ojos. Estaba húmedo todavía de la ducha, y aun así escupió y siguió con la mano antes de meterse la polla en la boca con una mezcla de prisa y disfrute. No corría. Mantenía el contacto visual mientras se frotaba ella misma con la otra mano.

—Eres una viciosa, ¿lo sabes? —le dije, agarrándole el pelo con firmeza.

Asintió sin soltarme, gimiendo. Disfrutaba más ella de aquello que yo, y eso me volvía loco. Cuando ya no aguanté más la sujeté del pelo y la apreté contra mí. Ella tragó todo y, segundos después, se corrió frotándose sola, temblando entera.

***

Otra mañana me anunció que el sábado venía una prima suya a quedarse.

—Raquel —dijo—. Es prima de mi padre, nos llevamos poco y siempre nos hemos contado todo.

—¿No iba a ir yo el sábado a tu casa? —pregunté.

—Precisamente. —Apareció esa sonrisa torcida que ya conocía—. Quiero que vea con quién estoy saliendo.

—Entonces no me pongo nada.

—El pijama solo cuando esté yo sola. Cuando haya visita de otra mujer te quiero paseándote sin ropa, tranquilo, como si nada. Quiero que se muera de envidia, ver cómo te mira, que no sepa dónde poner los ojos.

Esas palabras tenían un efecto inmediato sobre mí, y ella lo sabía.

—¿Y no se asustará? —pregunté igualmente.

—¿Raquel? Le voy a hacer un favor. Desde que se casó con Martín no levanta cabeza. Me confiesa que lo echa de menos, ya me entiendes. —Me echó la mano al paquete y empezó a acariciarme—. Saldremos de fiesta las dos, y cuando volvamos te vas a pasear delante de ella. Quiero oír lo que dice y ver la cara que pone.

Tenía la boca entreabierta y los ojos encendidos mientras me sujetaba.

—Y dejaremos la puerta abierta —añadió en voz baja—. Que mire bien.

***

Estaba a punto de tumbarla ahí mismo cuando le sonó el teléfono. Qué oportunos siempre. La conversación fue breve, y al colgar me miró con otra idea ya en marcha.

—Ropa interior fuera —ordenó—. Viene Pilar, la vecina. Le he dicho que yo no estoy pero que tú sí. Llega en cinco minutos.

—¿Sabe que estoy desnudo?

—No, pero lo está deseando. Cada vez que te ve en calzoncillos se le cae la baba. Tú hazte el despistado. Yo me escondo en la despensa y miro.

Colocó su pequeña cámara digital en un estante de la cocina, apuntando hacia el centro, y movió el bote de sal a un cajón que no era el suyo.

—Cuando te pida la sal, ábrele cuatro armarios buscándola —me explicó—. Que te dé tiempo a verte bien.

Me metí un momento bajo el agua fría para fingir que me había pillado a mitad de la ducha y, de paso, calmarme un poco. Sonó el timbre. Salí sin toalla, abrí solo lo justo y asomé la cabeza y el torso. Pilar me recorrió de arriba abajo antes incluso de saludar.

—Hola, guapo —dijo—. Vengo a que me prestes un poco de sal, que se me ha terminado.

—Claro, pase. Lo único que me ha pillado recién salido de la ducha, disculpe el aspecto.

—No te preocupes por mí —respondió, con una sonrisa que le cambió el tono de voz—. A mí no me molesta nada.

Entró. Antes de que cerrara la puerta, sus ojos ya buscaban lo que no debían. Me sonrió sin disimulo.

—Mejor así que en ropa interior —dijo, y se rió de su propio descaro.

Decidí improvisar para hacerlo más creíble. Fui hasta el baño a buscar una toalla, secándome sobre la marcha, y sentí su mirada clavada en mi espalda durante todo el trayecto. A la vuelta seguía igual, hipnotizada, sin perderse un solo paso.

—A ver, le busco la sal, que mi novia la cambia de sitio cada semana —dije, abriendo armarios sin prisa.

—No corras —contestó ella—. No tengo nada que hacer.

Cada vez que me giraba sentía sus ojos recorriéndome. Yo me pasaba la toalla por el cuerpo con una lentitud calculada, fingiendo que aquello no tenía nada de raro. Encontré la sal y se la entregué, pero ella alargó la conversación con cualquier excusa con tal de quedarse un rato más.

—Espere, que voy a darme crema antes de vestirme —dije, y me metí en el baño.

Me siguió hasta la puerta, con el bote de sal todavía en la mano, hablando de lo despistada que se había vuelto últimamente. Aproveché para mover la cámara a un mueble junto al espejo, donde se veía toda la escena. Yo de pie frente al espejo; ella en el umbral, sin perder detalle.

Me eché crema en las piernas y los brazos con una calma exagerada. Pilar hablaba de cualquier cosa, pero apenas me miraba a la cara. Cuanto más se le iban los ojos, más me costaba disimular.

—¿Te ayudo con la espalda? Tú no llegas bien ahí —se ofreció antes de que yo dijera nada.

—Si no le importa…

Sus manos eran firmes y se tomaron su tiempo. Cuando terminó con los hombros bajaron más de lo necesario, sin preguntar, y a mí me ponía exactamente eso: saber que se moría de ganas y que apenas se contenía. La situación era de lo más excitante.

—Listo —dijo al fin, retirando las manos a regañadientes.

—Gracias. —Me anudé la toalla a la cintura—. Por cierto, los fines de semana me ducho siempre a esta hora. Es la costumbre.

Lo dije como sin querer, para que se quedara con el dato. Estaba seguro de que, por muy «despistada» que fuera, la próxima vez volvería a llamar exactamente a esta hora.

—Pues qué buena costumbre —respondió, sonriendo.

La acompañé a la puerta y se despidió con una última mirada que lo decía todo. Cerré.

***

Valeria salió de la despensa directa a abrazarme, encendida y fingiendo enfado a la vez.

—¿Has visto cómo te miraba? —dijo, agarrándome con esa mezcla de deseo y celos que tanto la calentaba—. Se relamía cada vez que te girabas. Casi no podía con ella.

—He puesto la cámara grabando mientras me daba crema —le conté—. Y me ha sobado la espalda sin que se lo pidiera.

—Qué descaro. —Sus ojos brillaban—. El próximo día déjate, a ver hasta dónde llega. Quiero verla en ese vídeo perdiendo la vergüenza del todo.

Me llevó al dormitorio antes de terminar la frase. Lo que vino después fue puro nervio acumulado: la besé como si hiciera meses que no la tocaba, ella me clavó las uñas en la espalda y se corrió tres veces antes de que yo aguantara un segundo más.

Después nos quedamos en silencio, mirando el techo. No hizo falta decir nada. Los dos sabíamos que Pilar volvería el sábado siguiente, puntual como un reloj, y que esta vez Valeria no se conformaría con mirar desde la despensa.

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Comentarios(5)

Gonzalo_95

Buenisimo!!! me tuve que releer un par de partes. Tremendo relato.

RosaM_lect

Y la vecina como reaccionó exactamente? jaja esperando la segunda parte con ansias

ElOjoCurioso

Me encantó la dinámica entre los dos. Se nota que ella lleva las riendas y él lo disfruta, muy bien contado sin ser burdo.

Pablo_lector

corto pero intenso, quede con ganas de mas!!

NocheSuelta88

jajaja la situacion con la vecina me mato. Seguí escribiendo por favor 🔥

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