Saltar al contenido
Relatos Ardientes

Nos desnudamos en la playa frente a desconocidos

Quedé con Vera un sábado para cenar con su grupo de amigos. El restaurante estaba a un paseo corto de su casa, así que decidí dejar el coche en su garaje e ir juntas caminando. Llegué bastante antes de la hora y la encontré maquillándose desnuda frente al espejo del dormitorio, con dos perchas colgadas en la puerta del armario.

—Estoy entre estos dos —me dijo sin girarse—. Creo que me pongo este.

Me sorprendió. No era un vestido ni una falda como las que solía elegir cuando salíamos. Era un mono claro de una sola pieza, ajustado a la cintura, de esos que dibujan toda la figura. Se lo puso en un instante para enseñármelo.

—¿Es que no sabes estar normal? Solo sabes estar preciosa —le dije—. Estás para comerte. Cualquiera perdería la cabeza por ti.

Se rio, se quitó el mono y siguió pintándose los labios frente al espejo.

—Bueno, bueno, eso lo dices tú —contestó—. Pero no quiero adelantar acontecimientos. Yo también tengo la autoestima muy alta, y más todavía con lo que acabas de decirme. Esta noche voy a poner a prueba al chico con el que «parece» que salgo. Y me parece que no va a superarla.

Confiaba plenamente en mí, así que me detalló su plan mientras se delineaba los ojos. Le había contado a él lo del paseo nocturno por la ribera, aquella primera vez que salimos a cenar las dos solas y terminamos descalzas en la orilla. Le había encantado, y a mí también me había parecido algo maravilloso. Desde entonces le había propuesto un paseo parecido varias veces, y él siempre respondía de formas que demostraban que no tenía el menor interés en compartir un momento romántico con ella.

—O es un hombre sin una pizca de iniciativa, o es de pocas luces —dijo encogiéndose de hombros—. Y eso que me repite mil veces que le gusto muchísimo. Esta noche se lo vuelvo a proponer. Con esta ropa, para hacer pis en el campo tendría que desnudarse casi entera. Una oferta así no se rechaza.

Me acerqué por detrás, la agarré de los codos y la aparté un paso del espejo, hasta que se vio casi de cuerpo entero.

—Mírate bien y dime si no estás viendo a una mujer preciosa —le dije al oído—. Dejas con la boca abierta a cualquiera que te mire.

—Sobre todo así, con tan poca ropa —contestó riéndose.

—Ahora cierra los ojos y sigue pensando en ti. Eres inteligente, tienes una cabeza muy bien amueblada, eres divertida y eres guapísima. Piénsalo bien: ¿de verdad crees que te mereces a un chico al que tienes que meterle tu personalidad por los ojos? ¿No te parece una pérdida de tiempo absurda toda la película mental que te has montado para convencerlo de que está dejando escapar la oportunidad de su vida?

No me reconocía hablándole así, tan cerca, con la mano todavía apoyada en su codo desnudo.

—Ponte lo que más cómoda te haga sentir —seguí—. Y si te animas con la prueba que tenías pensada, hazla. Por lo que me cuentas, lo más seguro es que compruebes que, por muy guapo que sea, que lo es, y por muy bueno que esté, que lo está, no te llega ni a la suela de esas sandalias.

Se quedó pensativa un buen rato, con el delineador en la mano y la mirada perdida en su propio reflejo.

—Joder, tienes razón, Carla —dijo al fin—. No tengo por qué ir detrás de este tío. Ni de él ni de ninguno. De todas formas le voy a hacer la prueba que tenía pensada. Estoy segura casi al cien por cien de cómo va a reaccionar. Y con eso cierro esta especie de relación para siempre. Me pongo el vestido.

***

En el restaurante éramos unas cinco chicas y seis chicos, más o menos los mismos del último cumpleaños de Vera. Hubo muy buen ambiente, bromas todo el rato, sin karaoke ni copas de más. Me senté junto al hermano de Vera y justo enfrente de ella. No noté ningún gesto que dejara presagiar nada raro; la cena transcurrió con la normalidad de cualquier sábado entre amigos.

Al terminar, cuando cada uno decidía hacia dónde tiraba, me mantuve muy cerca de ella, haciéndome la despistada pero pendiente de cada palabra.

—Aunque mañana quiero madrugar, me apetece volver dando un paseo por la ribera —dijo ella, mirando a su chico—. ¿Me acompañas hasta casa?

Él contestó indeciso, rascándose la nuca.

—Mmmm, no sé. Es que mañana sí que tengo que levantarme pronto, me voy con la peña a hacer una ruta en bici. Seguro que hay alguien con ganas de mojarse los pies y te acompaña. Llámame y quedamos cuando quieras.

—Vale, vale —respondió Vera con una sonrisa tranquila—. No te preocupes, ya tomo yo la iniciativa de llamarte.

En ese instante nos cruzamos la mirada. La suya decía, sin necesidad de palabras: «¿Ves? Justo como pensaba». Él se marchó con otras dos chicas y tres chicos. Quedamos dos chicos, otra chica, Vera y yo.

***

Echamos a andar por una pasarela de madera que se internaba hacia la ribera. Los otros tres se fueron adelantando y Vera y yo nos quedamos rezagadas, comentando lo que acababa de pasar.

—Te ha pasado lo mismo que a mí con el chico con el que salí —le dije—. Llegó un momento en que vi clarísimo que no quería seguir con él, y fue él mismo quien me regaló el momento perfecto para cortar.

—Igual que a mí —contestó—. Mañana lo llamo, quedamos, y le digo que se acabó.

—Oye, una cosa —le pregunté—. ¿Y si te llega a decir que sí, que te acompañaba? ¿Habrías cumplido con lo que parecía que prometías para el paseo?

—Estaba segurísima de que iba a decir que no, y así ha sido —respondió—. Pero, en caso contrario, algo se me habría ocurrido sobre la marcha. Después de todo lo que hemos hablado tú y yo esta tarde, ya estaba decidida a cortar igual.

Más adelante vimos una luz que avanzaba despacio por la arena, una luz azul. Era una moto de la policía local. Le pregunté si había problemas en la playa, que teníamos ganas de bañarnos.

—De noche o de día, ningún problema —contestó el agente—. Eso sí, tened cuidado y no os metáis muy adentro.

Llevábamos en la cabeza la idea de bañarnos los cinco esa noche.

***

Cuando nos quedamos otra vez solas, retomé la conversación donde la habíamos dejado.

—Reconozco que el tío es guapísimo —le dije.

—Sí, y está muy bueno —contestó ella enseguida—. Y, respondiendo a tu duda, sí, folla bien. Pero ¿quieres que te confiese una cosa, con la promesa de que no va a suponer ningún compromiso por tu parte?

Nos detuvimos en mitad de la pasarela. Me puse a pensar y no tenía ni idea de qué quería decirme. Le dije que adelante, que me lo soltara.

—Eres la única chica con la que he estado —dijo en voz baja—. Y he sentido más placer que con cualquier chico. Si esto puede afectar a nuestra amistad, olvídalo, no te he dicho nada. Quiero que sigamos exactamente como hasta ahora.

No supe qué responder con palabras.

Mi única reacción fue acortar el medio paso que nos separaba y darle un beso largo, hondo, que ella correspondió de inmediato. Sentí su mano apoyarse en mi cintura y la madera crujir bajo nuestros pies mientras el agua sonaba muy cerca, en la oscuridad.

***

Habíamos vuelto a caminar cuando la chica que iba delante con los dos chicos se giró y vino hacia nosotras casi corriendo.

—Estoy muy apurada, me hago pis y no aguanto más —dijo bajito—. No sé si vosotras estáis igual. ¿Qué hacemos?

—¿Que qué vamos a hacer? —contestó Vera con toda naturalidad—. Pues mear. Nos subimos la falda, nos bajamos las bragas, hacemos pis y nos quedamos a gusto.

—¿Y los chicos? —repreguntó la otra, mirando hacia ellos, que ya estaban a pocos metros—. Nos van a ver todo.

—Que los chicos hagan lo que quieran —dije yo.

No lo dudamos. Vera y yo nos quitamos las bragas y las metimos en el bolso; ella hizo lo mismo. Los dos chicos no disimularon en absoluto: nos miraron de principio a fin, sin perderse un solo detalle. Y yo lo disfruté al máximo. Dos desconocidos y una chica a la que apenas conocía me observaban en algo tan íntimo, y al mismo tiempo yo veía a esa chica y a Vera haciendo exactamente lo mismo, a un metro de mí, bajo la luna.

Había algo eléctrico en saberme mirada así, sin esconderme, con sus ojos siguiendo cada gesto. No era vergüenza. Era una especie de poder. Me incorporé despacio, sostuve la mirada del que tenía más cerca y no aparté la mía.

***

—Os propongo un baño —dije, alisándome el vestido—. La policía nos ha dicho que no hay peligro de que nos roben nada. Si os animáis…

—¿Y con qué bañador? —volvió a replicar la otra chica.

—Yo no me he traído ninguno —contesté—. Así que me quito toda la ropa y hago un montoncito aquí, en la arena. Vosotros podéis bañaros en ropa interior o como cada uno prefiera. ¿Nos vamos al agua?

Nadie se hizo de rogar. Nos quitamos los cinco la ropa entera y la dejamos amontonada lejos de la orilla. Entramos chapoteando, entre risas y algún grito por el frío del primer contacto. El agua estaba más cálida de lo que esperaba, negra y quieta, y la luz de la ciudad se reflejaba a lo lejos como una hilera de puntos temblorosos.

Nadamos un rato sin acercarnos demasiado a la zona honda, tal como nos había advertido el agente. En algún momento Vera se deslizó hasta quedar a mi lado, con el agua por los hombros, y bajo la superficie su mano encontró la mía y no la soltó. Nadie podía vernos ahí abajo. Era nuestro secreto dentro de un secreto que ya compartíamos con tres personas.

***

Cuando salimos al paseo marítimo, a la altura de la casa de Vera, los tres se despidieron y se fueron a buscar su coche. Ella y yo nos quedamos solas en la acera, con el pelo mojado y la ropa pegada a la piel todavía húmeda.

—Mañana llamo al chico y termino con todo eso —dijo, buscando las llaves en el bolso.

—Hazlo —contesté.

Subimos juntas a su casa. No hubo más planes que comentar, ni más pruebas que poner a nadie. Esa noche habíamos comprobado todo lo que necesitábamos saber.

Ver todos los relatos de Voyerismo

Valora este relato

Comentarios(6)

ThaisM

nossa que conto gostoso!! me deixou nervosa de um jeito bom kkk

ValeriaNoc

Muito bem escrito, a tensão tá presente do início ao fim. Continua por favor!

LucasBH22

Um dos melhores dessa categoria por aqui sem dúvida. Parabéns!

Roxana_mdp

Me lembrou uma vez que fiz algo parecido numa praia... é uma adrenalina diferente de tudo né. Muito bom o relato

VoyeurArgento

Só eu que ficaria com medo de verdade nessa situação? kkk invejo a coragem deles

MarcelaOro

Ficou muito convincente, parece real demais. Ótima escrita!

Deja un comentario

Iniciar sesión o crear cuenta

Elegí cómo querés continuar.