Saltar al contenido
Relatos Ardientes

Espiarnos fue solo el principio de aquel viaje

Ilustración del relato erótico: Espiarnos fue solo el principio de aquel viaje

El plan era perfecto sobre el papel. Después de unos días por el norte de Europa con mis amigos, me tocaba desconectar con mi pareja, y este año queríamos un sitio que mezclara cultura, naturaleza y mar. Elegimos Cerdeña. Todo iba según lo previsto hasta que, a pocos días de salir, Lucía me dijo que necesitaba hablar conmigo. Mal presagio.

Me contó que Bruna, una de sus mejores amigas, se había quedado sin destino. Acababa de cortar con su pareja y no estaba en su mejor momento, así que le daba reparo dejarla sola todo el verano. Al final me preguntó, casi sin atreverse, si me molestaba que se uniera a nosotros.

La verdad es que no me hacía ninguna gracia. Quería unas vacaciones íntimas, solo los dos. Pero sé lo que Bruna significa para Lucía y la de veces que nos había echado un cable. Lo medité unos segundos y le dije que ningún problema, que viniera.

Lo que al principio me parecía una pésima idea, poco a poco, según le iba dando vueltas, empezaba a atraerme de un modo que prefería no analizar. Para que os hagáis una idea, Bruna tiene treinta y siete años. Mide un metro sesenta y cinco, melena rubia que casi siempre recoge en moño o coleta. Delgada, porque le pierden el alpinismo y la escalada, con un trasero perfecto y pechos pequeños. Sin ser despampanante, es de las que se quedan grabadas.

Lucía es algo más joven, treinta y tres. Estatura parecida, pelo corto y negro. A diferencia de su amiga, tiene unos pechos grandes y naturales, caderas anchas y un culo que hace girar cabezas por la calle.

Hecha la presentación, vamos a lo importante.

Llegó el día. Taxi, aeropuerto, un vuelo más largo de lo previsto por la escala, y aterrizamos en Cagliari. Desde allí, otro coche nos dejó en el apartamento. Deshicimos las maletas, una ducha rápida y salimos a callejear mientras buscábamos dónde cenar. Volvimos agotados, pusimos la alarma y a la cama. Caí en un sueño profundo en cuanto apoyé la cabeza en la almohada.

Eran las nueve cuando sonó el despertador. Una erección mañanera se apoderó de mí y Lucía empezó a jugar con ella sin abrir del todo los ojos. Minutos después estábamos follando como si fuera la última vez. La presencia de Bruna en la habitación de al lado ni se nos pasó por la cabeza. Los dos lo disfrutamos al máximo, cada vez más ruidosos, más acompasados, hasta que nos corrimos casi a la vez.

Solo cuando se apagó el deseo caímos en la cuenta. La mejor amiga de mi novia estaba pared con pared, en un apartamento con tabiques de papel, y nosotros gritando como si estuviéramos solos en el mundo. En lugar de avergonzarme, me sentí extrañamente excitado.

Lucía se fue a desayunar a la cocina, donde ya estaba Bruna. Yo aproveché para meterme el primero en la ducha. Después salimos a alquilar un coche y, al subirnos, comprendimos que el tráfico de la zona iba a ser una guerra constante.

—Por cierto, buenos días habéis tenido algunos, ¿eh? —soltó Bruna con sorna.

—Lo siento, cariño, ni nos acordábamos de que estabas al lado —dijo Lucía, roja como un tomate y con la voz cortada.

—Joder, perdona si te ha molestado, de verdad. Ha sido la pasión de buena mañana —añadí yo entre risas.

—Que no pasa nada, tontos, que estoy de broma. Solo faltaría que por mi culpa os quedarais sin follar diez días.

***

Volvimos al apartamento, rehicimos el equipaje y al día siguiente pusimos rumbo a Villasimius, nuestro destino para los cinco días siguientes. En poco más de una hora llegamos, colocamos todo en los armarios y fuimos directos a la playa.

Estaba hasta arriba, así que buscamos un extremo donde había más hueco. En ese momento caí en que nunca había visto a Bruna en bikini, y eso que la conocía desde hacía tres años, los mismos que llevaba con Lucía. La primera en quedarse en ropa de baño fue mi chica, que lo tenía fácil con el vestido playero. Un bikini clásico anaranjado que hacía aún más llamativos esos pechos a los que no podía quitar el ojo.

Hasta que Bruna se bajó los leggings. Un tanga color burdeos que le dejaba el culo casi al aire y una parte de arriba a juego que apenas cubría sus tetas pequeñas y firmes. La escena me puso a mil. Tanto, que salí corriendo al agua a ver si el frescor me calmaba un poco. Menos de un minuto después, ellas hicieron lo mismo.

Nadamos, hicimos algo de snorkel. Yo no podía dejar de mirarlas a las dos. Los pechos de Lucía pedían a gritos quedar libres, y el trasero de Bruna era la atracción visual de medio arenal.

Volvimos a las toallas a tomar el sol y leer.

—Se me hace rarísimo estar con bikini en la playa. Aquí no hay nadie haciendo topless, me da hasta corte ponerme en tetas —comentó Bruna, incómoda—. Hay que buscar calas con menos gente, ya me encargo yo, que en eso soy experta.

—A mí tanta gente me agobia, y es lo que dices, ni topless podemos hacer —respondió Lucía riendo—. Por cierto, creo que tu culo ha sido lo más mirado de toda la playa.

Yo seguía con el libro abierto, sin leer una línea, pensando en que al día siguiente quizá estaría tumbado entre dos mujeres en topless.

***

Esa noche, después de cervezas y cena, volvimos al apartamento. Yo llevaba todo el día empalmado, con una excitación brutal, y Lucía parecía estar igual, porque nada más meternos en la cama me la metió en la boca. Tenía ganas de follarla. La tumbé y no paré hasta que se corrió. A mí aún me quedaba algo, así que ella terminó el trabajo y me corrí en su boca. Quien duerme así, duerme bien.

Con el silencio de la madrugada, los ruidos se sienten el doble. Cuando acabamos, nos dimos cuenta de un sonido que hasta entonces nos había pasado desapercibido. Venía de la habitación de al lado, y nuestra propia experiencia nos decía que Bruna estaba teniendo su propio momento con un vibrador. A la vibración se sumaban gemidos contenidos. Lucía y yo nos miramos, sonreímos cómplices, nos dimos un beso y nos dormimos escuchándola.

***

A la mañana siguiente me desperté antes de que sonara la alarma, supongo que por el calor que entraba desde primera hora. Fui directo al baño para ducharme con calma. Encendí el móvil, puse música a volumen bajo para no despertar a nadie y me metí bajo el agua. Y entonces volvió a mi cabeza la noche anterior. ¿Qué habría estado imaginando Bruna en su cuarto? Mi mente se llenó de escenas y mi cuerpo respondió de inmediato. Preferí dejar de pensar para calmarme.

Me estaba secando cuando golpearon la puerta con suavidad.

—¿Lucía? Soy Bruna, ¿paso?

Sin darme tiempo a contestar, abrió. Y me encontró de pie, completamente desnudo, con la polla a medio despertar y cara de sorpresa.

—Eee… perdón, joder, pensaba que estaba Lucía —exclamó, roja hasta las orejas, y huyó al instante.

A mí la situación no me dio ninguna vergüenza, pero me sorprendió su reacción, porque Bruna siempre ha presumido de mente abierta. Y si antes ya estaba imaginando cosas, ahora tenía munición de sobra. En menos de tres días, nuestra invitada nos había oído follar, me había visto desnudo y la habíamos escuchado darse placer. Me reafirmé en que aquellas vacaciones iban a dejar buenos recuerdos.

***

Tras desayunar y preparar unas ensaladas y sándwiches, salimos hacia un destino sorpresa elegido por Bruna. Cuarenta minutos de carretera y llegamos a una pequeña cala de piedras, un entorno espectacular de agua turquesa y cristalina. Lo primero que me sorprendió fue la calma que se respiraba en plena temporada alta y la ausencia total de servicios: ni chiringuito, ni duchas, ni socorrista. Encontrar un sitio así en esa época era un lujo. Apenas habría veinte personas, así que elegimos el rincón más cómodo y extendimos las toallas.

—He elegido bien el sitio, ¿no? —preguntó Bruna, retórica.

—Cuando algo se te da bien, hay que reconocerlo —respondió Lucía con guasa.

—Suscribo cada palabra. Aunque también parece que hemos venido a bajar la media de edad —dije yo. Los tres miramos alrededor y nos reímos a la vez.

No tardamos en quitarnos la ropa para el primer baño. El sol pegaba fuerte y el calor empezaba a ser sofocante. Yo me había puesto un bañador tipo slip, el que uso para nadar en mi ciudad. Lucía estrenó un bikini de braga brasileña rojo que le sentaba de escándalo. Bruna, en cambio, decidió que la mejor opción era un microbikini verde que no dejaba nada a la imaginación.

Mis ojos se clavaron en ella, y debió de ser tan evidente que segundos después mi novia me soltó una colleja para que espabilara. Tenía un problema serio: disimular la erección con aquel bañador minúsculo era imposible. Decidí no darle importancia y convivir con ella; total, es algo natural, ¿no? Nos echamos crema y fuimos al agua. Mi erección no quería pasar desapercibida. Lucía se dio cuenta, y la mirada de Bruna confirmó que era inútil esconderla.

Después de nadar y hacernos unas fotos, Bruna volvió a la toalla. Lucía y yo nos quedamos en el agua dándonos cariño. Me besó con ganas y metió la mano en mi bañador.

—Cariño, ¿qué haces? ¿Quieres jugar? Creo que estoy un poco cachondo.

—¿Un poco? —rio—. Parece que se te va a salir de un momento a otro. Ya veo que no te importa nada que Bruna haya venido. ¿Estás así por ella o por mí?

No me esperaba la pregunta, así que respondí con sinceridad. A preguntas incómodas, respuestas incómodas.

—Estoy así por las dos. Hacía mucho que no tenía tantos estímulos a la vez.

—¡Es que te conozco demasiado! Lo sabía —exclamó besándome con ganas.

—Yo me voy a hacer snorkel, que necesito tranquilidad —añadió—. Si te quieres unir…

—Gracias, pero no. Voy a la toalla a por una cerveza y a terminar el libro. ¡Disfruta! —le di un azote suave en ese culo precioso.

Volví despacio a nuestro rincón y, según me acercaba, noté que Bruna me observaba con disimulo. Cogí la toalla, me sequé y me tumbé a su lado. Apenas me había acomodado cuando la oí:

—Oye, siento de verdad lo de esta mañana. Pensé que Lucía estaba dentro por el tipo de música. No ha sido queriendo, y además no he visto nada —se la notaba avergonzada.

—Tranquila, idiota, no pasa absolutamente nada. La culpa fue mía por no echar el pestillo. No sabía yo que te daba tanto corte la gente desnuda, con lo abierta y «hippie» que eres —dije entre risas.

—¡Oye! No soy hippie, cabrón. A mí me da igual verte desnudo, lo decía por ti, por si te habías sentido incómodo. Aunque, bueno, es cierto que he visto bastante más desde que llegamos que esta mañana —soltó una carcajada—. Madre mía, chico, vaya bañador te has puesto.

—Bah, no entiendes de estilo. Con lo bien que me queda.

—Ah, no, por mí genial. Encantada de no ser la que más enseña de los tres.

Llegó Lucía y nos pusimos con el picnic. Después de comer, nos tumbamos un rato al sol para hacer la digestión. A los pocos minutos, hablando como un tonto sin que nadie me respondiera, me di cuenta de que las dos se habían quedado dormidas. Me levanté y eché a andar por la orilla.

Caminando descubrí una pequeña cala no muy lejos. Apreté el paso y me acerqué. Era una zona mixta de textiles y nudistas. En Cerdeña, y en buena parte de Italia, el topless en playas públicas no está demasiado bien visto: en la primera arena, cuando Lucía lo intentó, todas las miradas cayeron sobre ella y no fue precisamente cómodo. Volví lo más rápido que pude a darles la noticia. Su cara de felicidad vino acompañada de un beso de cada una.

Recogimos las cosas y fuimos directos. Encontramos un hueco cerca de la orilla, entre unas rocas que daban algo de sombra, y montamos el campamento base. Aún no habíamos terminado de instalarnos cuando Lucía se desabrochó la parte de arriba, dejó sus pechos al descubierto y, milésimas después, se quitó la braguita y se quedó completamente desnuda a la vista de todos.

A ese paso me iba a explotar. Debería haber esperado a que bajara la erección, pero no me lo pensé dos veces: me quité el bañador y sentí esa liberación que llevaba horas deseando. Bruna nos siguió. Lo primero en lo que me fijé fue en su vello rubio, denso y cuidado.

Las vacaciones se ponían cada vez más interesantes… (Continuará)

Ver todos los relatos de Voyerismo

Valora este relato

Comentarios (1)

NocturnoFan

que arranque!! me atrapo desde la primera linea, no pude parar de leer

Deja un comentario

Iniciar sesión o crear cuenta

Elegí cómo querés continuar.