La conductora madura que me citó en su ruta
La tercera vez que coincidimos, su sonrisa duró demasiado y entendí que el café ya no era una excusa.
La tercera vez que coincidimos, su sonrisa duró demasiado y entendí que el café ya no era una excusa.
Mi marido volvió del bar con una sonrisa rara, un número en el bolsillo y una idea sucia que me dejó empapada antes de tocarme.
Me puse el vestido que él eligió y, cuando sentí las miradas clavadas en mi culo, entendí por qué a mi marido le excitaba exhibirme.
Cuando cerré la persiana, ella ya sabía que la estaban mirando y, en vez de asustarse, me pidió que no encendiera todas las luces.