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Relatos Ardientes

Lo que mi amiga me retó a hacer con su hermano

Hola de nuevo a quienes me leen. Para los que no me conocen, me llamo Mariana, tengo veintitrés años y el resto de mi descripción está en el primer relato que subí a mi perfil. Estoy volviendo a contar mis experiencias de a poco, desde el principio, porque perdí mi cuenta vieja y no logré recuperarla.

Ya conté cómo fue mi primera vez con Daniel, mi vecino. Hoy quiero seguir desde ahí, con lo que vino después, cuando todavía intentaba entender qué me había pasado por la cabeza para terminar pidiéndole que me quitara la virginidad.

Pasaron unas semanas y yo seguía sin asimilarlo del todo. Me había gustado, eso no lo negaba, pero me costaba reconocer que había sido yo la que llevó las cosas hasta ese punto. Cada vez que me cruzaba con Daniel él me saludaba normal, quizá un poco más cariñoso que antes, y a mí me daba una vergüenza enorme mirarlo a la cara.

Él lo notó. A pesar de los mensajes subidos de tono que nos habíamos mandado los días siguientes, se dio cuenta de que yo lo estaba esquivando. Una tarde en que me había quedado sola en casa, me llegó un mensaje suyo.

—Hola, hermosa. ¿Puedo pasar a verte ahora que sé que estás sola?

—Hola, Daniel. ¿Para qué querés verme?

—Quiero hablar de lo que pasó. Sé que me estás evitando y solo quiero aclarar las cosas, nada más.

—Está bien. Bajo a abrirte.

Llegó a los pocos minutos. Nos sentamos en la sala y hablamos con calma. Le pedí que intentáramos volver a la relación de antes, esa de vecinos que se llevaban bien, y que del sexo no quería que pasara nada más entre nosotros.

Lo tomó bien. Se despidió, se fue, y aunque a mí me costó un par de meses soltar la incomodidad, con el tiempo todo volvió a la normalidad entre los dos.

***

Unos días después de esa charla le conté todo a Carla, una de mis mejores amigas. Le narré lo de Daniel con lujo de detalles, cómo me había abierto de piernas en su cama, cómo su polla me había roto por dentro esa primera vez, y ella, en lugar de escandalizarse, me felicitó. No entendí muy bien por qué me felicitaba, pero así era Carla. Me preguntó cómo había sido, cada detalle, y cuando terminé soltó algo que no esperaba.

—¿Pero cómo que no se la mamaste? ¿Por qué no le chupaste la verga?

—Porque él me dijo que no, que eso me lo iba a enseñar después. Y ya no va a pasar.

—Ya entendí que con él no va a pasar nada más. Pero tendrías que haberle mamado la polla igual, para que fuera una primera vez completa.

—Bueno, lo siento, no se pudo.

—¿Te gustaría hacerlo? ¿Tenerla en la boca, sentir cómo se pone dura contra tu lengua?

—Tengo curiosidad, pero no sé. Me da un poco de asquito, je.

—Eso es normal, después hasta te va a gustar tragarte la corrida. A mí me pasó igual. Si querés, se la mamás a mi hermano.

Me quedé helada.

—¡¿Qué?! Estás loca. ¿Cómo le voy a chupar la verga a tu hermano?

—Él me ha contado que le encantaría que se la chupen bien, con ganas, hasta el fondo de la garganta, y sería buenísimo cumplirle esa fantasía. Imaginate, además, sabiendo que es tu primera mamada.

—No, ¡estás loca! ¿Qué va a pensar de mí? Que soy una cualquiera, una puta.

—Yo le explico que es para que aprendas qué se siente tener una polla en la boca. Y si después no querés que te folle, no hay problema. Que sea solo la mamada y listo.

Lo único que atiné a decir fue que lo iba a pensar, y que si lo convencía a él primero, tal vez me animara. Estaba segura de que no iba a llegar a nada.

Me equivoqué.

***

Yo casi ni me acordaba del tema cuando, unos días después, Carla llegó corriendo al instituto, emocionadísima, y me pidió que la acompañara detrás del edificio para hablar en privado. Su hermano había aceptado. Me quedé sorprendida, sin saber qué decir. Y entre el nervio y la curiosidad, terminé aceptando. Solo faltaba elegir el día.

Las semanas siguientes no podía dejar de darle vueltas. ¿Cómo va a ser? ¿Tendrá buen sabor su polla? ¿Me dará asco su semen? ¿Me va a caber toda la verga en la boca? Entre tantas preguntas, el día llegó sin que me diera cuenta. Iría a su casa con la excusa de hacer un trabajo, y ahí pasaría todo. Por fin iba a saber qué se sentía tener una polla dura contra mi lengua.

Esas noches dormía mal. Me descubría metiéndome los dedos en el coño imaginando la escena con un detalle que me daba vergüenza al día siguiente: cómo me arrodillaría frente a él, cómo abriría la boca, qué cara pondría él cuando le entrara entera, si sabría chupársela bien o me atragantaría. Una parte de mí quería salir corriendo y otra, la que mandaba, contaba los días. Nunca me había sentido tan dividida entre el miedo y las ganas de tener esa verga adentro.

El día anterior incluso me puse a ensayar frente al espejo, sacando la lengua, abriendo la boca todo lo que podía, riéndome sola de lo ridícula que me veía. Me probé tres conjuntos de ropa interior antes de decidirme, como si eso fuera a cambiar algo. Al final elegí el más simple, negro, el que me hacía sentir segura. Carla me había escrito esa mañana un mensaje cortito: «Tranquila, va a estar bien». Y, raro como suene, me tranquilizó.

El plan estaba armado al detalle. Terminaríamos el trabajo, pediríamos permiso para ir a la plaza con el hermano de Carla como acompañante, pero en realidad iríamos a la casa del novio de ella. Carla se encerraría con su novio en un cuarto y yo iría a otro con su hermano. Antes de separarnos le hice prometer que esto no se lo contaría a nadie, ni siquiera a Lucía, nuestra otra mejor amiga. Me lo juró. (Aunque ahora Lucía ya lo sabe, claro.)

Entré a la habitación y él pasó detrás de mí. Me olvidé de decirles que se llama Adrián. Nos quedamos frente a frente.

—¿Estás lista? —me preguntó.

—Creo que sí. Nunca lo hice.

—Tranquila, yo te voy guiando. Vas a chupármela como una diosa, ya vas a ver.

—Está bien.

Empezó a besarme de una forma tan suave, tan tranquila, que los nervios se me fueron disolviendo y terminé besándolo igual. Metió la lengua en mi boca despacio, jugando con la mía, y yo sentí cómo se me humedecían las bragas de solo imaginar lo que venía. Sus manos me recorrían entera, me apretó las tetas por encima de la blusa, me pellizcó los pezones y solté un gemido bajito contra su boca. Me sacó la blusa, me desabrochó el sujetador de un tirón, y mis tetas quedaron al aire. Se agachó y me chupó un pezón, después el otro, mordisqueándolos suave, y yo sentí cómo la humedad entre mis piernas ya me manchaba el jean. Me dejó solo con mis jeans negros. Me sentía expuesta, pero no asustada. Estaba caliente, mojada, con ganas de que pasara ya.

—Arrodíllate —dijo, casi en un susurro.

Lo hice. Él se desabrochó el pantalón, se bajó el cierre, después el bóxer, y su polla quedó frente a mi cara. No estaba dura del todo todavía, pero se notaba gruesa, larga, con las venas marcadas, la cabeza rosada y brillante, distinta a la de Daniel. Me gustó mucho verla así, de cerca, colgando pesada a centímetros de mi boca. El olor a hombre me llegó fuerte y en vez de darme asco, me dieron más ganas.

A pesar de que el tamaño me impresionó, yo estaba sorprendentemente tranquila. Adrián me transmitía una confianza que no esperaba.

Me pidió que se la tomara y obedecí. La agarré con la mano derecha y la sentí caliente, palpitante, pesada. Empecé a acariciarla despacio, moviendo la piel de arriba abajo, tal como había visto en algunos videos porno la noche anterior, para no quedar tan perdida ese día. La sentí crecer en mi mano, endurecerse hasta ponerse como una piedra. Abrí la boca, pero él me detuvo: primero quería que le diera besos en la punta.

Cerré los ojos. Le di besitos suaves en la cabeza de la verga que no me supieron a nada al principio. Después saqué la lengua y la pasé a lo largo, lenta, desde los huevos hasta la punta, y ahí sí sentí por primera vez el sabor de un hombre. No era feo. De hecho, era bastante agradable, un poco salado, con esa gota transparente que le brotaba del glande y que lamí con la punta de la lengua. Rico. Volví a lamerla, de abajo hacia arriba, mojándosela toda con saliva, dándole vueltas alrededor de la cabeza como si fuera un helado.

Abrí más la boca. Él la tomó y me la metió despacio, milímetro a milímetro, hasta que la punta me tocó el fondo de la garganta. Me dieron arcadas y empecé a toser, con los ojos llorosos. La sacó enseguida y me pidió que respirara, que me calmara, que íbamos a intentar de a poco y que le hiciera una seña cuando ya no aguantara. Asentí, con un hilo de saliva colgándome del labio hasta la polla.

Me la metió de nuevo, despacio, empujando con las caderas. Sentí cómo iba abriéndome la boca, cómo me llenaba entera, la lengua aplastada contra el paladar. Ya casi la tenía toda cuando no pude más y le pedí que parara. Tomé aire, tragué la saliva acumulada, y volvimos a intentarlo. Una y otra vez, sin lograr que me entrara entera. Cada vez que salía, la verga salía brillante de baba, y a mí me caían hilos por el mentón hasta las tetas.

Nunca me gustó darme por vencida. Siempre fui de aceptar retos, así que le pedí que probara una vez más. Llegué hasta donde siempre me quedaba, con los ojos llorosos y el maquillaje corrido, pero esa vez no le pedí que se retirara. Al contrario: lo tomé de las piernas, le clavé las uñas en los muslos y lo atraje hacia mí. Así, entre que yo tiraba de él y él me empujaba con suavidad la cabeza, conseguí tenerla toda dentro de la garganta. Sentí cómo la punta me pasaba el fondo, cómo los huevos me golpeaban el mentón. Aguanté unos segundos, sin poder respirar, con la nariz pegada al vello de su pubis, antes de soltarlo.

Las arcadas volvieron fuerte y él decidió sacarla. Un hilo largo de baba y babas se rompió entre mis labios y la punta de su verga. Tosí, tomé aire, me limpié la boca con el dorso de la mano y me reí sola, orgullosa. A partir de ahí seguí por mi cuenta, más tranquila, marcando yo el ritmo. Empecé a mamársela subiendo y bajando la cabeza, chupando fuerte al salir, ahuecando los cachetes para hacerle vacío. Por momentos él empujaba un poco, agarrándome del pelo, por momentos yo lo masturbaba con la mano mientras le lamía la cabeza. La verga chorreaba saliva por todos lados, y a mí me chorreaba el coño dentro de las bragas.

Me pidió que le chupara los testículos y lo hice, agachándome un poco más, jugando con la lengua sobre los huevos, dándole besitos, metiéndome uno entero en la boca y girándolo con la lengua. Mientras se los chupaba lo masturbaba con la mano, apretándole la polla, y él soltaba gemidos roncos que me ponían más caliente todavía.

Me sorprendió lo rápido que le agarré el gusto. Lo que al principio me daba reparo ahora me parecía hasta divertido, como descubrir algo nuevo de mi propio cuerpo. Sin dejar de chuparla, me llevé la mano libre entre las piernas, me desabroché el jean y me metí los dedos por debajo de las bragas. Estaba empapada. Empecé a tocarme el clítoris mientras seguía mamándosela, y solté un gemido con la boca llena de verga que lo hizo temblar. Adrián respiraba cada vez más fuerte y me iba diciendo, entre jadeos, qué le gustaba y qué no.

—Así, mamita, así, chupámela toda, qué rico lo hacés, dale, más adentro.

Esa guía me daba seguridad: yo no tenía idea, pero él me llevaba sin que se sintiera como una orden. Me encantaba escucharlo decir groserías, me prendía fuego oírlo hablarme así.

En un momento levanté la mirada y nos cruzamos los ojos. Verlo así, con la boca abierta, jadeando, perdido por algo que yo le estaba haciendo con mi boca, me prendió de una forma que no esperaba. Dejó de importarme que fuera mi primera mamada o que apenas lo conociera. Solo quería que se corriera, quería sentir cómo explotaba su verga por lo que yo le estaba haciendo. Aceleré el ritmo, subiendo y bajando la cabeza rápido, chupando con ganas, mirándolo a los ojos todo el tiempo. Con la mano que no le agarraba la verga, le acariciaba los huevos, se los apretaba suavecito.

Unos minutos después lo sentí tensarse. Se le hincharon las venas de la polla contra mi lengua, los huevos se le pusieron duros. Me dijo, casi ahogado, que quería terminar en mi boca y le dije que no, eso sí me daba asco todavía. Entonces optó por hacerlo sobre mis pechos. Se sacó la verga de la boca, la agarró con la mano y se la sacudió a pocos centímetros de mis tetas. Yo saqué la lengua y le lamí la punta mientras se masturbaba. A los pocos segundos soltó un gemido largo y el primer chorro me cayó espeso entre las tetas, después otro sobre el pezón izquierdo, otro más flojo sobre el mentón. Me chorreaba pegajoso, tibio, blanco. Sentí cómo se deslizaba por la piel. Lo tomé con dos dedos y lo esparcí por los pechos, mezclándolo, jugando con él como si fuera crema. Y ahí, por pura curiosidad, con las pocas gotas que me quedaron en los dedos, me las llevé a la boca y las chupé lento.

Qué delicia, sinceramente. Tenía buen sabor. Espeso, un poco salado, con un fondo dulzón que no me esperaba. Volví a mojar los dedos en el semen que me chorreaba por las tetas y me los volví a lamer, ya sin ninguna vergüenza. ¿Será que ese día despertó mi gusto por el semen? Tal vez.

***

Salimos del cuarto como si nada, aunque yo tenía todavía las bragas empapadas y el sabor de su verga en la boca. Carla me miró con una sonrisa de complicidad y yo no pude evitar reírme. En el camino de vuelta no hablamos del tema, pero las dos sabíamos. Esa noche, en mi cama, con los dedos otra vez metidos en el coño, repasé cada detalle preguntándome cómo había pasado de morirme de vergüenza con Daniel a chuparle la verga hasta el fondo a un casi desconocido.

Me encantaría que dejaran en los comentarios si les gustó el relato. Si quieren, me escriben y voy a intentar responderles. Tal vez suba otro junto con este, no estoy segura todavía.

Linda noche, amores. Les mando un beso enorme.

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Comentarios(8)

Paty_nocturna

jajaja dios mio, que relato!!! me enganchó de entrada y no pude parar. buenisimo

LuisMB45

Por favor que haya segunda parte!! quede con ganas de saber como siguio todo despues, especialmente con la amiga

NachoCba

no me lo esperaba asi la verdad... tremendo final

Roxana_fan

me recordo a una cosa parecida que me paso en el secundario, aunque la mia no termino igual de bien jaja. Muy bien contado!

Lector_tranquilo

Lo que mas me gusta de este tipo de relatos es cuando se sienten reales, y este tiene eso. Sin exagerar, sin adornar de mas. Muy bien narrado, espero que escribas mas.

tania_m

la amiga sabia muy bien lo que hacia jajaja que pícara eh

Rulito_ok

Y como quedaron con la amiga despues? eso es lo que mas me quedo dando vueltas

ViajeroNocturno

de los mejores de Confesiones que lei ultimamente. excelente!!!

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