La última noche que dormí en su cama
No hubo gritos ni reproches. Solo el calor pegajoso de la ciudad y dos cuerpos que sabían que se tocaban por última vez, aunque nadie lo dijera en voz alta.
No hubo gritos ni reproches. Solo el calor pegajoso de la ciudad y dos cuerpos que sabían que se tocaban por última vez, aunque nadie lo dijera en voz alta.
Adrián medía cada gesto conmigo, como si supiera algo que yo no sabía. Tardé en descubrir que el chico al que besaba ya tenía la maleta lista y una vida esperándolo en otra ciudad.
Esa tarde se vistió por última vez: medias, liguero, tacones. Bianca iba al cine a despedirse de todo lo que había sido, en brazos de hombres que no sabían nada.