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Relatos Ardientes

La fantasía que él quiso ver cumplida esa noche

Lucía se recostó en el sofá de cuero del salón y cruzó las piernas con una lentitud calculada, lo justo para que la falda de algodón se le subiera un par de centímetros sobre el muslo. La ventana entreabierta dejaba entrar el aire tibio de la noche, cargado de jazmín y de ese olor salino que subía desde la costa. Dentro, sin embargo, dominaba otra cosa: su perfume mezclado con la capa fina de sudor que le brillaba en el escote después de la cena.

Esteban estaba sentado a su lado y la miraba como solo él sabía hacerlo, con esa intensidad que ella había aprendido a reconocer a lo largo de los años. El pelo le plateaba en las sienes, la mandíbula seguía firme, pero en sus pupilas dilatadas ardía algo mucho más impaciente que la calma de su edad.

Andrés ocupaba el otro extremo del sofá, separado de ella por nada más que un cojín y una intención que ninguno de los tres se atrevía a nombrar todavía. Había venido a cenar porque Esteban lo había invitado, en teoría para cerrar un asunto de trabajo. Pero la conversación había ido derivando, copa tras copa, hacia un terreno mucho menos profesional.

Cuando Andrés se inclinó a alcanzar su vino, su rodilla rozó la de Lucía. Fue un contacto mínimo, casi un accidente, pero ella sintió el calor de su pierna a través de la tela y un escalofrío le bajó por la columna hasta instalarse, tibio, entre los muslos.

Esteban respiró hondo. Sus dedos tamborileaban sobre el brazo del sofá, ese ritmo nervioso que Lucía conocía bien, el que precedía a sus confesiones más oscuras. Ella giró la cabeza hacia él y le dedicó una sonrisa lenta, casi felina.

—¿De verdad quieres verlo? —susurró, la voz ronca por el vino y por algo más hondo.

Esteban tragó saliva. Su mirada cayó hasta donde la falda se había arrugado, dejando a la vista la cara interna de su muslo. Andrés no dijo nada, pero ella sintió cómo su atención se volvía densa, casi física, una mano invisible posada sobre su piel.

—Quiero verte perder el control —respondió Esteban al fin, la voz grave y temblorosa—. Con otro. Quiero mirar.

El silencio que siguió fue espeso. Lucía estiró el brazo y rozó con las yemas el antebrazo de Andrés, apenas un roce, pero suficiente para que él se inclinara hacia ella. El olor de su colonia, madera y cítrico, se mezcló con el calor que desprendía su cuerpo. Ella subió los dedos hasta el cuello de su camisa y le desabrochó el primer botón con una calma deliberada.

Andrés no se movió. Solo la miró, los ojos oscuros brillando con una promesa callada.

—¿Te gusta lo que ves? —preguntó ella, apenas un hilo de voz.

—Me gusta todo lo que veo —contestó él, y su mano se posó sobre la rodilla de Lucía, los dedos abriéndose despacio sobre la piel cálida.

El calor de esa palma se extendió por su muslo como agua caliente. Lucía separó las piernas apenas un centímetro, una invitación que él entendió de inmediato. Sus dedos subieron, rozando la cara interna del muslo, y se detuvieron justo antes de llegar a donde ella más lo deseaba. El roce fue tan leve que casi le dolió.

Esteban dejó escapar un gemido bajo. Lucía giró la cabeza hacia él y encontró sus ojos vidriosos, llenos de deseo y de algo más turbio, unos celos retorcidos hasta volverse placer. Tomó la mano de su novio y la guió hasta su otro muslo, justo al lado de donde Andrés la acariciaba. Dos manos distintas, dos temperaturas, dos ritmos sobre su piel.

—Quítame las bragas —le dijo a Andrés, mirándolo a los ojos—. Pero despacio.

Él obedeció. Sus dedos se colaron bajo la falda y engancharon el elástico con una lentitud agónica. Lucía levantó las caderas para ayudarlo, sintiendo cómo la tela se deslizaba por sus piernas. Cuando la prenda llegó a sus tobillos, Andrés la dejó caer al suelo sin apartar la mirada de ella.

Esteban se inclinó hacia delante, los ojos fijos en su novia. Lucía abrió más las piernas, sin pudor, mostrándose entera ante los dos. El aire del salón cambió de densidad.

***

Andrés se arrodilló entre sus piernas. Ella sintió su aliento caliente antes de notar la lengua, un primer recorrido largo y lento que la hizo arquear la espalda y aferrarse al respaldo del sofá con las dos manos. Él tomó su tiempo, trazando círculos sin tocar nunca el punto exacto, alargando la espera hasta que Lucía empezó a moverse contra su boca buscando más.

Esteban se desabrochó el pantalón con manos torpes y se liberó la erección. No se movió del sitio. Se acariciaba despacio, los ojos clavados en la boca de Andrés trabajando entre las piernas de su novia, en cada estremecimiento que la recorría.

—Míralo, Esteban —dijo Andrés sin apartar los labios, la voz amortiguada—. Mira cómo se entrega.

Esteban respiraba con dificultad, la mano moviéndose más rápido. Lucía lo buscó con la mirada, los ojos nublados de placer.

—¿Te gusta verme así? —preguntó, la voz quebrada—. ¿Te gusta mirar mientras él me hace esto?

Esteban asintió, incapaz de articular palabra. Andrés deslizó dos dedos dentro de ella mientras seguía con la lengua, y Lucía sintió el orgasmo acercarse, las primeras contracciones tensándose en el vientre. Pero él se apartó justo antes, dejándola colgada del borde.

—Todavía no —dijo, levantándose y terminando de quitarse los pantalones—. Primero quiero tu boca.

Lucía se arrodilló en el sofá sin dudarlo. Andrés se acercó y ella lo recibió, la mano de él enredándose en su pelo, marcando el ritmo. La saliva le resbaló por la barbilla y se mezcló con las lágrimas del esfuerzo, pero no se apartó. No quería.

Esteban se aproximó, todavía acariciándose, observando de cerca.

—Ven —le dijo Lucía, soltando a Andrés un instante—. Os quiero a los dos.

Esteban se colocó junto al otro hombre. Ella iba alternando, atendiendo a uno y luego al otro, las manos ocupadas mientras la boca pasaba de uno a otro. Los dos gemían, las caderas buscándola. Era la primera vez que Esteban la veía así, y en su cara había una mezcla de vértigo y de hambre que ella nunca le había visto antes.

***

Andrés la giró entonces, dejándola de rodillas sobre el sofá, el torso bajo. Esteban se sentó frente a ella, y Lucía volvió a tomarlo en la boca mientras el otro se acomodaba detrás. Sintió el roce en la entrada, una presión que la hizo contener el aliento.

—Despacio —pidió ella, la voz temblando contra la piel de Esteban—. Despacio.

Andrés entró con una lentitud que estiraba cada segundo. Lucía sintió el estiramiento, esa quemazón a medio camino entre el dolor y el placer que le subía por la espalda en oleadas. Sus paredes se cerraron alrededor de él, adaptándose poco a poco, mientras él avanzaba un milímetro más y se detenía, dándole tiempo a acostumbrarse. Esteban, con ella en la boca, gruñó al ver cómo su novia recibía a otro hombre delante de él.

Cuando Andrés estuvo del todo dentro, se quedó quieto. Lucía sintió la plenitud completa, esa presión profunda que la hacía temblar desde el centro hasta los pezones. Esteban se retiró un instante de su boca para mirarla mejor, hipnotizado, los ojos fijos en el punto donde ambos cuerpos se unían.

Él empezó a moverse despacio, retirándose casi del todo antes de volver a hundirse en una embestida medida. Cada movimiento tenía un ritmo deliberado, calculado para que ella lo sintiera entero. Lucía volvió a la boca de Esteban con renovada desesperación, sincronizando un movimiento con otro, los gemidos vibrando alrededor de él hasta hacerlo gruñir y apretar los dedos en su pelo.

—Mírame, Esteban —jadeó ella, soltándolo un momento, la voz rota por los empujones—. Mira cómo me folla. ¿Te gusta?

Esteban asintió, los ojos vidriosos, la mano acariciándose al ritmo de las embestidas. Andrés aceleró poco a poco, las caderas chocando ahora contra ella con un sonido húmedo y constante, las manos aferradas a su cintura. Lucía sentía el orgasmo construyéndose de nuevo, un nudo apretado que se expandía con cada roce.

—No pares —suplicó, la voz casi irreconocible—. Más fuerte.

Andrés obedeció, hundiéndose con más fuerza, el sofá crujiendo bajo los tres cuerpos. Lucía lo volvía a tomar en la boca cada vez que la embestida la empujaba hacia delante, atrapada entre los dos hombres, sin saber ya de dónde venía cada oleada de placer. El primer orgasmo la golpeó de lleno, el cuerpo convulsionando, y aun así él no se detuvo: siguió moviéndose, prolongándolo, hasta que un segundo empezó a formarse sobre las cenizas del primero.

—Quiero correrme en tu boca cuando él termine —dijo Esteban entonces, la voz temblando, incapaz de aguantar más la imagen que tenía delante.

Lucía asintió, el cuerpo entero estremecido. Andrés la embistió con un ritmo brutal, las manos clavadas en sus caderas, y al fin se vació dentro de ella con un gruñido largo y gutural. Ella sintió la oleada caliente desencadenar su propio clímax, las paredes contrayéndose alrededor de él en espasmos que parecían no terminar nunca.

En ese mismo instante Esteban se colocó frente a su boca y ella lo recibió hasta el fondo. Él se dejó ir con un quejido ahogado, las caderas empujando, repitiendo su nombre en un murmullo roto mientras se vaciaba al mismo tiempo que el otro lo hacía dentro de ella.

***

Los tres se desplomaron sobre el sofá, los cuerpos sudorosos y temblorosos enredados unos con otros. El aire estaba cargado de un olor denso y animal, mezcla de sudor y de todo lo que acababa de pasar. Lucía cerró los ojos y dejó que la respiración se le calmara despacio, la cabeza apoyada en el pecho de Esteban, la mano de Andrés todavía descansando sobre su muslo.

Esteban le apartó un mechón húmedo de la frente y la besó en la sien. No hizo falta que dijera nada. Lo que durante años había vivido encerrado en su cabeza, alimentándose en silencio, acababa de ocurrir frente a sus ojos. Y por la forma en que la abrazaba, Lucía supo que aquella noche no sería la última vez que lo viera mirar.

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Comentarios (6)

Nocturno_BA

tremendo relato, de los mejores que lei en mucho tiempo!!!

Marce_RdP

Por favor una segunda parte, la tension del principio me engancho demasiado. Quede con ganas de mas

GabrielMza

Me recordo a una situacion parecida que vivi hace un tiempo. Esa mezcla de negocios y algo completamente distinto... es mas comun de lo que la gente cree jaja. Muy bien contado, felicitaciones.

Cintia_BA

Me encanto el juego de tension del principio, se nota que saben escribir con suspenso. Sigan publicando asi!

PedroNqn

increible, de los mejores en esta categoria sin dudas

Lector_Curioso

Muy creible y bien logrado. Uno de esos relatos que te atrapan desde la primera oracion y no te sueltan. Enhorabuena

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