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Relatos Ardientes

Lo que pasó con mi padrastro cuando mamá viajó

Nunca pensé que terminaría así con el marido de mi madre. A mis veintitrés años creía tenerlo todo bajo control, pero esa tarde, cuando Esteban y yo cruzamos la línea por primera vez, supe que ya no había vuelta atrás. Y lo peor —o lo mejor— es que no quería que la hubiera.

El sudor le brillaba en el pecho y todavía respiraba agitado, pero su cara no era la de un hombre satisfecho. Seguíamos los dos desnudos en la cocina, apoyados contra la encimera, y yo lo miraba esperando una sonrisa que no terminaba de llegar.

—¿Qué pasa? —le pregunté, pasándole un dedo por la línea del esternón—. ¿No te gustó?

—No es eso, Mariana. Me gustó demasiado. Ese es el problema. —Se apartó un poco y se pasó las manos por la cara—. No debí hacerlo. Eres la hija de Lorena. Si tu madre se entera, si llega a pasar cualquier cosa…

—Mi madre no se va a enterar nunca —lo corté—. Y no eres mi padre de sangre, Esteban. Te casaste con ella cuando yo ya tenía veinte años. No me criaste, no me viste crecer. Eres el marido de mi madre, nada más. Y hace meses que dejé de verte solo como eso.

—Lo sé, mi amor, lo sé. —Su voz se ablandó—. Pero me siento culpable. Y al mismo tiempo no puedo dejar de pensar en ti. En tu cuerpo, en tu boca, en la forma en que me mirabas estas últimas semanas. Nunca había sentido algo así por nadie.

El teléfono sonó sobre la mesa y los dos nos quedamos congelados. En la pantalla parpadeaba el nombre de mi madre. Esteban me hizo un gesto para que me calmara y puso el altavoz.

—Hola, mis amores, ¿cómo están? —La voz de Lorena llenó la cocina—. Mari, mi vida, ¿la estás pasando bien? ¿Esteban te está cuidando?

—Hola, mamá —contesté con el tono más inocente que pude fingir—. Todo bien. Hoy salí con las chicas, comimos por ahí y ya estoy en casa. Me voy a duchar y a dormir.

—Qué bueno, mi cielo. Mira, justo de eso quería hablarles. —Hizo una pausa—. Después de la final, tu hermana quiere quedarse a unas reuniones de la federación. Así que nos vamos a quedar hasta el martes, capaz el miércoles. ¿Me pasas a Esteban?

—Aquí estoy, Lorena —dijo él, y me sorprendió lo firme que sonó—. No te preocupes por nada. Cúmplele el capricho a tu hija, que se lo ganó. Nosotros nos arreglamos solos. A lo mejor hasta nos escapamos a acampar el fin de semana.

—Ay, gracias, mi amor. Les aviso cuando salgamos. Diviértanse, y si van a acampar nos avisan para no quedarnos preocupadas. Los quiero, adiós.

Colgó. Durante un segundo ninguno de los dos dijo nada. Después lo miré y sonreí, sintiendo cómo el peso del miedo se transformaba en otra cosa.

—¿Ves? Hasta el universo se está poniendo de nuestro lado —dije—. Cinco días, Esteban. Cinco días enteros para nosotros.

Me acerqué despacio, le rodeé el cuello con los brazos y lo besé. Al principio se resistió, con los labios tensos y las manos quietas, pero duró poco. Me tomó de la cintura, me levantó como si no pesara nada y me sentó sobre la barra fría de la cocina. Seguíamos desnudos, y cuando abrí las piernas sentí su erección despertar otra vez contra mí.

—Espera —murmuró contra mi cuello—. Estamos hechos un desastre los dos. Sudados, pegajosos. Vamos a darnos un baño antes.

Me cargó de frente, con mis piernas alrededor de su cintura, y me llevó así por el pasillo hasta el baño. Abrió la llave de la tina y, mientras el agua subía, me metió dentro y se sentó detrás de mí, con mi espalda apoyada en su pecho.

El agua tibia nos cubrió hasta la cintura. Esteban tomó la esponja y empezó a pasármela por los hombros, por los brazos, sin ninguna prisa. Pero pronto la esponja quedó olvidada en el borde y fueron sus manos las que me recorrieron. Me apretó los pechos por detrás, jugó con mis pezones hasta que se endurecieron, y yo eché la cabeza hacia atrás, sobre su hombro.

Sentía su erección firme contra la parte baja de mi espalda. Empecé a gemir bajo, casi sin darme cuenta, mientras una de sus manos bajaba por mi vientre. Cuando me tocó entre las piernas me estremecí entera. Nunca nadie me había acariciado así, con esa mezcla exacta de paciencia y hambre.

—Así, justo así —jadeé, abriendo más las piernas dentro del agua.

Sus dedos encontraron mi clítoris y empezaron a dibujar círculos lentos. Yo me retorcía contra él, movía las caderas buscando más presión, y el agua se mecía con cada uno de mis movimientos. Cada vez que aceleraba un poco, yo contenía el aire.

—Dame más, por favor —le pedí, con la voz quebrada.

De pronto se detuvo, me besó la nuca y me dijo al oído que lo esperara, que no tardaba nada. Salió de la tina chorreando y desapareció por el pasillo. Yo estaba tan excitada que no aguanté: me llevé la mano entre las piernas y seguí sola, con la otra apretándome un pecho, mientras lo esperaba.

Cuando volvió, traía algo en la mano. Era un consolador rojo, grueso y largo, con la base ancha. Abrí los ojos, sorprendida.

—¿De dónde sacaste eso? No me digas que es de mi madre —dije, medio riendo.

—Para nada. —Sonrió por primera vez en toda la noche—. Lo compré hace tiempo para regalárselo, pero a tu madre nunca le interesaron los juguetes. Así que lo guardé. Y mira quién va a terminar estrenándolo.

***

Volvió a meterse detrás de mí en la tina. Encendió el vibrador y lo apoyó primero sobre mis pechos. El zumbido contra mi piel mojada me puso la carne de gallina. Lo fue bajando despacio, por el vientre, por el pubis, hasta que la punta tocó mi clítoris y solté un gemido largo.

—Tranquila —me dijo al oído—. Tenemos toda la noche por delante.

Jugó conmigo un buen rato, acercando y alejando el juguete, hasta que yo le rogaba sin vergüenza. Entonces, sin avisar, lo deslizó dentro de mí. Estaba tan mojada que entró de una sola vez, sin resistencia. Sentí cómo me llenaba, cómo vibraba contra mis paredes, y me aferré al borde de la tina con las dos manos.

—Dios, Esteban, no pares —gemí.

Empezó a moverlo, dentro y fuera, con un ritmo que me iba subiendo por la espalda como una corriente. Con la otra mano me sostenía contra su pecho y de vez en cuando me mordía el hombro. Yo gemía cada vez más fuerte, sin importarme nada, sintiendo que toda la casa vacía era nuestra.

—Me voy a venir —apenas pude decir—. No pares, por favor, no pares.

Aceleró. El vibrador entraba y salía rápido, zumbando sin tregua, y de golpe todo estalló. Me corrí con una fuerza que no me conocía, tan intensa que el agua salpicó fuera de la tina. Me quedé temblando, con la respiración entrecortada, derrumbada contra él.

Apenas había recuperado el aire cuando lo sentí moverse. Salió del agua, se puso de pie frente a mí y me tomó de la barbilla. Su erección quedó justo a la altura de mi boca.

—Ahora termina lo que empezaste —dijo con la voz ronca.

Lo tomé con las dos manos y me lo metí en la boca. Lo recorrí entero, despacio primero y después más rápido, mientras él me sujetaba el pelo y marcaba el ritmo. No tardó mucho. Lo sentí tensarse, oí cómo contenía el aire, y se vino dentro de mi boca con un gruñido grave. A pesar de todo lo de antes, todavía tenía mucho para darme, y yo no desperdicié ni una sola gota.

Cuando me puse de pie, el consolador que se me había quedado dentro se deslizó solo y cayó al agua con un sonoro «plop». Los dos nos reímos, y Esteban me atrajo hacia él y me besó largo, esta vez sin rastro de culpa.

—Eres increíble —me dijo, con la frente apoyada en la mía—. Quiero que estos días duermas en mi cama. Vas a ser mía cuando yo quiera, donde yo quiera.

—Lo que tú quieras —contesté—. Pero con una condición: nada de pijamas.

Era jueves por la noche. Tenía cinco días enteros por delante, cinco noches en su cama, y mientras me secaba frente al espejo y lo veía a él hacer lo mismo detrás de mí, supe que ninguno de los dos iba a querer que mi madre volviera demasiado pronto.

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Comentarios (5)

ValeCba99

Increible relato!! No pude parar de leer desde el principio.

GonzaLect

Por favor una segunda parte!! Quede con muchisimas ganas de saber como siguio todo

MarceloCdad

Me engancho desde el primer parrafo. Es de esos relatos con tension real, se siente creible sin ser exagerado. Muy bien escrito, felicitaciones.

Seba_Cba

tremendo!!! siguiendo de cerca al autor

Romi_nocturna

¿va a haber continuacion? me quede pensando en como termino todo eso jajaja

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