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Relatos Ardientes

Lo que pasó con el chofer en la boda de mi hermana

Antes de empezar quiero aclarar algo: lo que voy a contar pasó de verdad, hace apenas unas semanas, y por respeto a los que estuvieron ahí cambié todos los nombres y maquillé un par de detalles que no recuerdo con exactitud. Lo entenderán mejor cuando avance la historia. Dicho esto, vamos.

Me llamo Lucía. En realidad escribí todo esto para mi mejor amiga, porque necesitaba contárselo a alguien que no me juzgara. Ella lo leyó, me dijo que era una locura y, al mismo tiempo, que tenía que compartirlo en algún lado. Así que aquí estoy. Tengo veintiséis años, soy de estatura baja, piel morena y delgada, aunque con un trasero que se nota más de la cuenta cuando me pongo algo entallado. No me considero una belleza, pero sé que gusto.

Todo ocurrió en la boda de mi hermana mayor, Soledad. Se casaba en un pueblo pequeño, lejos de nuestra ciudad, y como íbamos un montón de parientes —tíos, primas, los de siempre—, decidimos rentar una de esas camionetas grandes de turismo para el viaje. ¿Quién se encargó de conseguirla? Mi hermano Martín, que contrató a un conocido suyo dedicado a esos traslados.

Llegó el día. Invité a mi novio, Bruno, y esa misma mañana lo conoció toda la familia. Cuando subíamos las maletas vi al amigo de mi hermano, Hugo. Hacía años que no me cruzaba con él. Un hombre alto, de espaldas anchas, brazos gruesos, con barba tupida. Tendría unos treinta y cuatro, la cara dura, ni guapo ni feo. La verdad, nunca habría sido mi tipo.

Salimos de noche porque el camino tomaba casi seis horas. Habíamos reservado un hotelito cerca del centro, tan modesto que más bien parecía un motel. Llegamos al amanecer. A mí me tocó compartir cuarto con mis tíos; yo soñaba con una habitación para Bruno y para mí, pero mis papás jamás lo habrían permitido. Dormimos apenas un rato y nos levantamos.

Más tarde fui con las demás damas a peinarme y arreglarme. Me puse un vestido verde que había elegido mi hermana, y reconozco que me quedaba espectacular: marcaba justo lo que tenía que marcar. La fiesta transcurrió con toda normalidad hasta cerca de la medianoche. Bruno y yo bebimos con la familia y con los invitados que aguantaron hasta tarde. Mis papás y mis tíos se retiraron mucho antes; llamaron a Hugo para que pasara por ellos al salón. Cuando nos tocó a nosotros, lo llamamos otra vez para que nos recogiera a las primas, los primos, sus parejas, mi novio y a mí.

De vuelta en el hotel, seguimos la fiesta en el cuarto más grande, el de algunos primos. Con tanto alcohol encima yo estaba encendida, y Bruno también. Lo besaba, le susurraba al oído lo caliente que me había puesto, pero no teníamos un rincón para nosotros. A él se le ocurrió ir hasta la camioneta con el pretexto de «bajar unas cosas» y aprovechar ahí. Le pregunté a mi hermano dónde andaba Hugo, y me contó que le habían rentado un cuarto aparte para que descansara y cuidara la camioneta. Con eso entendí que ese plan se caía.

Bruno, borracho y urgido, tampoco razonaba bien. Su nueva idea fue volver a nuestra habitación y, si mis tíos dormían profundo, hacerlo en silencio. Nos despedimos de todos y así fue. Al entrar, las luces estaban apagadas. Mis tíos apenas notaron que llegábamos, de lo agotados que estaban; solo se escuchaban sus ronquidos.

Nos acostamos en una orilla de la cama, tan calientes que ni nos quitamos la ropa de fiesta. Me recosté de lado, dándole la espalda. Bruno me subió el vestido con maña, me bajó la tanga y empezó a acariciarme las nalgas mientras me besaba el cuello. De pronto uno de mis tíos se movió. Nos quedamos congelados. Cuando creí que habían vuelto a dormirse, descubrí que el que se había dormido era mi novio.

No puede ser, justo ahora.

Maldije por dentro. Quería que al menos me calmara un poco el ardor, pero estaba rendido; supongo que el viaje lo cansó más de lo que pensaba. Lo acomodé de lado por si le daba por vomitar e intenté dormir. Imposible.

Bruno despertó un momento, solo para ir al baño y decirme que estaba muerto, que prefería dormir. Desde el cuarto de mis primos seguía llegando la música, así que decidí volver con ellos. Me eché una chamarra encima y salí. Cuando llegué, todos estaban pasadísimos; me ofrecieron más bebida y, sin darme cuenta, otra vez estaba borracha. Cantamos y bailamos hasta que algunos empezaron a desfilar a sus cuartos.

Acompañé a mi prima Carla, que andaba muy mareada y dormía al otro extremo del hotel. La dejé en su puerta y emprendí el regreso. Caminaba torpe, todavía con la botella de tequila en la mano, cuando vi a Hugo bajar de la camioneta con una botella de agua, rumbo a su cuarto. Me miró igual que en la mañana, cuando me vio con el vestido. Me recorrió entera con los ojos y soltó:

—Se ve que la están pasando bien.

—¡Claro! Ven, tómate una conmigo —le respondí.

—No puedo, mañana manejo. Y ya es tardísimo.

—No te hagas del rogar, un trago nada más.

Levanté la botella y le hice señas de que abriera la boca.

—¡Rápido, cinco segundos!

—No, en serio no puedo —se rió.

—¡Ándale, toma! —insistí acercándome más.

En ese momento estaba caliente por el alcohol, pero juro que ni siquiera me pasaba por la cabeza lo que estaba a punto de ocurrir. Al inclinarme casi me caigo en el intento de darle de beber; él me sujetó y me pegó a su cuerpo. Nos quedamos mirando unos segundos que se sintieron eternos y, sin más, me besó. En lugar de empujarlo, le rodeé el cuello con los brazos y seguí besándolo. Le acariciaba la nuca, los hombros. Me habló al oído:

—Entremos, nos van a ver.

Entramos a su habitación. Me quitó la chamarra y empezó a besarme, paseando las manos por mi cintura, mis nalgas, apretándolas con ganas. Me besó los brazos, el cuello. Cerró la puerta y me recostó en la cama. Me besó los tobillos, me sacó las pantuflas, me subió el vestido y fue subiendo por mis piernas a besos. Sentí su aliento sobre la tanga; la corrió a un lado y entonces noté su lengua. Fue como una corriente eléctrica de la planta de los pies a la nuca.

Me devoraba con tanta destreza que sentí que terminaría enseguida, y yo no quería acabar tan pronto. Como si me leyera la mente, se detuvo, me levantó y me sacó el vestido. Me dejó en tanga y sostén y empezó a recorrerme el vientre y los pechos con la boca. Estaba más excitada que nunca. Le pedí que se acostara; me subí encima y lo besé. Bajé hasta sentir su sexo contra mi entrepierna y lo noté grande, más de lo que esperaba.

Bajé la mano para tomarlo: era grueso y largo. Me deslicé para quitarle el pantalón y ahí estaba, marcándose bajo la ropa interior. Le bajé el bóxer y quedé boquiabierta. Lo sostuve con las dos manos y todavía asomaba más allá de mis dedos. Nunca había visto uno así. Él se sentó al borde de la cama, lanzó un par de almohadas al piso para que me arrodillara, me recogió el pelo con sus propias manos como en una cola de caballo y me guió hacia su boca. Lo miré a los ojos y me lo llevé a la boca.

Me llenaba por completo. Solo lo sacaba para tomar aire un segundo. Después lo recosté, porque era mi turno de marcar el ritmo. Lo metía y lo sacaba cada vez más rápido, escuchando sus quejidos, y eso me prendía todavía más. Lo solté un momento y volví, una y otra vez, hasta que me detuvo y se incorporó. Me cargó a la cama como si no pesara nada y, tomándome de la cintura con esas manos enormes, me puso en cuatro.

—¿Ya me la vas a meter? —pregunté con esa voz de niña mala que me sale cuando estoy así.

—Te la voy a meter toda —contestó.

Me puso una mano en la cintura, corrió la tanga a un lado y empezó a pasarse el sexo por la entrada. Entró despacio, como un cuchillo caliente en mantequilla. Sentí que me abría entera. Al principio apenas cabía; fue metiéndola de a poco mientras aceleraba. Desde el primer movimiento mis gemidos resonaban en el cuarto, y los ahogaba contra la almohada. Cuando por fin entró del todo, sentí que llegaba a un lugar al que nadie había llegado.

—¿Te gusta así? —preguntó, con la voz ronca.

—Sí —respondí, sacando la cara de entre las almohadas—. No pares.

—Pídemela —dijo, saliéndose de golpe.

—Métemela, métemela toda —contesté moviendo las caderas hacia atrás.

Volvió a hundirla por completo. Sentía el choque contra mis nalgas con cada embestida. Me agarró firme y aumentó la velocidad, y eso me llevó al borde más rápido de lo que quería.

—Sigue, sigue, me voy a venir —le dije.

—Eso quiero, que te vengas —contestó.

Siguió duro, tanto que la humedad me bajaba por los muslos. Estaba a punto cuando lo escuché:

—Yo también, no aguanto.

—Hazlo, lléname —respondí casi gritando, mordiendo la almohada, porque el orgasmo ya me recorría entera.

Resopló como un toro y sentí el calor hasta el fondo justo cuando yo me corría temblando. Las piernas me fallaron, pero él me sostuvo con las manos. Fue un orgasmo larguísimo, que no terminaba. Caímos los dos rendidos sobre la cama, jadeando, empapados en sudor.

Me levanté al baño apenas empezando a tomar conciencia de lo que había hecho. Me lavé, me miré al espejo y no me reconocí. Salí, me vestí de nuevo y le pedí que jamás hablara de esto. Me juró que no. Me preguntó si me estaba cuidando y le dije que no, pero que al día siguiente tomaría la pastilla. Salí rápido de su cuarto y me fui directo al de mis primos. No quise dormir junto a Bruno; me sentía sucia, incapaz de creer que le había sido infiel.

Por suerte, al otro día Bruno andaba tan crudo que casi ni hablamos. Antes de volver, me escabullí a una farmacia con el pretexto de comprar «toallas» y me tomé la pastilla a escondidas en un baño.

Ya regresamos a la ciudad y se cumplen dos semanas. La conciencia todavía me pesa. No sé si decirle a Bruno o callar para siempre. Lo único que tengo claro es que fue lo mejor que me ha pasado en la cama, y que más de una vez se me ha cruzado por la cabeza volver a buscar a Hugo. Si lo hago, ya habrá otra historia que contar. Por ahora, díganme ustedes qué harían en mi lugar.

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Comentarios (4)

ElenaB_Sur

me dejó sin palabras... excelente!!!

GustaCuentos

Por favor seguí con esto, quedé con muchas ganas de saber qué pasó despues de esa noche. Segunda parte!

ViajandoSola

jajaja las bodas siempre terminan generando situaciones impensadas. Me recordó a algo parecido que me pasó hace años, aunque mucho menos intenso que esto

carlosM_99

Tremendo relato, se hizo cortisimo. Mas por favor!

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