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Relatos Ardientes

Mi lectora de Cali quería algo más que palabras

A Mariana la conocí por culpa de mis propios relatos. Yo escribía historias eróticas en un portal pequeño, casi por terapia, y una tarde apareció un correo distinto entre los habituales. No era el típico mensaje de un hombre pidiendo fotos ni de alguien corrigiendo una falta de ortografía. Era largo, cuidado, escrito por una mujer que decía haberme leído entera.

Vivía en Cali, era colombiana y tenía treinta y nueve años cuando empezamos. Lesbiana, escritora ella también, lectora obsesiva de todo lo que yo publicaba. Me lo dijo sin rodeos en el segundo o tercer correo: que era una admiradora incondicional y que, si alguna vez se diera la ocasión, le encantaría acostarse conmigo.

Lo curioso es que no me incomodó. Al contrario. La atracción era mutua desde antes de que ella lo confesara. Sus textos tenían algo que me encendía sin esfuerzo, y la verdad es que yo nunca he necesitado mucho para encenderme.

—A mí también me gustaría —le respondí una noche, con una copa de vino al lado del teclado—. Tenerte cerca, abrazarte, hacerte el amor aunque sea una vez.

Se lo escribí tal cual, sin pensarlo demasiado. Y a partir de ahí todo cambió de tono.

***

Nuestra correspondencia se volvió diaria. Al principio hablábamos de literatura, de la vida, de las parejas que habíamos tenido. Pero Mariana sabía exactamente lo que hacía. Fue subiendo la temperatura poco a poco, deslizando insinuaciones entre frases inocentes, hasta que un mensaje cualquiera traía una foto suya en bikini en alguna playa del Pacífico.

La primera vez me quedé mirando la pantalla más tiempo del que admitiría. Piel clara, hombros anchos, una sonrisa que no pedía permiso. Le contesté algo torpe, algo que delataba demasiado, y ella lo notó.

—¿Te gustó? —preguntó.

—Demasiado —escribí.

Esa fue su autorización. A los pocos días dejó de haber bikinis. Llegaron fotos en las que no quedaba nada a la imaginación, primeros planos explícitos de su sexo completamente abierto, mostrándome cada pliegue como si estuviera frente a mí. Lo hacía para excitarme y lo conseguía sin batalla, porque Mariana es hermosa de una manera que cualquier mujer sabría apreciar.

Después vinieron los videos. Cortos, caseros, grabados con el teléfono apoyado en algún mueble. Ella masturbándose despacio, mordiéndose el labio, susurrando que lo hacía pensando en mí. Los miraba en el baño, con el agua del lavabo corriendo para disimular, mientras Lorena dormía en la habitación.

Aprendí su ritmo de memoria. La manera en que apoyaba dos dedos sobre el clítoris y los movía en círculos lentos antes de meter la mano entera. Los segundos exactos en que se le cortaba la respiración. El temblor del muslo cuando estaba a punto. Verla terminar, sola, en una pantalla, mientras yo me mordía la mano para no hacer ruido, era una tortura dulce que repetía noche tras noche.

—¿Lo viste? —me escribía después, siempre.

—Entero —le contestaba.

—¿Y qué hiciste mientras tanto?

Yo se lo contaba. Cada vez. Y cada confesión nos acercaba un paso más a algo que la geografía se empeñaba en negarnos.

***

Lorena es mi pareja. Llevamos años juntas y hace tiempo que decidimos que la honestidad valía más que los celos. Así que se lo conté todo. No con culpa, sino como quien comparte algo que la quema por dentro.

—Me muero de ganas de acostarme con ella —le confesé una noche en la cama.

Lorena se rió, me apartó un mechón de la cara y me besó en la frente.

—Ya lo sé. Se te nota cada vez que abres el correo.

No hubo reproche. Ella me entendía, lo aceptaba, me apoyaba sin titubear. Esa libertad era justo lo que hacía que todo fuera tan fácil de desear y tan imposible de cumplir.

Porque había un obstáculo grande, el más grande de todos. Ella en Colombia, nosotras del otro lado del Atlántico. Un océano entero entre el deseo y la posibilidad.

***

Con el tiempo Mariana se fue abriendo más allá de lo físico. Me contó que en ese momento no tenía pareja estable. La última le había durado siete meses y se había roto por su culpa, según decía, porque sus necesidades no eran las de la otra.

—Soy demasiado para casi todas —me escribió una vez, sin dramatismo, como quien constata un hecho.

Se describía como una amante versátil, capaz de adaptarse a cualquier circunstancia. Podía ser dócil y entregada o posesiva y dominante según el momento, sin que le costara cambiar de registro. Cuando estaba sola, me confesó, la falta de sexo la volvía insoportable. Era tan activa, se excitaba con tanta facilidad, que terminaba buscando encuentros en bares de ambiente casi a diario. Cinco, seis veces por semana. Tantas que a veces le costaba rendir en el trabajo al día siguiente.

—¿Y no te cansa? —le pregunté, más curiosa que escandalizada.

—Me cansaría más fingir que no lo necesito.

Me contó también que estaba abierta a mujeres de cualquier edad, pero que la enloquecían las maduras, mayores que ella, por la experiencia que cargaban en las manos. Sus únicas líneas rojas eran la higiene y el dolor: no soportaba la suciedad, ni el sexo extremo, ni nada que pasara por el dolor o lo escatológico. Lo demás le gustaba todo.

Le encantaban los juguetes, la doble penetración, el sexo anal que, según ella, la volvía completamente loca. Y hacer el amor dentro del agua. Decía que en la cama era ruidosa y mal hablada, que soltaba toda la suciedad del vocabulario cuando gozaba, y por la manera en que lo escribía yo le creía cada palabra.

***

De a poco fui armando su retrato en mi cabeza, pieza por pieza, como quien estudia un cuerpo que todavía no puede tocar. Piel clara. Pechos grandes y redondos, las aréolas rosadas y de tamaño normal, los pezones gruesos. Se depilaba por completo. Una vulva prominente y carnosa, con el clítoris discreto, escondido entre los labios.

Lo sabía todo de un cuerpo que estaba a once mil kilómetros y empezaba a obsesionarme con él como no lo hacía desde la adolescencia.

Una noche me confesó su fantasía. La que guardaba para el final, la que de verdad le importaba.

—Quiero pasar un fin de semana entero en una casa de campo aislada, con piscina —escribió—. Desnuda todo el tiempo, con otra mujer, sin que nadie nos vea ni nos moleste. Hacer el amor donde se nos antoje, a cualquier hora, sin esconderse de nada.

Leí ese mensaje tres veces. Y me imaginé en esa casa, en esa piscina, con ella. La fantasía se me metió debajo de la piel y ya no salió.

***

El problema seguía siendo el mismo. La distancia. Por más que nos deseáramos, todo se quedaba en pantalla, y yo sabía que lo virtual no resuelve nada, solo abre el hambre sin darte de comer.

Aun así, le hice una propuesta.

—¿Y si nos vemos por cámara? —le dije—. Lorena y yo. Tú nos miras. Y si quieres, te sumas a tu manera.

No era la primera vez que abríamos la puerta a alguien de afuera, aunque cada experiencia había sido distinta. Mariana aceptó encantada, casi sin dejarme terminar la frase.

Tuvimos varios encuentros así. La cámara encendida, Lorena y yo en la cama, ella del otro lado dirigiéndonos con esa voz ronca y descarada que tenía. Nos decía qué hacer, dónde poner las manos, cuándo parar. Lorena entraba en el juego con una sonrisa, y yo me dejaba llevar entre las dos, sintiéndome observada y deseada al mismo tiempo.

—Ahora bésala despacio —ordenaba Mariana—. Que ella sienta que soy yo la que te besa.

Y por un instante lo sentía de verdad. Cerraba los ojos y la boca de Lorena se transformaba en la suya, la que nunca había probado. Esa era la magia y la trampa del juego: durante unos minutos el océano se hacía pequeño, y después volvía a abrirse, más ancho que nunca.

Porque la diferencia horaria nos jugaba en contra una y otra vez. Ella terminaba su jornada cuando nosotras ya dormíamos; nosotras teníamos ganas a horas en que ella corría a trabajar. Y el sexo a distancia, por más intenso que sea, al final cansa. Termina sabiendo a poco, como yo siempre había sospechado.

***

Dejamos esos encuentros y Mariana se molestó. Lo interpretó como un rechazo.

—Ya te aburriste de mí —me escribió una madrugada—. Sigue con tu vida y olvídate de todo.

Me costó hacerle entender que no era eso. Le expliqué que tanto ella como nosotras vivíamos en el mundo real, cada una con su rutina, sus problemas, sus circunstancias familiares que son tan ciertas como la vida misma. Que lo ficticio puede ser delicioso por momentos, pero que encerrarse ahí termina por hacer daño.

—No me aburrí de ti —le dije—. Me aburrí de no poder tocarte.

Esa frase la desarmó. Estuvo de acuerdo conmigo y, aunque dejamos de vernos por cámara, seguimos en contacto. Menos seguido, sí, pero sin rencores. A veces un mensaje suelto, una foto, un buenos días que me alegraba la mañana entera.

***

Antes de que el silencio se hiciera demasiado largo, le hice una promesa. Una de verdad, no de esas que se dicen para tapar un mal momento.

—Voy a hacer todo lo posible —le escribí— para que en un futuro no muy lejano, si todavía lo quieres, podamos viajar a Colombia. Lorena y yo. Y cumplir esa fantasía tuya. La casa, la piscina, el fin de semana entero.

Tardó en responder. Cuando lo hizo, fue una sola línea.

—La sigo queriendo. Y te voy a esperar.

Y yo supe, leyendo eso, que iba a cumplir.

Ahora cada vez que paso por una agencia de viajes me detengo un segundo más de lo necesario. Calculo, sumo, ahorro. Pienso en una casa aislada al final de un camino de tierra, en el agua tibia de una piscina bajo el sol del trópico, en Mariana desnuda esperándome como prometió. Falta tiempo todavía. Pero por primera vez la distancia ya no me parece un muro, sino una cuenta regresiva.

Lo iremos viendo a medida que pase el tiempo. Pero esta vez sé que el final no va a quedarse en una pantalla.

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Comentarios (5)

SoniaCba

Dios mio que relato!!! me dejo sin palabras de verdad

ElixirNoche

Por favor que haya segunda parte, me quede con las ganas de saber como termina todo

PatoLector99

Muy bien escrito, se nota que hay algo real detras. Increible como lo contaste.

Valentina_mx

Me recordo a una chica con la que me escribia por mail hace años y nunca cruce ese umbral... que nostalgia. Muy lindo relato

Sebas_lector

Está buenísimo, es de los mejores que lei en mucho tiempo. Seguí así!!!

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