Mi exprofesora de literatura me besó en la parada del bus
Llegué a la plaza esperando un café cordial con la mujer que me enseñó a leer poemas a los diecisiete. Lo que pasó después no estaba en ningún libro.
Llegué a la plaza esperando un café cordial con la mujer que me enseñó a leer poemas a los diecisiete. Lo que pasó después no estaba en ningún libro.
Bajé envuelta solo en una toalla y, al llegar al penúltimo escalón, descubrí que la sala estaba llena de gente que ya me había visto entera por la pantalla.
Subí la escalera con la mochila vacía y el short corto. Él me esperaba en el entrepiso, sabiendo desde el principio que esa pizza nunca había existido.
Su mamá salió a una diligencia, su hermana se fue con la amiga, y nos quedamos solos. Camila abrió el libro de biología y empezó a hacer preguntas que ningún profesor contesta.
Siempre me saludaba con una distancia educada y un beso en la mejilla. Esa noche, en mi sillón, su sostén cayó al suelo y comprendí que la maestra correcta no existía.
Cuando le pedí que me alcanzara el champú, no esperaba que apartara la cortina y se quedara mirándome con la mano sobre el pezón.
Llevaba dos semanas espiándola desde mi cocina cuando la tormenta sacudió el edificio. A las once llamó a mi puerta con el camisón blanco y los ojos muy abiertos.
Tres días después de lo del jardín, mi profesora todavía tenía mis bragas. Esa tarde le dejé una nota en su escritorio para recordárselo.
El panel del ascensor se apagó entre dos pisos. Ella sonrió, dio un paso hacia mí y dijo en voz baja que sabía perfectamente lo que pasaba por mi cabeza.
Cuando la vi bajar del camión con la mochila rosa al hombro, entendí que ella ya lo tenía todo decidido, y que yo solo iba a cumplir mi parte del trato.
Por el cristal de la puerta vi cómo movía el brazo despacio, recostado en la silla, y supe que mi tarde acababa de cambiar para siempre.
Me senté frente a él, le tomé las manos y empecé a hablar. Sabía que cada palabra me ataba más a él, aunque doliera como una caricia mal puesta.
Llevaba todo el día excitado e inquieto. Cuando ella apareció en el estacionamiento con la misma gabardina que mi mujer, supe que esa noche cambiaría todo para los tres.