Saltar al contenido
Relatos Ardientes

Mis tetas de globo y una noche con otra travesti

Hola otra vez. Recuperé la cuenta que tenía bloqueada y sé que los tuve abandonados un buen tiempo, así que espero que lleguen hasta el final. Quién sabe, a lo mejor alguien se anima después de leer esto.

Estos meses seguí con lo mío, sin grandes aventuras pero con un par de encuentros que valieron la pena. Estuve con una señora madura que sabía exactamente lo que hacía, y con una chica trans con la que salí varias veces. Las dos nos arreglábamos como nenas, nos prestábamos ropa y nos contábamos todo. Ya saben de mi fascinación por las pinzas en los pezones y por las mujeres con experiencia. Pero un día quise algo más.

Quería sentir peso. Quería llenar un sostén de verdad, que el espacio del baby doll que me había comprado no quedara hundido en el pecho. Probé con calcetines, con relleno de tela, con todo lo que se me ocurría, y nunca era lo mismo. Faltaba la sensación de traer algo colgando, algo vivo pegado al cuerpo.

Una noche, leyendo relatos en esta misma página, encontré uno de una chica que contaba que se simulaba el busto con globos llenos de agua tibia. Decía que sentía como si tuviera dos tetas grandes, del tamaño que ella quisiera. Lo leí dos veces y al día siguiente ya estaba en la papelería comprando globos: blancos, rojos, azules, naranjas, de todos los colores y tamaños.

El agua tibia hizo casi toda la magia. Algunos globos quedaban bien, pero faltaba un detalle. Después de probar con varios, di con los del número cinco, medianos, que eran perfectos. Los llenaba de agua, y la trompita que queda en el nudo la apoyaba justo sobre mi pezón. Apretaba, sentía algo colgando, pegado a mí. El problema era el peso: por más que lo acomodara, el globo terminaba resbalando y cayendo.

La solución la tenía desde hacía rato, en un cajón. El pegamento instantáneo, esa gotita que une cualquier cosa en segundos. Me puse una capa fina en cada pezón y encima coloqué los globos.

Vaya descubrimiento.

El globo se ajustó y quedó prendido a mi pezón como si fuera parte de mí. Y lo mejor vino después: cuando el pegamento se secó, endureció, y la presión sobre el pezón se volvió intensa, constante. Ya no se caían. Parecía que algo me mordía ahí, un mordisco que no soltaba. Se me puso dura al instante, y terminé masturbándome de una manera espectacular, con una cantidad de leche que algunas veces probé sin asco.

Con el tiempo encontré la medida perfecta. Usaba una botella para dosificar el agua y conseguir un busto ni muy grande ni muy chico, uno que llenara mis sostenes y la ropa de encaje que me gusta usar. El pegamento, además, le daba a mis pezones una sensibilidad altísima, como si cada roce de la tela me recorriera entero. Salí un par de noches con blusas de transparencias que dejaban adivinar un buen escote. Aprendí que los globos rosas y naranjas, debajo de una blusa negra, crean un efecto muy parecido al color de la piel.

Pero ya saben cómo es esto: siempre quiero más.

***

Una tarde abrí el refrigerador y vi unas zanahorias de buen tamaño. No lo pensé mucho. Un poco de crema lubricante y para dentro. Otra experiencia maravillosa, otra erección de las que no se calman solas. Después le ataba un globo con un listón a la base de la zanahoria, para poder retirarla con cuidado de mi colita. Según el grosor, la entrada duele más por mucha crema que le ponga, pero una vez adentro, con las tetas falsas y la zanahoria llenándome, el placer es enorme.

Empecé a salir así de noche. Pantalón negro de corte ajustado, medias debajo, y en ciertas calles tranquilas hasta tacones. La silueta engañaba: parecía que llevaba un pantalón de mujer, y más de una vez me cayó algún piropo de un desconocido que no tenía idea de lo que escondía bajo la ropa.

Fue por esos días que arreglé verme con Renata, una chica que conocí en esta página. Quedamos en un café para hablar de nuestras experiencias. Las dos llegamos con lencería puesta debajo de ropa de hombre, el mismo juego secreto. El único detalle que nos delataba era que ninguna llevaba calcetines, y por el borde del pantalón asomaban las medias. A ella le picaba la curiosidad por lo de mis pezones con pinzas y globos, igual que a tantos otros. Me dijo que fuéramos a un hotel para verlo en vivo, y que ella llevaba un regalo.

Acordamos cambiarnos por separado, una en el baño y la otra en la habitación, y mostrarnos recién cuando las dos estuviéramos listas. Elegí el baño. Me puse medias color carne con liguero, una falda corta, botas, mi zanahoria naranja bien adentro, sostén negro, los globos negros —que ella me había pedido no pegar todavía, porque quería ver cómo lo hacía—, una blusa de transparencia y labial rojo.

Cuando salí, la vi. Llevaba leggins plateados, blusa rosa, unas zapatillas plateadas preciosas y labial del mismo tono. Su mirada bajó directo a mis pezones.

—Enséñame —dijo casi sin aire—. No puedo esperar a ver cómo lo haces.

Me quité la blusa y el sostén. Para mi sorpresa, sacó su propio pegamento, uno de brocha. Se quedó mirando el tamaño de mi pezón, sorprendida.

—Está enorme —murmuró.

Lo tocó, lo masajeó, y eso me encendió de golpe. Pasé el pegamento por cada pezón y, mientras se secaba, coloqué los globos. Ella miraba hipnotizada cómo colgaban mis tetas falsas. Me puse el sostén encima y las masajeé por afuera; como estaban pegadas, sentía cada caricia llegarme hasta dentro.

—No quiero que me penetres tú —me dijo—, pero traje algo para que las dos gocemos.

Me bajó la falda. Se quitó los leggins. Las dos estábamos bien depiladas, las dos con medias. De su mochila sacó un vibrador doble, de esos largos con dos puntas. Lo untó de vaselina, y de espaldas la una a la otra nos lo metimos cada quien en su colita. Nuestras nalgas chocaban, nos empujábamos para sentirlo más hondo, dándonos placer mutuo en esa posición tan rara, las dos en cuatro, jalando cada una su extremo.

***

Acabamos casi al mismo tiempo, agitadas, riéndonos de lo absurdo y delicioso de la escena.

Después me pidió que la ayudara a ponerse unas pinzas que había traído, pero no aguantó el dolor ni un segundo. Probamos con los globos, y eran demasiado grandes para su pezón pequeño. Entonces saqué unos que andaba cargando, de los que llaman de viborita, delgados y largos. Se los puse y gritó, mitad dolor, mitad placer. Los jaló ella misma, lo que le dolió todavía más, hasta el punto de que casi llora.

Antes de salir, a esos globos finitos les corté la puntita, como a un centímetro, otra vez pegamento, y los acomodé justo donde encajaban perfecto en mi pezón. Con el roce de la camisa, esos me hacían dar brinquitos a cada paso. Tengo que confesar que esos últimos me inflaman mucho los pezones, y cuando me los retiro duele bastante.

Esa fue mi última experiencia con alguien en vivo. En privado sigo con mis aventuras en casa, con mis zanahorias y mis globos, que me han regalado un par de nenas falsas que me encanta tener.

Si a alguien le interesan fotos o un encuentro que sea cien por ciento seguro para las dos, lo podemos platicar con calma. Espero sus comentarios.

Ver todos los relatos de Trans

Valora este relato

Comentarios (5)

Mirtha_lect

Que relato tan unico... me encanto la honestidad con que lo contaste. Sigue escribiendo!

CuriosoDeNoche_

Se hizo corto!!! Quiero saber como siguio la noche, hay segunda parte?

Pame_libre

Pocas veces leo algo que me deje pensando tanto. Hay una ternura en como narraste eso que es dificil de explicar pero se siente. Gracias por compartirlo

Cata_mdp

increible!!

RosaLia77

Me quedo con curiosidad... ¿seguiste viéndola despues de esa noche?

Deja un comentario

Iniciar sesión o crear cuenta

Elegí cómo querés continuar.