La tarde que Elena descubrió que le gustaban las mujeres
La había deseado desde los veinte años. Cinco años, un matrimonio y un niño después, Elena apareció en mi puerta.
La había deseado desde los veinte años. Cinco años, un matrimonio y un niño después, Elena apareció en mi puerta.
Me pidió que fuera despacio porque era su primera vez con una mujer. La tuve desnuda al borde de la piscina y sus gemidos se mezclaron con los grillos del verano.
El vibrador que Sebastián sacó de la caja fue solo una excusa para pensar en ti, en tus manos, en tu lengua. Lo que no le puedo decir a él está en esta carta.
Me susurró al oído que esa noche era solo para chicas. Debería haberme ido. En cambio, algo en mí decidió quedarse.
Estaba leyendo sobre súcubos cuando una voz respondió a su pregunta desde el otro lado de la habitación. No era un sueño: la criatura ya estaba ahí.
Laura llevaba la rabia en la piel y yo sabía exactamente cómo ayudarla a soltarla. Esa noche en el departamento no fue como las otras.
Le dije que quería besarla en plena calle sin importarme quién mirara. Ella apartó las sábanas, empezó a tocarse y me miró fijo. Las compras podían esperar.
Valentina dijo que iba a hacer la compra. Esa tarde, Nicolás canceló su reunión y volvió a casa antes. La chaqueta de Marcos colgaba en el perchero.
Aquella tarde junto a la piscina, los pechos desnudos de su cuñada le encendieron una llama que ya no podría apagar antes del amanecer.
Éramos siete mujeres en ese departamento, el vino ya había hecho lo suyo, y Camila empezó a hablar. Lo que nos contó esa noche ninguna se lo esperaba.
Valentina siempre fue impulsiva. Pero cuando trajo a Camila a nuestra vida, ninguno de los dos sabía hasta dónde nos íbamos a meter.
Solo necesitaba desconectar del estrés. Cuando los dedos de Daniela bajaron por su espalda, Romina supo que ese masaje iba a cambiarlo todo entre ellas.
Cuando subí a su coche esa mañana no sabía que iba a terminar el día con dos hombres distintos dentro de mí y un secreto imposible de contarle a mi novio.